junio 2013

domingo, 30 de junio de 2013

Fotos e historia del rodaje de la Reina de África

En 1951, dos de los actores más queridos del mundo y de los mejor pagados, Katharine Hepburn y Humphrey Bogart, siguieron al director John Huston a un lugar alejado de Hollywood, a la selva sofocante alrededor del río Ruki, en el Congo Belga (hoy República Democrática del Congo). Allí pasaron siete semanas rodando una comedia de aventuras sobre de un capitán  barco alcohólico, Charlie Allnut (Bogart), y su relación amorosa con la hermana de un misionero cristiano, Rose Sayer (Hepburn).

El fotógrafo Eliot Elisofon estaba allí para sacar fotos de las estrellas y de la tripulación entre las toma y toma. De esta forma, la revista LIFE  rinde homenaje a la cuatro veces ganadora del Oscar a la Mejor Actriz con una serie de fotos que ofrecen un vistazo del rodaje de La reina de África.

El rodaje fue una experiencia agotadora para el equipo, sobre todo para Hepburn, que sufría de disentería causada por el agua contaminada. Ella se negó a dejar que eso afectara a su trabajo y nunca perdió un día de rodaje, a pesar del horario de "trabajo desde el amanecer hasta el anochecer". Durante su estancia en África Kate y Lauren Bacall se hicieron grandes amigas.

Por su parte, a Bogart - al igual que su personaje, el Capitán Allnut - le gustaba beber, y lo estuvo haciendo durante toda la producción. Tanto es así que Katharine Hepburn acabó denominando a Bogie y a Huston como "dos borrachos". A diferencia de Hepburn y gran parte de la tripulación, tanto Bogart y Huston permanecieron sanos durante todo el rodaje  probablemente porque bebían más alcohol que el agua.

Al final, la película resultó ser una de las colaboraciones más duraderas y fructíferas de Huston y Bogart -teniendo en cuenta que trabajaron juntos en otros clásicos indiscutibles como Cayo Largo, El halcón maltés y El tesoro de la Sierra Madre. Hepburn recibió una nominación al Oscar a la mejor actriz - la quinta - mientras que a Bogart le valió el único Oscar de su ilustre carrera. También a raíz del rodaje, Kate escribió un libro llamado El rodaje de La reina de África. Cómo fui a África con Bogart, Bacall y Huston y casi pierdo la razón, el titulo es bastante grafico y describe bien la historia del rodaje.

Las fotos de la experiencia en África a continuación:

sábado, 29 de junio de 2013

All about Katharine Hepburn

Poco después de su fallecimiento, Scott Berg, un periodista amigo suyo, escribió un libro que revelaba algunos de los secretos mejor guardados de la primera dama del cine norteamericano. La educada y elegante Kate, símbolo de un feminismo atípico y emblema de toda una época, le había pedido que publicase la biografía que fue escribiendo a lo largo de dos décadas una vez que ella hubiese muerto.

En su libro, el escritor y periodista también pasaba en su obra por esos episodios vitales y artísticos que ya conocía todo el mundo, pero la fuerza del libro radicaba en su amistad con una Hepburn. La actriz solía trasladarse cada fin de semana desde Nueva York al rural Fenwick, a la que había sido residencia familiar de infancia, y se vanagloriaba de vivir el ‘ahora’ a pesar de que no tuviese ningún problema en hablar de sus éxitos y fracasos, e incluso reconociese que al principio de su carrera era “una egoísta que sólo quería triunfar”. Tenía amigos sorprendentes: cierta noche invitó a Michael Jackson a una cena y éste no conseguía mencionar una sola película de Hepburn que le gustase. Cuando finalmente exclamó Capitanes Intrépidos (protagonizada por un Spencer Tracy que ni siquiera había conocido aún a la actriz cuando rodó la cinta en 1937) ni ella ni Berg supieron qué cara poner.

Kate también tenía manías que delataban que, durante toda su vida, había hecho lo que le había dado la gana. Aseguraba por ejemplo, que las uvas cortadas en vertical sabían mejor que si se cortaban en horizontal y madrugaba religiosamente para irse a nadar al muelle a pesar de su edad. Cuando en 1999 el American Film Institute la eligió la actriz más importante de la historia, apenas se enteró. Su actividad había mermado y ella, que había sido una deportista toda su vida y había dado lecciones de vitalidad, apenas podía moverse de su silla.

Sin embargo, había cosas de las que sí se enteraba. Un día, a raíz de los asesinatos de Columbine, su familia charlaba en el salón de su casa acerca del suicidio del hermano de Kate cuando este tenía apenas 14 años. Creían que Hepburn ya no escuchaba nada, pero, de repente y para sorpresa de todos, aparecieron dos lágrimas sobre las avejentadas mejillas de la actriz.

En 1993, participó en un documental sobre su vida titulado All about me, en el que ella misma narra su vida, pasando por sus inicios, su relación con Tracy, su vida cotidiana... Al final del mismo, la actriz hace una reflexión sobre lo que significa ser actriz: "¿Quién es Katharine Hepburn? Trabajé muy duro para crear esa criatura y hacerla fascinante y adorable. Tenías razón, papá, me encanta exhibirme." Su padre consideraba que "la profesión de actriz es una profesión superficial, pero si te empeñas en serlo, tendrás que ser la mejor". Continua con su reflexión "pero estoy de acuerdo [con su padre], actuar no tiene ningún mérito si se compara con ser médico o científico. Llevo tanto tiempo aquí que la gente me trata como si fuera un oráculo o tal vez una abuela universal. Quieren conocer mi opinión sobre las cosas importantes de la vida. Yo creo que el mero hecho de estar vivo ya es una gran oportunidad. Lo que importa es lo que haces con tu vida. El trabajo no le hace daño a nadie. Es la falta del mismo lo que destroza a la gente." Aplicable a la situación actual y aún más a lo que está viviendo España. 

Charlotte Chandler cuenta en su biografía que Katharine Hepburn era del todo consciente de su personalidad pública, y sabía que no era la misma que su personalidad privada. Daba a su personalidad pública un nombre. La imagen Katharine Hepburn era algo que había creado y perpetuado; era el personaje que ofrecía al mundo, y sabía que era distinto de su yo real, distinto de Kathy. Lo llamaba "la Criatura", y me contó que debía escribirse con C mayúscula. 
"No conservo retratos aquí en mi hogar de mi yo profesional porque esos no son retratos míos. Son fotografías de la la Criatura, y yo no la traigo a casa. No le permito entrar en mi casa. Te diré alguien por quien sentí lástima. Era Marilyn Monroe. ¿Sabes por qué?. Dejó que su criatura tomase el control" dijo Kat.

¿Sentimentalmente independiente o masoquista?

Kate & James
Tres hombres marcaron su vida: el millionario Howard Hughes, el director John Ford (aunque según Kate su relación solo era de ammistad) y, sobre todo, el actor Spencer Tracy (un psicópata, un abusador y un borracho incurable, en palabras de Guillermo Cabrera Infante). Junto a su imagen de mujer independiente coexiste la de mujer sentimentalmente masoquista. Con Tracy, católico y casado, mantuvo una relación de larga duración, aunque al parecer ni siquiera dormían juntos cuando dormían juntos. Él lo hacía en una colchoneta en el suelo.

Pasarían juntos 25 años, hasta la muerte del actor en 1967 y en ningún momento él se divorció ni ella se lo pidió: "Tracy nunca me dijo que me quería. Si lo dijo, no me acuerdo, aunque siempre fui reacia a creerlo. Vivimos de una forma muy abierta, nunca me molestó tener una relación con un hombre casado y tanto su mujer como yo vivimos ignorándolo mutuamente".

Su personalidad

Para algunos era una mujer amable que ayudaba con su influencia, que era muchísima, a actores y actrices que creía que estaban infravalorados. Para otros era una mujer mandona y muchos le tenían miedo. Una anécdota que refleja muy bien la fama que tenía el carácter de Kate en su época es la del publicista Dale Olson. A un amigo suyo le habían asignado la publicidad de una pelicula de Kate y cuando éste se presentó diciéndole su nombre y que era el publicista de la película Kate le espetó "Hola. Ésta será nuestra primera y última conversación." 

Dale Olson había conocido a Lawrence Olivier cuando trabajaba en un teatro, así que le llamó para que le aconsejase como proceder con Kate. Olivier le dijo que se presentase cmo amigo suyo y le dijese que tenía un mensaje para ella. Olson así lo hizo y cuando le dijo a Kate que tenía un mensaje de Olivier para ella, esta respondió: "¿Y qué tiene que decir ese viejo verde"?. A lo que Olson le contestó: "Eres una vieja chiflada que ladra pero no muerde." Después de ésto Kate le miró de arriba a abajo y le dijo "siéntate". 

Tanto las biografías de Chandler como de Borg coinciden en que la actriz era trabajadora, ambiciosa, enérgica, nerviosa, con una importante incontinencia verborreica también llamada "parloteo", un carácter que a veces se confunde con "mala leche", una sinceridad que a veces deriva en la mordacidad de sus opiniones que decía sin pelos en la lengua, una mujer excesivamente pasional y atrevida, lo que más de una vez le costó serios problemas físicos a causa de no querer que una doble hiciera sus escenas de riesgo, como por ejemplo, la caída al canal de Locuras de Verano, que le acarreó problemas en los ojos durante años; los problemas estomacales que contrajo en África por rodar allí La Reina de África; como casi perece en el mar en la escena donde tenía que rescatar a Dennie Moore porque ese día el mar estaba especialmente revuelto o como la experiencia de Cary Grant en el circo la salvó de caer al vacío en La Fiera de mi Niña.


Escena de La fiera de mi niña.

Patty Doherty, empleada de servicios en el plató de La Última Solución de Grace Quigley cuenta que "uno de los primeros lugares donde rodamos estaba cerca de Coney Island. Era septiembre, y era la primera escena de ella entrando en el océano. Los especialistas habían entrado en el agua, y dijeron que realmente había una peligrosa corriente de resaca. "La Señorita Hepburn no podía, no debía en absoluto meterse en aquellas aguas". Lo dejaron muy claro... (en aquel entonces tenia 77 años). No pensaba aceptarlo, e informó sin demora a Anthony Harvey, el director, y al coordinador de especialistas que nadie sería su doble. Estaría ella en el agua. Declaró que estaba acostumbrada a nadar en noviembre en el Long Island Sound, detrás de su casa, y no iba a permitir que nadie más lo hiciese. Todos se quedaron boquiabiertos. Nadie quería impedírselo. El productor estaba fuera de sí pensando, vaya, vamos a tener que reclamar el seguro. Así pues, ella entra en el agua, en contra de los deseos de todos. De modo que entra ella y una ola la golpea. Y ya lo creo que la golpeó, porque eran enormes y fuertes olas de septiembre. Eran frías, y sencillamente la derribaron, y todo el mundo lanzó un grito ahogado. Ella desapareció durante un segundo. Luego se levantó y balanceó y alzó la cabeza, llevaba el pelo recogido arriba, en esa especie de moño. Echó la cabeza hacia atrás. Alzó el puño al aire y empezó a agitarlo en el océano y dijo: "¡Vuelve a hacerlo!" Y a todos nos dio un ataque, porque estaba dispuesta a enfrentarse al océano sin pensarlo dos veces. Le habló directamente a la naturaleza. Si la naturaleza le hacía algo, ella pensaba replicar. Y lo hizo, toma tras toma, tres o cuatro. La volvían a secar y ella volvía a entrar en el agua."

A partir de esa demostración de carácter, Patty Doherty, le tuvo mucho respeto a Kate y procuraba no estar cerca de ella. Hasta que un día, Kate le habló y empezó una especie de amistad entre la actriz de 77 años y la asistente de 23. Una noche, después de una discusión con su novio, Patty se quedó dormida, así que llamó al plató y dijo que estaba enferma:" Transcurrieron unos veinte minutos, y el teléfono sonó. Pensé "probablemente será mi jefe. Me chillará o me despedirá". Descolgué el teléfono y entonces oigo esto - todavía puedo oírlo tan claro como el agua- "¡Levántate! No estás enferma ¡Levántate!". Me senté en la cama de repente. "¿Quieres que Phyllis o yo pasemos por ahí y te preparemos un poco de sopa?" Dije que no, y Katharine Hepburn contestó: "¡Levántate y ve a trabajar inmediatamente!" Jamás me vestí más de prisa en mi vida. Fui directa al plató. Cuando llegué me dedicó una mirada dura, y luego una un poco más afable. "Eso está mejor. Nunca vuelvas a hacerlo." Sabía exactamente por qué no me había presentado. "Eres mejor que eso. Jamás vuelvas a sucumbir a esa clase de tonterías." Huelga decir que nunca lo hice. "

¿Humilde o vanidosa?

Despreciaba la pompa hollywoodiense. No acudió a recibir ninguno de los cuatro Oscar que ganó. Ni por Gloria de un día (1933), ni por Adivina quién viene esta noche (1967), ni por El león en invierno (1968), ni por El estanque dorado (1981), ni por ninguna de las ocho ocasiones más en las que fue nominada considero oportuno asistir a la gala. Su única aparición se produjo en 1974 para entregar el premio honorífico a su amigo el productor Lawrence Weingarten.

¿Le daban exactamente igual los reconocimientos? Jane Fonda, compañera de reparto en El estanque dorado, tenía dos Oscars antes de la ceremonia de 1981, en la que estaba nominada junto a Hepburn, y hubiese empatado con ella en el caso de haber ganado. En una entrevista reciente, la hija de Henry Fonda reveló que no se llevaron bien durante el rodaje y que, tras la gala, Hepburn la llamó para decirle: “Ya nunca podrás cogerme”.

"Los enemigos son muy estimulantes", dijo en más de una ocasión. Porque, si algo caracterizaba a la 'diosa', un apelativo usado a menudo para referirse a ella, era esa independencia y esa falta de interés por los cometarios de los demás.

¿Hetero, homo o bi?

Su imagen y proyección pública siempre estuvo vinculada a los rumores nunca confirmados sobre su sexualidad. Aunque ella habló abiertamente de su amor con Specer Tracy, una biografía de 2009 aseguraba que la pareja una tapadera (y no solo para ella, sino también para el actor, que según el biógrafo, también era homosexual).

Su cercana relación con su asistente personal Phyllis Wilbourn durante 40 años alimenta la teoría. El año pasado, Scotty Bowers, gigoló bisexual del Hollywood clásico, publicó un libro de memorias en el que afirmaba haber arreglado más de 150 encuentros sexuales con mujeres para la actriz. Gore Vidal, poco antes de morir, afirmaba que el dato era cierto pues en 60 años jamás había pillado a Scotty en una sola mentira.

Vestida siempre con pantalones, su imagen era tan masculina que destilaba feminidad y era sofisticada hasta límites insospechados, lo que hizo de ella, sin pretenderlo, un icono de la modernidad y de la moda.


En una entrevista con Barbara Walters, la periodista le preguntó si no tenía ninguna falda, a lo que Hepburn, sin pestañear, contestó: "Tengo una señora Walters. La llevaré en su funeral". Inteligente y de lengua afilada, Hepburn se mantuvo siempre al margen de la vida de Hollywood y tuvo una vida que ella misma calificaba de "afortunada y feliz".

¿Técnica o natural?


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En una de sus citas más célebres, la actriz relativizaba la importancia de su oficio como “un don menor” ya que, al fin y al cabo, “Shirley Temple podía hacerlo con cuatro años. Rodó nueve películas junto a Tracy y afirmaba que jamás practicaban o hablaban del trabajo en casa.

Pero nadie consideraba a Hepburn una actriz instintiva. El director y productor Stanley Kramer declaraba que la actriz “trabajaba, trabajaba y trabajaba hasta que todos desfallecían”. Eso sí, solía escoger personajes que encajaran con su personalidad, algo que hay que agradecer: sus papeles inteligentes superaban la media del estereotipo de mujer enamorada que tanto abundaba en la meca del cine.

La suya fue una profesión en la que siempre se sintió cómoda, rodeada de una libertad difícil de encontrar en una estructura de vida más tradicional. Medio centenar de películas componen una carrera que se prolongó de 1932 a 1994 y en la que también hubo espacio para grandes obras de teatro que la consagraron como una de las más grandes actrices de todos los tiempos.

Su primer Óscar llegó muy pronto por Gloria de un día un premio que se repetiría en 1968 por Adivina quién viene esta noche, en 1969 por El león en invierno y en 1982 por En el estanque dorado. Cuatro grandes trabajos pero que no están entre los más populares de la actriz. Sus comedias con Cary Grant La fiera de mi niña o Historias de Filadelfia se emiten sin parar en las televisiones.


En La fiera de mi niña

Así como las numerosas colaboraciones que realizó en el cine con Spencer Tracy, como La mujer del año, La costilla de Adán, La impetuosa o Su otra esposa. Pero si hay una imágen que está en las retinas de los espectadores es el de la temperamental y al mismo tiempo frágil Rose Sayer de La reina de África, una historia de amor y aventuras en la que hizo de inolvidable pareja de Humphrey Bogart.


Una carrera llena de momentos gloriosos y una vida plena: "No lamento nada de lo que he hecho. Lo disfruté en cada momento".

En junio de 2003,  la actriz que aseguró que el secreto del éxito no reside en dar siempre a los demás lo que quieren de ti, se rindió tras una vida de lucha. "No le temo a la muerte. Debe de ser maravilloso, como un sueño profundo", dijo. Su sobrina dijo hace pocos años que su tía no habría soportado el ritmo trepidante del siglo XXI, poniendo como ejemplo los enormes controles de seguridad que se viven hoy en los aeropuertos. Llevaba razón. Con Katharine Hepburn el siglo XX murió un poco más, y con ella , toda una forma de entender el cine y la vida que ya nunca volverá.

fuente: RTVE.es, vanitatis, antena 3.com, zinefilaz

Las mejores películas de Katharine Hepburn

Hoy se cumple el 10º aniversario de la muerte de una de las grandes, Katharine Hepburn, la noticia de su muerte no era esperada, y no porque la estrella no fuese lo suficientemente mayor sino porque se había convertido en el inmarchitable símbolo del Hollywood clásico, o en la omnipresente abuela del mundo, como se autodefinió ella misma, que seguía apareciendo en documentales sobre su vida y telefilms.



Representó en pantalla el arquetipo de mujer independiente y adelantada a su tiempo, un papel para el que no tuvo que fingir puesto que se acercaba mucho a su personalidad real. Katharine Hepburn, la sofisticada actriz encarnación de la elegancia e independencia, sigue siendo objeto de fascinación y culto, fue una actriz única, feminista, vital, expansiva y enigmática, llena de singularidades y gran deportista. Nadaba en pleno invierno en las aguas heladas del estrecho de Long Island, vivía rodeada de flores frescas y su bebida favorita era un vaso con hielo, un chorro de whisky y soda hasta el borde.

 Niña rica de la costa este, lo más parecido a una aristócrata estadounidense, si algo común destacan sus allegados es la energía constante que desprendía. Superó el suicidio de su amado hermano en su infancia y su carrera estuvo a punto de quemarse a finales de los 30 cuando le colgaron el sambenito de “veneno para la taquilla”. Pero resistió y triunfó.


Nadie tiene más premios Oscar que ella y sus películas atraviesan toda la historia del sonoro. El número incesantes de biografías centradas en su figura recuerda que fue una personalidad de múltiples aristas exponenciadas por la fotogenia del arte cinematográfico.

 Katharine Hepburn a través de ríos de tinta de periódicos y libros como la fiera indomable que ni siquiera Hollywood supo meter en vereda. Escupió a Joseph Mankiewicz porque no estaba de acuerdo con una escena y el propio John Ford, desesperado durante el rodaje de María Estuardo le entregó la batuta, harto. 

Este es el repaso por algunas de sus grandes e inolvidables películas:

Gloria de un día (1933)

En 1933 ganó su primer Oscar con este filme del director LoweIl Sherman en el que interpretaba a una ingenua y joven actriz que llega a Nueva York en busca de fama y romance.

La fiera de mi niña (1938)

Katharine Hepburn se atrevió a cantarle una nana a un leopardo con Cary Grant deambulando por escena en esta película de Howard Hawks. Una muchacha más que libre se enamora de un hombre que carece de esta condición; y del entramado de sus frenéticos y enrevesados días juntos surge irresistible una comedia sagaz.


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La fiera de mi niña es la historia de un trío: Katharine Hepburn, Cary Grant, y Baby, el leopardo que acompañaba a los dos personajes a lo largo de buena parte de esta alocada comedia que dirigió Howard Hawks con ese ritmo alocado que constituía su sello de marca. Cary Grant se negó desde el principio a rodar con el animal y, de hecho, en las escenas que su personaje compartía con él, le sustituyó un doble. Katharine Hepburn, en cambio, no mostró ningún reparo a la hora de trabajar con Baby, o mejor dicho con Nissa, que ese era el nombre real del felino. En una escena, incluso, le palmeaba la cabeza con toda naturalidad. Sin embargo, Nissa no siempre se mostró tan dócil: “En una escena me puse un vestido largo hasta la rodilla con pesos en el bajo de la falda cubiertos con piezas de metal, para que se balanceara graciosamente”, recordaba la actriz en sus memorias. “Pero me di una vuelta rápida y el leopardo me saltó a la espalda. Olga, la domadora, tuvo que darle un latigazo en la cabeza”.

La fiera de mi niña fue un fracaso rotundo y una de los argumentos que los distribuidores norteamericanos esgrimieron para calificar a la Hepburn como “veneno para la taquilla”. La actriz no tardó mucho tiempo en remontar. Si no lo hubiera logrado, quién sabe, tal vez podría haberse planteado un giro drástico en su carrera. Olga, la domadora, declaró al terminar el rodaje de La fiera de mi niña que Katharine Hepburn tenía capacidad suficiente como para convertirse en amaestradora de leopardos profesional.

Historias de Filadelfia (1940)

Primero en Broadway y luego llegó al cine en la versión de 1940, con Cary Grant y James Stewart. Hepburn interpretaba a Tracy Lord, una aristócrata de Nueva Inglaterra, bella y perfecta, demasiado quizá para dejarse querer. Aquel año perdió el Oscar frente a Joan Fontaine por Sospecha, de Hitchcock, que también protagonizaba Cary Grant.

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A finales de los años treinta la actriz había encadenado varios fracasos, hasta el punto de que una asociación de exhibidores independientes la catalogó públicamente como “veneno para la taquilla”. Katharine no se acobardó. Compró con el dinero de su amante, el millonario Howard Hughes, los derechos de una obra de teatro que aún estaba en fase de escritura y abandonó Hollywood. Durante un año llenó cada noche el teatro de Broadway en el que representaba Historias de Filadelfia, una función hecha para su lucimiento. Katharine ocultó que ella fuera la productora y la dueña de los derechos y esperó a que los magnates de Hollywood hicieran cola ante su puerta. Al final quien se llevó el gato al agua fue el todopoderoso Louis B. Mayer en una negociación en la que Kat trató de exigir condiciones. Solicitó que su buen amigo George Cukor fuera el director, y quiso también que contrataran a Spencer Tracy y Clark Gable, pero ninguno de los dos aceptó. Mayer le ofreció entonces a James Stewart y 150.000 dólares extras para gastarlos en cualquier otro actor. El elegido fue Cary Grant, que trabajó sólo tres semanas y que donó su sueldo a una asociación benéfica. 

En sus memorias Katharine Hepburn recordaba el rodaje con una magnífica experiencia: “Se hizo todo en las condiciones más lujosas: estupendos interiores, música, etc. El guion de Don Stewart mantuvo el humor y la calidad delirantes de la obra. Como siempre en las películas de George nos divertimos mucho haciéndola”.

Pero lo mejor llegó tras el estreno. Historias de Filadelfia fue un gran éxito y ganó dos Oscar: mejor guion y mejor actor para James Stewart. Por su parte, Katharine Hepburn, que también estaba nominada, se quedó a las puertas del premio, pero logró, si cabe, un premio aún mayor: volver por la puerta grande y consumar una venganza contra un Hollywood que le había dado la espalda.

La mujer del año (1942)

Kate interpretaba a una mujer independiente y con una exitosa vida profesional en un momento en el que las mujeres americanas empezaban trabajar fuera del hogar, y Katharine Hepburn se convirtió así en un modelo y casi en un símbolo. Sólo por eso La mujer del año merecería su hueco en la historia del cine, pero es que fue, además, la primera película en la que ella  y Spencer Tracy trabajaron juntos. Se conocieron y se enamoraron en la vida real al mismo tiempo que sus personajes se iban enamorando en la ficción. Corrían principios de los cuarenta y el protofeminismo que transmitía el filme se veía aún atemperado por muchas escenas y giros de guion que hoy calificaríamos de sospechosas de machismo. Y por mucho que Katharine Hepburn destacara en Hollywood por su independencia y personalidad, también ella tuvo que asumir que –todavía más en la realidad– la igualdad seguía teniendo límites. Hepburn y Tracy rodaron juntos nueve películas. 

En los títulos de crédito el nombre del actor figuraba siempre antes que el de ella. Una vez el productor Joe Mankiewicz preguntó a Tracy: “¿Qué me dices de aquello de ‘las mujeres y los niños primero’? Y Spencer Tracy respondió: “¡Diablos! Es una película, no un barco que se hunde!”

La costilla de Adán (1949)


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Al otro lado del piano de Spencer Tracy, su gran amor, Katharine Hepburn representa a una mujer libre que, en un instante sin vuelta atrás de su vida, entiende y decide que ha de ahondar aún más en la conquista de libertad.

La reina de África (1951)

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Con 44 años, en 1951, la actriz hizo uno de sus mejores largometrajes, La reina de Africa, de John Huston, con un divertido Humphrey Bogart. Una mujer entrada en años y todavía virgen, beata despótica, puritana inflexible y replegada sobre el conformismo de sus represiones íntimas escondidas, desciende un río embarcada en un frenético baño de vida y sortea sus turbulencias dejándose poco a poco, recodo a recodo, arrastrar por el suceso de vivir hasta desatarse.

Adivina quién viene esta noche (1967)


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Hepburn y Tracy mantuvieron una tormentosa relación, hasta la muerte del actor en 1967, unas semanas después de terminar Adivina quien viene esta noche, la última de las ocho películas que rodaron juntos. Spencer Tracy, alcohólico, nunca quiso divorciarse de su mujer.

En el estanque dorado (1981)

En 1981 salió de su semiretiro para interpretar junto a Henry Fonda, que moriría poco después, En el estanque dorado. Marcó prácticamente el fin de su fílmografía, salvo una breve aparición en 1994 en Un asunto de amor, un drama romántico protagonizado por Warren Beatty y Annette Bening.

Especial: 10 años sin Katharine Hepburn


Katharine Hepburn
Hija de un médico preocupado por concienciar a la ciudadanía sobre las enfermedades de transmisión sexual, y de una conocida sufragista colaboradora de Emmeline Pankhurst, Katharine nació en 1907, en Hartford, (Connecticut), y creció entre una burguesía ilustrada que cultivaba la inteligencia poniendo el mismo empeño en practicar el golf, el tenis y la natación. A los ocho años participaba con su madre en las campañas repartiendo globos de colores con el lema "Voto para la mujer". Era ya una niña pertinaz e incombustible, capaz de perseguir implacable a un viandante hasta que aceptaba uno de aquellos globos. En su casa se recibía a la señora Pankhurst, a Rebecca West y a otras activistas e intelectuales y siempre estuvo orgullosa de tener un padre que se carteaba con Bernard Shaw.


Un duro golpe, sin embargo, tambaleó su infancia, a los 14 años encontró a su hermano Tom ahorcado con una sábana. Se había suicidado como su abuelo materno. Había atado la sábana a una viga en la casa de una amiga de la madre, donde Kate y Tom estaban pasando unos días de vacaciones. La propia Katharine tuvo que buscar un médico y notificar la muerte a la familia. Desde entonces asumió la fecha de cumpleaños de su hermano como propia.

Cuando en el año 38 su residencia de verano de Fenwick fue devastada por un huracán, toda la familia salió por la ventana con lo puesto para refugiarse en territorios más seguros. Unos minutos más tarde, los pilares de la casa habían quedado reducidos a escombros y el armazón de madera navegaba a la deriva por el río crecido. Cuando terminó el huracán los Hepburn regresaron a lo que quedaba de su propiedad, y tras desenterrar de entre las ruinas el juego de té de plata, consiguieron dar con papel y lápiz y empezaron a diseñar la que sería su segunda casa de Fenwick. No es de extrañar, pues, que Katharine se distinguiera por sobrellevar con estoicismo y coraje su difícil relación con Spencer Tracy. 

Su intención de estudiar física quedó pronto olvidada para debutar en un pequeño papel en La Zarina, con una compañía teatral de Baltimore. La idea de triunfar en los escenarios de Nueva York había rondado a Katharine desde sus funciones colegiales. Ni corta ni perezosa se trasladó a casa de su amigo el poeta Phelps Putnam y se puso manos a la obra: no sólo fue admitida para estudiar dicción con Frances Robinson-Dune, una leyenda del teatro, sino que consiguió colarse en La muerte en vacaciones, estrenada en el Teatro Nacional de Washington. Hubo alguna crítica favorable y una mención que la describía como "una chica nueva, de voz metálica, que parece una calavera". Aunque fue despedida inmediatamente, se hizo con algunas suplencias y papeles menores en Nueva York.

 En esa época, corría 1928, se casó con Ludlow Ogden Smith, un chico de buena familia del que no tardó en separarse y con quien mantuvo una gran amistad hasta el punto de que varios de sus amantes se lo encontraron incorporado a la familia en la casa de verano de Fenwick cuando iban a visitar a Katharine.

Lo cierto es que su día de suerte le llegó en 1932 de la mano del agente Leland Hayward. David Selznick y George Cukor buscaban una cara nueva para Doble sacrificio. A Cukor y a la RKO les gustaron las pruebas y la reclutaron para Hollywood. Katharine Hepburn llegó a California en tren con su amiga Laura Harding, un sombrero horroroso y los ojos irritados por unas virutas de acero que se le habían incrustado por la ventanilla. A la mañana siguiente la esperaban para las pruebas definitivas y, ante la sorpresa de los tiburones de la RKO, se presentó con un parche en el ojo.

Pese a este primer incidente, tuvo un éxito inmediato y en muy poco tiempo rodó Doble sacrificio, Hacia las alturas, Gloria de un día, Mujercitas y Mística y rebelde. Lo más asombroso fue que por su tercera película, Gloria de un día (1933), que dirigió Lowell Sherman, se alzó con su primera estatuilla de la Academia. Katharine tenía 26 años. Los siguientes tres Oscar le llegarían, ya rebasada la cincuentena, por El león en invierno, Adivina quién viene esta noche y El estanque dorado.

Películas como La fiera de mi niña e Historias de Filadelfia la convirtieron en el paradigma de la mujer contemporánea. Ella inventó la delgadez en el cine y su mirada vitriólica y desafiante acabó con las languideces femeninas de los años anteriores. No cabe duda de que su imagen, en la pantalla y en la vida real, representaba a un nuevo tipo de mujer, independiente, moderna e inconformista. "No se parecía a los años treinta, sino a sí misma. Luego las chicas empezaron a imitarla, y la década se pareció ella", dijo en una ocasión George Cukor.

Se enamoró de su agente, Leland Hayward, y se fue a vivir con el millonario Howard Hughes, con quien compartió la pasión por el golf y la velocidad. Pero sus dos grandes amores fueron hombres católicos, bebedores, de sangre irlandesa, casados y torturados por problemas familiares.

Kate & Spencer
Su relación con John Ford, que la dirigió en María Estuardo, fue tan secreta y devastadora que Katharine no la menciona siquiera en sus memorias. Se sabe, sin embargo, que incluso después de la muerte de Tracy, Ford siguió esperando un milagro. La firme oposición de la esposa de Ford, materializada en la amenaza de acabar con él y quitarle a su hija, y sus escrúpulos católicos, se convirtieron en los obstáculos insalvables para el divorcio.

Ford seguía sin dar un paso adelante cuando Howard Hughes aterrizó con su avioneta en un campo de golf para seducir a Katharine. La actriz no se lo pensó dos veces e inició un romance con el millonario que también pasaría a la historia cuando Spencer Tracy apareció en su vida.

Katharine Hepburn no conocía personalmente a Tracy cuando ofreció a la MGM el guión de La mujer del año a condición de que el papel masculino fuese para él. Cuando por fin se encontraron por casualidad, Joe Mankiewicz fue el encargado de hacer las presentaciones. "Me parece, señor Tracy, que es usted demasiado bajito para mí", dijo la actriz. A lo que Mankiewicz respondió: "No te preocupes, Kate, Spencer te humillará hasta rebajarte a su altura". La afirmación tenía bastante de profética habida cuenta de la cantidad de incidentes desagradables que Katharine Hepburn tuvo que aguantarle a Tracy. Barbara Leaming cuenta que Katharine dormía a veces en el suelo a la puerta de la habitación del hotel de Tracy cuando éste tenía uno de sus delírium trémens, para estar segura de que no le ocurría nada.

Pero a pesar de sus desvelos constantes, de sus intentos de apartarle del alcohol y de abrirle algunas puertas que se le fueron cerrando en Hollywood, Tracy nunca quiso divorciarse de su esposa. Sus convicciones religiosas y el hecho de tener un hijo sordomudo que vivía con la madre pesaban en su conciencia. Ello no impidió que muriera en la cama que compartía con Katharine y que tuvieran una larga historia de amor en la que la actriz asumió la parte fuerte. Era la amante, pero también la enfermera, la agente y el apoyo incondicional. Años más tarde George Cukor contaría que Spencer Tracy le había confesado una fantasía que tuvo con la Hepburn antes de conocerla. Se imaginaba trabajando con ella en Dr. Jekyll y Mr. Hyde (que protagonizó junto a Ingrid Bergman y Lana Turner).

Quería que tuviera el papel de la novia virginal de Jekyll, pero también que fuese la prostituta a la que Hyde degrada y envilece. El episodio puede hacer pensar que la amargura de Tracy, sus problemas con el alcohol y sus batacazos profesionales se veían compensados al tener a su disposición -durmiendo en el pasillo- a la elegante WASP de Nueva Inglaterra, con la que nunca accedió a casarse.

Kate
Es bien sabido que que la relación sentimental y profesional entre Spencer Tracy y Katharine Hepburn se materializó en nueve títulos memorables: La mujer del año, La llama sagrada, Sin amor, Mar de hierba, El estado de la Unión, Su otra esposa, La costilla de Adán, Pat y Mike y Adivina quién viene esta noche. Esta última fue la definitiva, ya que Tracy murió 17 días después. Sus magistrales duelos interpretativos han quedado en la historia del cine como ejemplos de perfecta compenetración artística.

Hay que decir que la entrega a Tracy no llevó incorporada la autoanulación de Hepburn, como ocurre en otros casos de masoquismo manifiesto. Salvo algunas temporadas de menor actividad, Hepburn siguió haciendo cine y teatro y todavía se recuerda su discurso ante 30.000 personas en protesta por los abusos del Comité de Actividades Antiamericanas durante la caza de brujas del senador McCarthy. Se mantuvo al lado de Lauren Bacall y Humphrey Bogart, con quien coprotagonizaría La reina de África, dirigida por John Huston, otro de sus grandes amigos.

Tras una larguísima carrera y minada por un cáncer de piel y un penoso parkinson, Katharine Hepburn murió a los 96 años en Conneticut.

viernes, 28 de junio de 2013

Los inicios de Katharine Hepburn

Con motivo del décimo aniversario de la muerte de la actriz, vamos a recordar sus inicios, que son fiel reflejo de como era la auténtica Kate y de su personalidad, atípica en el Hollywood de la época.


Con el éxito de su interpretación en Broadway en la obra teatral El marido de la amazona, Katharine Hepburn, de 24 años, estaba en boca de todos en la ciudad de Nueva York a principios de los años 30. La crítica hacía de ella descripciones muy llamativas como la de, "una chica nueva, de voz metálica, que parece una calavera". 

El ruido llegó hasta Hollywood, donde la Paramount se adelantó al resto de los estudios y le hizo una prueba de cámara. Los resultados de la prueba fueron analizados por el mismísimo Adolph Zukor, mandamás del estudio y descubridor de estrellas como Mary Pickford o Gary Cooper. Zukor tomó la decisión más desafortunada de su carrera, rechazando a Katharine Hepburn por considerar que era una actriz hecha para el teatro, que jamás funcionaría para el cine. En palabras de Zukor, la imagen de Hepburn en pantalla era "de pesadilla". 

Tras la mala experiencia con la Paramount, el agente de la actriz, el astuto Leland Hayward, pidió a su socio Myron Selznick que le echara una mano. Myron, agente de estrellas, era hermano de David Selznick, por aquel entonces jefe de procucción de la RKO. Leland Hayward había oído que la RKO estaba preparando la adaptación cinematográfica de Doble sacrificio, que iba a ser dirigida por George Cukor, y que estaban abiertos a probar nuevas caras para el papel protagonista femenino. Y a través de Myron, Hayward concertó a su representada una prueba de cámara con la RKO, que se efectuaría en Nueva York. 

Los resultados de la prueba llegaron a Hollywood y el priemero en verlas fue David Selznick, quien tuvo una primera reacción bastante terrible. "¡Maldita sea! Es la más jodida espantapájaros que he visto nunca. Asignarle a 'La bruja de Endor'. Parece un cruce entre un caballo y un mono." Selznick pidió la opinión de su mano derecha Merian C. Cooper (que en esos días estaba preparando King Kong). Cooper fue aún más cruel: "Es indudablemente piernuda. También dentuda. De Nueva Inglaterra. Heredera, he oído. Una Patricia WASP. Una intelectual. En todo sentido una snob. Vocalización de Bryn Mawr. Obstinada. Dogmática, estoy casi seguro. Chillona. Extrañamente masculina. ¡Sin duda una lesbiana!" 

Al director George Cukor le pareció una "gárgola", una mujer "muy nasal" que "parecía gritar a través de su nariz". Pero Cukor quedó muy impresionado por una de las escenas de la prueba. Era una escena tomada desde atrás, con la actriz de espaldas levantando una copa de champán del suelo. A Cukor le encantó el movimiento entrecortado de la actriz, le pareció enigmática. Años más tarde la propia Hepburn admitiría que sabía bien lo que hacía cuando decidió por su cuenta dar la espalda a la cámara. 

Cukor le dijo a Selznick: "Con gente nueva y diferente como esta Hepburn te alejarás del brillo, pero después te apropiarás de la caldera de oro (del éxito)". "¡Sandeces!", le respondió Selznick. Selznick había pensado en Irene Dunne y Jill Esmond para el papel, pero las dos le habían dicho que no porque habían encontrado dos trabajos menos arriesgados. Su tercera candidata era Carol Lombard, pero había estado penosa en la prueba y Cukor no la quería. La otra actriz con la que Selznick insitía era una desconocida de nombre Virginia McMath (futura Ginger Rogers). Pero Cukor se había encaprichado de Hepburn y presionó a Selznick hasta que lo convenció de cansancio. 

Selznick, que tenía plenos poderes en la RKO para hacer contratos, llamó al agente de Hepburn y le ofreció el papel por sólo 500 dólares por cada semana de trabajo. A la actriz le pareció poco dinero y lo rechazó. Selznick subió la oferta a 750 dólares semanales. Hepburn volvió a rechazarlo. El productor se plantó, pero Leland Hayward le presionó a través de su hermano Myron, diciéndole la publicidad que supondría para la RKO hacerse con los servicios de la última sensación de Broadway. Finalmente se alcanzó un compromiso. Hepburn cobraría 6,000 dólares por cuatro semanas de rodaje. Pero Selznick le dejó una cosa muy clara a su agente: "Dile a tu actriz que no se desprenda de su casa de Nueva York. Creo que su estancia en Hollywood va a ser corta. Pronto estará de vuelta en Broadway recorriendo las aceras y pidiendo un empleo." 

Hepburn viajó hasta Hollywood en tren, atravesando todo el país, acompañada de su amiga Laura Harding. Bajó en la estación de Pasadena, California. Llevaba un horrible sombrero y los ojos irritados por unas virutas de acero que se le habían incrustado por la ventanilla. Allí la esperaban su agente Leland Hayward y Myron Selznick con un Rolls-Royce. Myron pensó al principio que la estrella era Laura, la amiga, que vestía un modelito de Chanel. Cuando comprendió que la actriz era la otra, le dijo a Leland, "Dios mío, ¿queremos colarle a David a esa cosa por 1,500 dólares semanales?" 

Se dirigieron todos en coche al Hotel Chateau Elysée de Los Angeles, y después a los estudios de la RKO. Hepburn se pasó todo el viaje criticando todo lo que veía a través del cristal del coche y comparándolo con su querida Costa Este. Actuaba como si les estuviera haciendo un gran favor a todos por ir a la Costa Oeste a trabajar en una película. Entró en los estudios de la RKO en Culver City con la misma altivez, despreciando todo lo que allí veía. Probablemente estuviera atacada de los nervios, y esa forma de actuar fuese para ocultar su inseguridad y protegerse de posibles decepciones. 

Antes de ser introducida a Selznick, Katharine, siempre en compañía de su amiga Laura, fue conducida hasta el despacho de George Cukor. Cukor no era todavía un director importante y ocupaba un diminuto y oscuro despacho en una esquina de la planta baja. La actriz ni siquiera dijo un hola al director; entró en su despacho con un ataque de berborrea y, sin ni siquiera presentarse, lo primero que le dijo fue que necesitaba urgéntemente un médico para que le viera sus ojos irritados. 

Cukor no hizo caso a su petición, y la llevó a ver algunos vestidos diseñados por Jossette De Lima, la diseñadora jefa de la RKO. Allí la actriz se mostró muy pedante, criticando los diseños, y creyendo que en la Costa Oeste no entendían de moda. "¿Ha oído alguna vez hablar de Schiaparelli? Contratarla a ella para diseñar mi vestuario. Mire a Laura. Va vestida de Chanel. ¿Ha oído alguna vez algo de Chanel?", le dijo a Cukor para provocarlo. Pero eligió a la víctima equivocada; Cukor era un experto en moda. "Tal vez podría ser su Svengali" le respondió. Una indirecta con la que vino a decirle que llevaba un peinado espantoso que necesitaba ser arreglado con urgencia. 

Cukor también le hizo toda una declaración de intenciones: "Me han dicho que eres algo puta en el trabajo. Pero quiero que sepas que no habrás conocido a una puta de verdad hasta que me conozcas a mí. Soy más puta que ninguna actriz en Hollywood." Años más tarde Hepburn confesó que su primera impresión de Cukor no fue demasiado buena, "feo, gordo, judío y homosexual, una combinación letal". Cukor a ella la vio como a "una boa constrictor que insultaba a todos a los que tuviera a la vista". 

Cukor la dejó en manos de Jo Ann Saint Auger, la peluquera jefe del estudio, que le lavó y cortó el pelo. Allí pasó a saludarla el actor John Barrymore, el que iba a ser su compañero de reparto en la película. El encuentro no fue demasiado esperanzador. Barrymore, al ver los ojos enrojecidos de Hepburn, pensó que era una alcohólica, igual que él, y le ofreció unas gotas que él utilizaba para disimular la resaca. "¡No es por resaca!", protestó ella. "Claro que no, querida. Será nuestro pequeño secreto. Recuerda, dos gotas en cada ojo." 

También pasó a verla el maquillador Mel Burns. En presencia de Hepburn, Cukor se quejó ante el maquillador de las pecas que tenía en la cara. Ella aguantó estóicamente los comentarios, hasta que respondió a Cukor, "Debo hacerle saber que Leonardo Da Vinci tenía pecas." Se levantó y exigió que quería ver ya a David Selznick. Pero este no estaba y tuvo que esperar una hora más para ser recibida. 

Finalmente se produjo el cara a cara con Selznick. Ella perdió el miedo al ver que no se trataba más que de un jovencito (Selznick tenía 29 años entonces) con gafas, aunque mantuvo su tono desagradable. Selznick no mostró ninguna reacción a primera vista, aunque nada más saludarla pididó a su secretaria que avisara a su hermano Myron y a Leland Hayward que quería verlos en privado más tarde. Ella empezó la conversación pidiendo un médico para su ojo. Selznick llamó por teléfono al médico del estudio, Sam Hirschfeld: "Tengo aquí a una actriz de Nueva York que parece estar a punto de morirse." Pero ella no tenía ganas de bromas, y se mostró cortante. 

El encuentro fue breve, y Selznick dedicó la mitad del mismo a hablar con Laura Harding, la amiga de Hepburn. Era más su tipo. "Podrías salir en películas", le dijo. Las despidió pronto, diciendo que tenía cosas urgentes que hacer, y que ya hablarían en otro momento. Cuando abandonaban el despacho, Selznick le dijo a Hepburn: "Tome algo del sol que tenemos aquí en California. Madura las narajas, y seguro que también la hace madurar a usted." 

Al cerrar la puerta, escuchó cómo Selznick se ponía a dar gritos a Cukor. "¡Maldito seas! No debí escucharte. Pudimos haber tenido a aquella bella ingenua a la que quería que probaras." Y Cukor le respondía, "la única cualificación de aquella putita -y esto me lo dijiste tú mismo- era que tenía la mejor cabellera de Hollywood". Estaban hablando de Ginger Rogers, que terminaría fichando por la RKO un año después. 

El doctor Sam Hirshfeld no pudo atender a Hepburn, pero le envió a otra doctora que le examinó los ojos y le encontró tres virutas de acero. Le recetó unos analgésicos contra el dolor y le colocó un parche en su ojo izquierdo. Y fue así como al día siguiente se tuvo que presentar en su primer día oficial de trabajo en la RKO. Por culpa del parche, no pudo colocarse ante la cámara en unos cuantos días, y el inicio del rodaje tuvo que ser retrasado hasta que su ojo se curase completamente. 

La actriz volvió a dejar muestras de su inconformismo durante los días de rodaje. No firmaba autógrafos y no vestía adecuadamente en los descansos. Cada día había reporteros en el estudio interesados en ver a la nueva actriz, y esta se paseaba por el lugar en bata y zapatillas de tenis. Esa no era la imagen que el departamento de publicidad de la RKO tenía en mente para ella, y la amenazaron con quitarle todas sus batas si insistía en seguir vistiéndose así. Hepburn se negó y el estudio cumplió su amenaza. Ella respondió al estudio con un desafío aún mayor: se paseó por el plató en ropa interior hasta que le devolvieran sus batas. 

La relación de trabajo con Cukor empezó siendo difícil por sus diferencias respecto al vestuario del personaje, y por la incómoda presencia de su amiga Laura en el plató (en el estudio todos pensaban que Katharine y Laura eran pareja) que arruinó alguna que otra escena, pero llegaron a compenetrarse bien. Fue Cukor (a día de hoy considerado el mejor director de actrices que ha dado Hollywood) quien señaló a Hepburn las diferencias entre teatro y cine, le enseñó que para la cámara el más pequeño gesto era suficiente, y que había que actuar con los ojos. 

Al finalizar el rodaje, Katharine Hepburn se subió al tren para volver a Nueva York. Pero, pocos días después, Cukor la llamó a Nueva York para decirle que había que repetir dos pequeñas escenas. Un grupo de gente seleccionada para pre-visionar la película se había reído en esas dos escenas que se suponían dramáticas, y el director quería volver a filmarlas. La actriz volvió a montarse en tren para cruzar todo el país hasta Los Angeles. 

Durante las cuatro semanas que había durado el rodaje, David Selznick no había mostrado el más mínimo interés por alargar el contrato de la actriz. Daba por hecho que destrozaría la película y la crítica cinematográfica se cebaría con ella. Pero su postura cambió tras llegar a sus oídos que la Metro-Goldwyn-Mayer andaba detrás de la actriz. Al parecer, el público selecto que había asistido al pre-visionado de la película, recibió una buena impresión de su actuación, y la Metro se había interesado por contratarla. Por miedo a que se la robaran, Selznick convocó en su casa de Santa Monica al representante de la actriz, y negociaron un contrato largo. Las negociaciones fueron duras y el agente de la actriz logró importantes concesiones para su representada: libertad para elegir o rechazar ciertos guiones, y libertad para volver a Broadway de forma ocasional. 

Selznick no tenía claro si había hecho lo correcto o había cometido un error firmándole un contrato largo. Sus dudas se despejaron el día del pre-estreno de la película. Según sus propias palabras: "Al comienzo de la película había una escena en la que Hepburn caminaba por la habitación, estiraba sus brazos, y luego se echaba en el suelo delante de la chimenea. Parecía muy simple, pero podías casi sentir y escuchar el entusiasmo de la audiencia. Fue una de las mejores experiencias que he tenido nunca. En esos pocos segundos de metraje ya había nacido una estrella."

Muere el fotógrafo de las estrellas

Bert Stern, quien fotografió a algunas de las mujeres más bellas del planeta, entre ellas, Audrey Hepburn, Elizabeth Taylor, Sophia Loren y Brigitte Bardotfalleció en Nueva York a os 83 años, según confirmó su pareja a la agencia AFP. “Bert Stern murió ayer, miércoles”, aseguró Shannah Laumeister en un escueto correo electrónico. 

Era conocido sobre todo por las instantáneas de una Monroe ampliamente desvestida, que realizó en el Hotel Bel-Air de Los Ángeles en junio de 1962. Durante tres días, Stern tomó 2.571 fotos, que años después se convertirían en el libro Marilyn Monroe: The Complete Last Sitting. La actriz falleció ese mismo verano, el 5 de agosto.




fuente: El País


jueves, 27 de junio de 2013

Katharine Hepburn & Lauren Bacall

Katharine Hebpurn tuvo una gran relación de amistad con Lauren Bacall y Humphrey Bogart, con quien participó en La reina de África. Esa experiencia conjunta tuvo como resultado la publicación de el libro El rodaje de La reina de África. Cómo fui a África con Bogart, Bacall y Huston y casi pierdo la razón, escrito por Hepburn. 

"Este libro le dirá lo que significó para mí encontrarme por primera vez con John Huston, Humphrey Bogart y Lauren Bacall en Londres y África, y trabajar con ellos sin descanso durante tres meses y por qué contra viento y marea, en la calma y en la tempestad, en lo bueno y en lo malo pero no del todo hasta que la muerte nos separase, nos lo pasamos tan bien".