Las verdaderas estrellas de cine clásico
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viernes, 7 de febrero de 2020

El Hollywood dorado sigue vivo

Kirk Douglas, fallecido este jueves a los 103 años, era de las últimas leyendas vivas del esplendor del cine clásico de Hollywood. Tras su muerte, no solo le sobrevive Olivia de Havilland como ejemplo de una época dorada que hace muchos años que desapareció todavía quedan más actores y directores que representan esa época, si bien no tan conocidos:

Olivia De Havilland, que cumplirá 104 años el próximo 1 de julio, sobrevivió también a su hermana, Joan Fontaine, fallecida en diciembre de 2013 a los 96 años. Además, ganó dos Óscar a la mejor actriz -en 1946 por To Each His Own y en 1949 por The Heiress- frente a ninguno para Douglas -tan sólo una estatuilla honorífica en 1996 después de tres nominaciones frustradas-, nadie pone en duda que el estrellato del protagonista de Espartaco fue mucho más brillante y duradero.

Su papel más recordado es sin duda el de la dulce Melania de Lo que el viento se llevó (1939). Establecida desde hace tiempo en París, Olivia apareció en público por última vez en junio del 2006 para viajar a Hollywood, donde fue objeto de un homenaje.

En activo sigue Kim Nnovak, la que más glamour conserva y a la que Cannes dedicó un homenaje en 2014 que demostró que sigue siendo la rubia perfecta y elegante que conquistó a Hitchcock. Y aunque se retiró del ojo público en 1965, sigue en el recuerdo de los amantes del cine como la protagonista de títulos como Vértigo (1958), Picnic (1955) o The man with the Golden Arm (1956).

Y pese a que en su momento no pertenecieron al círculo más restringido de las grandes estrellas o tinenen un tinte menos clásico, hay otros actores a los que ahora, pasados los 80 años, se les respeta y admira, como es el caso de Sidney Poitier, Julie Andrews, Dick van Dyke, Angela Lansbury, Tippi Hedren, Joanne Woodward, Liza Minnelli, Max von Sydow, Eva Marie Saint, Liv Ullman, Shirley MacLaine, Marsha Hunt, Hal Holbrook, Stuart Whitman, Arlene Dahl, Genevieve Page, Micheline Presle, Constance Towers, Terry Moore, Gina Llollobrigida, Sophia Loren, Robert Redford, Jane Fonda o Dustin Hoffman o Ann Blyth.

Para más información, se pude consultar la Lista de Estrellas vivas.






jueves, 6 de febrero de 2020

Fallece Kirk Douglas a los 103 años

Issur Danielovitch Demsky más conocido como Kirk Douglas, falleció este miércoles en su casa de California a los 103 años. Era hijo de un trapero nacido en Ámsterdam, en el Estado de Nueva York, el 9 de diciembre de 1916. 

La noticia fue confirmada por la familia por boca de su hijo Michael: “Para el mundo es una leyenda, un actor de la época dorada del cine, un filántropo comprometido con la justicia y con las causas en las que creía, pero para mí, para Joel y para Peter era sencillamente papá”. El ídolo de barro, el Chuck Tatum de El gran carnaval, el Jonathan de Cautivos del mal, el Jack de Los valientes andan solos... Quedarán los gritos de “Yo soy Espartaco”, el lanzamiento de hachas para la toma de la fortaleza de Los vikingos, el ruido y la furia de su militar de Senderos de gloria, su Van Gogh de El loco del pelo rojo… Quedarán las siete películas con su amigo Burt Lancaster... 

Será siempre considerado como uno de los grandes mitos del celuloide, aunque la Academia de Cine nunca lo reconoció como debería. Le negó en tres ocasiones el Oscar al mejor actor, por razones más políticas que cinematográficas, aunque se desquitó en 1996, cuando el por entonces Kodak Theatre se ponía en pie para ver cómo le concedían el Oscar honorífico. De manos de Steven Spielberg, el veterano actor recibía el cariño que tanto le habían negado sus compañeros de profesión en décadas anteriores. Casi rondaba los 90 años por aquellas fechas y muchos apostaban por que sería una de sus últimas apariciones públicas, pero había Douglas para rato.

Fuente: El País

lunes, 9 de diciembre de 2019

Kirk Douglas cumple 103 años

Issur Danielovitch Demsky, más conocido como Kirk Douglas (Nueva York, 1916), cumple hoy 103 años con la intención de celebrar la señalada fecha rodeado de sus seres queridos en una reunión íntima alejada de los festejos que han ocupado sus aniversarios anteriores, según  explicó su hijo Michael Douglas. «Me está suplicando que tengamos una cena con la familia, que lleve a los niños», reconoció sobre su padre el también actor en una entrevista reciente con Jimmy Kimmel. Según Michael, de 75 años y esposo de Catherine Zeta-Jones, cuando Kirk superó el siglo de vida, la familia pensó que cada año nuevo merecería ser celebrado por todo lo alto, sin embargo Kirk espera que este año pasar un tiempo tranquilo junto a sus hijos, nietos y su mujer, Anne Buydens, quien cumplió 100 años esta primavera.

El actor es una leyenda viva de la época dorada del cine de Hollywood, la única que queda junto a la actriz de Lo que el viento se llevó, Olivia de Havilland, también nacida en 1916.

El célebre superviviente del Hollywood clásico y padre del actor Michael Douglas ha muerto numerosas veces, pero solo en sus películas (Espartaco, El loco del pelo rojo, Brigada 21...). Pese a su avanzada edad y los problemas que ha acarreado de dicción tras sufrir un infarto en 1996, el consagrado actor goza de buena salud. La efeméride de su cumpleaños no ha pasado desapercibida en las redes sociales, donde decenas de fans han felicitado al actor y han recordado algunos de sus mejores papeles en el cine.

El nombre de Kirk Douglas se glorificó en el cine con Espartaco de Stanley Kubrick, en 1960. Sin embargo, su extensa filmografía comenzó en los años 40, con títulos como Retorno al pasado o Carta a tres esposas, y en los años 50 ya se postuló como una leyenda del cine clásico.

A lo largo de su carrera fue nominado a tres premios Oscars y no fue hasta 1996 cuando el intérprete recibió la estatuilla honorífica para premiar una trayectoria profesional de más de 60 años.

Douglas nació en Ámsterdam, ciudad de Nueva York, el 9 de diciembre de 1916. Caracterizado por su barbilla hendida, se apoda a sí mismo ‘el hijo del trapero‘, según el título de la autobiografía que publicó en 1988.

De origen ruso, sus padres fueron campesinos judíos en la actual Bielorrusia. A pesar de crecer en un barrio humilde, pronto destacó en los estudios y deportes, lo que le permitió conseguir una beca de actuación en la reconocida St. Lawrence University. Antes de destacar en el mundo del séptimo arte, Kirk tuvo que trabajar desde niño como vendedor de refrescos en la calle o repartidor de periódicos, hasta que llamó la atención en la escuela por su oratoria y sus recitales de poesía, un talento que impulsó su deseo de convertirse en actor profesional.

Tras graduarse, consiguió una beca en la Academia Norteamericana de Arte Dramático de Nueva York, lugar en el que permaneció hasta los 23 años de edad, un entorno en el que conoció a la actriz Lauren Bacall, quien recomendó su nombre a productores de Hollywood y ayudó a potenciar su carrera.

Douglas debutó en Broadway por primera vez en 1941 en una obra llamada Spring Again. Después de su debut, su carrera profesional como actor despegó y consiguió un gran reconocimiento con éxitos como El loco del pelo rojo (1956), Siete días de mayo (1964), y la gran obra maestra Espartaco (1960).

Fuente: La Vanguardia

viernes, 1 de noviembre de 2019

En el día de los muertos, recuerdo a actores vivos

En un día como hoy en el que todo el mundo recuerda y homenajea a sus muertos, vamos a hacer un repaso por aquellos actores que están vivos:

Kirk Douglas
A sus 102 años, Kirk Douglas, el protagonista de películas como El loco del pelo rojo (1956), Senderos de gloria (1957) o Espartaco (1960), sigue dando que hablar. A pesar de que su último filme data de 2008, el pasado mes de agosto volvió a los medios de comunicación. El patriarca de los Douglas reunió a su gran familia para una comida en su casa de Los Ángeles a la que asistieron desde su hijo, Michael Douglas y su mujer Catherine Zeta Jones, hasta su bisnieta Lua Izzy Douglas, de un año.

Angela Lansbury 
Es otra gran desaparecida que con 94 años parece inmune. La protagonista de Se ha escrito un crimen seguía en activo hasta hace relativamente pocos años y haciendo nada más y nada menos que actuaciones diarias junto a James Earl Jones para la función “Paseando a Miss Daisy”. Hace sólo un mes pudimos ver lo estupenda que está cuando asistió al homenaje a Robert Osborne en la Academia de Hollywood.


Dick Van Dyke
A pesar de sus 93 años, Dick Van Dyke ya se ganó la inmortalidad con Mary Poppins (1964) y Chitty Chitty Bang Bang (1968). Hace solo tres años participó en la película Life is boring de Chip Godwin, título que no hace justicia a la vida que el actor ha llevado.



Olivia de Havilland 
A sus 103 años, es la única actriz viva del viejo Hollywood y superviviente del reparto estelar de la aclamada película Lo que el viento se llevó. Además, su interpretación en La heredera está considerada entre las mejores actuaciones femeninas de la historia del cine y por si esto fuera poco, el 21 de junio de 2017, fue nombrada Dama por la reina de Inglaterra, siendo la persona más longeva en recibir esa distinción.

Gene Hackman
A sus 89 años, anunciaba en 2004 que abandonaba definitivamente y por completo la industria cinematrogáfica con Bienvenido a Mooseport, su última película. Con cien filmes a sus espaldas, fue una buena noticia, porque no lo hizo por problemas de salud o por falta de papeles, sino para volcarse completamente en su carrera literaria. El actor ha publicado varios libros y además pinta, pilota aviones y participa en carreras de coches.

Robert Wagne
Sigue activo a sus 89 años y los seguidores de NCIS lo saben. Pero esto viene de muy atrás, pues entre los años 70 y 80 era casi imposible encender la televisión o ir al cine y no verle. El coloso en llamas o Aeropuerto 79 son alguna de las películas que protagonizó. Aún colea la polémica por la misteriosa muerte de Natalie Wood.


Betty White
La protagonista de Las chicas de oro, sigue teniendo muchas ganas de conquistar al público y muy pocas de hacer lo que normalmente hacen las señoras de su edad, 94 años. En 2011 obtuvo una nominación a un Emmy por su papel en Hot in Cleveland, dónde interpretó a una octogenaria sarcástica hasta 2015 y desde 2012 tiene su propia estatua en tamaño real en el prestigioso museo Madame Tussauds de Washington. Este mismo año ha puesto voz a uno de los personajes de Toy Story 4.



Fuente: La Razón

viernes, 14 de diciembre de 2018

Las estrellas centenarias

Olivia de Havilland
Artículo publicado originalmente en EL PAÍS:

Aparecen de vez en cuando fotografías de alguien que parece empeñado en vivir eternamente y ojalá que no prolonguen su estancia en la tierra contra su voluntad, con un rostro que parece hermanado con el formol y que exhibe una sonrisa que alguna vez fue legendaria. Ha cumplido 102 años y el cine decidió que se llamara Kirk Douglas, aunque el hijo del trapero judío fuera bautizado como Issur Danielovich. En la pantalla este actor grandioso representó la fiereza inteligente, la complejidad, la determinación, la veracidad, el peligro. Su presencia y su obra son inmortales, pero hace mucho tiempo que se jubiló de su arte. También ha superado los 102 Olivia de Havilland. Nunca fue sensual, pero admitamos que sabía sufrir en silencio, como demostró modélicamente en Lo que el viento se llevó y La heredera.“Somos ángeles con arrugas feroces en los pómulos”, cantaba Lucio Dalla. Y la memoria insiste en recordar a todos aquellos ángeles y demonios, tan humanos, tan magnéticos, que todavía no se han largado al otro barrio, retirados por voluntad propia o a la fuerza del territorio en el que fueron reyes y reinas durante tanto tiempo, desde el que desplegaron un encanto que enamoraba a los espectadores de cualquier parte, convencidos de que las películas eran de los intérpretes y no de esos seres invisibles llamados directores.



Lo aconsejaba un poeta: “Guarda tus mejores recuerdos, y si llegas a viejo, que te sirvan”. Mis visitas durante una década a esas antesalas del cielo, del infierno o de la nada llamadas residencias de ancianos, lugares desoladores (aunque posean cien estrellas) en los que constatas el final del camino para seres que vegetan, o con la mirada acuosa y perdida, o gimientes, o temerosos y gritones ante fantasmas que solo ven ellos, o medicadamente apacibles, me hacen desear con toda mi alma, con infinita compasión, que algunos de sus moradores aún dispongan del consuelo o la alegría de recordar que en algunos momentos de sus vidas sintieron algo parecido a la felicidad.

Kirk Douglas en Espartaco
Yo deseo que esas estrellas jubiladas de su oficio hagan memoria de que disfrutaron en su trabajo y en su existencia del esplendor en la hierba. Y no sé si les importa, pero que recuerden también que a esos desconocidos llamados espectadores nos hicieron más grata la existencia. Sigue vivo y retirado el gran Sean Connery, aquel tipo tan atractivo y convincente que protagonizó las tres películas de aventuras más hermosas de los años setenta: El hombre que pudo reinar, El viento y el león y Robin y Marian. También el hipnótico Gene Hackman, alguien que hacía creíbles a todos sus personajes, en cualquier género, dotando de matices al bien y al mal. Y Sidney Poitier, aquel elegante señor negro, abarrotado de talento, al que el Hollywood militantemente blanco no tuvo más remedio que otorgarle categoría de estrella, alguien que vendía infinitas entradas entre el público de todas las razas.

¿Y ellas, las jubiladas? ¿Qué contar de Sofía Loren, mujer entre las mujeres, belleza en grado extremo y nervio, desgarro y sensibilidad, dramática y comediante, intensa y sobria, capaz de transmitir un registro inacabable de sensaciones? Y sospecho que ningún varón heterosexual fue inmune a la volcánica sensualidad de Brigitte Bardot (sí, la aguerrida madrina de las focas e inquebrantable amante del Frente Nacional) y de Kim Novak. Tengo claro que el arte de interpretar alcanza niveles sublimes en actrices como Katherine Hepburn y Meryl Streep. Bardot y Novak son otra cosa, pero siempre compré la entrada para todas las películas que hicieron. Doris Day tampoco ha muerto, pero jamás me ha fascinado en ningún sentido. Y sigue viva la formidable Eva Marie Saint, conmovedora, desamparada y tierna intentando redimir a Brando en La ley del silencio, coqueteando con enorme estilo y seguridad absoluta ante el monarca de la seducción Cary Grant en Con la muerte en los talones. Que la vejez sea piadosa y benigna con esta inolvidable gente.

Fuente: EL PAIS (Carlos Boyero)

lunes, 12 de noviembre de 2018

La inmortal saga de los Douglas

Michael Douglas recibió hace unos días su estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood tras 50 años de carrera, acompañado por su padre, Kirk Douglas. Esta es una de las últimas apariciones públicas de legendario actor que interpretó a Espartaco en la película del mismo nombre.

Tres generaciones de Douglas: Cameron, Kirk y Michael

Tal reconocimiento fue recibido por douglas junior junto a su hijo Cameron y su esposa Catherine Zeta-Jones que manifestó que "entre mi padre y yo cubrimos 120 años de cine y como 120, 130 películas. Mis tres hijos quieren seguir nuestros pasos artísticos. Lo mismo que mi sobrina Kelsey. Cuatro Douglas en la próxima generación algo que tanto para él como para mí nos da un sentimiento de inmortalidad, de continuación que es increíble”, confesó henchido.

Sus ojos vuelven a cargarse de emoción cuando habla del hombre que comenzó la saga y que el próximo 9 de diciembre cumplirá 102 años. “Si alguien apostó por su final hace 20 años está claro que perdió”, y recuerda con humor la embolia que hace dos décadas en lugar de detener al mayor de los Douglas parece darle una nueva vida. “Verle ahí, a mi lado, durante la ceremonia, mirándome con el orgullo de pensar que mi hijo lleva 50 años en esto... de verdad que me sorprendió lo mucho que me llegó el momento”, reitera. 

Cameron Douglas, Michael Douglas, Catherine Zeta-Jones y Kirk Douglas en el Paseo de la Fama de Hollywood, el 6 de noviembre de 2018.

Políticamente activo le duele el mundo tan polarizado que les ha tocado vivir a sus hijos, el peor que recuerda “y eso incluyendo la guerra de Vietnam”. Y aunque ahora cuenta con una nueva serie de televisión y es parte de esa gran familia de superhéroes que son los Avengers sabe que las cosas no son fáciles para alguien como él en un Hollywood enamorado de la juventud. “Y memorizar los diálogos cuesta. Pero ¿a quién quiero engañar? En cualquier otro trabajo estaría jubilado desde los 65. Y por mucho que me guste el golf, uno no se puede pasar la vida jugando”, resume a este periódico.

Fuente: El País

viernes, 9 de diciembre de 2016

Centenario de Kirk Douglas

Dice Kirk Douglas que si le hubieran ofrecido el guión de su propia vida, "lo habría rechazado". Y, sin embargo, a punto de cumplir un siglo, su biografía tiene todos los mimbres para convertirse en una superproducción de Hollywood. Hijo de emigrantes rusos, crecido en la miseria de un gueto judío en Nueva York, Issur Danielovitch Demsky, su auténtico nombre, ha llegado a convertirse en la encarnación del sueño americano, la imagen de la dignidad gracias a filmes como Espartaco y el decano de las estrellas de cine gracias a una resistencia que incluiría, al menos, media docena de momentos épicos. 



Y es que Douglas y su icónico hoyuelo han sobrevivido a más de lo que la mayoría de los mortales podría aguantar: la Gran Depresión, la II Guerra Mundial, accidentes espectaculares, un infarto cerebral, operaciones quirúrgicas e incluso la muerte de un hijo... Quizás por eso cuando cumplió 90 años, él mismo comentó que llegar a esa edad "no era algo sólo especial, sino milagroso".

Efectivamente, haciendo un repaso por su existencia, algo de milagro tiene que el próximo viernes 9 sople un centenar de velas. Comencemos por el infierno de la II Guerra Mundial. Con apenas 23 años, cuando ya empezaba a despuntar en Broadway, decidió alistarse en el ejército para luchar contra los nazis. Primero sirvió como guardamarina en un puesto de comunicaciones de la Marina y más tarde como oficial de artillería. Antes de acabar la contienda, una disentería crónica y fuertes dolores abdominales hicieron que los médicos le enviaran a casa.

Décadas más tarde, en 1958, Douglas volvería a estar cerca de la muerte cuando el productor Michael Todd, marido de Liz Taylor, le ofreció irse con él en su avión privado para ver al presidente Truman, su ídolo. "Mi mujer me dijo que tenía un mal presentimiento y acabamos discutiendo. Íbamos en el coche sin hablarnos porque yo había perdido el vuelo, cuando escuchamos en la radio que el avión se había estrellado. Todos murieron", contaría a People.

Como en la trama de Destino Final, en 1991 otro accidente aéreo le aguardaba. El helicóptero en el que viajaba junto a tres personas más chocó en el aire con un aeroplano de acrobacias. Murieron dos personas mientras él, pasados los 70 años, salió casi ileso.

Un lustro después sufrió un infarto cerebral que le paralizó media cara. Los médicos avisaron a su familia de que quizás no podría volver a hablar y, sin embargo, tras unos meses en los que reconoció haber caído en la depresión, pudo dar un corto discurso para aceptar su Oscar honorífico (es el único que tiene, ya que las tres veces que fue nominado perdió la estatuilla). 

Volvería a demostrar a los médicos su fuerza en 2005, cuando se sometió a una doble operación de rodilla para poder andar por sí mismo. Le advirtieron de que con su edad quizás no saliese de la mesa de operaciones... y ahí sigue recorriendo alfombras rojas con su bastón. Eso sí, para no jugar demasiado con su suerte confiesa que dejó de fumar dos cajetillas de cigarros diarias para evitar el cáncer de pulmón que acabó con la vida de su padre, a los 72 años.

Pese a todos estos golpes, ningún derechazo le hizo tambalearse tanto como la muerte de su hijo Eric, también actor y destacado cómico, por una sobredosis en 2005. En su funeral en el cementerio Westwood de Los Angeles, el mismo donde descansan Marilyn Monroe o Natalie Wood, uno de los hombres más duros del cine derramó un llanto sincero y desconsolado. "Nunca te recuperas de algo así".

Sin embargo, ahí sigue, resistiendo y agarrándose a la vida. Tras las últimas muertes de Mickey Rooney, Eli Wallach, Maureen O'Hara y de su buena amiga Lauren Bacall, a quien le debe media carrera ya que fue ella quien le recomendó al productor Hal Wallis para su primera película, El extraño amor de Martha Ivers, se ha convertido junto a Olivia de Havilland, otra centenaria, y Angela Lansbury en una de las pocas personas que pueden hablar de primera mano sobre el Hollywood dorado.

La lista de directores con los que ha trabajado desprende el aroma de la leyenda: Wilder, Wyler, Mankiewicz, Hawks, Curtiz, Minelli, Kazan, Kubrick... y, si hacemos caso a los rumores, también la de sus amantes: Lana Turner, Pier Agnelli, Linda Darnell -según él la estrella más guapa y desaprovechada-, Patricia Neal, Gene Tierney... Con Bacall tuvo un par de citas cuando ambos eran estudiantes de arte dramático en Nueva York y a ella aún la llamaban Betty. Su posible suegra veía con buenos ojos la unión porque Douglas era un buen chico judío, pero la rubia estaba destinada a Boogie.

Aún así Douglas tuvo a su chica de portada. En 1943, se casó con Diana Dill, una modelo aspirante a actriz a la que había visto en la cubierta de Life. Aunque su padre era coronel en Las Bermudas, la joven no logró poner firme al protagonista de clasicazos como Cautivos del mal, del que se separaría 8 años más tarde harta de sus infidelidades. Ella es la madre de sus hijos mayores, Joel y el perpetuador de su leyenda, el actor y productor Michael Douglas. 

Sólo cuatro años después, en el rodaje en París del drama romántico Acto de amor, de Anatole Litvak, Douglas le echó el ojo a la mujer que, seis décadas después, sigue a su lado: Anne Buydens. De origen alemán, ella ha sido su mejor bastón en sus últimos años. Ambos se casaron en un Casino de Las Vegas, es decir, con urgencia, y han tenido dos hijos: Peter y el fallecido Eric. Hace un par de años, Douglas resumía así su historia de amor con su esposa para Closer: "Nunca he pensado que nuestro matrimonio fuera único. Simplemente, me enamoré de una chica y 60 años después, sigo queriéndola".

Dicho lo cual, eso no significa que el hombre que interpretó a Van Gogh en El loco del pelo rojo se cortara la coleta, que no la oreja, con aquel enlace. En sus memorias Let's face it: 90 years of living, loving, and learning, escritas cuando cumplió 90 años, Douglas narró con franqueza algunos de sus affairs sexuales extramatrimoniales. Además de revelar que perdió la virginidad con una profesora a los 15 años ("para los estándares de hoy, ella hubiera ido a la cárcel, pero no creo que hiciera nada malo, ¿no?"), el actor contó su tórrida historia con una azafata de altos vuelos "alta y rubia" a la que le gustaba la disciplina en la cama. Cuando ella gritaba "soy nazi", era la señal para que le diese un azote.

Estar casado no fue un obstáculo para estos deslices, ya que, según dijo a Closer, "las mujeres europeas tienen una tolerancia diferente para estas cosas". Parece que Michael Douglas, quien se confesó adicto al sexo mientras estuvo casado con Diandra, su primera mujer, tuvo la mejor escuela en casa... y no sólo interpretativa.

La relación de Kirk con el más famoso de sus vástagos ha sido compleja. Después de su divorcio, el compañero habitual de Burt Lancaster (rodaron siete películas juntos) tan sólo veía a Michael y Joel en sus vacaciones, cuando éstos acudían a los sets a visitarle. Pero Kirk sólo quería a sus hijos en los rodajes de visita. Pensaba que una industria tan cruel como la del cine no era buen lugar para sus descendientes... y, sin embargo, acabó accediendo a los deseos de Michael de seguir sus pasos e incluso brindó a su hijo su debut en el cine con La sombra de un gigante, una película coprotagonizada con John Wayne.

Decidió salirse del estereotipo de divo aterrado por dejar de ser una estrella y ser eclipsado como "el padre de" y lo apoyó, a veces, hasta el exceso. Por ejemplo, cuando Michael fue despedido de la obra de teatro Summer tree, de Ron Cowen, Kirk compró los derechos del libreto para que él protagonizase la película. Michael no pudo devolverle el favor con Alguien voló sobre el nido del cuco, su padre la había interpretado sobre las tablas, pero cuando produjo la película, éste ya era mayor para el papel.


Pese a estos detalles, descender de una estrella fue difícil para el marido de Catherine Zeta-Jones. "La gente cree que siendo la segunda generación es sencillo triunfar, se supone que es lo que se espera de ti. Pero mira cuánta frustración, fracaso y autodestrucción hay en la segunda generación de actores", diría el protagonista de La guerra de los Rose. Kirk lo resumió de otra manera: "Mis hijos nunca han tenido la ventaja que yo tuve. Nací pobre".

Una miseria que aún le pesa al hombre que tituló sus primeras memorias El hijo del trapero. Aunque haya llegado a cobrar 50.000 dólares únicamente por pronunciar la palabra "café" en un anuncio japonés, Kirk Douglas, un siglo después, sigue haciendo gala de fuertes convicciones éticas (él fue el primer actor en burlar el veto del Macarthismo) y de su compromiso con las causas benéficas. Quizás por eso no tendrá un regalo de cumpleaños a su altura... El día de su centenario pretendía celebrar la derrota de Trump. "Sus valores no son por los que yo luché en la II Guerra Mundial. Dicen que cuando cumples años tienes que pedir un deseo en silencio. Esta vez, lo voy a hacer en alto. Me gustaría soplar las velas pensando que los días felices han vuelto". Y, pese a todo, seguro que él seguirá resistiendo.


Fuente: El Mundo

lunes, 5 de diciembre de 2016

Eterno Espartaco

Kirk Douglas
"No quiero ser un don nadie toda la vida. Quiero que la gente me llame Señor". Kirk Douglas, en la piel del boxeador Midge, escupe la frase en El ídolo de barro (1949). No es tanto hipérbole, que también, como simple dolor. Años antes de que Scorsese canonizara la imagen del púgil hundido por el peso de su propia sangre, Mark Robson entregó al actor de Amsterdam (Nueva York) un papel con el aspecto de una cicatriz. Pocas veces una frase sonó en la pantalla de forma más cruda, más real, más enferma. Con la rabia que sólo da una biografía a la altura.

Les supongo informados, el próximo viernes el hombre nacido como Issur Danielovitch con un taladro en el mentón cumplirá 100 años, un siglo perfecto desde la pobreza más absoluta hasta la perfección del tótem. Hay tantos Kirk Douglas como espectadores han soñado con él, se han enamorado de él y, sobre todo, han sufrido con él. Porque básicamente su filmografía se alimenta de la desesperación. Como su propia vida. Se trata del último testigo de un tiempo extraño donde los ídolos no eran ya seres perfectos sino todo lo contrario; estrellas demediadas y marcadas por un pasado de ira y barro. Al lado de él, Montgomery Clift, Burt Lancaster, Richard Widmark, Glenn Ford y, apurando, hasta Marlon Brando. Todos, unos tipos tan rocosos por fuera como frágiles por dentro. Todos, hijos de un tiempo que se despertaba de la Segunda Guerra Mundial a una nueva era de incertidumbre. Todos ya muertos. Menos él, el Señor Douglas. El último hombre en pie.

Repasar su biografía, en parte, no es más que un ejercicio pautado de contabilidad. Por cada golpe, una herida. Por cada sueño, una pedrada. Su familia, de sobra conocido y repetido, era pobre, de los pobres solemnes. Su primera autobiografía (vendrán más y cada vez un poquito más tramposas, todo sea dicho) lo dejaba claro desde el título: El hijo de un trapero. Allí contaba cómo su familia judía en un barrio antisemita, como casi todos, vio en la inteligencia despierta del chaval la única posibilidad de huida. Porque, en efecto, Douglas nació con una sola idea: huir. La escuela rabínica parecía su destino natural. Pero... "Quería ser actor", dice, "...mi madre me hizo un delantal negro e interpreté a un zapatero en una obra del colegio. Mi padre, que jamás se interesó por mí, me vio desde bambalinas sin que yo lo supiera. Tras la obra me dio mi único Oscar: un helado".

Digamos que ése sería su primer golpe desde la lona, desde un lugar más profundo quizá que simplemente las tripas. Vendrían más que le harán más duro. "Mi motor siempre ha sido la furia", dijo en una ocasión. Y lo que vale para la vida vale para el cine. Repasar la parte más brillante de su filmografía, la que va desde mediados de los 40 a los 60, no es otra cosa que un paseo por los cristales rotos de unos personajes fundamentalmente violentos e íntimamente idénticos al propio Kirk. Siempre sangrando.

Cuando, tras su primer secundario al lado de Barbara Stanwyck en El extraño amor de Martha Ivers, el poderoso productor Hal Wallis (el hombre de Casablanca) le propusiera un contrato por siete películas, él lo rechazó. Pero no lo hizo con un simple "no". "Me amenazó con dejarme a un lado. ¡Que te den por culo! Me arranqué la lanza del costado", recuerda en Yo soy Espartaco. Digamos que éste podría contar como su segundo y siempre desesperado uppercut. Desde más abajo incluso de la lona.


Su convencimiento, o simple chulería, como se quiera, le hizo vagar los siguientes tres años en calidad de segundón, que no secundario, por producciones, eso sí, tan notables como Retorno al pasado o Carta a tres esposas. "Tony [Curtis] contó una vez a un periodista que yo era como una pantera con una lanza clavada en el costado, con los músculos tensos, acechando el plató. En aquellos tiempos era cierto", escribe. Y así hasta llegar a su siguiente, y van tres, gran golpe. Éste el más espectacular de todos ellos.

En 1949 llegó la que parecía su gran oportunidad para establecerse definitivamente como uno más entre el gran pelotón de actores que pululaban por Hollywood. Junto a Gregory Peck y Ava Gardner, la Metro le ofrecía, a cambio de mucho dinero y tranquilidad para siempre, trabajar en El gran pecador. Y, de nuevo, el Douglas rebelde se hizo notar. Rehusó la oferta a cambio de protagonizar una película de bajo presupuesto a las órdenes de Mark Robson. El ídolo de barro, de ella se trata, le valió su primera de las tres nominaciones al Oscar.

El músico, a imagen de Bix Beiderbecke, enamorado y, por ello condenado, de la mujer a la que da vida Lauren Bacall en El trompetista (Michael Curtiz, 1950); el reportero sensacionalista de El gran carnaval (Billy Wilder, 1951) -el más brutal retrato del periodismo y la sociedad americana del que nadie ha sido capaz-; el policía corrupto en Brigada 21 (William Wyler, 1951); el productor de cine desaprensivo y voraz en Cautivos del mal (Vincente Minnelli, 1952) -la más descarnada radiografía de la mentira de Hollywood- o la tumultuosa encarnación del sufrimiento en la piel de Van Gogh en El loco del pelo rojo (V. Minnelli, 1956) son sólo los más destacados ejemplos de una carrera en la que cada personaje bebe de la agonía del actor.

Y así hasta llegar el año (1955, para ser precisos) en el que Kirk Douglas toma definitivamente las riendas de su carrera y de su vida. Sin duda, el K.O. técnico a su destino que siempre buscó. Es entonces cuando funda su propia productora, Bryna Productions, que toma el nombre de su madre. No es el primer actor que se atrevía. Ya antes, su gran amigo Burt Lancaster hizo otro tanto. Era el momento. El poder omnímodo de las grandes productoras se resquebrajaba merced a la sentencia antitrust contra la Paramount en 1947. Además, a las estrellas les salía más rentable comprometerse con las producciones y pagar el 52% antes que el 75% o el 92% de sus ingresos si no lo hacían. Si a todo ello le sumamos la competencia de la televisión como nuevo patrón oro del entretenimiento o las cada vez más claudicantes leyes de censura o la competencia de las producciones europeas, el resultado es que el futuro parecía diseñado para gente tan herida e iracunda como Douglas.

Entre 1955 y 1986, Bryna produjo 18 películas. Entre ellas, algunos de los títulos que forjarían la leyenda del hombre que en unos días será ya superhombre. Para siempre. Pacto de honor (André de Toth, 1955) fue la primera película pensada, producida y protagonizada por Douglas. Luego, entre otras, vendrían Senderos de gloria (Stanley Kubrick, 1957), Los vikingos (Richard Fleischer, 1958), Los valientes andan solos (David Miller, 1962) o, por encima de todas ellas, Espartaco (Stanley Kubrick, 1960).

La película sobre la novela de Howard Fast adaptada por Dalton Trumbo significó, como se esfuerza en demostrar en su último libro de memorias, el fin de las listas negras de Hollywood. O quizá no tanto como pretende el autor. Pero tampoco quitemos brillo al mito. Y menos ahora. Sea como sea, ahí quedó, en los títulos de crédito, el nombre del por siempre maldito y genial Trumbo para la posteridad. Por fin, el hombre, el más célebre de los llamados 10 de Hollywood que se negaron a testificar en 1947 en los famosos juicios del maccarthysmo, recuperaba la visibilidad y, ya puestos, la honra. Detrás quedaba la cárcel, el exilio y la más flagrante injusticia que vio Hollywood. De nuevo, la imagen del luchador que Douglas había hecho suya como motivo de vida y de obra se imponía.

"Un espíritu revolucionario recorre el planeta", escribe en sus memorias como apología y resumen de lo que fue para él la cinta que, por cierto, tanto llegó a despreciar su director. "¿Es contagioso? Nos sorprende ver en ciudades estadounidenses a multitudes expresándose al unísono y poniendo en cuestión una estructura de poder que parece inexpugnable. Eso es lo que hizo Espartaco. Y decenas de millares unieron su voz a la suya. Juntos, todos eran Espartaco". Pues eso. Douglas, el último hombre.

Fuente: El Mundo

viernes, 1 de julio de 2016

Olivia de Havilland cumple 100 años

Hubo un tiempo en el que las estrellas no iban al supermercado, sólo vestían alta costura que el resto de mortales no podía permitirse y sus pecados eran encubiertos por los Estudios que las encumbraban. Olivia De Havilland fue testigo de aquel Hollywood dorado .Es una de las pocas estrellas supervivientes de la época dorada de Hollywood (la única que queda viva del reparto de Lo que el viento se llevó, cuando se lo han comentado en los últimos años, ella lo recibe con cierta sorna, alegando que no tiene mucho mérito. "Lo único que he hecho es no morirme".) y, desde luego, la más longeva. Sólo Kirk Douglas, seis meses menor, vive y compite en gloria con ella. Aunque dueñas de una fama planetaria, otras actrices como Zsa Zsa Gabor (99 años) o Doris Day (92) no llegaron a disputarle su condición de mito del celuloide. 

De Havilland en 2010
Descubierta con sólo 19 años por el mítico director alemán Max Reinhardt, esta actriz cuenta con cinco candidaturas al Oscar en su haber y dos estatuillas: La heredera y La vida íntima de Julia Norris. En la primera daba una vengativa lección a un deslumbrante Monty Clift y en la segunda interpretaba a una abnegada mujer que daba a su hijo en adopción para evitar el escándalo. Precisamente, a Havilland, como al íntegro Gregory Peck, le gustaba interpretar papeles bondadosos. "En los 30 era difícil encarnar a chicas buenas, la moda era interpretar chicas malas. Realmente, yo creo que es más aburrido. Siempre he tenido más suerte interpretando chicas buenas porque requieren más de una actriz". Sin duda, el epítome de esta afirmación fue su santurrona Melanie Hamilton, de Lo que el viento se llevó, esa cándida mujer que le ponía en bandeja de plata a Escarlatta O'Hara birlarle el marido.

su belleza dulce, como de novicia, la hacía perfecta para este tipo de papeles, aunque a la actriz no le importaba afearse si la película le daba la posibilidad de ganar un Oscar (ojo a su caracterización en La heredera). Vamos que eso de Charlize Theron de afearse para ganar la estatuilla, ella ya lo había inventado medio siglo antes

Olivia de Havilland pudo haber ganado un tercer Oscar por Un tranvía llamado deseo. Sin embargo, rechazó el papel porque "una dama no dice ese tipo de cosas". También rechazó el papel de Donna Reed en ¡Qué bello es vivir! Malas elecciones que no empañan una carrera brillante que cerró en 1977 con la coproducción alemana El quinto mosquetero, en la que por cierto coincidió con Sylvia Kristel. Sí, Emmanuel y Melania Hamilton mano a mano. "No echo de menos hacer películas, la vida está llena de cosas de gran importancia, que son más enriquecedoras y absorbentes que la vida de fantasía".

Hoy Olivia de Havilland cumple 100 años y, según quienes han podido departir con ella, mantiene una sorprendente agilidad mental. Lo demostró cuando «sólo» tenía 94 años: en una entrevista para The Telegraph, evocó anécdotas y aclaró equívocos. Por ejemplo, con respecto a su convulsa relación con el actor y rompecorazones de origen australiano Errol Flynn. En aquella ocasión, De Havilland fue rotunda: «Siempre se han escrito muchas tonterías al respecto (...). Yo no le rechacé. También me sentía muy atraída por él. Pero le dije que no podíamos tener nada mientras él siguiera con Lili (esposa de Flynn)», replicó."Hubiera arruinado mi vida".

La «inolvidable Olivia» fue la primera de las hermanas De Havilland en convertirse en actriz. Cuando su hermana pequeña Joan Fontaine se propuso seguir sus pasos, su madre, que favoreció siempre a su primogénita, se negó a que utilizara el apellido familiar. Aquello abrió una brecha entre ambas intérpretes. Según el biógrafo Charles Higham, nunca se llevaron bien. Su gran desencuentro tuvo lugar en 1942, cuando ambas competían por el Oscar. Joan ganó por su papel en el filme Sospecha, de Alfred Hitchcock. Joan recordaba en su biografía "Me quedé helada. Clavé la mirada hacia el otro lado de la mesa y ella me susurró: 'Levántate'. Me vino de golpe, como un caleidoscopio, todo el resentimiento que sentimos de niñas. [...] Temí que Olivia saltase por encima de la mes para tirarme del pelo".

¿De donde venía su fraternal odio? Ninguna lo ha contado. Según dijo la protagonista de Rebeca en su biografía, No bed of Roses, "he sido una extraña en su vida, una intrusa. Al ser mayor, Olivia tendría que haber cuidado de mí. Por el contrario, toda mi existencia ha tratado de desequilibrarme. No hablamos desde la muerte de mamá, en 1975". En el mismo libro Fontaine se explayaba sobre su hermana. "No recuerdo un momento en toda mi niñez en el que tuviera un gesto amable conmigo", escribe y cuenta como una vez se tiró sobre ella rompiéndole la clavícula.

Según el director, George Cukor lo que distanció a ambas fue su madre, "una dictadora con enaguas, que sembró la discordia entre ambas". Si fue ella, los papeles por los que rivalizaron o el magnate Howard Hughes, que tonteó con ambas, quienes las separaron quedará en la nebulosa de las leyendas de Hollywood. Lo cierto es que ninguna se volvió a dirigir la palabra a la otra después del funeral de su madre. "Olivia siempre ha dicho que yo he sido la primer en todo: en casarme, en tener un Oscar, en tener un hijo. Así que si me muriese la primera, se cogería un buen berrinche porque me habría adelantado también en eso", dejó dicho.

Olivia de Havilland
Considerada la novia de América desde que en 1939 protagonizara Lo que el viento se llevó, Olivia obtendría tres nominaciones antes de ganar su primer Oscar con La vida íntima de Julia Norris, en 1946; el segundo le llegó por La heredera, en 1949. Gran defensora de los derechos de los trabajadores, contribuyó decisivamente a cambiar las reglas de Hollywood en 1940, cuando llevó a juicio a los estudios Warner Brothers con el apoyo del Sindicato de Actores. Gracias a su esfuerzo, se acabaron los contratos de posesión de los estudios y, hasta la fecha, se reconoce a la llamada «ley Havilland» como uno de los grandes logros de la historia de la meca del cine. «Todos creían que perdería, pero yo estaba segura de ganar. Sabía que lo que hacían los estudios con los actores no estaba bien», explicó.

Cansada de los chismes, frustrada con la industria, en la década de los 50 se instaló en París. Allí vive desde mediados de los 50, cuando se casó con Pierre Galante, editor de la revista París Match y uno de los celestinos entre Grace Kelly y Rainiero de Mónaco. Pese a divorciarse en los 70, ella ha seguido habitando en su elegante piso de la rue Bénouville. Asegura que le encanta vivir entre franceses, "son gente muy creativa" y "aquí las iglesias y los castillos son de verdad, no de cartón como en las películas". En una entrevista confesaba incluso que le seducían todas las palabras francesas."Creía que saucisson era tan exquisita, que me parecía el nombre perfecto para un niño... hasta que me enteré de que significaba salchicha". Francia ha correspondió a su amor.Fue la primera mujer en dirigir el Festival de Cannes, en 1965. 

De Havilland aún reside en París, ciudad a donde huyó, en la cúspide de su carrera, de la implacable competencia con su hermana. Una rivalidad que duró 60 años y terminó en el 2013 con la muerte de Joan, a los 96 años. Hoy, la primogénita de los De Havilland cumple un siglo y, con este aniversario, un brillante capítulo de la historia de Hollywood sigue abierto.

Fuente: ABC.es, El País

lunes, 6 de julio de 2015

Muere Diana Douglas

Diana Douglas, primera esposa del actor Kirk Douglas y madre del también intérprete Michael Douglas, falleció a los 92 años en Los Ángeles, según recogen hoy medios locales. Actuó en más de 20 películas en su carrera y participó en series de televisión como ER, El ala oeste de la Casa Blanca y Days of our Lives, falleció ayer de cáncer en un hospital de la ciudad californiana.

Kirk Douglas, que ahora tiene 98 años, trabajaba en un barco de la Armada de EEUU cuando la vio en una revista, en plena Segunda Guerra Mundial, y "dijo a sus compañeros que se casaría con ella", según un obituario publicado por la productora de Michael Douglas, Furthur Films.

Kirk y Diana, que ya se conocían antes de ese momento porque habían estudiado juntos en una academia de actores en Nueva York, se casaron en noviembre de 1943 y tuvieron dos hijos, Michael y Joel, antes de divorciarse en 1951.

Diana Douglas, su exesposo Kirk Douglas y sus hijos.

En 1956, Diana volvió a casarse con el actor Bill Darrid, quien murió en 1992, y en 2002 contrajo matrimonio por tercera vez con el que ahora es su viudo, Donald A. Webster, según la revista Entertainment Weekly.

La última película de Diana Douglas fue Cosas de familia (2003), un filme protagonizado por Kirk, Michael y ella junto a su nieto Cameron Douglas.

Nacida con el nombre de Diana Love Dill en 1923 en la isla británica de Bermuda, era la menor de los seis hijos del fiscal general de ese territorio, Thomas Melville Dill. En su juventud se mudó a Nueva York para estudiar arte dramático, y más tarde se mudó a California con un contrato con Warner Bros., tras lo que volvió a Manhattan para trabajar en una agencia de modelos.

"Fue una persona querida por todo el mundo. Una de sus grandes cualidades es que siempre estaba pensando en los demás", dijo a la cadena CNN su viudo, Donald Webster.

Fuente: EL Mundo, Formula TV

martes, 9 de diciembre de 2014

Kirk Douglas cumple 98 años

Kirk Douglas se acerca a los cien años, es una de las pocas estrellas del cine clásico que aún están vivas. Hace unos meses, el actor publicó un libro de memorias, aunque algunos de los datos y anécdotas que ha dejado escritos se alejan de la realidad.

Aparición pública de Kirk Douglas en 2011

En su libro Yo soy Espartaco. Rodar una película, acabar con las listas negras (Capitán Swing), el veterano actor americano rastrea sus recuerdos para esclarecer cómo tomó algunas de las decisiones más importantes de su carrera. Un relato que abarca desde sus inicios como actor hasta su éxito internacional, haciendo especial hincapié en la creación del film Espartaco, así como sus labores como productor y la estrecha relación con su mujer Anne Buydens.

Kirk Douglas fundó en 1955 una productora llamada Bryna (nombre que homenajeaba a su madre de origen ruso). Una estrategia comercial que tomó del actor Burt Lancaster y que le permitió ganar más dinero de las películas que protagonizaba. De esta experiencia salieron películas como Los Vikingos o Senderos de Gloria, en la que conoció Stanley Kubrick,  un joven director que acabaría dirigiendo la película de Espartaco tras el despido de su anterior director.

Insatisfecho con el logro de ‘descubrir’ a Kubrick, Douglas continúa con esta particular epopeya en la que consiguió cambiar Hollywood por si solo. Una larga lista de méritos que han despertado la polémica entre las estrellas del Paseo de la Fama, por lo que son dignos de ser recopilados:

1. Romper la ‘lista negra de Hollywood’

El principal mérito que se concede es el de “poner fin a aquella cruzada del terror que era la caza de brujas” emprendida por el senador de Wisconsin Joseph McCarthy en contra del comunismo. Algo que asegura lograr gracias a su empeño por contratar y hacer figurar en los títulos de crédito de Espartaco al guionista Dalton Trumbo, uno de los ‘Diez de Hollywood’ (los principales integrantes de la lista negra), quien se había visto obligado a trabajar ocultando su identidad bajo seudónimos durante verios años.

Sin embargo, esta historia parece no ser del todo cierta si se contrasta con la biografía de Dalton Trumbo escrita por Edward Lewis en 1977. En ella se explica cómo Trumbo tuvo que insistir a Douglas para poner su nombre en pantalla e incluso habla de un supuesto distanciamiento de Douglas con Trumbo después de la realización de la película por el miedo a ser relacionado con él.

La familia del guionista también se ha declarado en contra de lo expuesto en este libro. En unas declaraciones a The Atlantic de Melissa Trumbo, la hija del guionista explica como Kirk Douglas “fue muy insistente en varias ocasiones tras la muerte de su padre” para que su familia reconociera que fue él quien rompió la 'lista negra'.

Tanto la familia como el biógrafo del guionista han coincidido que Kirk Douglas no fue quién rescató a Trumbo, y que tan solo fue una estrategia para vender la película que surgió tras las declaraciones del director Otto Preminger reconociendo que estaba trabajando con Dalton Trumbo en su película Exodus. Querían adelantarse y ser los primeros que rompían con el tabú.

Pero 1960 no supuso el fin de esta 'caza de brujas', otros escritores comunistas como Herbert Biberman, John Howard Lawson, and Lester Cole tuvieron que continuar usando seudónimos para firmar sus películas incluso una década después de Espartaco.

2. “Yo soy Espartaco”

Otro hecho que considera necesario reivindicar coincide con el título del libro. Se trata de la de las escena más épica de la película, cuando el protagonista reconoce ante Craso que él es Espartaco y, de forma espontánea, todos los esclavos se unen gritando al unísono: "Yo soy Espartaco".

Kirk Douglas caracterizado como Espartaco

En el libro, Douglas es muy insistente con que esta secuencia se trata de una idea personal que Kubrick no supo apreciar en su momento. Durante todo un capítulo del libro, relata la disputa personal entre el actor y el director, y cómo este último acaba entrando en razón para reconocer que era una gran idea.

Unas declaraciones que el biógrafo de Dalton Trumbo también ha querido revocar, explicando que fue el propio guionista quién dejó por escrito esa escena a través de varias notas en el guión de la película. Según informa la publicación americana Salon, su intención era “hacer énfasis en el carácter común del conflicto de los esclavos”.

3. Aquellos encuentros que nadie recuerda

En el libro, Kirk Douglas es capaz de recordar conversaciones que tuvo hace más de 50 años como si las hubiese tenido hoy. Transcribe palabra por palabra y se acuerda hasta del más mínimo detalle de algunas de estas reuniones. Aunque, según han informado otras fuentes,  no todas esas conversaciones llegaron a tener lugar, razón por la que también ha sido criticado.  

Edward Lewis, productor de la película, es otro superviviente del film y en varias ocasiones se ha manifestado en contra de alguna declaración de Kirk Douglas. Según Lewis, el encuentro entre Douglas, Kubrick y él mismo que figura en el libro, en el que el director de la película propone que su nombre debería figurar como guionista, nunca llegó a suceder.

Lo mismo ocurre con otras reuniones que son citadas en estas memorias. Como las que tienen lugar en casa de los Trumbo o incluyen al propio guionista, que han sido desmentidas por su familia ya que no recuerdan haber invitado a cenar a Laurence Olivier  tal y como Douglas refleja en el libro.

Otra falta de rigurosidad por parte de Espartaco que hace pensar que este libro se trata de una gran fabulación, muy lejana al estatus de "memorias" con el que ha sido concebido. Pero más allá de aquellas encuentros ficcionados y a su afán a la auto-adulación, el libro presenta una imagen global del Hollywood de esos años digna de ser leída. La relación entre los actores y sus representantes, la forma en la que los estudios trataban a los trabajadores, el poder de la prensa e incluso una revisión de la 'caza de brujas' desde dentro.

Al contrario de lo que opina George Clooney en el prólogo, este hecho no debería "aparecer señalado en los libros de historia como el instante e en que se puso fin a las listas negras de Hollywood", solamente debería tratarse como una anécdota más de un hombre con muchos años.

Fuente: elconfidencial.com

miércoles, 12 de febrero de 2014

Estrellas que se apagan

Shirley Temple
Esta semana murió Shirley Temple por lo que la lista de los 50 mejores actores de la historia se queda un poco más huérfana. Originalmente, la lista se publicó, un 16 de junio de 1999,  por la AFI y se presentó, paradojicamente, en un especial de la cadena CBS conducido por Shirley Temple. 

Hasta ahora quedaban como supervivientes de la mejor época del cine:  Sidney Poitier y Kirk Douglas, Shirley Temple, Lauren Bacall y Sophia Loren; pero hay que recordar que el día en que se publicó, todavía vivían  Marlon Brando, Gregory Peck, Katharine Hepburn y Elizabeth Taylor.

De esta forma, la lista quedaría integrada por: 

SIDNEY POITIER (86 años)



KIRK DOUGLAS (97 AÑOS)


LAUREN BACALL (89 AÑOS)


SOPHIA LOREN (79 AÑOS)


Los 5 supervivintes: Sidney Poitier, Kirk Douglas, Shirley Temple, Lauren Bacall y Sophia Loren. Más información.

jueves, 16 de enero de 2014

Historia de las estrellas del Paseo de la Fama

En 1958 fue creado el Paseo de la Fama de Hollywood, extendiendose  desde la calle Gower a la avenida La Brea y, hoy en día, hasta  la calle Vine. Mide unos 2,2 km (de este a oeste) y está en Hollywood Boulevard, en Los Ángeles. Es una de las atracciones turísticas más importante de la ciudad y tiene unos 10 millones de visitantes cada año, aunque no se sabe si este número hace referencia a los que van a ver las estrellas o los que simplemente pasean por él. 

Fue creado por el artista californiano, Oliver Weismuller, contratado por la ciudad, para darle a Hollywood una nueva imagen hacia el mundo y para “conservar la gloria de aquellos nombres que había llevado el glamur de la ciudad a todos los rincones del mundo”.


En la actualidad, casi la mitad de las estrellas son de actores de cine, un 47%. Menos del 2% han sido premiados por su labor teatral.

La primera estrella fue puesta en 1960 como tributo a los artistas que trabajan en la industria del cine. De esta forma, una de las primeras actrices en recibir la estrella fue Joanne Woodward (6801 Hollywood Blvd.), un 9 de febrero, junto a  Olive Borden (6801 Hollywood Blvd) y Louise Fazenda (6801 Hollywood Blvd), entre otros.  Sin embargo, el primero de la industria del cine fue el director y productor  Stanley Kramer (6100 Hollywood Blvd). En el año 1994, consiguió su estrella Sophia Loren (7050 Hollywood Blvd), siendo la número 2.000. En 2013 había  2514 estrellas.


Desde que se empezaron a instalar las estrellas, cuatro de ellas han sido robadas. Las de James Stewart (1708 Vine Street) y Kirk Douglas (6263 Hollywood Blvd) fueron retiradas debido las obras de construcción que se iban a realizar en la calle Vine y para que no sufrieran ningún defecto, fueron guardadas. En el lugar donde fueron guardadas es donde desaparecieron.  Sin embargo, el culpable fue detenido con las dos estrellas completamente destrozadas e inutilizables.

La estrella de Gene Autry (la de cine 6644 Hollywood Blvd) también fue retirada por un proyecto de una construcción y fue robada posteriormente. La estrella apareció en Iowa.

El robo de la estrella de Kirk Douglas

El 27 de noviembre de 2005, la estrella de Gregory Peck (6100 Hollywood Blvd), actor, fue robada del Paseo cerca de la calle Gower. Esta vez no fue por un proyecto de construcción, sino que fueron unos ladrones quienes la arrancaron de la acera.Para evitar estos robos, se han tomado medidas tales como la colocación de cámaras de seguridad en la zona, aunque como en el caso de la estrella de Gregory Peck, no siempre da resultado y por este motivo se ha introducido más vigilancia.