Kirk Douglas cumple 98 años

martes, 9 de diciembre de 2014

Kirk Douglas cumple 98 años

Kirk Douglas se acerca a los cien años, es una de las pocas estrellas del cine clásico que aún están vivas. Hace unos meses, el actor publicó un libro de memorias, aunque algunos de los datos y anécdotas que ha dejado escritos se alejan de la realidad.

Aparición pública de Kirk Douglas en 2011

En su libro Yo soy Espartaco. Rodar una película, acabar con las listas negras (Capitán Swing), el veterano actor americano rastrea sus recuerdos para esclarecer cómo tomó algunas de las decisiones más importantes de su carrera. Un relato que abarca desde sus inicios como actor hasta su éxito internacional, haciendo especial hincapié en la creación del film Espartaco, así como sus labores como productor y la estrecha relación con su mujer Anne Buydens.

Kirk Douglas fundó en 1955 una productora llamada Bryna (nombre que homenajeaba a su madre de origen ruso). Una estrategia comercial que tomó del actor Burt Lancaster y que le permitió ganar más dinero de las películas que protagonizaba. De esta experiencia salieron películas como Los Vikingos o Senderos de Gloria, en la que conoció Stanley Kubrick,  un joven director que acabaría dirigiendo la película de Espartaco tras el despido de su anterior director.

Insatisfecho con el logro de ‘descubrir’ a Kubrick, Douglas continúa con esta particular epopeya en la que consiguió cambiar Hollywood por si solo. Una larga lista de méritos que han despertado la polémica entre las estrellas del Paseo de la Fama, por lo que son dignos de ser recopilados:

1. Romper la ‘lista negra de Hollywood’

El principal mérito que se concede es el de “poner fin a aquella cruzada del terror que era la caza de brujas” emprendida por el senador de Wisconsin Joseph McCarthy en contra del comunismo. Algo que asegura lograr gracias a su empeño por contratar y hacer figurar en los títulos de crédito de Espartaco al guionista Dalton Trumbo, uno de los ‘Diez de Hollywood’ (los principales integrantes de la lista negra), quien se había visto obligado a trabajar ocultando su identidad bajo seudónimos durante verios años.

Sin embargo, esta historia parece no ser del todo cierta si se contrasta con la biografía de Dalton Trumbo escrita por Edward Lewis en 1977. En ella se explica cómo Trumbo tuvo que insistir a Douglas para poner su nombre en pantalla e incluso habla de un supuesto distanciamiento de Douglas con Trumbo después de la realización de la película por el miedo a ser relacionado con él.

La familia del guionista también se ha declarado en contra de lo expuesto en este libro. En unas declaraciones a The Atlantic de Melissa Trumbo, la hija del guionista explica como Kirk Douglas “fue muy insistente en varias ocasiones tras la muerte de su padre” para que su familia reconociera que fue él quien rompió la 'lista negra'.

Tanto la familia como el biógrafo del guionista han coincidido que Kirk Douglas no fue quién rescató a Trumbo, y que tan solo fue una estrategia para vender la película que surgió tras las declaraciones del director Otto Preminger reconociendo que estaba trabajando con Dalton Trumbo en su película Exodus. Querían adelantarse y ser los primeros que rompían con el tabú.

Pero 1960 no supuso el fin de esta 'caza de brujas', otros escritores comunistas como Herbert Biberman, John Howard Lawson, and Lester Cole tuvieron que continuar usando seudónimos para firmar sus películas incluso una década después de Espartaco.

2. “Yo soy Espartaco”

Otro hecho que considera necesario reivindicar coincide con el título del libro. Se trata de la de las escena más épica de la película, cuando el protagonista reconoce ante Craso que él es Espartaco y, de forma espontánea, todos los esclavos se unen gritando al unísono: "Yo soy Espartaco".

Kirk Douglas caracterizado como Espartaco

En el libro, Douglas es muy insistente con que esta secuencia se trata de una idea personal que Kubrick no supo apreciar en su momento. Durante todo un capítulo del libro, relata la disputa personal entre el actor y el director, y cómo este último acaba entrando en razón para reconocer que era una gran idea.

Unas declaraciones que el biógrafo de Dalton Trumbo también ha querido revocar, explicando que fue el propio guionista quién dejó por escrito esa escena a través de varias notas en el guión de la película. Según informa la publicación americana Salon, su intención era “hacer énfasis en el carácter común del conflicto de los esclavos”.

3. Aquellos encuentros que nadie recuerda

En el libro, Kirk Douglas es capaz de recordar conversaciones que tuvo hace más de 50 años como si las hubiese tenido hoy. Transcribe palabra por palabra y se acuerda hasta del más mínimo detalle de algunas de estas reuniones. Aunque, según han informado otras fuentes,  no todas esas conversaciones llegaron a tener lugar, razón por la que también ha sido criticado.  

Edward Lewis, productor de la película, es otro superviviente del film y en varias ocasiones se ha manifestado en contra de alguna declaración de Kirk Douglas. Según Lewis, el encuentro entre Douglas, Kubrick y él mismo que figura en el libro, en el que el director de la película propone que su nombre debería figurar como guionista, nunca llegó a suceder.

Lo mismo ocurre con otras reuniones que son citadas en estas memorias. Como las que tienen lugar en casa de los Trumbo o incluyen al propio guionista, que han sido desmentidas por su familia ya que no recuerdan haber invitado a cenar a Laurence Olivier  tal y como Douglas refleja en el libro.

Otra falta de rigurosidad por parte de Espartaco que hace pensar que este libro se trata de una gran fabulación, muy lejana al estatus de "memorias" con el que ha sido concebido. Pero más allá de aquellas encuentros ficcionados y a su afán a la auto-adulación, el libro presenta una imagen global del Hollywood de esos años digna de ser leída. La relación entre los actores y sus representantes, la forma en la que los estudios trataban a los trabajadores, el poder de la prensa e incluso una revisión de la 'caza de brujas' desde dentro.

Al contrario de lo que opina George Clooney en el prólogo, este hecho no debería "aparecer señalado en los libros de historia como el instante e en que se puso fin a las listas negras de Hollywood", solamente debería tratarse como una anécdota más de un hombre con muchos años.

Fuente: elconfidencial.com

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