Las verdaderas estrellas de cine clásico

lunes, 4 de enero de 2016

El universo de Billy Wilder

Wilder
El universo de Billy Wilder (Notorious Ediciones, 2015) libro con espíritu de enciclopedia, en el que 22 prestigiosos críticos desmenuzan y analizan hasta el detalle no solo su magnífica filmografía, sino también la compleja e irrepetible personalidad del genial cineasta que, en palabras de José Luis Garci, autor del prólogo y el epílogo, «vapuleó como nadie el llamado sueño americano». Nada queda fuera de este largo recorrido por la vida del autor de obras maestras como Perdición, El crepúsculo de los dioses, El gran carnaval, Sabrina, Ariane o El apartamento. Desde su primera etapa como guionista en Berlín, donde fue reclutado con 25 años por el principal estudio de cine de la República de Weimar y el Tercer Reich (UFA), hasta su última película como director, Aquí mi amigo (1981). Tras esta, ninguna compañía de seguros quiso volver a correr el riesgo, dada su avanzada edad, de cubrir un nuevo trabajo suyo.

En 455 páginas conocemos al Wilder de El azul del cielo (1932) que se ganó la libertad para desarrollar los giros emocionales de los personajes, sin salirse demasiado del corsé que los estudios establecieron en la época en la que el nacionalsocialismo comenzaba a asomar la cabeza. O al de Adorable (1933), que hizo que Hollywood se fijara en él por primera vez. Película tras película, este volumen analiza al hombre que, en enero de 1934, desembarcó en Nueva York huyendo del nazismo, con 27 años y unas cuantas ideas en la cabeza, y comenzó a abrir caminos que nadie se hubiera imaginado en el vasto y conservador imperio de Hollywood.

Muchas de esas ideas, recurrentes a lo largo de sus veinticinco películas, son parte fundamental de este «universo» de Wilder. Filias, fobias y obsesiones tan variadas que se analizan independientemente, porque dieron forma a muchas de sus obras. El alcoholismo en Días sin huella, creando el documento más demoledor del cine clásico sobre el descenso a los infiernos a causa de la bebida. El adulterio de Perdición o La tentación vive arriba, que le convierten en uno de los primeros cineastas en cuestionar la moral sexual de la población estadounidense. También esa doble vara de medir con la que trató el mundo femenino, convirtiendo a Marilyn Monroe en una mujer objeto, pero reivindicándose al mismo tiempo como uno de los primeros directores de Hollywood en reflejar los cambios sociales y culturales relacionados con la emancipación de la mujer en, por ejemplo, El apartamento. Y sus críticas mordaces al comunismo, pero también al capitalismo, al que plasmó en ocasiones como un cuento de hadas del estilo de vida americano.

Con ese espíritu provocador, el camino no fue fácil. Su relación con la censura no fue precisamente amistosa. Ya en 1934, no le concedieron permiso para rodar un remake de Curvas peligrosas. Un primer encontronazo al que le siguieron otros muchos. En 1940, condenaron la escena de dos soldados conversando en un cuarto de baño en Arise, My Love por desprender cierta pulsión homosexual. Más tarde vinieron las sospechas de que El mayor y la menor incitaban a la pedofilia. Después, criticaron la poco escrupulosa conducta del Ejército en la ocupación de la capital alemana en Berlín Occidente. Y suprimieron una relación sentimental entre dos hombres en ¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre?, por citar solo algunas.

Peajes todos ellos que tuvo que pagar el genial director de «ojillos de ratón», ganador de seis Oscar, por mostrar a personajes que osaban desafiar los códigos morales de su época o se empeñaban en desoir a su propia conciencia... si es que la tenían. O para crear, como escribe el mismo Garci, «algunas de las imágenes más poderosas de la historia del cine. Y todo ello, más mérito aún, habitando dentro del sistema».

Fuente: ABC.es

viernes, 25 de diciembre de 2015

Películas para Navidad

El mago de Oz, dirigida por Victor Fleming en 1939, es el viaje fantástico de una jovencita de Kansas y su perrito hacia un mundo mágico plagado de personajes inverosímiles, cuya intervención en el reino de Oz será definitiva para librarlo del acoso de las brujas que lo atemorizan. «Una deliciosa y maravillosa obra que hizo que los ojos de los jóvenes brillaran y trajo un silencioso brillo de diversión a los más sabios de los viejecitos», dijo The New York Times. La producción, de la que se estrenó una precuela en 2013 (Oz, un mundo de fantasía), ganó dos premios Oscar.

Dirigida por David Hand en 1942, de Bambi se dijo que tenía «colores que sorprenderán incluso al propio espectro, donde los artesanos de dibujos animados de Disney han recreado un bosque que centellea y brilla y se oscurece por completo por arte de magia» (The New York Times). Es la película clásica de Disney por excelencia, sin menospreciar otros clásicos como El libro de la selva o Blancanieves. Una historia sobre un tierno cervatillo que pierde a su madre con todo un mundo por descubrir.

Mary Poppins


Mary Poppins, de Robert Stevenson, es la mágica cuidadora interpretada por Julie Andrews, que incluye de forma innovadora fotogramas reales con otros animados. Es otro de los clásicos infantiles imprescindibles para recuperar esta Navidad, que tiene además el marchamo de los cinco Oscar que se llevó, de nuevo con la marca de Disney.

Fuente: ABC

domingo, 20 de diciembre de 2015

Errol Flynn y España

La llegada de Errol Flynn en 1950 a Mallorca bien podría ser el guion de una de sus películas. Tras casarse en Montecarlo —ciudad en la que las estrellas de la época dorada de Hollywood disfrutaban de vacaciones y sonadas fiestas—, viajaba en barco con su tercera esposa, Patrice Wymore, camino de Gibraltar cuando una tormenta obligó a desviar el Zaca hasta Pollença. La belleza del primer amanecer en Mallorca amarró al actor a la isla durante la última década de su vida. Años en los que Flynn enseñó las bondades de la zona a ilustres amigos como Ava Gardner, Rita Hayworth, Orson Welles, John Wayne o Tyrone Power. La Ibiza de hoy, plagada de famosos, poco tiene que envidiar a los veranos hollywodienses mallorquines de los cincuenta.

Con la idea de rescatar el pasado, Roser Amills ha escrito El ecuador de Ulises. “Me sabe mal que los mallorquines no tengamos la autoestima suficiente como para añadir la presencia de estos grandes actores a la historia de la isla”, dice tras bucear en las memorias del actor, las noticias publicadas hace 60 años y escuchar las “batallitas” de algunos vecinos de Palma. La novela -contada por el personaje ficticio Miquel Bibiloni (basado en el abuelo de la autora)- recoge la estancia en la isla de “un actor del que se tuvo que suavizar su pasado porque había hecho tantas cosas en su vida que no era creíble”. Antes de ser uno de los mitos sexuales de Hollywood, fue deportista olímpico, pescador de perlas, buscador de oro, castrador de animales e incluso viajó a España para luchar con los republicanos en plena Guerra Civil, algo que le puso en la lista negra de la dictadura y que estuvo a punto de costarle la expulsión de la isla.

Flynn y su mujer (a la izquierda), en una fiesta celebrada en la cubierta del 'Zaca' atracado en aguas mallorquinas.
Flynn y su mujer

Una novela llena de historias reales que despertó el interés de Ventura Sala. Su padre fue uno de los tripulantes del yate Zaca, y su niñez está plagada de anécdotas junto al actor. Sala —que tiene recopiladas más de 500 páginas con información y fotos de la época— recuerda que aprendió a nadar y que destrozó parte de la cocina al disparar una de las escopetas guardadas en un armario. Flynn le impuso el sobrenombre de Pequeño Bandido al intentar besar a su hija Arnella, de quien heredó desde el andador hasta sus juguetes. “Tenía problemas con la bebida, pero mi padre me hablaba de él como un buen patrón y buena persona”. “Al principio, su presencia era como un boom. Aunque estuvo tanto tiempo en la isla que ya algo era algo normal verlo en el muelle, desayunando o de copas”, cuenta Sala. “Además, era muy accesible. No como Michael Douglas”, puntualiza. Wymore se integró tanto en la vida mallorquina que terminó cantando boleros y actuando en el Tito’s, que también pisó Marlene Dietrich.

“Tanto Flynn como las otras estrellas se relacionaron de una manera absolutamente cercana con los mallorquines. Lo que les resultaba atractivo era ir a tiendas y restaurantes sin ser molestados”, le da la razón Amills. Para sus vacaciones y fiestas se iban a Montecarlo, Marruecos o Cuba; en Mallorca encontraban la paz. Pero tampoco faltaban los saraos y los escándalos, que contrastaban con la rígida vida impuesta por la dictadura. Flynn fue uno de los primeros objetivos de los tabloides y Mallorca, su refugio de los problemas con las mujeres y el acoso de la Warner y los acreedores. La vida del Robin Hood del celuloide se ajustaba más a la tormenta que a la calma, y precisamente una le llevó hasta Mallorca con el Zaca, que significa paz en somoano. Nombre premonitorio de lo que encontraría Flynn en la isla.

Fuente: El País

sábado, 19 de diciembre de 2015

Edith & Marlene

Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de Edith Piaf, gran amiga de Marlene Dietrich.


En el minuto 1:12 de este tráiler de la película podemos ver a las dos amigas, tras una actuación de Piaf. Marlene afirma que la voz de Edith le hace llorar, su voz es el alma de París.

   

 Aquí se puede ver a Marlene Dietrich en la boda de Edith, como madrina.

sábado, 12 de diciembre de 2015

100 años del nacimiento de Frank Sinatra


Sinatra

Francis Albert Sinatra nació el 12 de diciembre de 1915 en Hoboken, Nueva Jersey. Hijo de unos emigrantes italianos .Su madre, Dolly, dio a luz a Frank en un parto traumático tras el que quedó imposibilitada para tener más hijos y que casi acaba con la vida del niño, al que los fórceps empleados le dejaron un tímpano perforado y una cicatriz detrás de la oreja izquierda. Tras recuperarse los dos, Francis Albert fue bautizado en abril de 1916.

Su popularidad llegó a ser inmensa y prácticamente constante a lo largo de toda su vida, aunque fueron especialmente exitosos los años cuarenta y cincuenta, siendo esta última década, con su producción discográfica para la compañía Capitol, la considerada como su etapa de mayor calidad artística como cantante.

A través de su papel en De aquí a la eternidad logró salir de un bache personal y artístico en el tránsito de los años cuarenta a los cincuenta para encumbrarse en lo más alto de la popularidad, además de ganar por su interpretación el Oscar al mejor actor secundario.

A lo largo de su carrera profesional, Sinatra grabó más de 1.300 canciones y participó en más de cincuenta películas. Recibió multitud de premios y homenajes, entre los que se cuentan diez Grammys, el Premio de la Academia de Artes y Ciencias de la Grabación y la Medalla de la Libertad del gobierno estadounidense.


Pero las luces de Frank Sinatra se ven eclipsadas de vez en cuando por decenas de leyendas urbanas acerca de su carrera profesional y su vida privada. Algunas son más conocidas que otras. En el centenario de su nacimiento hay que rescatar algunas de ellas.


Sinatra fue ligado a la mafia desde que su carrera profesional empezó a cosechar éxitos. Quizá se podría atisbar algún contenido xenófobo en esos comentarios que corrían por los mentideros de la sociedad norteamericana de la época, pero era difícil entender como un humilde italo-americano podía hacer carrera de manera honrada. O eso pensaba parte de la sociedad.


Investigando en la leyenda negra de Sinatra siempre la mafia es el denominador común. Incluso cuando se hablaba de su relación con  Kennedy. Es conocida, aunque no demostrada, la gran labor que hizo Sinatra para que JFK consiguiese una apretada victoria en el populoso estado de Illinois. Y claro, la leyenda no sería leyenda si Frank no hubiese acudido a sus amigos de la mafia para interceder en favor de Kennedy. "Qué mejor que un presidente católico", pensarían los de la mafia.

Según contaba esta maliciosa leyenda, Kennedy estaba tan enfangado con la mafia que el propio Robert Kennedy aconsejó a su hermano romper su relación con Frank y "sus amigos". 

Hasta Mario Puzzo, en "El Padrino", incluía un pasaje "totalmente" inspirado en las acciones mafiosas de Siantra. Todo el mundo recuerda la escena en la que un productor de cine amanece con una cabeza de caballo en su cama por no darle un papel al ahijado de Don Vito. Obviamente, tras el incidente, la carrera cinematográfica de Johnny Fontana, el cantante de la novela de Puzzo, se relanzó. Se rumoreaba en la época que, al igual que Fontana, Sinatra tuvo una crisis en su carrera artística a principio de los cincuenta. En ese preciso momento Sinatra recibió un papel en una película: "De aquí a la eternidad". Ganó su único Oscar y su carrera volvió a encarrilarse.


Según la leyenda, Sinatra llegó a tener más que palabras con Mario Puzzo por haber incluido esta nota de su biografía que quería haber mantenido en el anonimato. Si es que realmente algo de lo dicho hasta aquí ocurrió de verdad. Y es que esta historia contradeciría otra leyenda urbana que aseguraría que Frank Sinatra rogó a Coppola un papel importante .

Y es que la vida de Sinatra, por lo menos la "no autorizada", pone a Frank en un papel conspiratorio muy importante en la vida de la mafia italo-americana. Porque ¿quién si no Frank amenizaría las reuniones donde los capos de la mafia se reunían para repartirse los territorios en los que extenderían su negocio "comercial"? 

Pero puede que detrás de tanta leyenda haya algo de historia. No deja de ser cierto que muchos de los locales en los que cantaba Sinatra pertenecían a gentes de los bajos fondos del hampa y organizaciones mafiosas de todo tipo. Además era natural que entre la mafia italiana de EE.UU. gustase más "uno de los suyos" que otro cantante, y más si tiene la categoría contrastada que tenía Frank Sinatra. Eso sí, muchos le estigmatizaron por frecuentar esas compañías, aunque quizá sólo lo hacía para ganarse el pan.

sábado, 24 de octubre de 2015

Fallece Maureen O´Hara

Maureen O´Hara
Fue la fierecilla indomable, la más femenina en un mundo eminentemente masculino —el de John Ford y John Wayne— y, a su vez, la más masculina entre las estrellas femeninas de Hollywood. Tenía un talento innato para los deportes, una sapiencia interpretativa, ojos verdes, una melena pelirroja casi flamígera y una belleza deslumbrante: un cóctel 100% irlandés.

Maureen O'Hara, conocida por sus papeles en El hombre tranquilo y ¡Qué verde era mi valle! y su inconfundible melena pelirroja, ha muerto por causas naturales a sus 95 años. El comunicado que ha publicado The Irish Times, dice: «Con nuestro corazón lleno de dolor os compartimos la noticia de que Maureen O'Hara ha fallecido este sábado mientras dormía por causas naturales». La actriz había recibido el Oscar honorífico este año. Ha fallecido rodeada por su familia en Boise (Idaho). “Maureen era nuestra querida madre, abuela, bisabuela y amiga. Ha fallecido en paz, rodeada de su familia, que ha recordado su vida escuchando la música de su película favorita, El hombre tranquilo, según su mánager y coautor de sus memorias, Johnny Nicoletti. Como actriz, Maureen O'Hara interpretó fortaleza y sensibilidad en todos los personajes que interpretó. Sus personajes eran enérgicos y valientes, como lo fue ella en la vida real. También era orgullosamente irlandesa y pasó su vida entera compartiendo su herencia y la maravillosa cultura de la isla Esmeralda con el mundo", dice una biografía familiar.

Maureen O'Hara nació como Maureen FitzSimmons en Ranelagh, un suburbio de Dublín, el 17 de agosto de 1920, segunda hija del dueño de un negocio textil y de un equipo de fútbol y de una cantante. A los 14 años ya estudió en el dublinés Abbey Theater y con 18 ya había aparecido en dos musicales británicos. Su primera prueba de cámara para Hollywod resultó un desastre, sepultada en una capa de maquillaje y mal vestida. Famosa por su llameante cabello pelirrojo, fue Charles Laughton junto con Eric Pommer quienes lograron convencer a O'Hara para iniciarse como actriz con un contrato de siete años con Mayflower Pictures. Tras estar en dos producciones bajo el nombre de Maureen FitzSimons, su primera película fue La posada de Jamaica dirigida por el celebrado Alfred Hitchcock.

Algunos de sus mejores trabajos los filmó en blanco y negro; curiosamente, cuando llegó el Technicolor al cine en los cincuenta, a O'Hara la bautizaron la reina del Technicolor, porque el contraste entre su pelo y su mirada hipnotizó hasta a los creadores de ese proceso fílmico. Pero para entonces O’Hara era una estrella. Con su padrino Laughton aterrizó en Estados Unidos como Esmeralda en una estupenda versión de El jorobado de Notre Dame, conocida también en España como Esmeralda la zíngara (1939). Ese mismo año conocería a John Wayne, con el que tendría una gran amistad que duró toda su vida.

En 1941 John Ford la elige para estar en ¡Qué verde era mi valle!, película que obtuvo cinco premios Oscar. Pese a todos los reconocimientos, la interpretación de O'Hara no logró convencer a los académicos de Hollywood, que nunca la nominarían a los Oscar.  En noviembre de 2014 la Academia de Cine estadounidense le concedió el Oscar Honorífico. Los actores Clint Eastwood  y Liam Neeson le entregaron el premio.

Reconocida por sus intervenciones en El cisne negro, Simbad el marino o La isla de los corsario, fue una de las actrices habituales de John Ford, que también fue uno de sus grandes amistades en Hollywood. Con él estaría en Río Grande y El hombre tranquilo, por el que sería recordada para siempre en la historia del cine. O'Hara, con su muerte, también se ha llevado a la tumba un secreto de El hombre tranquilo: la frase que le dice al oído a John Wayne para que éste reaccione con sorpresa en una de las escenas del filme. John Ford le dijo a O'Hara que necesitaba una genuina expresión de sorpresa de Wayne, "y era algo muy grosero", según declararía posteriormente la actriz. "¿Tengo que hacerlo?", reaccionó O'Hara. "Te lo estoy diciendo. Vas a hacerlo", contestó el director. "Así que el acuerdo fue que ni Duke [el 'mote' de John Wayne para los amigos], ni John, ni yo, o cualquiera diría nunca, nunca, nunca lo que dije". La frase en cuestión se ha convertido en un pasatiempo para cinéfilos con pretensiones de lectores de labios. Pero nadie ha llegado nunca a ninguna aproximación de lo que la pelirroja O'Hara dijo a Wayne, un actor que tenía un tremendo respeto profesional por la irlandesa.

Muere la actriz Maureen O'Hara, la pelirroja que deslumbró a Hollywood

Casada en tres ocasiones, la última marcó su vida hasta el final de sus días. En 1941, se casó con el director Will Price y tuvieron una hija, Bronwyn, en 1944. "El matrimonio fue un error terrible y nos divorciamos en 1952", comentó en una oportunidad.En 1968 contrajo matrimonio con Charles Blair, un exaviador de las fuerzas armadas —que había sido previamente durante años amigo suyo— que poseía una pequeña línea aérea, Antilles Airboats. Juntos, codirigieron la compañía, y O’Hara se retiró del cine en 1973 tras el telefilme El poni rojo. En 1978 Blair falleció en un accidente de aviación y O’Hara quedó devastada, a la vez que se convertía en la primera mujer que dirigió una compañía aérea. De su retiro solo salió en cuatro ocasiones para actuar: tres para la televisión —la última con El último baile (2000)— y una para el cine, como madre de John Candy en Yo, tú y mamá (1991).

En 2004 publicó su autobiografía, ‘Tis Herself y recibió un homenaje de la Academia de Cine y Televisión de Irlanda, porque nunca dejó de sentirse irlandesa, a pesar de tener la doble ciudadanía.

O´Hara 

Con John Wayne hizo cinco filmes: además de los tres de Ford (Río Grande, El hombre tranquilo y Escrito bajo el sol), también coprotagonizaron El gran MacLintock y El gran Jack. Siempre hicieron de marido y mujer y siempre discutían y se separaban, aunque brevemente. Tal vez por todo eso Wayne dijo una vez: “He tenido muchos amigos y prefiero la compañía masculina, excepto con Maureen. Ella es un gran tipo”.

Ahora, O'Hara emprende su último viaje, al Cementerio Nacional de Arlington, en cuyas 253 hectáreas están enterrados casi medio millón de estadounidenses que dedicaron su vida a su país. Allí descansará junto a su tercer esposo, el general de la Fuerza Aérea de Estados Unidos Charles F. Blair.



Fuente: ABC.es, El País, El Mundo, latercera.com, BBC

miércoles, 21 de octubre de 2015

El rodaje de Casablanca

El avión despegó hace ya 60 años, llevándose una pareja y dejando otra en tierra. El héroe checo y su joven esposa volaron hacia la libertad. El aventurero americano y el cínico policía francés se quedaron para combatir. Y, sin embargo, aún quedaban preguntas en el aire. Dos familias, la de Humphrey Bogart y la de Ingrid Bergman, se reunieron el lunes en Nueva York para despejar la cuestión final: ¿hubo algo entre nuestro padre y vuestra madre? No, no hubo nada, salvo un mínimo de cortesía y mucha prisa por acabar el rodaje. La química entre Bogart y Bergman fue un milagro del celuloide, uno más en una película mítica surgida de un cúmulo de casualidades y decisiones de última hora. A Bergman, que no supo hasta el final si su personaje amaba al aventurero o al líder de la Resistencia, ni siquiera le gustó el resultado de su trabajo, aceptado a regañadientes a falta de algo mejor.

Elenco principal:Bogart, Rains, Bergman, Henreid

La viuda de Bogart, Lauren Bacall, y su hijo, Stephen Bogart, y las hijas de Ingrid Bergman, Pia Lindstrom, Isabella Rossellini e Ingrid Rossellini, asistieron en el Lincoln Center neoyorquino a la proyección de una copia restaurada de Casablanca, la mejor película de todos los tiempos, a juicio del American Film Institute en el año 2003. Las dos familias contemplaron de nuevo el reencuentro de Richard Blaine e Ilsa Lund junto al piano del bar y su brumosa despedida en el aeropuerto, y rememoraron a la salida las circunstancias en que dos actores crearon un amor frustrado e inolvidable. "Mi madre no tenía una buena relación con tu padre", le confesó Pia Lindstrom a Stephen Bogart. "Nunca llegaron a ser amigos", comentó Isabella Rossellini. "Había química en la pantalla, pero no en la realidad", dijo Lauren Bacall. Las miradas eran lo bastante intensas en el filme como para convencer a la entonces mujer de Bogart, Mayo Methot, de que algo ocurría entre los dos actores cuando la cámara se apagaba.

Bogart y Bergman mantuvieron una relación muy fría durante el rodaje, realizado en los estudios de Warner Brothers en Burbank, California. Bergman había aceptado el papel porque la habían rechazado, inicialmente, como protagonista de Por quién doblan las campanas. Para el papel de Richard Blaine, Warner había pensado inicialmente en George Raft y, según un terrible rumor, en Ronald Reagan; Bogart, que nunca había interpretado a un héroe romántico, fue una segunda o tercera opción.

Entre las primeras escenas que se filmaron, las del dulce romance en París, y las últimas, las desarrolladas en el interior del Blue Parrott, el bar del truculento Ferrari, el guión se improvisó día a día. Cuando Bergman preguntó a los guionistas cuál era el auténtico amor de su personaje, la respuesta fue descorazonadora: "Lo sabrá en cuanto lo adivinemos". Hacia el final, la actriz sueca sólo quería acabar cuanto antes: había conseguido el papel que realmente deseaba, el de María en Por quién doblan las campanas, y le daba igual marcharse con Victor Lazlo o quedarse con Richard Blaine.

Los hermanos Epstein
Esa prisa de Ingrid Bergman generó uno de los milagros de Casablanca. Leslie Epstein, hijo del guionista Philip Epstein, explicó que el compositor Max Steiner, autor de la banda sonora, detestaba la canción As time goes by (El tiempo pasará), compuesta por Herman Hupfeld, y quería que se filmara de nuevo el encuentro entre Rick e Ilsa para que Sam tocara otra melodía al piano. "Pero entonces Ingrid había firmado por fin el contrato para Por quién doblan las campanas y se había cortado el cabello, por lo que era imposible cambiar la escena", dijo Epstein. As time goes by quedó como pieza central de la película.

Casablanca aspiró a ocho Oscar en 1943 y obtuvo tres: mejor película, mejor director (Michael Curtiz) y mejor guión. Bogart, candidato a la estatuilla a mejor actor, perdió frente a Paul Lukas, y Bergman, que no era candidata por Casablanca sino por Por quién doblan las campanas, perdió frente a Jennifer Jones. Bogart nunca consideró que aquel fuera su mejor trabajo. E Ingrid Bergman se irritaba cuando, año tras año, los entrevistadores le preguntaban por aquello. "Es una bonita película, pero nunca me pareció nada especial", decía. Tampoco expresaba cordialidad por el protagonista masculino: "Nunca lo conocí realmente. Lo besé, pero no lo conocí".

La película que vieron el lunes las familias Bogart y Bergman tenía un brillo especial. Se trataba de un nueva copia en 35 milímetros, extraída directamente del nitrato original y de la banda sonora guardados en los archivos de Warner. La productora también ha distribuido una edición especial de Casablanca en DVD, con cuatro horas de material adicional, incluyendo tomas falsas y escenas que los montadores (entre ellos Don Siegel, de posterior fama por Harry el Sucio) decidieron descartar.

Rodaje de Casablanca
Rodaje de Casablanca

La película, en realidad, tiene 61 años, porque fue filmada en 1941 y se proyectó como preestreno en Nueva York en otoño de ese año. El presidente Franklin Roosevelt la vio en la Casa Blanca el 31 de diciembre del 42. Pero el público estadounidense la descubrió a principios de 1943, poco después de que la Conferencia de Casablanca marcara la ruptura de Washington con Vichy y el acercamiento de Roosevelt hacia el general Charles de Gaulle, y de que el desembarco de Dwight Eisenhower en el norte de África (noviembre de 1942) colocara el puerto de Casablanca en los titulares de la prensa. Aquello fue un prodigio de oportunidad. Estados Unidos, como el capitán Renault, optaba finalmente por la Francia libre. El desembarco en Europa, año y medio más tarde, se perfilaba en el horizonte. Cuando el chescoslovaco Victor Lazlo se despedía de Richard Blaine entre la niebla, parecía hablar a todos los estadounidenses: "Bienvenido a la lucha. Esta vez, sé que nuestro bando vencerá".

Fuente: El País

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