Las verdaderas estrellas de cine clásico

lunes, 21 de mayo de 2018

Fallece Clint Walker

Clint Walker, era una de las últimas estrellas de Hollywood vivas, pero ha fallecido hoy a los 90 años sen el Norte de California, según ha informado The New York Times. El mítico intérprete destacó por sus papeles en varios western de éxito de los 50, 60 y 70, tanto en cine como en televisión.

Hace un cuarto de siglo que Clint Walker se asomó por última vez a la pequeña pantalla, en una entrega de Vacaciones en el mar. Pero los amantes del western de bajo presupuesto prefieren recordarle como Yellowstone' Kelly de Emboscada (Gordon Douglas, 1959). Era aquel un trampero del sur de Misuri, al que los sioux respetaban y dejaban operar en su territorio. 

No faltarán quienes prefieran recordar a Walker como el Samson Posey de Doce del patíbulo (Robert Aldrich, 1967), el gigante de aquellos condenados que con su misión suicida brindaron a la afición una de las más queridas hazañas bélicas. En efecto, Walker fue un actor entrañable. Muy querido por los niños de los años 60, que tuvieron en él a uno de esos tipos tan corpulentos como bonachones que constituyeron un pequeño arquetipo del cine de acción. 

Sin embargo, a Walker su gran personaje le fue dado por la televisión: el Cheyenne Body de Cheyenne. Este cowboy solitario, toda una trasposición del caballero andante al western, recién acabada la guerra de secesión estadounidense recorría el oeste haciendo valer la justicia entre los colonos y los forajidos, los indios y los pioneros.

El futuro actor nació en Illinois en 1927 y sus comienzos en la vida bien hubieran podido ser los de cualquiera de sus personajes. Tras abandonar la escuela con 16 años, pasó un tiempo enrolado en la marina mercante. Concluida la guerra se empleó en una petrolera de Texas y en una agencia de detectives californiana, entre otras ocupaciones, a cuál más dispar, antes de ganar un concurso convocado por la Warner.

Ya popular en la antena de su país merced a Cheyenne Body, llegó al cine para recrear al mismo personaje en The Travelllers (Richard L. Bare, 1957). Con Gordon Douglas trabajó por primera vez en Quince balas (1958). En aquella ocasión la chica fue, ni más ni menos, que Virginia Mayo. Celia Gray era el nombre de su personaje. Requien to Massacre (1960) fue otro western B debido al gran George Waggner. Al punto, de nuevo a las órdenes de Douglas, llegó El oro de los siete santos (1961).

De ahí que después de tanto western se hiciera raro encontrar al actor recreando al Bert de No me mandes flores (1964), una cinta de Norman Jewison al servicio de Doris Day y Rock Hudson, una de las parejas favoritas del público en la comedia romántica del momento.

Doce del patíbulo devolvió a Walker a donde solía. Eugenio Martín lo trajo a España para protagonizar -junto a Telly Savalas, Anne Francis y otras glorias del Hollywood pretérito ya en decadencia-, El desafío de Pancho Villa (1972). El resto, prácticamente, fueron esas apariciones televisivas por las que discurre el otoño de tantas viejas glorias de la gran pantalla. En el caso de Walker hay que dar noticia de sus apariciones estelares en series como Centennial (1978-1979).

Fuente: El Mundo, antena 3.

viernes, 6 de abril de 2018

110 aniversario del nacimiento de Bette Davis

Queremos celebrar el 110º aniversario de su nacimiento con un recorrido por su intensa vida a partir de una serie de citas lapidarias o destacables pronunciadas por la estrella más carismática y polémica de Hollywood. Porque hablar de Bette Davis es hacerlo de la intérprete más exitosa (o, al menos, la mejor pagada) y con más carácter de su generación. Amada por muchos y odiada por otros tantos, Davis traspasó la pantalla con sus ojos saltones, sus versátiles interpretaciones y su arrolladora personalidad. Pero, por encima de todo lo demás, la estadounidense fue una actriz valiente, luchadora, sincera, libre y feminista.



"Si nunca has sido odiado por tu hijo, es que nunca has sido padre"


"La única razón por la que alguien va a trabajar a Broadway es porque no puede trabajar haciendo películas"


"Hollywood siempre quiso que yo fuera hermosa, pero yo luché por el realismo"


"Cuando un hombre da su opinión, es un hombre. Cuando una mujer da su opinión, es una zorra"

"Yo nunca pasé tiempo con las actrices. Su conversación me aburría normalmente hasta la muerte"

"Me volvería a casar si encontrarse a un hombre que tuviera 15 millones de dólares, me transfiriese la mitad y me garantizase que estará muerto en el plazo de un año"

[Refiriéndose a su cuarto marido, Gary Merrill] "Gary era un macho man, pero ninguno de mis maridos fue alguna vez lo suficientemente hombre como para convertirse en el señor de Bette Davis"

¿Que por qué soy tan buena interpretando a zorras? Creo que porque yo no lo soy. Quizás por eso es por lo que ella [Joan Crawford] siempre interpreta a damas"

"Es mejor ser odiado por ser como eres, antes que ser amado por ser alguien que no eres. Es una señal de tu valor. A veces, eres odiado por la gente adecuada"

"Esto siempre ha sido un lema mío: intenta lo imposible para mejorar en tu trabajo"

"Durante tres años fui solo esposa y madre, y Gary se desenamoró de mí"

"Indestructible. Esa es la palabra que a veces usan para describirme. Supongo que significa que me sobrepuse a todo. Y se me han presentado unas cuantas cosas a superar. Pero sin algo que superar tú no llegas a ser muy persona, ¿no?"

"La comedia no es el amor de mi corazón"

[Refiriéndose a sus dos premios Oscar] "No soy ni un poco modesta sobre ellos. No uso a esos chicos como topes para puertas"
"No me arrepiento de ninguno de los enemigos que he hecho. Cualquier actor que no se atreva a hacer un enemigo debería salirse del negocio"

"No me retiraré mientras aún tenga mis piernas y mi caja de maquillaje"

"Cuando recibo un guion, no cuento las páginas. Pero no haré cameos"

domingo, 11 de febrero de 2018

70º aniversario del fallecimiento de Sergei Eisenstein

Sergei EisensteinSergei Eisenstein ha pasado a la historia por su maestría en las filmaciones y, sobre todo, por su teoría del montaje en un momento en el que el cine apenas contaba con un par de décadas de existencia. Sin embargo, el vanguardista director también destacó por sus amplios conocimientos de arte, estudió ingeniería y hablaba inglés, francés y alemán.

Todo ello contribuyó a que a pesar de su escasa filmografía —que no llega a 20 películas y algunas de ellas inacabadas—, su obra siga vigente y se continúe revisando con asiduidad por sus aportaciones e influencias en el rodaje, la escenografía, y el montaje en el cine europeo y americano.

Sergei Mijailovich Eisenstein nació en Riga, capital de la actual Letonia y por aquel entonces ciudad del Imperio Ruso, el 22 de enero de 1898. Hijo de padre judío y de madre eslava, desde muy pequeño destacó por su facilidad y precisión por el dibujo, don que lo llevó en 1914 a ingresar en la Escuela de Arquitectura de San Petersburgo. En ella permaneció tres años, ya que en 1917, año de la Revolución de Octubre, el futuro arquitecto dio un giro a su orientado porvenir.

Atraído por la revolución marxista y convencido de sus ideales y de que con el arte podría ser útil a la revolución, Eisenstein se alistó en 1918 en el Ejército Rojo, donde entró en contacto con el teatro al trabajar como responsable de decorados y como director e intérprete de pequeños espectáculos para la tropa. Desmovilizado en 1920, se instaló en Moscú con la idea de aplicar su habilidad pictórica a la escenografía teatral.

Fue sin duda su experiencia como director de escena del Teatro Obrero (1920) lo que lo impulsó a estudiar dirección teatral en la escuela estatal. Sin embargo, cuando tenía 25 años Eisenstein puso fin a su carrera teatral tras un fracaso en el montaje de la obra Máscaras de gas, en el que, según sus palabras, “el carro se rompió en pedazos y el conductor se cayó de cabeza”. Este incidente lo hizo abandonar el teatro y centrarse en el medio que le dio prestigio internacional, el cine, en el que fue un pionero del uso del montaje, ya que para él, la edición no era un simple método utilizado para enlazar escenas, sino un medio capaz de manipular las emociones de su audiencia.

Su primer contacto con el cine fue el rodaje de un pequeño cortometraje incluido en la obra teatral El sabio, que llevaba por título El diario de Glomow. Tal fue su interés por el nuevo medio artístico que, en 1924, rodó el largometraje La huelga, con una famosa secuencia en la que utilizó imágenes de ganado sacrificado en el matadero intercaladas con otras de trabajadores fusilados por soldados zaristas. La única copia que había de la película la incautó la censura y no se pudo volver a distribuir hasta después de su muerte, aunque llegó a ser exhibida en Europa y obtuvo el premio en la Exposición Internacional de París en 1925. Desde ese momento el joven Sergei dedicó gran parte de su trabajo a investigar sobre el montaje. Posteriormente desarrolló su propia teoría, algo que tendría una gran influencia en los directores europeos y de Hollywood y que aún continúa vigente.

Sergei Eisenstein no solía utilizar actores profesionales en sus montajes porque el argumento de sus obras iba dirigido a cuestiones más amplias de la sociedad, especialmente a los conflictos de clases. Sus actores, por tanto, eran en la mayoría de los casos personas sin entrenamiento en el campo dramático y provenían de ámbitos sociales adecuados para cada papel.

Con una sola película rodada, el joven director recibió el encargo de rodar la conmemoración de la Revolución de 1905, y la que se convertiría en la obra más célebre de su carrera y una de las mejores de la historia del cine: El acorazado Potemkin (1925). Para entonces la expectación ya era grande porque había dotado de cobertura intelectual al recién nacido espectáculo de masas que era el cine. En la película, la escena del amotinamiento en el barco y la vertiginosa escena de acción de la escalinata constituyen hitos del lenguaje cinematográfico y uno de los mayores logros del cine mudo.


El acorazado Potemkin dio a conocer su nombre en todo el mundo y posiblemente sea la película sobre la que más se ha escrito en toda la historia del cine. El guión fue escrito para una película de ocho episodios, pero al rodar el capítulo dedicado al motín del acorazado Eisenstein decidió centrar la película en ese episodio. Para ello buscó a los supervivientes de la masacre y localizó los dibujos de un francés que había sido testigo de lo ocurrido. Gracias a una serie de experimentos técnicos (pantallas reflectantes, fotografía desenfocada y plataformas móviles entre otros) los resultados fueron asombrosos.

Eisenstein rueda su película en 1.290 planos combinados con genial maestría mediante un montaje rítmico, ya que considera innecesarios los movimientos de cámara, y solo realiza varios travellings. En El acorazado Potemkin destaca la escena de la escalinata, con 170 planos, en la que el pueblo es brutalmente agredido por las fuerzas zaristas y donde crea un ‘tempo’ artificial que hace que la secuencia dure casi seis minutos. La película, con una espléndida fotografía en la que la masa se convierte en la auténtica protagonista de la obra, acabará por ser considerada la primera obra maestra del cine.

Doddle, homenaje en el 120º aniversario de su nacimiento



Tras esta gran película realizará dos trabajos más, la genial Octubre (1927), en la que narra los sucesos del asalto al Palacio de Invierno durante la Revolución rusa de 1917, y La línea general (también conocida como Lo viejo y lo nuevo), película sobre la reforma agraria, aunque por los cambios en la Unión Soviética tuvo que modificar su guion en varias ocasiones. En estas dos obras Eisenstein volvió a experimentar con un nuevo lenguaje a través de las imágenes, pero por su complejidad no llegaron a ser muy bien comprendidas en su época.

En ese momento, Sergei Eisenstein empezó a tener serios problemas con la censura soviética, que lo llevaron a viajar a Europa en 1930 para investigar sobre el sonido y a firmar después un contrato con la Paramount y trasladarse a Estados Unidos, donde llegaría a cobrar hasta 900 dólares a la semana.

Lo que Eisenstein llevaba de bagaje cuando llegó a Hollywood era tres películas: La huelga, El acorazado Potemkin y Octubre, algo más que suficiente para que el mismo Hitler, tras llegar al poder en Alemania, lo hubiera puesto como ejemplo por su practicidad marxista para copiarlo en el cine nazi de adoctrinamiento.

Sin embargo, el consagrado Eisenstein no consiguió el permiso de residencia en Estados Unidos ni poner en marcha ningún proyecto, por lo que decidió viajar a México. Nada más llegar al país fueron encarcelados tanto él como sus dos ayudantes de dirección, todos rusos, pero gracias a la intervención de un amigo español el panorama cambió hasta el punto de que lo nombraron en huésped de honor. Inició en el país centroamericano la producción ¡Que viva México!, en la que experimentó diferentes montajes, aunque no pudo acabarla al quedarse sin patrocinador.

Tras su mala experiencia como cineasta en el exilio, Sergei regresó a la Unión Soviética, donde continuaron las dificultades para desarrollar su trabajo, así que decidió dedicarse a la redacción de textos teóricos mientras desde el poder se atacaba tanto su obra como su persona. Pese a ello, rodó Alexander Nevski (1938), su primera película sonora y con la que ganó el Premio Stalin.

En 1943 inició, con el rodaje de Iván el Terrible, un ambicioso proyecto biográfico concebido como trilogía sobre a la figura del zar Iván IV de Rusia, pero el régimen soviético interpretó la obra como una denuncia a la personalidad de Stalin y prohibió la segunda parte -después de haber conseguido otro Premio Stalin con la primera- hasta la muerte del dictador en 1953, cinco años después del fallecimiento del propio director cinematográfico. Tras esa decisión Eisenstein no rodó ni la tercera parte ni ninguna película más.

Sergei Eisenstein, que plasmó sus estudios en obras como Teoría y técnica cinematográfica, La forma en el cine, Reflexiones de un cineasta y La realización cinematográfica, entre otras, murió el 11 de febrero de 1948, a los 50 años, tras sufrir una gran hemorragia a raíz de un infarto.

La genialidad artística de Eisenstein, su teoría del montaje y sus enseñanzas en el lenguaje cinematográfico, no solo contribuyeron en su momento a la mayoría de edad del cine, sino que siguen vigentes hoy en día como una referencia e influencia muy clara en los grandes directores.

Fuente: el País.es, google