Las verdaderas estrellas de cine clásico

sábado, 13 de diciembre de 2014

Ganadores del EGOT

El EGOT es un conjunto de cuatro premios: un Emmy, un Grammy, un Oscar y un Tony. Conseguirlo supone que se ha alcanzado la excelencia en el mundo de la televisión, la música, el cine y el teatro, algo al alcance de muy pocos y que conforma un selecto grupo de doce nombres, cuatro hombres y doce mujeres.

EGOT, el premio al talento en todas las artes

Solo cinco miembros de este club permanecen vivos. La reciente muerte de Mike Nichols, el director de El graduado, nos hace repasar todos los nombres de estos auténticos artistas del renacimiento en la actualidad. Haremos un repaso entre las estrellas clásicas:

Audrey Hepburn

La actriz británica es una de las más laureadas de la lista de poseedores del EGOT. Comenzó a labrar su larga lista de galardones en 1954 al recibir el Oscar por su papel protagonista en la película Vacaciones en Roma y, ese mismo año, el Tony por su obra teatral Ondina.



Su cosecha de premios de la Academia de Cine, sin embargo, se cortó ahí y sus papeles en películas que han pasado a la historia como Sabrina o Desayuno con diamantes. Tuvo que esperar hasta los años noventa para completar los otros dos títulos que le faltaban para el EGOT: en 1993 se llevó el Emmy gracias al programa Gardens of the World with Audrey Hepburn, una serie de ocho documentales emitidos en la PBS, y en 1994 completó el ciclo gracias al Grammy por el disco infantil Audrey Hepburn's Enchanted Tales.

Mike Nichols

Mike Nichols
Mike Nichols

El recientemente fallecido Mike Nichols es otro de los integrantes de esta selecta lista, de la que entró a formar parte en 2001 después de ganar dos Emmy por su comedia Wit (premios que repetiría poco después gracias a Angels in America). El camino lo había iniciado en 1961 con el Grammy al álbum An Evening with Mike Nichols and Elaine May, con la que colaboraba en sus inicios. Luego llegaría el Oscar de El graduado (1968) y una larga lista de premios Tony (hasta nueve) por su labor como director teatral de títulos como Spamalot.

John Gielgud 
John Gielgud
John Gielgud 


Sir Arthur John Gielgud fue un actor inglés de obras clásicas que ganó su primer Tony (de los tres que ganaría) en 1948 con su interpretación en La importancia de llamarse Ernesto. Luego recibió un Grammy por su dicción en Ages of Man y el Oscar en 1981 como mejor actor secundario en Arthur, el soltero de oro. En 1991 completó su EGOT con el Emmy por Summer's Lease.

Rita Moreno

Rita Moreno
Rita Moreno

La Anita de West Side Story supuso el primer gran papel para Rita Moreno, una puertorriqueña que se llevó el Oscar como mejor secundaria en 1961. El Grammy le llegó en 1972 con The Electric Company, el Tony en 1975 gracias a The Ritz y después ganó dos Emmy, por El show de los Muppets y por The Rockford Files.

Helen Hayes

Helen Hayes
Helen Hayes

La polizón de la película «Aeropuerto» (1970) recogió su segundo Oscar por esta interpretación, 38 años después de recibir el primero como protagonista de The Sin of Madelon Claudet. Fueron dos de los galardones de una larga carrera plagada de éxitos que incluyen el Emmy por Schlitz Playhouse of Stars (1953), el Grammy por Great American Documents (1977) y los dos premios Tony de Happy Birthday y Time Remembered.

Fuente: ABC

martes, 9 de diciembre de 2014

Kirk Douglas cumple 98 años

Kirk Douglas se acerca a los cien años, es una de las pocas estrellas del cine clásico que aún están vivas. Hace unos meses, el actor publicó un libro de memorias, aunque algunos de los datos y anécdotas que ha dejado escritos se alejan de la realidad.

Aparición pública de Kirk Douglas en 2011

En su libro Yo soy Espartaco. Rodar una película, acabar con las listas negras (Capitán Swing), el veterano actor americano rastrea sus recuerdos para esclarecer cómo tomó algunas de las decisiones más importantes de su carrera. Un relato que abarca desde sus inicios como actor hasta su éxito internacional, haciendo especial hincapié en la creación del film Espartaco, así como sus labores como productor y la estrecha relación con su mujer Anne Buydens.

Kirk Douglas fundó en 1955 una productora llamada Bryna (nombre que homenajeaba a su madre de origen ruso). Una estrategia comercial que tomó del actor Burt Lancaster y que le permitió ganar más dinero de las películas que protagonizaba. De esta experiencia salieron películas como Los Vikingos o Senderos de Gloria, en la que conoció Stanley Kubrick,  un joven director que acabaría dirigiendo la película de Espartaco tras el despido de su anterior director.

Insatisfecho con el logro de ‘descubrir’ a Kubrick, Douglas continúa con esta particular epopeya en la que consiguió cambiar Hollywood por si solo. Una larga lista de méritos que han despertado la polémica entre las estrellas del Paseo de la Fama, por lo que son dignos de ser recopilados:

1. Romper la ‘lista negra de Hollywood’

El principal mérito que se concede es el de “poner fin a aquella cruzada del terror que era la caza de brujas” emprendida por el senador de Wisconsin Joseph McCarthy en contra del comunismo. Algo que asegura lograr gracias a su empeño por contratar y hacer figurar en los títulos de crédito de Espartaco al guionista Dalton Trumbo, uno de los ‘Diez de Hollywood’ (los principales integrantes de la lista negra), quien se había visto obligado a trabajar ocultando su identidad bajo seudónimos durante verios años.

Sin embargo, esta historia parece no ser del todo cierta si se contrasta con la biografía de Dalton Trumbo escrita por Edward Lewis en 1977. En ella se explica cómo Trumbo tuvo que insistir a Douglas para poner su nombre en pantalla e incluso habla de un supuesto distanciamiento de Douglas con Trumbo después de la realización de la película por el miedo a ser relacionado con él.

La familia del guionista también se ha declarado en contra de lo expuesto en este libro. En unas declaraciones a The Atlantic de Melissa Trumbo, la hija del guionista explica como Kirk Douglas “fue muy insistente en varias ocasiones tras la muerte de su padre” para que su familia reconociera que fue él quien rompió la 'lista negra'.

Tanto la familia como el biógrafo del guionista han coincidido que Kirk Douglas no fue quién rescató a Trumbo, y que tan solo fue una estrategia para vender la película que surgió tras las declaraciones del director Otto Preminger reconociendo que estaba trabajando con Dalton Trumbo en su película Exodus. Querían adelantarse y ser los primeros que rompían con el tabú.

Pero 1960 no supuso el fin de esta 'caza de brujas', otros escritores comunistas como Herbert Biberman, John Howard Lawson, and Lester Cole tuvieron que continuar usando seudónimos para firmar sus películas incluso una década después de Espartaco.

2. “Yo soy Espartaco”

Otro hecho que considera necesario reivindicar coincide con el título del libro. Se trata de la de las escena más épica de la película, cuando el protagonista reconoce ante Craso que él es Espartaco y, de forma espontánea, todos los esclavos se unen gritando al unísono: "Yo soy Espartaco".

Kirk Douglas caracterizado como Espartaco

En el libro, Douglas es muy insistente con que esta secuencia se trata de una idea personal que Kubrick no supo apreciar en su momento. Durante todo un capítulo del libro, relata la disputa personal entre el actor y el director, y cómo este último acaba entrando en razón para reconocer que era una gran idea.

Unas declaraciones que el biógrafo de Dalton Trumbo también ha querido revocar, explicando que fue el propio guionista quién dejó por escrito esa escena a través de varias notas en el guión de la película. Según informa la publicación americana Salon, su intención era “hacer énfasis en el carácter común del conflicto de los esclavos”.

3. Aquellos encuentros que nadie recuerda

En el libro, Kirk Douglas es capaz de recordar conversaciones que tuvo hace más de 50 años como si las hubiese tenido hoy. Transcribe palabra por palabra y se acuerda hasta del más mínimo detalle de algunas de estas reuniones. Aunque, según han informado otras fuentes,  no todas esas conversaciones llegaron a tener lugar, razón por la que también ha sido criticado.  

Edward Lewis, productor de la película, es otro superviviente del film y en varias ocasiones se ha manifestado en contra de alguna declaración de Kirk Douglas. Según Lewis, el encuentro entre Douglas, Kubrick y él mismo que figura en el libro, en el que el director de la película propone que su nombre debería figurar como guionista, nunca llegó a suceder.

Lo mismo ocurre con otras reuniones que son citadas en estas memorias. Como las que tienen lugar en casa de los Trumbo o incluyen al propio guionista, que han sido desmentidas por su familia ya que no recuerdan haber invitado a cenar a Laurence Olivier  tal y como Douglas refleja en el libro.

Otra falta de rigurosidad por parte de Espartaco que hace pensar que este libro se trata de una gran fabulación, muy lejana al estatus de "memorias" con el que ha sido concebido. Pero más allá de aquellas encuentros ficcionados y a su afán a la auto-adulación, el libro presenta una imagen global del Hollywood de esos años digna de ser leída. La relación entre los actores y sus representantes, la forma en la que los estudios trataban a los trabajadores, el poder de la prensa e incluso una revisión de la 'caza de brujas' desde dentro.

Al contrario de lo que opina George Clooney en el prólogo, este hecho no debería "aparecer señalado en los libros de historia como el instante e en que se puso fin a las listas negras de Hollywood", solamente debería tratarse como una anécdota más de un hombre con muchos años.

Fuente: elconfidencial.com

lunes, 8 de diciembre de 2014

Recordando a Mike Nichols

El pasado mes de noviembre murió Mike Nichols, el director de El graduado (1967), y responsable de famosas obras y musicales de Broadway, a los 83 años.

El anuncio del fallecimiento se produjo "de forma repentina", fue anunciado en una declaración por el presidente de ABC News, James Goldston, ya que la esposa del cineasta, Diane Sawyer, es una de las presentadoras de la cadena de noticias. "Nadie era más apasionado que Mike en su oficio", dijo el presidente de ABC.

Mike Nichols
Mike Nichols
Nichols era una de las 12 únicas personas en el mundo que habían ganado todos los máximos premios de la industria del entretenimiento de Estados Unidos: el Oscar, el Tony, el Emmy (estos dos en numerosas ocasiones) y el Grammy, circunstancia que reconoció Goldston: "Fue un auténtico visionario, ganando los máximos honores en las artes por su trabajo como director, guionista, director y cómico y uno de los pocos en lograr el EGOT -Emmy, Grammy, Oscar y Tony- a lo largo de su carrera".

Nichols también dirigió títulos como ¿Quién teme a Virgina Wolf? (1966), Armas de mujer (1988), A propósito de Henry (1991), Primary Colors (1998) y Closer (2004) Su último trabajo tras las cámaras fue La guerra de Charlie Wilson, en 2007.

Nichols nació el 6 de noviembre de 1931 en Berlín bajo el nombre de Michael Igor Peskowsky, pero con solo 7 años se trasladó a Estados Unidos junto a su familia escapando de la Alemania nazi de Hitler.

Mientras estudiaba en la Universidad de Chicago empezó a asistir a clases de teatro y quedó totalmente enganchado al mundo artístico. Así, en la década de los 50 fundaría junto a los actores Elaine May, Alan Barkin y Barbara Harris la compañía The Compass, luego denominada Second City, y en los 60 sus duetos cómicos junto a May triunfarían en los cabarets de Nueva York. Esta pareja artística ganaría un Grammy al mejor álbum de comedia en 1961 con An Evening with Mike Nichols and Elaine May.

En esa década, Nichols dirigió también numerosos espectáculos en Broadway que le reportaron tres premios Tony a la mejor dirección: Desclazos por el parque (1964), La extraña pareja (1965) y Plaza Suite (1968). Posteriormente ganaría otros seis premios teatrales más por musicales como Annie (1977) o Spamalot (2005).

FALLECE MIKE NICHOLS
Nichols y su mujer
En el año 1966, invitado por Warner Bros a probar suerte como cineasta, dirigió su primera película, ¿Quién teme a Virgina Wolf? (1966), protagonizada por Elizabeth Taylor y Richard Burton y ganadora de cinco Oscar. Esta cinta le valdría la primera de sus cuatro nominaciones a los premios de la Academia como mejor director.

El año siguiente dirigiría El graduado, protagonizada por Dustin Hoffman y Anne Bancroft, nominada a siete Oscar de los que ganaría el de mejor director, y que también le reportó el Globo de Oro y el BAFTA.

En paralelo, Nichols siguió trabajando en Broadway con mucho reconocimiento. El último galardón que recibió fue el Tony a mejor director por La muerte de un viajante, en 2012. Para televisión dirigió varias miniseries que también fueron reconocidas en los Emmy, como Wit (Amar la vida, 2000) y Angels in America (2003). En 2010 recibiría el premio honorífico AFI a toda una vida.

Nichols era padre de tres hijos de anteriores matrimonios (Daisy, Max y Jenny), y abuelo de cuatro nietos. Diane Swayer era su cuarta esposa, con la que contrajo matrimonio en 1988.

Fuente: RTVE.es

domingo, 7 de diciembre de 2014

John Wayne y El Retiro

El parque de El Retiro prácticamente ocupa la misma superficie que el Hyde Park de Londres y casi una tercera parte del Central Park de Nueva York. Fue creado entre los años 1630 y 1640 por el rey Felipe IV. El estanque grande de El Retiro es un lago artificial que tiene una profundidad máxima de 1,80 metros, fue construido con la intención de recrear batallas navales y cuenta con anécdota cinematográfica:


La bronca por el ángel caído, John Wayne y otras cosas que no sabías de El Retiro


Fue en la Navidad de 1963 cuando el famoso actor aterrizó en Madrid para rodar parte de las escenas de El Fabuloso Mundo del Circo, junto a Rita Hayworth y Claudia Cardinale . La productora decidió montar la carpa del circo en mitad del estanque, por lo que el Ayuntamiento se vio obligado a vaciar el lago durante el periodo en el que se desarrolló el rodaje. 

Fuente: ABC  

martes, 25 de noviembre de 2014

Subastas: el piano de Casablanca...

Puede que sea el piano más conocido de la historia del cine. El famoso instrumento de Sam ha sido subastado por 3,41 millones de dólares (unos 2,7 millones de euros) en Nueva York, en un tiempo de poco más de tres minutos, frente a una sala repleta de curiosos y posibles compradores.

Así era en realidad el piano en blanco y negro de Casablanca.

El piano, que es en realidad de color anaranjado y tiene motivos marroquís, era la estrella de una subasta en la que también se "rifaban" cientos de recuerdos de la época dorada de Hollywood, de los que una treintena pertenecían a la película Casablanca. Estaba, también, el disfraz de león de El Mago de Oz, que se ha vendido por 3,07 millones de dólares.

Vestidos de Grace Kelly, Marilyn Monroe, Judy Garland o Rita Hayworth, una chaqueta que llevó Clark Cable en Lo que el viento se llevó, y decenas de fotografías originales, también compartían "escenario" con el piano de Casablanca.


El piano era omnipresente en la cinta protagonizada por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman en 1942. En sus teclas tocaba Sam (interpretado por Dooley Wilson) la melodía ya clásica de "As time goes by". "Tócala otra vez, Sam". ¿Quién no recuerda aquella frase?". En su interior se habían guardado los visados para que Víctor Laszlo y su mujer Ilsa Lund huyeran.

Fabricado en 1927, este piano sólo tiene 58 teclas, 30 menos que un piano moderno. Había pertenecido a un dentista de Los Ángeles desde los años 80. Casablanca es, según el Instituto Americano del Cine, una de las tres grandes películas de todos los tiempos, junto a Ciudadano Kane y El Padrino.

Fuente: El Mundo

lunes, 10 de noviembre de 2014

Audrey Hepburn. Photographs 1953-1966

"Para ser sincero, la primera vez que vi a Audrey no sabía muy bien qué hacer con ella. Huelga decir que no era la típica estrella en ciernes, que era lo que me habían enviado a fotografiar. La observé al otro lado de la sala mientras la fotografiaba Bud Fraker, y supe que tenía algo..., pero no atiné a determinar qué era hasta que por fin me la presentaron. Entonces aquella sonrisa radiante suya se me clavó directamente en el entrecejo y me calentó por dentro como un chupito de whisky". Esa fue la impresión que le causó al fotógrafo de las estrellas de Hollywood Bob Willoughby una por entonces prácticamente desconocida Audrey Hepburn en 1953.

Sean, el hijo de Audrey y Mel Ferrer, juega con su madre y James Garner.
Copyright: 2010 Bob Willoughby

Hepburn acababa de terminar el rodaje de Vacaciones en Roma y estaba convocada a una sesión fotográfica en los estudios de Paramount para promocionar la película. Ese papel de aristócrata de incógnito, que le venía como anillo al dedo a la actriz británica nacida en Bruselas e hija de baronesa, le valió su primer y único Oscar en 1954 y la convertiría en una figura imprescindible de la historia del cine. Esa primera sesión también sirvió para que fotógrafo y actriz iniciaran una gran amistad que abrió las puertas de la intimidad del hogar de Audrey al objetivo de la cámara de Bob, imágenes que recoge el libro Bob Willoughby. Audrey Hepburn. Photographs 1953-1966 (Taschen, 29,99€).

Coincidiendo con la exposición en el Museo Thyssen dedicada al diseñador Hubert de Givenchy, que convirtió a la actriz en su principal musa, la editorial ha publicado hace unas semanas una nueva edición a tamaño más reducido de este espléndido book fotográfico de Hepburn. A lo largo de sus 280 páginas, reúne muchas de las imágenes más reconocibles de Audrey vistiendo los glamurosos diseños del modisto francés -como el vestido rosa con guantes blancos hasta el codo de Encuentro en París (1964)-, en los platós y otras de la vida privada de la actriz, jugando con su perrito Famous en el jardín o en el sofá de su casa en Beverly Hills o dando de comer pastel por primera vez a su hijo Sean en su primer cumpleaños.

"Era una mujer muy seductora, una delicia de persona, inspiradora y de gran belleza. Y las hadas nunca acaban de desaparecer del todo", decía de ella Givenchy, quien la vistió para el cine también en Charada (1963), Desayuno con diamantes (1961), Ariane (1957) o Sabrina (1954). Aún hoy, 21 años después de su muerte, el diseñador sigue emocionándose al recordarla: "Ella era única. Tanto por su físico como por su personalidad y su vida modélica, sobre todo al final de su vida colaborando con Unicef. Era admirable", decía el diseñador.

Copyright: 2010 Bob Willoughby
Además de los bellos diseños de Givenchy para Encuentro en París, Willoughby, por cuyo objetivo pasaron también Marylin Monroe, Elizabeth Taylor y Jane Fonda, retrató a la actriz en distintos momentos del rodaje y en la intimidad de la mansión que alquiló con su marido Mel Ferrer durante el tiempo que pasaron en París.
Bajo las órdenes de su esposo rodó Mansiones verdes (1959), donde interpretaba a una chica salvaje que vivía en la jungla venezolana. Antes del rodaje, Mel Ferrer quiso que su mujer conviviese con un cervatillo que salía en la película, Ip: las imágenes captadas por Willoughby de Audrey jugando con el cervatillo y su yorkshire Famous nos muestran su cara más dulce.

Pero quizás la más cercana sea la Audrey madre que disfruta de la experiencia de dar de comer por primera vez pastel a su primogénito, Sean, en el día de su primer cumpleaños, celebrado junto a los Willoughby, cuyo hijo Christopher también cumplía años. Los dos bebés gateando bajo la atenta mirada de Audrey o dando sus primeros pasos ayudados por sus madres son momentos de la intimidad de la actriz de los que la cámara del fotógrafo de cine fue testigo. Y es que Bob Willoughby supo captar todo lo que para él fue su amiga, a la que también definió recurriendo al símil mitológico-fantástico: "(...) esta duendecilla llena de magia, una criatura del bosque capaz de transformarse en una princesa ante tus propios ojos, un ser humano extraordinario a quien respeté y amé".

Y es que la actriz británica jamás perdía su glamour, ni caracterizada como la florista callejera Eliza Doolittle de My fair lady (1964), cuyo rodaje bajo las órdenes de George Cukor fotografió profusamente Willoughby: "Me tenía prohibido visitarla en el plató cuando la ensuciaban para caracterizarla como el personaje de la florista. Inlcuso cuando iba más zarrapastrosa se rociaba con unas gotas de Joy, un perfume de 100 dólares por 30 ml. 'Puede que tenga un aspecto sucio -decía-, pero oleré a limpio'", contaba Mel Ferrer sobre el rodaje de la película ganadora de ocho Oscar.

La última parte del libro de Taschen se centra en el rodaje de Dos en la carretera (1967), en la que vemos a una Audrey Hepburn muy relajada junto a Albert Finney. A juicio de Audrey Wilder, actriz y mujer de Billy Wilder, en esa película su tocaya logró "bajar la guardia" y, aunque lo habitual es que las actrices se protejan, "se muestra tal y como es".

Audrey Hepburn (EFE)
"De niña me enseñaron que era de mala educación llamar la atención y que jamás de los jamases debía dar un espectáculo... Y resulta que me he ganado la vida haciendo exactamente esas dos cosas", decía esta actriz

Tras esa cinta, rodaría Sola en la oscuridad, también en 1967, y después decidió dedicar más tiempo a su familia y solo actuar ocasionalmente. Rodaría cuatro películas más -además un telefilme- entre 1976 (Robin y Marian) y 1989, bajo las órdenes de Spielberg en Para siempre, en la que dio vida a un ángel, para después dedicarse en cuerpo y alma a serlo en la realidad como embajadora Unicef para ayudar a los niños más necesitados de los países más pobres.
Tres meses después de su último viaje a Somalia, el 20 de enero de 1993 moriría una de las actrices más mágicas e irrepetibles de la historia del cine, quien afortunadamente decidió desobedecer a su madre aristócrata: "De niña me enseñaron que era de mala educación llamar la atención y que jamás de los jamases debía dar un espectáculo... Y resulta que me he ganado la vida haciendo exactamente esas dos cosas".

Fuente: RTVE.es

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