Las verdaderas estrellas de cine clásico

viernes, 29 de junio de 2018

15 años sin Katharine Hepburn

Foto: La actriz en los años 40. (Cordon)Cuando Katharine Hepburn se fue, un 29 de junio de 2003, pocos lo esperaban. Algunos pensaban que el icono feminista del Hollywood clásico ya había muerto a sus 96 años. Otros pensaban que la autoproclamada 'abuela del mundo' tenía que ser inmortal. La primera mujer que llevó pantalones en el cine mantuvo una relación de 25 años con Spencer Tracy o desafió las normas imperantes en un conservador Hollywood, nos dijo adiós hace ahora quince años. Y aunque la memoria colectiva se diluye con el tiempo, es de esperar que su carácter indómito y la aureola idealizada del cine clásico la hagan perdurar mucho tiempo más.

Con su aspecto de niña bien de la Costa Este norteamericana, pocos podrían imaginarla en la España de Franco que soñó con sus películas. Pero, en el verano de 1970, Hepburn se paseó por las calles de Atienza, un pequeño pueblo de Guadalajara. Allí se rodaban Las Troyanas, una adaptación de la obra clásica de Eurípides en la que la actriz ya exhibía su veteranía. Tenía 63 años y su posición de mito ya estaba garantizada.



Contaba la revista Vanity Fair que, en principio, la buena de Kate iba a alojarse en el hotel Eurobuilding de Madrid. Cansada de hacer el trayecto en coche día sí y día también, acabó alquilando la casa de un militar llamado Francisco Medina. El hombre, que residía en la capital de nuestro país, estaba encantado de poder prestar su casa a una leyenda viva del Hollywood dorado. También de contárselo a sus amigos.

Tal y como recordaban los vecinos para esa publicación, Kate no hizo demasiados amigos en un rodaje en el que compartía protagonismo con Irene Papas o Vanessa Redgrave. Vestida de manera informal y con sandalias, acompañada de un señor que la acompañaba con una sombrilla para evitarle los rigores del verano, Hepburn trataba de pasar desapercibida. Su tristeza y hermetismo podían tener su razón de ser. Dicen que por las calles manchegas todavía arrastraba la pena por la muerte de Spencer Tracy. El que fue su gran amor, su eterno compañero de profesión y de vida, casado con una mujer de la que nunca pudo divorciarse, había muerto tres años antes, poco después de rodar Adivina quién viene esta noche.

Kate ni siquiera pudo ver la película completa porque se ponía a llorar. Tal era su amor por el actor que durante gran parte de la década de los 60 se retiró para ayudarle a combatir su alcoholismo. Que una feminista por antonomasia como ella hiciera algo así era meritorio. También era normal que, durante aquellos días de rodaje en Guadalajara, Hepburn no hiciese la misma vida social que el resto de sus compañeros de reparto. Mientras otras actrices se relajaban en un bar del pueblo y descubrían los alrededores de la tierra castellana, ella se parapetaba bajo las cuatro paredes del chalé que había alquilado.

Los años pasaron y aquella visita se convirtió en leyenda para personas tan importantes de nuestra industria como el humorista, representante y cineasta Enrique Herreros, que no olvidó incluirla en su libro de memorias. No se sabe si el recuerdo de nuestra querida España fue importante o no en la memoria de una mujer que siempre hizo lo que quiso. Lo que está claro es que Las Troyanas no fue ningún éxito de taquilla. La película tampoco había visto la luz para serlo, ya que se trata de una exquisita adaptación de un clásico griego no apta para todo el mundo. Sí para perpetuar el mito de esta mujer que aseguró que el secreto del éxito es no dar siempre a los demás lo que quieren de ti.

Katharine Hepburn como Hécuba en 'Las Troyanas'. (Getty)
Como Hécuba en 'Las Troyanas'. (Getty)

En una entrevista con la periodista Barbara Walters, esta le habló de su 'manía' de llevar siempre pantalones y le preguntó si tenía alguna falda. Ella, sin pensarlo, le espetó: “Sí, señorita Walters. Tengo una. La llevaré a su funeral”. Una ácida respuesta que seguro que conocen algunos de los habitantes de Atienza y también muchos seguidores de Katharine Hepburn y su inteligencia. Con ella, el siglo XX murió un poco más. También toda una forma de entender el cine y la vida que jamás volverá.

Extraído de Vanitatis

lunes, 21 de mayo de 2018

Fallece Clint Walker

Clint Walker, era una de las últimas estrellas de Hollywood vivas, pero ha fallecido hoy a los 90 años sen el Norte de California, según ha informado The New York Times. El mítico intérprete destacó por sus papeles en varios western de éxito de los 50, 60 y 70, tanto en cine como en televisión.

Hace un cuarto de siglo que Clint Walker se asomó por última vez a la pequeña pantalla, en una entrega de Vacaciones en el mar. Pero los amantes del western de bajo presupuesto prefieren recordarle como Yellowstone' Kelly de Emboscada (Gordon Douglas, 1959). Era aquel un trampero del sur de Misuri, al que los sioux respetaban y dejaban operar en su territorio. 

No faltarán quienes prefieran recordar a Walker como el Samson Posey de Doce del patíbulo (Robert Aldrich, 1967), el gigante de aquellos condenados que con su misión suicida brindaron a la afición una de las más queridas hazañas bélicas. En efecto, Walker fue un actor entrañable. Muy querido por los niños de los años 60, que tuvieron en él a uno de esos tipos tan corpulentos como bonachones que constituyeron un pequeño arquetipo del cine de acción. 

Sin embargo, a Walker su gran personaje le fue dado por la televisión: el Cheyenne Body de Cheyenne. Este cowboy solitario, toda una trasposición del caballero andante al western, recién acabada la guerra de secesión estadounidense recorría el oeste haciendo valer la justicia entre los colonos y los forajidos, los indios y los pioneros.

El futuro actor nació en Illinois en 1927 y sus comienzos en la vida bien hubieran podido ser los de cualquiera de sus personajes. Tras abandonar la escuela con 16 años, pasó un tiempo enrolado en la marina mercante. Concluida la guerra se empleó en una petrolera de Texas y en una agencia de detectives californiana, entre otras ocupaciones, a cuál más dispar, antes de ganar un concurso convocado por la Warner.

Ya popular en la antena de su país merced a Cheyenne Body, llegó al cine para recrear al mismo personaje en The Travelllers (Richard L. Bare, 1957). Con Gordon Douglas trabajó por primera vez en Quince balas (1958). En aquella ocasión la chica fue, ni más ni menos, que Virginia Mayo. Celia Gray era el nombre de su personaje. Requien to Massacre (1960) fue otro western B debido al gran George Waggner. Al punto, de nuevo a las órdenes de Douglas, llegó El oro de los siete santos (1961).

De ahí que después de tanto western se hiciera raro encontrar al actor recreando al Bert de No me mandes flores (1964), una cinta de Norman Jewison al servicio de Doris Day y Rock Hudson, una de las parejas favoritas del público en la comedia romántica del momento.

Doce del patíbulo devolvió a Walker a donde solía. Eugenio Martín lo trajo a España para protagonizar -junto a Telly Savalas, Anne Francis y otras glorias del Hollywood pretérito ya en decadencia-, El desafío de Pancho Villa (1972). El resto, prácticamente, fueron esas apariciones televisivas por las que discurre el otoño de tantas viejas glorias de la gran pantalla. En el caso de Walker hay que dar noticia de sus apariciones estelares en series como Centennial (1978-1979).

Fuente: El Mundo, antena 3.

viernes, 6 de abril de 2018

110 aniversario del nacimiento de Bette Davis

Queremos celebrar el 110º aniversario de su nacimiento con un recorrido por su intensa vida a partir de una serie de citas lapidarias o destacables pronunciadas por la estrella más carismática y polémica de Hollywood. Porque hablar de Bette Davis es hacerlo de la intérprete más exitosa (o, al menos, la mejor pagada) y con más carácter de su generación. Amada por muchos y odiada por otros tantos, Davis traspasó la pantalla con sus ojos saltones, sus versátiles interpretaciones y su arrolladora personalidad. Pero, por encima de todo lo demás, la estadounidense fue una actriz valiente, luchadora, sincera, libre y feminista.



"Si nunca has sido odiado por tu hijo, es que nunca has sido padre"


"La única razón por la que alguien va a trabajar a Broadway es porque no puede trabajar haciendo películas"


"Hollywood siempre quiso que yo fuera hermosa, pero yo luché por el realismo"


"Cuando un hombre da su opinión, es un hombre. Cuando una mujer da su opinión, es una zorra"

"Yo nunca pasé tiempo con las actrices. Su conversación me aburría normalmente hasta la muerte"

"Me volvería a casar si encontrarse a un hombre que tuviera 15 millones de dólares, me transfiriese la mitad y me garantizase que estará muerto en el plazo de un año"

[Refiriéndose a su cuarto marido, Gary Merrill] "Gary era un macho man, pero ninguno de mis maridos fue alguna vez lo suficientemente hombre como para convertirse en el señor de Bette Davis"

¿Que por qué soy tan buena interpretando a zorras? Creo que porque yo no lo soy. Quizás por eso es por lo que ella [Joan Crawford] siempre interpreta a damas"

"Es mejor ser odiado por ser como eres, antes que ser amado por ser alguien que no eres. Es una señal de tu valor. A veces, eres odiado por la gente adecuada"

"Esto siempre ha sido un lema mío: intenta lo imposible para mejorar en tu trabajo"

"Durante tres años fui solo esposa y madre, y Gary se desenamoró de mí"

"Indestructible. Esa es la palabra que a veces usan para describirme. Supongo que significa que me sobrepuse a todo. Y se me han presentado unas cuantas cosas a superar. Pero sin algo que superar tú no llegas a ser muy persona, ¿no?"

"La comedia no es el amor de mi corazón"

[Refiriéndose a sus dos premios Oscar] "No soy ni un poco modesta sobre ellos. No uso a esos chicos como topes para puertas"
"No me arrepiento de ninguno de los enemigos que he hecho. Cualquier actor que no se atreva a hacer un enemigo debería salirse del negocio"

"No me retiraré mientras aún tenga mis piernas y mi caja de maquillaje"

"Cuando recibo un guion, no cuento las páginas. Pero no haré cameos"