Las verdaderas estrellas de cine clásico

lunes, 22 de agosto de 2016

La historia de "Con faldas y a lo loco" de Billy Wilder

Cuando Fernando Trueba recogió su Oscar por Belle époque, el director español aseguró que no creía en Dios, sino en Billy Wilder, y que por eso le agradecía la estatuilla a él. Con toda la razón. Tal vez Wilder no fuera un genio en su sentido más restringido: el del individuo que reforma radicalmente el arte en el que trabaja (cosa que sí hicieron Eisenstein, Chaplin o Coppola), y habrá críticos -el mismo Wilder lo aseguraba- que defiendan la supremacía en el terreno de la comedia de Ernst Lubitsch sobre su discípulo Wilder… aunque la película más redonda de Lubitsch fue Ninotchka, con guion de su amigo. Wilder solo no se atrevió con un género: el western. En el resto, sencillamente, fue un maestro: Traidor en el infierno, El gran carnaval, Días sin huella, Berlín Occidente, La tentación vive arriba, Irma, la dulce, Uno, dos, tres, Perdición, Testigo de cargo, Sabrina, Primera plana; Con faldas y a lo loco, Fedora, El crepúsculo de los dioses y El apartamento, entre sus mejores títulos. Muy pocos artistas han entendido a sus congéneres como Billy Wilder, con su visión de una humanidad culpable, pero a la vez llena de vida. A lo mejor Dios no existe, sin embargo, Billy Wilder sí lo hizo, y podemos disfrutar de sus obras.

Wilder realizó Con faldas y a lo loco a finales de los años cincuenta, después de Testigo de cargo y antes de El apartamento. Palabras mayores. Con esta comedia ambientada en los años veinte, comenzarán en la carrera de Wilder las colaboraciones con Jack Lemmon, con el que rodará seis películas más, y será su segundo trabajo con el guionista I. A. L. Diamond. Con su primer gran colaborador, Charles Brackett, Wilder sí tuvo una gran amistad; con Diamond, sin embargo, solo una relación profesional y de respeto mutuo.


Wilder siempre sospechó que había una gran historia tras la comedia alemana Ellas somos nosotros, que a su vez se basaba en una película francesa, Fanfare d’Amour, de 1935. En ambos títulos los músicos protagonistas se disfrazan de hombre y se travisten y acaban ligando con una chica sexy. Cuando el cineasta y Diamond retomaron el proyecto, se lo vendieron a los hermanos Mirisch, quienes aprobaron un presupuesto de tres millones de dólares. En febrero de 1958, Wilder se acercó a la mesa que ocupaba Jack Lemmon en el restaurante Dominick’s y le dijo: “Tengo una idea para una película en la que me gustaría que intervinieras”. “Siéntate”, le ofreció el actor. “Ahora no tengo tiempo, pero te digo de qué trata. Son dos hombres que huyen de unos gánsteres porque corre peligro su vida, se disfrazan con ropa de mujer y se unen a una orquesta femenina”. En cuanto a la época en que se desarrolla esta comedia, Diamond explica: “Cuando la ropa de todo el mundo parece excéntrica, un hombre vestido de mujer no resulta llamativo”. Wilder fue quien encontró la clave de la huida: la matanza del día de San Valentín en el Chicago de 1929.




A pesar de que Jack Lemmon ya había ganado un Oscar, no tenía tirón en taquilla, así que, según Tony Curtis, pensaron en él, Frank Sinatra y Mirzy Gaynor como trío protagonista. Wilder había conocido a Curtis en el rodaje de El gran Houdini y fue él quien apostó por el actor. En mitad de su contrato de siete años con Universal, Curtis fue cedido sin problemas a Mirisch. El siguiente a convencer fue Frank Sinatra. Billy Wilder quedó a comer con él. Nunca apareció. Marilyn Monroe llegó al proyecto tras enviar una carta a Wilder en la que confesaba con cuánto afecto recordaba su trabajo en La tentación vive arriba. Por más pesado que hubiese sido aquel rodaje, a Wilder siempre le había parecido estupenda su actuación. “El papel de Sugar era el más flojo, así que el truco era que lo interpretara la actriz más fuerte”. 

Probablemente el sentimiento mostrado en la carta fuera cierto. Sin embargo, también era verdad que el matrimonio Arthur Miller - Marilyn Monroe necesitaba dinero para pagar los elevados gastos legales que estaba suponiendo el enfrentamiento de Miller contra el Comité de Actividades Antiamericanas. Monroe firmó tras haber leído sólo un resumen de dos páginas. Posteriormente renegó de él: comentó que era otro papel de rubia tonta, justo del tipo de los que quería alejarse. Tampoco se dio cuenta de que la película era en blanco y negro hasta que no vio las tomas diarias en el rodaje. “Le dije que estaba muy bella, y que el blanco y negro era mucho más interesante que el color. Que lo necesitábamos para que no se notara el maquillaje de Curtis y Lemmon y por dónde se habían afeitado”, comenta Wilder.

En abril de 1958 el trío protagonista, con Lemmon en el papel que iba a interpretar Curtis y Curtis en el de Sinatra, firmó el contrato. Monroe cobró 200.000 dólares más un 10% de los ingresos brutos. Los chicos, 100.000 dólares y otro porcentaje de los ingresos. Wilder, un fijo de 200.000 dólares más otro buen pellizco de los beneficios de taquilla.

El relajado ambiente prerrodaje ya se estropeó en la fiesta que Harold Mirisch organizó para celebrar el regreso de Monroe a Hollywood. Allí Miller pilló por banda a Wilder y a Diamond, y les sermoneó sobre cómo debían rematar el texto. Al director no le hizo ni pizca de gracia. En julio empezaron los ensayos. Wilder recordaba con afecto a Barbette, un travesti al que había conocido en Berlín y París, y le trajo de su retiro para que diera clases a Lemmon y a Curtis. Porque no todo era cuestión de maquillaje, cejas depiladas y pechos falsos bien puestos. Tony aprendió muy rápido. “Yo mezclaba el estilo de Barbette con las maneras de Mae West, que marcaba mucho el movimiento de caderas mientras andaba, y con los gestos de mi madre”, recuerda el actor. Pero Lemmon fue harina de otro costal. Barbette pronto lo dio por imposible. Su Daphne no tenía ninguna gracia ni estilo. “El mentecato que yo interpretaba no podía mostrar mucha pericia andando con tacones. Tenía que hacerlo solo lo bastante bien como para parecer una mujer torpe”, se defendía Jack. A cambio su Daphne era un ser incontenible. El personaje masculino de Lemmon era un quejica; su álter ego, una mujer con mucha iniciativa desde el mismo momento que le grita a Sweet Sue: “¡¡Soy Daphne!!”.

El gran Orry-Kelly, que iba a confeccionar el vestuario de Marilyn, también creo el de los chicos. Curtis cuenta: “Él y su ayudante toman las medidas a Jack. Tanto de manga, tanto de cintura, tanto de cuello... Después entro yo. Tanto de cadera, tanto de cintura, tanto de pierna... Salgo y entra Marilyn. Lo mismo. Tanto de cintura, tanto de brazo. Y Orry-Kelly le suelta: ‘¿Sabe? Tony tiene un culo mejor que el suyo’. Marilyn se desabrochó la blusa, se sacó un pecho y le respondió: "Pero no tiene tetas como estas”. Curtis remata asegurando que los pechos de Monroe eran un desafío constante a la gravedad.



El éxito en las pruebas de maquillaje era fundamental para que el público se creyera la trama. “Billy nos envió al baño de mujeres del estudio”, rememora Curtis. “Nos pusimos delante de un espejo a retocarnos el maquillaje mientras entraban y salían las chicas. Las saludábamos y ellas nos correspondían con risas. Tras un rato, sale la última, yo le suelto: "¡Adiós!"; y ella me mira y dice: "Hasta luego, Tony". La idea general era que yo acentuara un estilo Grace Kelly, y Jack... bueno, Jack debía acercarse a una prostituta”. Cuando arrancó el rodaje, el 4 de agosto de 1958, Wilder y Diamond se reunían, tras la jornada laboral del plató, a pulir el libreto de ocho y media a once de la noche.

La filmación comenzó en los estudios Goldwyn en Hollywood. A esas alturas el título de la comedia había cambiado de Not tonight Josephine a Some like it hot, traducible libremente como A algunos les va la marcha.

Monroe llegaba a tiempo al estudio, pero tarde al rodaje. Se entretenía en su camerino sola o con su maquillador, su peluquera y Paula Strasberg, la esposa del mítico Lee, el hombre que llevó el método de interpretación de Stanislavski a Estados Unidos gracias a la academia Actors Studio. Durante esos primeros días ya quedó claro que el rodaje iba a convertirse en uno de los más difíciles de la historia. Wilder les dijo a Lemmon y a Curtis: “Cuando ella lo haga bien, esa será la toma buena. Así que no os metáis donde no os llaman”. “Nunca he oído instrucciones tan inteligentes como las que le daba Billy”, comentaba Lemmon, “pero nada surtía efecto hasta que ella se convencía de que había salido bien. Simplemente le decía una y otra vez: "Lo siento, tengo que volver a hacerlo". Y si Billy le aconsejaba: "Bueno, te diré una cosa, Marilyn, si fuera posible que...", entonces ella respondía: "Espera un momento, Billy, ahora no me hables porque olvidaré cómo quiero hacerlo”. La culpable de esas dudas era Paula Strasberg. Cada vez que se oía el “¡Corten!”, la actriz miraba a su maestra. Un día, harto, tras parar el rodaje, Wilder se dio la vuelta y gritó: “Paula, ¿te parece buena esta toma?”. Strasberg nunca más volvió al plató.

A principios de septiembre, el equipo se fue a Coronado, San Diego, al hotel Del Coronado, que recreaba los exteriores de una playa de Florida. Curiosamente, rodeada de multitudes, Monroe actuó allí con más pericia y rapidez. Sin embargo, consumía más y más barbitúricos. Otro personaje se unió a la corte de Monroe: Leon Krohn, su ginecólogo. La actriz había vuelto a quedarse embarazada y por miedo a que lo perdiera en un aborto natural como le había ocurrido en la anterior ocasión, Arthur Miller le envió al doctor y le pidió a Wilder que su esposa sólo trabajara por las mañanas. “Dijo que estaba demasiado agotada. ¿Por la mañana? ¡Si nunca aparece hasta después de las doce! ¡Arthur, tráemela a las nueve y podrás llevártela a las once y media! Trabajábamos con una bomba de relojería, llevábamos veinte días de retraso, superamos el presupuesto, y ella tomaba montones de pastillas. Pero trabajábamos con Monroe, y lo que veías en pantalla no tenía precio”, comentaba el director. Tony Curtis le sugirió a Wilder que para crear a Junior podía imitar a Cary Grant. El director accedió y el actor estuvo soberbio con un tono de voz exacto al del galán. “Esa es la única vez que añadí algo de mi cosecha. ¿Para qué improvisar si el guion era excepcional?”.

La vuelta al estudio tras el rodaje de exteriores aumentó la tensión. Monroe acabó desquiciando a todos. La actriz se encerraba en su camerino durante horas o decía que se había perdido camino del estudio (lugar al que había acudido miles de veces). Para el plano en el que llama a una puerta, se asoma y dice: “Soy yo, Sugar”, necesitó 47 tomas. Cuando se acabó el rodaje el 6 de noviembre, llevaban acumuladas de retraso tres semanas, lo que supuso un incremento de 50.000 dólares en el presupuesto. Con faldas y a lo loco está repleta, como todas las películas de Wilder, de grandes resoluciones visuales (como la de omitir a los chicos travistiéndose: pasamos de ellos como hombres a ellos / ellas cogiendo el tren), de frases ingeniosas y de multitud de anécdotas alrededor de su rodaje. La última: la secuencia final la escribieron los dos guionistas un fin de semana en el estudio. El famoso “Nadie es perfecto” lo pilló Diamond de un chiste popular de la época. “No nos gustaba aunque no se nos ocurría nada mejor. Pensamos que en un doblaje posterior lo cambiaríamos. Pero llegamos a un preestreno en Westwood y el público estalló”.

La historia de los dos músicos que huyen de Chicago tras ser testigos de la matanza del día de San Valentín (14 de febrero de 1929) y que por ello acaban en la orquesta de Sweet Sue y sus chicas sincopadas, es una de las mejores comedias de la historia del cine. El filme ganó, tras un arranque flojo, una cantidad increíble de dinero. Cuando se retiró de cartel cuatro años más tarde, había superado los 8 millones. 


Fuente: El País

jueves, 18 de agosto de 2016

Fallece Arthur Hiller

«Amar significa no tener que decir nunca "lo siento"». Esta es la frase más recordada por toda una generación de adictos al cine romántico por excelencia. Pertenece a la película Love story, uno de los dramas romántico más recordados del cine y cuyo éxito mundial encumbró en 1970 a su director Arthur Hiller, quien ahora ha muerto a los 92 años por causas naturales, según comunicó anoche la Academia de las Artes y las Ciencias de Hollywood que el cineasta ahora fallecido presidió entre 1993 y 1997.

Love story hizo brotar las lágrimas en todo el mundo gracias a la historia de amor entre el abogado Oliver Barret y la estudiante de música Jennifer Cavilleri. Los avatares en la vida de estos dos personajes contaron con la simpatía de millones y millones de espectadores que vivieron y sufrieron esa historia casi como propia.

La exitosa película, que estuvo nominada a siete Oscar y generó más de 100 millones en las taquillas de todo el planeta, consagró a su director Arthur Hiller, que ganó el Globo de Oro al mejor director; a sus actores Ryan O'Neal y Ali McGraw, que jamas alcanzarían tanta popularidad después; a Francis Lai, cuya música continúa siendo más tarareada que una nana infantil; y a Erich Segal, cuya novela se convirtió en todo un best-seller que pasaba de mano en mano entre adolescentes con fácil inclinación a los supiros de amor.

El éxito mundial de Love story no debería eclipsar la versátil y prolífica carrera de Arthur Hiller, con más de 30 películas rodadas desde 1957, fecha en la que comienza a destacar como realizador de televisión, hasta finales del siglo pasado.

Un breve repaso a su filmografía permite descubrir que Arthur Hiller abarcó casi todos los géneros. Hizo películas bélicas como Tobruk; musicales como El hombre de La Mancha, con Peter O'Toole y Sofia Loren; comedia negra como Papi; o dramas como Autor!, autor!, con Al Pacino, y Anatomía de un hospital, con George C. Scott.

Pero el género en el que mejor se supo manejar y que tantos éxitos y reconocimiento le dieron fue la comedia, donde trabajó con los mejores cómicos americanos del momento. Con Walter Mathau en Eso del matrimonio, con Dudley Moore en En íntima colaboración, con Steve Martin en «Un tipo solitario», y con Gene Wilder y Richard Pryor en El expreso de Chicago o No me chilles que no te veo».


Fuente: Abc

lunes, 25 de julio de 2016

Fallece Marni Nixon, la voz de Hollywood

La soprano estadounidense Marni Nixon, que entre otras prestó su voz a Audrey Hepburn en My Fair Lady o a Deborah Kerr en El rey y yo, murió el domingo a los 86 años debido a un cáncer de pulmón, según informó The New York Times. Conocida como la voz de Hollywood, Nixon comenzó cantando en coros cuando era niña y, tras formarse como soprano, los estudios MGM la ficharon para que prestara su voz a actrices poco dotadas para la canción.

Marni Nixon

Así fue como, además de a Hepburn y Kerr, dobló a Natalie Wood en West Side Story, a Margaret O'Brien en The Secret Garden (El jardín secreto, 1949) o a los ángeles que escucha Ingrid Bergman en Juana de Arco. También aportó algunas notas agudas a las que Marilyn Monroe no llegaba cuando cantó Diamonds Are A Girl's Best Friend en Los caballeros las prefieren rubias.

Sin embargo, aunque Nixon no figuraba en los títulos de crédito, ya en 1964 la revista Time hacía alusión a su papel de voz fantasma de Hollywood calificándola de "the ghostess with the mostest". Un año después, la soprano apareció en pantalla con un pequeño papel en The Sound of Music (Sonrisas y lágrimas).


Nixon, que tuvo tres hijos con el primero de sus tres maridos -el compositor austríaco Ernest Gold-, continuó cantando sobre las tablas y con pequeñas colaboraciones para el cine y la televisión hasta entrados los 80 años. Entre sus últimos trabajos figura la película de Disney Mulán (1998), en la que dio voz a la abuela Fa.

lunes, 11 de julio de 2016

Centenaria Olivia de Havilland

En el programa de radio de Onda Cero La Rosa de los Vientos homenajean a Olivia de Havilland. Silvia Casasola nos habla en Mujeres con historia de  la actriz que dio vida al personaje de Melania en la película, Lo que el viento se llevó y que el pasado 1 de julio cumplió 100 años.



Para oír el audio pincha aquí.

martes, 5 de julio de 2016

Muere Noel Neill

La actriz Noel Neill, la primera mujer que interpretó a Lois Lane ante una cámara, ha muerto en su casa de Tucson, en Arizona, a los 95 años. Larry Ward, su biógrafo, dio a conocer la noticia a través de las redes sociales junto a una laudatio de la actriz: "Noel era verdaderamente Lois Lane. Para muchos de nosotros, fue la primera mujer profesional que vimos en las pantallas. Muchos admiradores ignoraban su nombre y la llamaban simplemente Lois".



Nacida en Minneapolis, Noel Neil se planteó convertirse en periodista antes de interpretar a una en la gran pantalla e incluso llegó a decir en algunas entrevistas que con el papel de Lois Lane se estaba interpretando a ella misma. Neil empezó como modelo en su adolescencia y más tarde pasó a escribir para el Women's Wear Daily antes de entrar en el mundo del cine. 

Poco después de mudarse a Los Angeles firmó un contrato con Paramount. Apareció en películas como Mad Youth y Are There Our Parents, y en 2010 se levantó una estatua en honor a su Lois Lane en Metropolis, Illinois. Neil fue para muchos una de las primeras mujeres trabajadoras vistas en televisión y según cuentan los que la conocían, poseía las cualidades de humor, ingenio, altruismo y calidez que hacían de Lois Lane un personaje tan memorable.

Noel Neill había hecho papeles secundarios hasta que, en 1948, fue elegida para ponerse en la piel de la periodista del Daily Planet en la serie de 15 episodios que fue el debut televisivo de Superman. Kirk Alyn fue su superhombre. Juntos repitieron en Atom Man vs. Superman de 1950. En 1951, entregaron el testigo a George Reeves y Phyllis Coates. 

Neil apareció en más de 40 películas a lo largo de su vida pero se retiró del mundo del cine y la televisión tras terminar la serie de "Las aventuras de Superman" en 1958. Aún así, Neil siguió asistiendo a convenciones y haciendo pequeñas apariciones en versiones más modernas de Superman; como su papel de Ella, la madre de Lois Lane en 1978 o de nuevo en 2006, como Gertrude Vanderworth, la mujer de Lex Luthor en "Superman Returns: el regreso."

Fuente: El Mundo, FormulaTV

viernes, 1 de julio de 2016

Olivia de Havilland cumple 100 años

Hubo un tiempo en el que las estrellas no iban al supermercado, sólo vestían alta costura que el resto de mortales no podía permitirse y sus pecados eran encubiertos por los Estudios que las encumbraban. Olivia De Havilland fue testigo de aquel Hollywood dorado .Es una de las pocas estrellas supervivientes de la época dorada de Hollywood (la única que queda viva del reparto de Lo que el viento se llevó, cuando se lo han comentado en los últimos años, ella lo recibe con cierta sorna, alegando que no tiene mucho mérito. "Lo único que he hecho es no morirme".) y, desde luego, la más longeva. Sólo Kirk Douglas, seis meses menor, vive y compite en gloria con ella. Aunque dueñas de una fama planetaria, otras actrices como Zsa Zsa Gabor (99 años) o Doris Day (92) no llegaron a disputarle su condición de mito del celuloide. 

De Havilland en 2010
Descubierta con sólo 19 años por el mítico director alemán Max Reinhardt, esta actriz cuenta con cinco candidaturas al Oscar en su haber y dos estatuillas: La heredera y La vida íntima de Julia Norris. En la primera daba una vengativa lección a un deslumbrante Monty Clift y en la segunda interpretaba a una abnegada mujer que daba a su hijo en adopción para evitar el escándalo. Precisamente, a Havilland, como al íntegro Gregory Peck, le gustaba interpretar papeles bondadosos. "En los 30 era difícil encarnar a chicas buenas, la moda era interpretar chicas malas. Realmente, yo creo que es más aburrido. Siempre he tenido más suerte interpretando chicas buenas porque requieren más de una actriz". Sin duda, el epítome de esta afirmación fue su santurrona Melanie Hamilton, de Lo que el viento se llevó, esa cándida mujer que le ponía en bandeja de plata a Escarlatta O'Hara birlarle el marido.

su belleza dulce, como de novicia, la hacía perfecta para este tipo de papeles, aunque a la actriz no le importaba afearse si la película le daba la posibilidad de ganar un Oscar (ojo a su caracterización en La heredera). Vamos que eso de Charlize Theron de afearse para ganar la estatuilla, ella ya lo había inventado medio siglo antes

Olivia de Havilland pudo haber ganado un tercer Oscar por Un tranvía llamado deseo. Sin embargo, rechazó el papel porque "una dama no dice ese tipo de cosas". También rechazó el papel de Donna Reed en ¡Qué bello es vivir! Malas elecciones que no empañan una carrera brillante que cerró en 1977 con la coproducción alemana El quinto mosquetero, en la que por cierto coincidió con Sylvia Kristel. Sí, Emmanuel y Melania Hamilton mano a mano. "No echo de menos hacer películas, la vida está llena de cosas de gran importancia, que son más enriquecedoras y absorbentes que la vida de fantasía".

Hoy Olivia de Havilland cumple 100 años y, según quienes han podido departir con ella, mantiene una sorprendente agilidad mental. Lo demostró cuando «sólo» tenía 94 años: en una entrevista para The Telegraph, evocó anécdotas y aclaró equívocos. Por ejemplo, con respecto a su convulsa relación con el actor y rompecorazones de origen australiano Errol Flynn. En aquella ocasión, De Havilland fue rotunda: «Siempre se han escrito muchas tonterías al respecto (...). Yo no le rechacé. También me sentía muy atraída por él. Pero le dije que no podíamos tener nada mientras él siguiera con Lili (esposa de Flynn)», replicó."Hubiera arruinado mi vida".

La «inolvidable Olivia» fue la primera de las hermanas De Havilland en convertirse en actriz. Cuando su hermana pequeña Joan Fontaine se propuso seguir sus pasos, su madre, que favoreció siempre a su primogénita, se negó a que utilizara el apellido familiar. Aquello abrió una brecha entre ambas intérpretes. Según el biógrafo Charles Higham, nunca se llevaron bien. Su gran desencuentro tuvo lugar en 1942, cuando ambas competían por el Oscar. Joan ganó por su papel en el filme Sospecha, de Alfred Hitchcock. Joan recordaba en su biografía "Me quedé helada. Clavé la mirada hacia el otro lado de la mesa y ella me susurró: 'Levántate'. Me vino de golpe, como un caleidoscopio, todo el resentimiento que sentimos de niñas. [...] Temí que Olivia saltase por encima de la mes para tirarme del pelo".

¿De donde venía su fraternal odio? Ninguna lo ha contado. Según dijo la protagonista de Rebeca en su biografía, No bed of Roses, "he sido una extraña en su vida, una intrusa. Al ser mayor, Olivia tendría que haber cuidado de mí. Por el contrario, toda mi existencia ha tratado de desequilibrarme. No hablamos desde la muerte de mamá, en 1975". En el mismo libro Fontaine se explayaba sobre su hermana. "No recuerdo un momento en toda mi niñez en el que tuviera un gesto amable conmigo", escribe y cuenta como una vez se tiró sobre ella rompiéndole la clavícula.

Según el director, George Cukor lo que distanció a ambas fue su madre, "una dictadora con enaguas, que sembró la discordia entre ambas". Si fue ella, los papeles por los que rivalizaron o el magnate Howard Hughes, que tonteó con ambas, quienes las separaron quedará en la nebulosa de las leyendas de Hollywood. Lo cierto es que ninguna se volvió a dirigir la palabra a la otra después del funeral de su madre. "Olivia siempre ha dicho que yo he sido la primer en todo: en casarme, en tener un Oscar, en tener un hijo. Así que si me muriese la primera, se cogería un buen berrinche porque me habría adelantado también en eso", dejó dicho.

Olivia de Havilland
Considerada la novia de América desde que en 1939 protagonizara Lo que el viento se llevó, Olivia obtendría tres nominaciones antes de ganar su primer Oscar con La vida íntima de Julia Norris, en 1946; el segundo le llegó por La heredera, en 1949. Gran defensora de los derechos de los trabajadores, contribuyó decisivamente a cambiar las reglas de Hollywood en 1940, cuando llevó a juicio a los estudios Warner Brothers con el apoyo del Sindicato de Actores. Gracias a su esfuerzo, se acabaron los contratos de posesión de los estudios y, hasta la fecha, se reconoce a la llamada «ley Havilland» como uno de los grandes logros de la historia de la meca del cine. «Todos creían que perdería, pero yo estaba segura de ganar. Sabía que lo que hacían los estudios con los actores no estaba bien», explicó.

Cansada de los chismes, frustrada con la industria, en la década de los 50 se instaló en París. Allí vive desde mediados de los 50, cuando se casó con Pierre Galante, editor de la revista París Match y uno de los celestinos entre Grace Kelly y Rainiero de Mónaco. Pese a divorciarse en los 70, ella ha seguido habitando en su elegante piso de la rue Bénouville. Asegura que le encanta vivir entre franceses, "son gente muy creativa" y "aquí las iglesias y los castillos son de verdad, no de cartón como en las películas". En una entrevista confesaba incluso que le seducían todas las palabras francesas."Creía que saucisson era tan exquisita, que me parecía el nombre perfecto para un niño... hasta que me enteré de que significaba salchicha". Francia ha correspondió a su amor.Fue la primera mujer en dirigir el Festival de Cannes, en 1965. 

De Havilland aún reside en París, ciudad a donde huyó, en la cúspide de su carrera, de la implacable competencia con su hermana. Una rivalidad que duró 60 años y terminó en el 2013 con la muerte de Joan, a los 96 años. Hoy, la primogénita de los De Havilland cumple un siglo y, con este aniversario, un brillante capítulo de la historia de Hollywood sigue abierto.

Fuente: ABC.es, El País

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