Las verdaderas estrellas de cine clásico

domingo, 12 de junio de 2016

Subastan la última sesión de fotos de Marilyn Monroe

Un lote de 56 fotografías procedentes de los últimos posados de Marilyn Monroe antes de morir se ha subastado por 120.000 euros, informó  la galería vienesa WestLicht.

Las 56 fotografías de gran formato tomadas por Bert Stern y conocidas como The Last Sitting (La última sesión) tuvieron un precio de salida de 60.000 euros y se vendieron por 120.000 euros a un coleccionista privado en una subasta que tuvo lugar el pasado viernes.

La sesión fotográfica tuvo lugar en un hotel de Los Ángeles a finales de junio de 1962, seis semanas antes de que muriera la actriz, y de ella salieron algunas de las imágenes más recordadas de Monroe.



En esas fotografías, Monroe aparece retratada tanto en blanco y negro como en color, personificando al mismo tiempo la elegancia con un vestido negro como la sensualidad al posar desnuda detrás de un vaporoso pañuelo.

«Las históricas fotografías se han convertido en un clásico. Stein se hizo famoso gracias a ellas porque son algunas de las instantáneas más célebres que existen de Marilyn Monroe», aseguró a Efe Anna Zimm, una de las responsables de la exhibición.

Seis semanas después de la sesión, el 5 de agosto de 1962, murió Monroe, a los 36 años, por una sobredosis de barbitúricos en su residencia de Brentwood (California, EE.UU.).

Monroe trabajó con muchos fotógrafos, pero ninguno capturó fotografías tan cercanas, directas y espontáneas como lo hizo Stern, asegura la galería vienesa en su catálogo.

Fuente: ABC.es

viernes, 10 de junio de 2016

Recordando a Hattie McDaniel

 Hoy se cumplen 120 años del nacimiento de  Hattie McDaniel, que  nació un10 de junio 1895, en Wichita, Kansas. En 1925, se convirtió en una de las primeras mujeres afroamericanas en trabajar en la radio. Se convirtió en la primer a afroamericana en ganar un Oscar en 1940, por su papel de Mammy en Lo que el viento se llevó . En 1947, protagonizó en la radio CBS The Beulah Show. Murió el 26 de octubre de 1952, en Los Angeles, California.




En 1939, McDaniel aceptó un papel que marcaría un punto de inflexión en su carrera. Como Mammy, sirviente de la casa de Scarlett O'Hara en Lo que el viento se llevó, McDaniel ganó el Premio de la Academia a la mejor actriz de reparto. Destaca que, en aquel entonces, a todos los actores negros de la película, incluyendo McDaniel, se les prohibió asistir a la premiere de la película en 1939, que se proyectó en el Gran Teatro Loew  en Atlanta, Georgia.

Más tarde, durante la Segunda Guerra Mundial, McDaniel ayudó a entretener a las tropas estadounidenses y promovió la venta de bonos de guerra. A lo largo de la década de 1940, McDaniel apareció en  otras películas desde The Little Colonel ,  donde McDaniel fue atacada por los medios de comunicación debido a que perpetuaba un estereotipo negativo de los negros. Walter White , entonces presidente de la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color, pidió a los actores afroamericanos no aceptaran tales roles estereotipados, ya que creía que degradaban a la comunidad negra. También instó a los estudios de cine para crear roles que retrataran a los negros como a los blancos.  

sábado, 7 de mayo de 2016

Ingrid Bergman: In herown words

La actriz Ingrid Bergman se inmortalizó en el séptimo arte por su belleza y capacidad histriónica. Participó en por lo menos 50 cintas, incluyendo la memorable Casablanca.  El año pasado con motivo del centenario del nacimiento se estrenó el documental, hasta entonces inédito, Ingrid Bergman: In herown words (En sus propias palabras), dirigido por el sueco Stig Björkman.



Asimismo, la actriz y modelo Isabella Rossellini, hija de Bergman, organizó un homenaje mundial a su madre con el espectáculo teatral Tribute to Ingrid Bergman, en el que mezcla un conjunto de recuerdos, entrevistas, cartas, videos familiares y otros elementos que permiten descubrir la intimidad de la mujer detrás de la leyenda.

Estocolmo, Suecia, es la ciudad donde nació Ingrid Bergman el 29 de agosto de 1915. Su vocación la adquirió por el ambiente en el que se desenvolvía, ya que fue hija del artista y fotógrafo sueco Justus Samuel Bergman, quien falleció cuando ella tenía 12 años de edad. Aunque es hasta que la joven rubia finalizó su bachillerato cuando ingresó al Royal Dramatic Theater de Estocolmo para estudiar actuación.

Después de participar en distintas obras de teatro se abocó a la interpretación de personajes para la pantalla grande e interpretó papeles en historias de cine mudo rodadas en 1935. Un año más tarde protagonizó Intermezzo (1936), un filme dirigido por Gustaf Molander.

domingo, 1 de mayo de 2016

Centenario de Glenn Ford

Hay rostros que nacieron para la pantalla de un cine. Glenn Ford (Quebec, Canadá, 1916 / Los Ángeles, California, 2006) poseía uno de ellos. De gran presencia escénica, el actor canadiense no podía haber tenido otra profesión: drama o comedia eran situaciones resueltas para él. Memorables fueron sus actuaciones al lado de Rita Hayworth, con quien compartió créditos en Gilda (1946) bajo la dirección de Charles Vidor, con quien también trabajó en Los desesperados (1943) y Los amores de Carmen (1948). Pese a su larga y fructífera carrera, Ford nunca obtuvo el Oscar de la Academia.



viernes, 15 de abril de 2016

La enigmática Greta Garbo

Greta Garbo es una de las más enigmáticas y bellas figuras de Hollywood. Se retiró en la cumbre de su carrera, con 36 años, y siendo la actriz mejor pagada. Sus éxitos cinematográficos no fueron suficiente para sobrellevar la presión mediática. Fue una de las actrices más seguidas por los paparazzis. Murió el 15 de abril de 1990 en Nueva York,  víctima de un síndrome renal y de neumonía. Tenía 84 años.





sábado, 19 de marzo de 2016

Kate & Spence

K. Hepburn. —Me temo que tal vez sea demasiado alta para usted, señor Tracy.
J. Mankiewicz. —No te preocupes, Kate. Te pondrá a su altura.
Foto: Corbis.

El comentario que le hizo Spencer Tracy a Joseph Mankiewicz después del primer encuentro fue que ella tenía las uñas sucias. Tampoco le convencía la idea de compartir protagonismo en una comedia de lucha de sexos con una mujer con fama de sexualmente ambigua. Para añadir reparos, el actor recelaba de un proyecto promovido por la actriz ya que temía que acabara en vehículo de lucimiento exclusivo para ella. De hecho, Katharine Hepburn le había vendido la idea a Louis B. Mayer y asegurado la financiación antes incluso de tener el libreto escrito. Hepburn además había declarado su interés en que su pareja en el film fuera Spencer Tracy. Era un actor al que admiraba desde que lo había visto en Broadway cuando él estaba actuando en The Last Mile. Por su parte, Tracy no había visto ninguna de las películas de Hepburn, pese a que, por aquel entonces, ya era una de las actrices más célebres y bien pagadas de Hollywood.

En cualquier caso, el actor se sumó al elenco. Un poco a regañadientes. En un principio se había pensado en el director George Cukor para dirigir la película. Pese a ser uno de los mejores amigos de la actriz, esta prefirió un director más rudo y que conociera los entresijos del béisbol, dado que este deporte jugaba un papel nada desdeñable en la historia. Así fue como George Stevens, también amigo de Hepburn, se situó tras la cámara para rodar La mujer del año. Según sostiene el periodista William J. Mann en Kate. El lado oscuro de Katharine Hepburn, la actriz buscaba con esta nueva película humanizar su imagen, hacerla más sensual y próxima, pues hasta entonces adolecía de cierto estiramiento glacial, puritanismo hervido y escasa carga erótica. Para ello, nada mejor que valerse de un coprotagonista masculino que representara todos los estereotipos vinculados a la virilidad más primaria. 

Y ahí estaba el bueno de Spencer. Pronto todos los presentes en el plató se percataron de la química existente entre ambos. Para decirlo con los cronistas rosas, que tantas líneas cardíacas han dedicado a loar el amor de la pareja, en el set de rodaje saltaron chispas. Pero parece ser que la cosa no acabó ahí. A Katharine y Spencer les dio por enamorarse. «Nuestros personajes cinematográficos se enamoraron. No sé qué fue primero, el que ellos se enamoraran, o que lo hiciéramos nosotros. Creo que fuimos nosotros primero, pero nuestros personajes cinematográficos lo supieron primero». Con esta mezcolanza entre realidad y ficción —muy consciente en la construcción de la propia leyenda por parte de la actriz—, Hepburn confesaba a una de sus últimas biógrafas, Charlotte Chandler, el inicio de una de las relaciones más duraderas y admiradas del cine. Sin embargo, como siempre pasa en Hollywood y en la vida misma, no siempre es oro todo lo que reluce. Más bien todo lo contrario.

Con Tracy, Hepburn reincidía en el cuelgue por un patrón de hombre ciertamente conflictivo. Tipos atormentados, tormentosos, alcohólicos y, por si fuera poco, casados. El primero de la lista fue el poeta H. Phelps Putman cuando Hepburn no era más que una bachiller. Ya como actriz consolidada, y antes de emprender la relación con Tracy, vivió unos meses de «arrebato» con John Ford.  Más allá de los comentarios de una resentida Maureen O’Hara en sus Memorias con relación a la presunta homosexualidad de Ford, es cierto que el director de La diligencia se debatía entre la realidad de una sensibilidad extrema, compleja, finísima, y el deseo de una masculinidad granítica y sin fisuras. Parte del conflicto lo exorcizó con su genial filmografía, pero el resto lo intentó ahogar en alcohol. Tal vez sin una visión tan restrictiva de la virilidad y mediante la aceptación, o siquiera conllevancia, de todas sus contradicciones y pulsiones, podría haber sido un tipo menos infeliz. Y si Ford no parecía un hombre demasiado interesado en la carne y sus placeres, en cambio Tracy cultivó fama de depredador alfa. Aunque, como recordaba Irene Selznick, «no puedes beber tanto como Spence y mantener una relación basada en el sexo». En cualquier caso, todo apunta a que eran sus furores indiscriminados lo que torturaba a Tracy. Si tomamos por ciertos los comentarios de George Cuckor o el testimonio del conseguidor Scotty Bowers, el actor practicaba la bisexualidad sin cuartel, pero de manera vergonzante. Como acendrado católico estaba convencido de que su conducta le acarrearía una estancia perenne en el averno.

Así pues, la independiente e indómita Kate se embarcó en una historia que tenía mucho de dependencia emocional y sumisión voluntaria al hombre. Algo que, dicho sea de paso, no le sucedía con sus ambiguas amistades femeninas: «La relación estaba basada en unos cimientos muy sólidos e ideales. Kate lo mimaba y Spence sencillamente lo aceptaba… Desde el principio ella entendió que dedicar su vida a él era el único camino que podía hacer que fuese un arreglo duradero», comentaba el amigo de la pareja y director Jean Negulesco.

Foto: Corbis.

No debemos hacer infeliz a la gente. La vida es demasiado corta para eso (Katharine Hepburn).

«Él estaba allí y yo era suya. Yo deseaba que fuera feliz, que estuviera bien y a su gusto. Me encantaba vivir pendiente de él. Me gustaba escucharle, alimentarle, hablarle, hacer todo lo que hubiera que hacer por él. E intentaba no molestarle, no irritarle, no ponerle nervioso, no incordiarle ni fastidiarle». Así recordaba Katharine Hepburn sus mejores momentos con Tracy. De 1945 a 1949 fueron los años de mayor intensidad de la pareja. Pese a que el actor nunca se divorció de su esposa, Louise Tracy, durante aquel periodo vivieron como un matrimonio convencional. En casa de Cukor, junto a Ruth Gordon y Garson Canin, pasaban largas veladas de charla e ideando nuevas películas. La célebre frase que Tracy pronuncia en La impetuosa, de George Cukor, —«No tiene mucha carne, pero la que tiene es de primera»— remite al apelativo «mi saco de huesos» con que el actor se refería a Hepburn. De alguna manera, trasladaban a la pantalla sus distintos roles en la realidad. El sentido común y la integridad (cuando no bebía) de Tracy y la extravagancia, humor y entrega de Hepburn, quien acababa por ser una fierecilla domada.

La mordacidad y el latigazo verbal de Tracy encontraban en Hepburn su objetivo predilecto. «Si alguien no le gustaba, Tracy optaba por ignorarlo. Pero si le gustaba, lo incordiaba. Era el modo que tenía de mostrar cariño», explicaba Mankiewicz. Y añadía: «No creo que nunca le hiciera un cumplido a Kate. Decía cosas maravillosas de ella, pero nunca se las decía a ella». Por su parte, la actriz vivía su particular ilusión de ama de casa, cuidadora y confidente. Aunque había estado casada en su juventud, podría decirse que hasta entonces no había ejercido de esposa a la manera tradicional. Tal y como le gustaba pese a ofrecer en público una imagen de independencia y autosuficiencia.

De alguna manera, remembraba la relación de sus padres, basada en una entrega absoluta de la madre al padre aun siendo esta una ferviente progresista que había liderado campañas en pro del voto femenino y el control de la natalidad. En El aviador, centrado en la figura de Howard Hughes, otro de los hombres atormentados de Kate, Martin Scorsese refleja con brío el ambiente de bullicio intelectual en la casa de los Hepburn. Ni Hughes, ni Ford, ni Spencer soportaban toda aquella cháchara pedante de izquierdas. Básicamente porque la consideraban hipócrita.

Mientras el ciclotímico Tracy luchaba contra sus demonios y adicciones, ella estuvo a su lado, sentada —literal y figuradamente— a sus pies, soportando sus salidas más destempladas con una sonrisa de comprensión (Christopher Andersen, Un romance inolvidable).

Tabaco, montones de novelas policíacas y música clásica. Tracy distraía la abstinencia y el insomnio pertinaz. Sesenta y siete años y el cuerpo destrozado por tanto alcohol. Ya era uno de los más grandes actores del cine pero todavía conservaba la inseguridad del principiante. Ese quebradizo ego que Hepburn se encargaba diariamente de enderezar. Juntos habían hecho nueve películas. Adivina quién viene esta noche fue la última, y, a pesar de que el actor ya estaba gravemente enfermo, aguantó todo el rodaje. La noche del 10 de junio, Hepburn estaba en el bungalow de Tracy. Sobre las tres de la madrugada ella oyó un ruido. Se levantó y fue a investigar. Él estaba en el suelo. Un infarto fulminante.

En el recuerdo de Hepburn quedaron veintisiete años de amor compartido. Tal vez ella misma, en entrevistas, biografías y memorias, se ocupó de idealizar una relación que, en la mayor parte del tiempo, se circunscribió a una amistad especial. Sin embargo, dejando a un lado la leyenda, no cabe duda de que les unió un amor intensamente particular. Mann lo resume con claridad y perspicacia:

A la gente le resultaba difícil entender —entonces como ahora— que una relación podía ser intensa y apasionada e importante sin ser sexual. La historia de amor de Tracy y Hepburn no debería ser minimizada solamente porque el sexo (al menos durante gran parte de su duración) no fuese una característica definitoria. Durante casi una década, durmiesen juntos o no, Kate y Spencer se habían amado y considerado ellos mismos una pareja.

Años más tarde, Katharine Hepburn reconocería: «Habría hecho cualquier cosa por Spence. ¿Por qué? Era un misterio para mí». Un misterio sencillo de resolver. Se llama entrega.

Foto: Corbis.

Fuente: http://www.jotdown.es/

domingo, 14 de febrero de 2016

Historias de San Valentín: parejas de película II

Retomando el post del año pasado por estas fechas, Historias de San Valentín: parejas de película I. Deciamos que desde que en 1896, May Irwin y John Rice protagonizaran el primer beso cinematográfico de la historia en una cinta llamada The Widow Jones, pero la historia y esta anécdota le han puesto el sobrenombre de The Kiss, por el cine han pasado multitud de parejas y besos.

Ahora toca repasar otra tanda de parejas y besos de cine. En Gilda (1946), Rita Hayworth y Glenn Ford compartieron este bonito momento.


Unas largas Vacaciones en Roma (1953) fueron las "culpables" de este beso entre Audrey Hepburn y Gregory Peck.


Robert Cummings y Grace Kelly en Crimen perfecto (1954).


También en Atrapa a un ladrón (1955) Grace Kelly protagonizaba otro de los besos más recordados del cine. En esta ocasión junto a Cary Grant.

"Qué prefiere, ¿muslo o pechuga?”. Que una señorita de la buena sociedad de Filadelfia dispare a bocajarro preguntas como esta descoloca hasta al mismísimo Cary Grant. En este film, a pareja Kelly-Grant nos aleccionaban sobre los misterios del amor. 


Tony Curtis y Marilyn Monroe en una de las escenas de Con faldas y a lo loco (1959).


Marcello Mastroianni y Anita Ekberg no podían haber elegido mejor escenario para protagonizar una de las escenas inolvidables de La dolce vita (1960) que la Fontana di Trevi.


Elizabeth Taylor, convertida en Cleopatra (1963), en una escena de la película del mismo nombre junto a Richard Burton.


Otra protagonizada por Elizabeth, esta vez junto a Paul Newman, La gata sobre el tejado de zinc. La 'gata' Maggie luchando por su derecho al amor y a la felicidad frente a Brick, arrastrando su impotencia en pijama y muletas. 

"Tú no sabes lo que significa el amor. Para ti, es solo otra palabra de cuatro letras”.




A pesar de la censura, Mae West dejó algunas de las sentencias amorosas más memorables añadiéndole las necesarias dosis de cinismo a las cosas del corazón. No soy un ángel, (Wesley Rugless, 1933) junto a Cary Grant.

"No son los hombres de tu vida lo que cuenta, sino la vida que hay en tus hombres".




Muere Shirley Temple

20 años sin Federico Fellini

50 aniversario de Cleopatra

Fallece Lina Morgan