Las verdaderas estrellas de cine clásico

viernes, 6 de abril de 2018

110 aniversario del nacimiento de Bette Davis

Queremos celebrar el 110º aniversario de su nacimiento con un recorrido por su intensa vida a partir de una serie de citas lapidarias o destacables pronunciadas por la estrella más carismática y polémica de Hollywood. Porque hablar de Bette Davis es hacerlo de la intérprete más exitosa (o, al menos, la mejor pagada) y con más carácter de su generación. Amada por muchos y odiada por otros tantos, Davis traspasó la pantalla con sus ojos saltones, sus versátiles interpretaciones y su arrolladora personalidad. Pero, por encima de todo lo demás, la estadounidense fue una actriz valiente, luchadora, sincera, libre y feminista.



"Si nunca has sido odiado por tu hijo, es que nunca has sido padre"


"La única razón por la que alguien va a trabajar a Broadway es porque no puede trabajar haciendo películas"


"Hollywood siempre quiso que yo fuera hermosa, pero yo luché por el realismo"


"Cuando un hombre da su opinión, es un hombre. Cuando una mujer da su opinión, es una zorra"

"Yo nunca pasé tiempo con las actrices. Su conversación me aburría normalmente hasta la muerte"

"Me volvería a casar si encontrarse a un hombre que tuviera 15 millones de dólares, me transfiriese la mitad y me garantizase que estará muerto en el plazo de un año"

[Refiriéndose a su cuarto marido, Gary Merrill] "Gary era un macho man, pero ninguno de mis maridos fue alguna vez lo suficientemente hombre como para convertirse en el señor de Bette Davis"

¿Que por qué soy tan buena interpretando a zorras? Creo que porque yo no lo soy. Quizás por eso es por lo que ella [Joan Crawford] siempre interpreta a damas"

"Es mejor ser odiado por ser como eres, antes que ser amado por ser alguien que no eres. Es una señal de tu valor. A veces, eres odiado por la gente adecuada"

"Esto siempre ha sido un lema mío: intenta lo imposible para mejorar en tu trabajo"

"Durante tres años fui solo esposa y madre, y Gary se desenamoró de mí"

"Indestructible. Esa es la palabra que a veces usan para describirme. Supongo que significa que me sobrepuse a todo. Y se me han presentado unas cuantas cosas a superar. Pero sin algo que superar tú no llegas a ser muy persona, ¿no?"

"La comedia no es el amor de mi corazón"

[Refiriéndose a sus dos premios Oscar] "No soy ni un poco modesta sobre ellos. No uso a esos chicos como topes para puertas"
"No me arrepiento de ninguno de los enemigos que he hecho. Cualquier actor que no se atreva a hacer un enemigo debería salirse del negocio"

"No me retiraré mientras aún tenga mis piernas y mi caja de maquillaje"

"Cuando recibo un guion, no cuento las páginas. Pero no haré cameos"

domingo, 11 de febrero de 2018

70º aniversario del fallecimiento de Sergei Eisenstein

Sergei EisensteinSergei Eisenstein ha pasado a la historia por su maestría en las filmaciones y, sobre todo, por su teoría del montaje en un momento en el que el cine apenas contaba con un par de décadas de existencia. Sin embargo, el vanguardista director también destacó por sus amplios conocimientos de arte, estudió ingeniería y hablaba inglés, francés y alemán.

Todo ello contribuyó a que a pesar de su escasa filmografía —que no llega a 20 películas y algunas de ellas inacabadas—, su obra siga vigente y se continúe revisando con asiduidad por sus aportaciones e influencias en el rodaje, la escenografía, y el montaje en el cine europeo y americano.

Sergei Mijailovich Eisenstein nació en Riga, capital de la actual Letonia y por aquel entonces ciudad del Imperio Ruso, el 22 de enero de 1898. Hijo de padre judío y de madre eslava, desde muy pequeño destacó por su facilidad y precisión por el dibujo, don que lo llevó en 1914 a ingresar en la Escuela de Arquitectura de San Petersburgo. En ella permaneció tres años, ya que en 1917, año de la Revolución de Octubre, el futuro arquitecto dio un giro a su orientado porvenir.

Atraído por la revolución marxista y convencido de sus ideales y de que con el arte podría ser útil a la revolución, Eisenstein se alistó en 1918 en el Ejército Rojo, donde entró en contacto con el teatro al trabajar como responsable de decorados y como director e intérprete de pequeños espectáculos para la tropa. Desmovilizado en 1920, se instaló en Moscú con la idea de aplicar su habilidad pictórica a la escenografía teatral.

Fue sin duda su experiencia como director de escena del Teatro Obrero (1920) lo que lo impulsó a estudiar dirección teatral en la escuela estatal. Sin embargo, cuando tenía 25 años Eisenstein puso fin a su carrera teatral tras un fracaso en el montaje de la obra Máscaras de gas, en el que, según sus palabras, “el carro se rompió en pedazos y el conductor se cayó de cabeza”. Este incidente lo hizo abandonar el teatro y centrarse en el medio que le dio prestigio internacional, el cine, en el que fue un pionero del uso del montaje, ya que para él, la edición no era un simple método utilizado para enlazar escenas, sino un medio capaz de manipular las emociones de su audiencia.

Su primer contacto con el cine fue el rodaje de un pequeño cortometraje incluido en la obra teatral El sabio, que llevaba por título El diario de Glomow. Tal fue su interés por el nuevo medio artístico que, en 1924, rodó el largometraje La huelga, con una famosa secuencia en la que utilizó imágenes de ganado sacrificado en el matadero intercaladas con otras de trabajadores fusilados por soldados zaristas. La única copia que había de la película la incautó la censura y no se pudo volver a distribuir hasta después de su muerte, aunque llegó a ser exhibida en Europa y obtuvo el premio en la Exposición Internacional de París en 1925. Desde ese momento el joven Sergei dedicó gran parte de su trabajo a investigar sobre el montaje. Posteriormente desarrolló su propia teoría, algo que tendría una gran influencia en los directores europeos y de Hollywood y que aún continúa vigente.

Sergei Eisenstein no solía utilizar actores profesionales en sus montajes porque el argumento de sus obras iba dirigido a cuestiones más amplias de la sociedad, especialmente a los conflictos de clases. Sus actores, por tanto, eran en la mayoría de los casos personas sin entrenamiento en el campo dramático y provenían de ámbitos sociales adecuados para cada papel.

Con una sola película rodada, el joven director recibió el encargo de rodar la conmemoración de la Revolución de 1905, y la que se convertiría en la obra más célebre de su carrera y una de las mejores de la historia del cine: El acorazado Potemkin (1925). Para entonces la expectación ya era grande porque había dotado de cobertura intelectual al recién nacido espectáculo de masas que era el cine. En la película, la escena del amotinamiento en el barco y la vertiginosa escena de acción de la escalinata constituyen hitos del lenguaje cinematográfico y uno de los mayores logros del cine mudo.


El acorazado Potemkin dio a conocer su nombre en todo el mundo y posiblemente sea la película sobre la que más se ha escrito en toda la historia del cine. El guión fue escrito para una película de ocho episodios, pero al rodar el capítulo dedicado al motín del acorazado Eisenstein decidió centrar la película en ese episodio. Para ello buscó a los supervivientes de la masacre y localizó los dibujos de un francés que había sido testigo de lo ocurrido. Gracias a una serie de experimentos técnicos (pantallas reflectantes, fotografía desenfocada y plataformas móviles entre otros) los resultados fueron asombrosos.

Eisenstein rueda su película en 1.290 planos combinados con genial maestría mediante un montaje rítmico, ya que considera innecesarios los movimientos de cámara, y solo realiza varios travellings. En El acorazado Potemkin destaca la escena de la escalinata, con 170 planos, en la que el pueblo es brutalmente agredido por las fuerzas zaristas y donde crea un ‘tempo’ artificial que hace que la secuencia dure casi seis minutos. La película, con una espléndida fotografía en la que la masa se convierte en la auténtica protagonista de la obra, acabará por ser considerada la primera obra maestra del cine.

Doddle, homenaje en el 120º aniversario de su nacimiento



Tras esta gran película realizará dos trabajos más, la genial Octubre (1927), en la que narra los sucesos del asalto al Palacio de Invierno durante la Revolución rusa de 1917, y La línea general (también conocida como Lo viejo y lo nuevo), película sobre la reforma agraria, aunque por los cambios en la Unión Soviética tuvo que modificar su guion en varias ocasiones. En estas dos obras Eisenstein volvió a experimentar con un nuevo lenguaje a través de las imágenes, pero por su complejidad no llegaron a ser muy bien comprendidas en su época.

En ese momento, Sergei Eisenstein empezó a tener serios problemas con la censura soviética, que lo llevaron a viajar a Europa en 1930 para investigar sobre el sonido y a firmar después un contrato con la Paramount y trasladarse a Estados Unidos, donde llegaría a cobrar hasta 900 dólares a la semana.

Lo que Eisenstein llevaba de bagaje cuando llegó a Hollywood era tres películas: La huelga, El acorazado Potemkin y Octubre, algo más que suficiente para que el mismo Hitler, tras llegar al poder en Alemania, lo hubiera puesto como ejemplo por su practicidad marxista para copiarlo en el cine nazi de adoctrinamiento.

Sin embargo, el consagrado Eisenstein no consiguió el permiso de residencia en Estados Unidos ni poner en marcha ningún proyecto, por lo que decidió viajar a México. Nada más llegar al país fueron encarcelados tanto él como sus dos ayudantes de dirección, todos rusos, pero gracias a la intervención de un amigo español el panorama cambió hasta el punto de que lo nombraron en huésped de honor. Inició en el país centroamericano la producción ¡Que viva México!, en la que experimentó diferentes montajes, aunque no pudo acabarla al quedarse sin patrocinador.

Tras su mala experiencia como cineasta en el exilio, Sergei regresó a la Unión Soviética, donde continuaron las dificultades para desarrollar su trabajo, así que decidió dedicarse a la redacción de textos teóricos mientras desde el poder se atacaba tanto su obra como su persona. Pese a ello, rodó Alexander Nevski (1938), su primera película sonora y con la que ganó el Premio Stalin.

En 1943 inició, con el rodaje de Iván el Terrible, un ambicioso proyecto biográfico concebido como trilogía sobre a la figura del zar Iván IV de Rusia, pero el régimen soviético interpretó la obra como una denuncia a la personalidad de Stalin y prohibió la segunda parte -después de haber conseguido otro Premio Stalin con la primera- hasta la muerte del dictador en 1953, cinco años después del fallecimiento del propio director cinematográfico. Tras esa decisión Eisenstein no rodó ni la tercera parte ni ninguna película más.

Sergei Eisenstein, que plasmó sus estudios en obras como Teoría y técnica cinematográfica, La forma en el cine, Reflexiones de un cineasta y La realización cinematográfica, entre otras, murió el 11 de febrero de 1948, a los 50 años, tras sufrir una gran hemorragia a raíz de un infarto.

La genialidad artística de Eisenstein, su teoría del montaje y sus enseñanzas en el lenguaje cinematográfico, no solo contribuyeron en su momento a la mayoría de edad del cine, sino que siguen vigentes hoy en día como una referencia e influencia muy clara en los grandes directores.

Fuente: el País.es, google

sábado, 20 de enero de 2018

25 años sin Audrey Hepburn


Aunque ya había rodado unas cuantas películas, la aparición de Audrey Hepburn subida a una vespa y abrazada a Gregory Peck por las calles de Roma supuso, además de la envidia internacional, un antes y un después en Hollywood.

No era para menos. La factoría de sueños estadounidense no dio crédito, cuando la vio, a la desbordante personalidad de aquella actriz. A su elegancia natural. A su tamaño como intérprete. A su saber estar. Y se rindió a sus pies, cómo no, premiando primero con un Oscar su papel en Vacaciones en Roma y nominándola años después por sus interpretaciones en Sabrina, Historia de una monja, Desayuno con diamantes y Sola en la oscuridad.

Este domingo se cumplen 20 años de su desaparición. Sin embargo, la estrella sigue viva, además de en sus películas, en las labores humanitarias que llevó a cabo en los últimos años de su vida en África, en sus vestidos –que aún se subastan–, en su mirada –perpetuada en carteles, mochilas y camisetas–, en su infinita timidez. ¿Cómo se puede morir después de haber dejado atónito al mundo entero sin apenas pretenderlo?

Probablemente ese estilo que tenía lo heredó de su madre, aristócrata holandesa. Aunque el hecho de vivir durante sus primeros años entre Bélgica, Reino Unido y Holanda también tuvo que ver con su glamour.

Pero Hepburn tuvo –a diferencia de muchas otras actrices de Hollywood–, gusto para lucir sin descaros todo lo que elegía. Desde el mítico vestido de Chanel o las gafas XXL de Desayuno con diamantes hasta aquellos zapatos llamados “masculinos” por no tener tacón. Su esbelta figura le hacía un enorme favor.

Vistiera lo que vistiera, fue, poco a poco, rompiendo moldes y cambiando los cánones de belleza, lo que hizo de ella una actriz que consiguió mucho más que interpretar.

Pero no sólo hay que recordarla hoy por su elegancia y belleza. Hepburn era buena actriz. Y aunque ser premiado por Hollywood no signifique necesariamente ser buen intérprete, entre la treintena de largometrajes en los que participó logró 2 Oscar y 3 Globos de Oro, a pesar de tener, entre uno y otro premio, 17 nominaciones.

Entre sus papeles más destacados figura, además del de Vacaciones en Roma y Desayuno con Diamantes, el de Sabrina. Dirigida por Billy Wilder, Hepburn se puso en la piel de la hija del chófer junto a Humphrey Bogart. O el de una religiosa belga en Historia de una monja, interpretación por la que estuvo nominada a un Oscar en 1959. Su última película fue Always, de la mano de Steven Spielberg. Eran los años 80, y la actriz estaba ya más pendiente de sus colaboraciones solidarias que del cine.

Alejada ya de la encorsetada fábrica de sueños que poco tenía que ver con su verdadero carácter, Hepburn decidió colaborar con Unicef. Apenas le quedaban unos años de vida –le diagnosticaron un cáncer–, pero quiso trabajar con la ONU sobre el terreno, y se fue a Etiopía, a Ecuador, a Venezuela, a Bangladesh, a Tailandia, a Somalia y a Sudán, entre otros países. Allí ayudó a niños a luchar contra la sequía y contra la hambruna, aunque participó en muchos otros programas. Y por esto Hepburn también ha de ser recordada hoy.

“Sé perfectamente lo que esto puede significar para los niños, porque yo estuve entre los que recibieron alimentos y ayuda médica de emergencia al final de la Segunda Guerra Mundial”, llegó a decir.

Meses más tarde de que diagnosticaran su enfermedad, la eterna Holly Golightly moría en su casa de Suiza el 20 de enero de 1993. Pero ese día tampoco dejó de ayudar a los niños. Sus hijos crearon la fundación Audrey Hepburn Children’s Fund con la que recaudan, aun a día de hoy, dinero para buenas causas.

“Si existiesen los ángeles, deberían tener los ojos, las manos, el rostro y la voz de Audrey Hepburn”, escribieron sus amigos sobre su epitafio. Veinte años más tarde, deberíamos parar a pensar si es verdad eso de que no existen