Las verdaderas estrellas de cine clásico
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miércoles, 15 de mayo de 2019

Doris Day y Rock Hudson.


Los dos hicieron juntos tres películas que, a su modo, definen un mundo entero. Confidencias a medianoche, Pijama para dos y No me mandes flores son la culminación de las carreras de cada uno de ellos en lo que mejor sabían hacer. Michael Gordon, Delbert Mann y Norman Jewison diseñan tres comedias románticas sobre la idea no tanto del engaño, como de la mentira consentida, aceptada y finalmente convertida en la única realidad posible.

En las dos primeras cintas, se trata de contar la historia de una pareja que se detesta para, finalmente, amarse como nadie hubiera sido capaz nunca. En sus cuerpos y ademanes de triunfadores se fragua el sueño oculto de un espectador que ve cómo, a pesar de dificultades y desajustes, todo tiene sentido. Ni una sombra de duda. La última de ellas, la más imaginativa, juega con la idea de la perfección más allá de la perfección misma. Un marido hipocondríaco busca nuevo esposo a su mujer sabiéndose al final de sus días. Por supuesto, ocurre lo único que podría ocurrir. Nadie muere, sólo la propia idea de muerte.

Por supuesto, y como toca a su calidad de estrella del momento, Day fue mucho más que sólo la pareja de Hudson. También lo fue de Frank Sinatra (Siempre tú y yo), de James Cagney (Quiéreme o déjame), de James Stewart (El hombre que sabía demasiado), de Richard Widmark (Mi marido se divierte), de Clark Gable (Enséñame a querer) o de Cary Grant (Suave como visón).

En todas y cada una de las películas, pocas veces es discutida su condición de espejo de una sociedad entera. Quizá sólo Hitchcock, como siempre, se atrevió a leer en su cabellera rubia el principio de un abismo desconocido. Es relevante que, así como Rock Hudson prestó su imagen impoluta a lecturas provocadoramente incómodas del otro lado de ese sueño americano de la mano de Douglas Sirk (Solo el cielo lo sabe, Escrito sobre el viento o Ángeles sin brillo), rara vez la que encarnara a Calamity Jane en la redundante Doris Day en el Oeste dejó empañar su imagen perfectamente transparente. La que convirtiera la canción Qué será, será en algo más que una simple declaración de intenciones representaba en su amplitud la grandeza recurrente de una América que se soñó, otra vez, perfecta. 

Fuente: El Mundo

lunes, 13 de mayo de 2019

Fallece Doris Day

Doris Day nos ha dicho adiós este lunes, 13 de mayo, a los 97 años. Fue una de las estrellas más populares de Hollywood de los años 50 y 60 y protagonista Quiéreme o déjame, Té para dos, El hombre que sabía demasiado, A la luz de la Luna, Pijama para dos o Confidencias a medianoche, trabajo por el que logró su única nominación al Oscar.


Day murió a primera hora de este lunes en su casa de Carmel Valley, California, rodeada de sus familiares y amigos, según señaló su fundación, la Doris Day Animal Foundation, en un comunicado publicado en su página web.

Retirada del mundo del cine desde 1968, al igual que Greta Garbo que se negaba a envejecer en la pantalla. Lo haría, eso sí, en la tele, donde siguió trabajando.

La muerte de la actriz, cantante y sobre todo icono ha sorprendido a la cinefilia en la previa del Festival de Cannes. El instante preciso de la noticia del fallecimiento ha saltado a los móviles justo en el momento en el que Thierry Frémaux, el delegado general del Festival, reflexionaba en rueda de prensa sobre la función de las estrellas en un universo como el del cine. "Quizá", comentó, "ella sea un buen ejemplo del cambio de los tiempos. ¿Qué significa Doris Day para los jóvenes?". Y ahí, en la pregunta extraña y sin respuesta, lo dejó. Tal vez, la grieta que abre el nombre de Doris Day entre una generación y otra sea síntoma y hasta metáfora de algo mucho más profundo. 


viernes, 14 de diciembre de 2018

Las estrellas centenarias

Olivia de Havilland
Artículo publicado originalmente en EL PAÍS:

Aparecen de vez en cuando fotografías de alguien que parece empeñado en vivir eternamente y ojalá que no prolonguen su estancia en la tierra contra su voluntad, con un rostro que parece hermanado con el formol y que exhibe una sonrisa que alguna vez fue legendaria. Ha cumplido 102 años y el cine decidió que se llamara Kirk Douglas, aunque el hijo del trapero judío fuera bautizado como Issur Danielovich. En la pantalla este actor grandioso representó la fiereza inteligente, la complejidad, la determinación, la veracidad, el peligro. Su presencia y su obra son inmortales, pero hace mucho tiempo que se jubiló de su arte. También ha superado los 102 Olivia de Havilland. Nunca fue sensual, pero admitamos que sabía sufrir en silencio, como demostró modélicamente en Lo que el viento se llevó y La heredera.“Somos ángeles con arrugas feroces en los pómulos”, cantaba Lucio Dalla. Y la memoria insiste en recordar a todos aquellos ángeles y demonios, tan humanos, tan magnéticos, que todavía no se han largado al otro barrio, retirados por voluntad propia o a la fuerza del territorio en el que fueron reyes y reinas durante tanto tiempo, desde el que desplegaron un encanto que enamoraba a los espectadores de cualquier parte, convencidos de que las películas eran de los intérpretes y no de esos seres invisibles llamados directores.



Lo aconsejaba un poeta: “Guarda tus mejores recuerdos, y si llegas a viejo, que te sirvan”. Mis visitas durante una década a esas antesalas del cielo, del infierno o de la nada llamadas residencias de ancianos, lugares desoladores (aunque posean cien estrellas) en los que constatas el final del camino para seres que vegetan, o con la mirada acuosa y perdida, o gimientes, o temerosos y gritones ante fantasmas que solo ven ellos, o medicadamente apacibles, me hacen desear con toda mi alma, con infinita compasión, que algunos de sus moradores aún dispongan del consuelo o la alegría de recordar que en algunos momentos de sus vidas sintieron algo parecido a la felicidad.

Kirk Douglas en Espartaco
Yo deseo que esas estrellas jubiladas de su oficio hagan memoria de que disfrutaron en su trabajo y en su existencia del esplendor en la hierba. Y no sé si les importa, pero que recuerden también que a esos desconocidos llamados espectadores nos hicieron más grata la existencia. Sigue vivo y retirado el gran Sean Connery, aquel tipo tan atractivo y convincente que protagonizó las tres películas de aventuras más hermosas de los años setenta: El hombre que pudo reinar, El viento y el león y Robin y Marian. También el hipnótico Gene Hackman, alguien que hacía creíbles a todos sus personajes, en cualquier género, dotando de matices al bien y al mal. Y Sidney Poitier, aquel elegante señor negro, abarrotado de talento, al que el Hollywood militantemente blanco no tuvo más remedio que otorgarle categoría de estrella, alguien que vendía infinitas entradas entre el público de todas las razas.

¿Y ellas, las jubiladas? ¿Qué contar de Sofía Loren, mujer entre las mujeres, belleza en grado extremo y nervio, desgarro y sensibilidad, dramática y comediante, intensa y sobria, capaz de transmitir un registro inacabable de sensaciones? Y sospecho que ningún varón heterosexual fue inmune a la volcánica sensualidad de Brigitte Bardot (sí, la aguerrida madrina de las focas e inquebrantable amante del Frente Nacional) y de Kim Novak. Tengo claro que el arte de interpretar alcanza niveles sublimes en actrices como Katherine Hepburn y Meryl Streep. Bardot y Novak son otra cosa, pero siempre compré la entrada para todas las películas que hicieron. Doris Day tampoco ha muerto, pero jamás me ha fascinado en ningún sentido. Y sigue viva la formidable Eva Marie Saint, conmovedora, desamparada y tierna intentando redimir a Brando en La ley del silencio, coqueteando con enorme estilo y seguridad absoluta ante el monarca de la seducción Cary Grant en Con la muerte en los talones. Que la vejez sea piadosa y benigna con esta inolvidable gente.

Fuente: EL PAIS (Carlos Boyero)

viernes, 1 de julio de 2016

Olivia de Havilland cumple 100 años

Hubo un tiempo en el que las estrellas no iban al supermercado, sólo vestían alta costura que el resto de mortales no podía permitirse y sus pecados eran encubiertos por los Estudios que las encumbraban. Olivia De Havilland fue testigo de aquel Hollywood dorado .Es una de las pocas estrellas supervivientes de la época dorada de Hollywood (la única que queda viva del reparto de Lo que el viento se llevó, cuando se lo han comentado en los últimos años, ella lo recibe con cierta sorna, alegando que no tiene mucho mérito. "Lo único que he hecho es no morirme".) y, desde luego, la más longeva. Sólo Kirk Douglas, seis meses menor, vive y compite en gloria con ella. Aunque dueñas de una fama planetaria, otras actrices como Zsa Zsa Gabor (99 años) o Doris Day (92) no llegaron a disputarle su condición de mito del celuloide. 

De Havilland en 2010
Descubierta con sólo 19 años por el mítico director alemán Max Reinhardt, esta actriz cuenta con cinco candidaturas al Oscar en su haber y dos estatuillas: La heredera y La vida íntima de Julia Norris. En la primera daba una vengativa lección a un deslumbrante Monty Clift y en la segunda interpretaba a una abnegada mujer que daba a su hijo en adopción para evitar el escándalo. Precisamente, a Havilland, como al íntegro Gregory Peck, le gustaba interpretar papeles bondadosos. "En los 30 era difícil encarnar a chicas buenas, la moda era interpretar chicas malas. Realmente, yo creo que es más aburrido. Siempre he tenido más suerte interpretando chicas buenas porque requieren más de una actriz". Sin duda, el epítome de esta afirmación fue su santurrona Melanie Hamilton, de Lo que el viento se llevó, esa cándida mujer que le ponía en bandeja de plata a Escarlatta O'Hara birlarle el marido.

su belleza dulce, como de novicia, la hacía perfecta para este tipo de papeles, aunque a la actriz no le importaba afearse si la película le daba la posibilidad de ganar un Oscar (ojo a su caracterización en La heredera). Vamos que eso de Charlize Theron de afearse para ganar la estatuilla, ella ya lo había inventado medio siglo antes

Olivia de Havilland pudo haber ganado un tercer Oscar por Un tranvía llamado deseo. Sin embargo, rechazó el papel porque "una dama no dice ese tipo de cosas". También rechazó el papel de Donna Reed en ¡Qué bello es vivir! Malas elecciones que no empañan una carrera brillante que cerró en 1977 con la coproducción alemana El quinto mosquetero, en la que por cierto coincidió con Sylvia Kristel. Sí, Emmanuel y Melania Hamilton mano a mano. "No echo de menos hacer películas, la vida está llena de cosas de gran importancia, que son más enriquecedoras y absorbentes que la vida de fantasía".

Hoy Olivia de Havilland cumple 100 años y, según quienes han podido departir con ella, mantiene una sorprendente agilidad mental. Lo demostró cuando «sólo» tenía 94 años: en una entrevista para The Telegraph, evocó anécdotas y aclaró equívocos. Por ejemplo, con respecto a su convulsa relación con el actor y rompecorazones de origen australiano Errol Flynn. En aquella ocasión, De Havilland fue rotunda: «Siempre se han escrito muchas tonterías al respecto (...). Yo no le rechacé. También me sentía muy atraída por él. Pero le dije que no podíamos tener nada mientras él siguiera con Lili (esposa de Flynn)», replicó."Hubiera arruinado mi vida".

La «inolvidable Olivia» fue la primera de las hermanas De Havilland en convertirse en actriz. Cuando su hermana pequeña Joan Fontaine se propuso seguir sus pasos, su madre, que favoreció siempre a su primogénita, se negó a que utilizara el apellido familiar. Aquello abrió una brecha entre ambas intérpretes. Según el biógrafo Charles Higham, nunca se llevaron bien. Su gran desencuentro tuvo lugar en 1942, cuando ambas competían por el Oscar. Joan ganó por su papel en el filme Sospecha, de Alfred Hitchcock. Joan recordaba en su biografía "Me quedé helada. Clavé la mirada hacia el otro lado de la mesa y ella me susurró: 'Levántate'. Me vino de golpe, como un caleidoscopio, todo el resentimiento que sentimos de niñas. [...] Temí que Olivia saltase por encima de la mes para tirarme del pelo".

¿De donde venía su fraternal odio? Ninguna lo ha contado. Según dijo la protagonista de Rebeca en su biografía, No bed of Roses, "he sido una extraña en su vida, una intrusa. Al ser mayor, Olivia tendría que haber cuidado de mí. Por el contrario, toda mi existencia ha tratado de desequilibrarme. No hablamos desde la muerte de mamá, en 1975". En el mismo libro Fontaine se explayaba sobre su hermana. "No recuerdo un momento en toda mi niñez en el que tuviera un gesto amable conmigo", escribe y cuenta como una vez se tiró sobre ella rompiéndole la clavícula.

Según el director, George Cukor lo que distanció a ambas fue su madre, "una dictadora con enaguas, que sembró la discordia entre ambas". Si fue ella, los papeles por los que rivalizaron o el magnate Howard Hughes, que tonteó con ambas, quienes las separaron quedará en la nebulosa de las leyendas de Hollywood. Lo cierto es que ninguna se volvió a dirigir la palabra a la otra después del funeral de su madre. "Olivia siempre ha dicho que yo he sido la primer en todo: en casarme, en tener un Oscar, en tener un hijo. Así que si me muriese la primera, se cogería un buen berrinche porque me habría adelantado también en eso", dejó dicho.

Olivia de Havilland
Considerada la novia de América desde que en 1939 protagonizara Lo que el viento se llevó, Olivia obtendría tres nominaciones antes de ganar su primer Oscar con La vida íntima de Julia Norris, en 1946; el segundo le llegó por La heredera, en 1949. Gran defensora de los derechos de los trabajadores, contribuyó decisivamente a cambiar las reglas de Hollywood en 1940, cuando llevó a juicio a los estudios Warner Brothers con el apoyo del Sindicato de Actores. Gracias a su esfuerzo, se acabaron los contratos de posesión de los estudios y, hasta la fecha, se reconoce a la llamada «ley Havilland» como uno de los grandes logros de la historia de la meca del cine. «Todos creían que perdería, pero yo estaba segura de ganar. Sabía que lo que hacían los estudios con los actores no estaba bien», explicó.

Cansada de los chismes, frustrada con la industria, en la década de los 50 se instaló en París. Allí vive desde mediados de los 50, cuando se casó con Pierre Galante, editor de la revista París Match y uno de los celestinos entre Grace Kelly y Rainiero de Mónaco. Pese a divorciarse en los 70, ella ha seguido habitando en su elegante piso de la rue Bénouville. Asegura que le encanta vivir entre franceses, "son gente muy creativa" y "aquí las iglesias y los castillos son de verdad, no de cartón como en las películas". En una entrevista confesaba incluso que le seducían todas las palabras francesas."Creía que saucisson era tan exquisita, que me parecía el nombre perfecto para un niño... hasta que me enteré de que significaba salchicha". Francia ha correspondió a su amor.Fue la primera mujer en dirigir el Festival de Cannes, en 1965. 

De Havilland aún reside en París, ciudad a donde huyó, en la cúspide de su carrera, de la implacable competencia con su hermana. Una rivalidad que duró 60 años y terminó en el 2013 con la muerte de Joan, a los 96 años. Hoy, la primogénita de los De Havilland cumple un siglo y, con este aniversario, un brillante capítulo de la historia de Hollywood sigue abierto.

Fuente: ABC.es, El País

domingo, 9 de marzo de 2014

Saber y Ganar: Shirley Temple & Maximilian Schell

"Saber y ganar, un  programa presentado por Jordi Hurtado" -según Juanjo Cardenal-, dedicará los Duelos especiales del programa la semana del 10 de marzo al 13 al cine, con un homenaje especial a dos figuras del séptimo arte recientemente fallecidas: Philip Seymour Hoffman y Shirley Temple. 

El martes, el Duelo versará sobre la versiones originales de cuatro canciones muy relacionadas con Hollywood: Stormy Weather, Tea for two, Love me or leave me y I wanna be loved by you.

Philip Seymour Hoffman y Shirley Temple
Hoffmen & Temple
El miércoles se rendirá homenaje a otra legendaria actriz fallecida recientemente: Shirley Temple. Falleció el pasado lunes 10 de febrero, a los 86 años, por causas naturales en su casa de Woodside (California). "Ella estaba rodeada por su familia y cuidadores. Nosotros la recordamos por una vida repleta de logros como actriz, diplomática y por ser nuestra querida madre, abuela y bisabuela", dijo en un comunicado uno de los miembros de su familia.

Por último, el Duelo especial del jueves recordará a una pareja de hermanos de gran recorrido en el panorama cinematográfico europeo: María y Maximilian Schell, fallecido éste último también el pasado mes de febrero.


fuente: FormulaTV

domingo, 22 de diciembre de 2013

Estrellas vivas


Al igual que con las muertes de Marlon Brando, Elizabeth Taylor, Peter O´Toole o Joan Fontaine  hemos vuelto a oírlo: acaba definitivamente la época dorada de Hollywood. Pero eso no es cierto del todo. Todavía viven muchas estrellas de aquella época, si bien es posible que parte del público piense que han fallecido. Por ejemplo, algunos se sorprendieron al ver  a la mítica Olivia de Havilland (1916) presentando un homenaje con motivo del 75º aniversario de los Oscar. La actriz se encontraba en un excelente estado de salud, a pesar de que sus últimos años no habían sido fáciles. Tras la muerte de su hijo mayor y  de cáncer su segundo marido, Pierre Galante. De Havilland vive retirada en un lujoso piso de la calle Benouville, en el centro de París. Su última película, un telefilme sobre los amores entre Eduardo VIII y Wallis Simpson, se estrenó en 1988. Desde entonces se ha centrado en escribir sus memorias, que serán publicadas a finales de año. Posiblemente en ellas explique la tormentosa relación que siempre ha mantenido con su hermana, la actriz Joan Fontaine, con la que no se habla desde hace más de sesenta años.

Olivia junto a Bissett, recibiendo la cruz de Francia. 
En Carmel (donde Clint Eastwood fue alcalde varios años) reside Doris Day (1924). La actriz y cantante recibió la Medalla de la Libertad de la Casa Blanca, por sus logros artísticos y su frenética actividad en defensa de los animales: preside varias asociaciones benéficas y ha creado hospitales y guarderías para animales de compañía. Además, junto con su único hijo, Terry Melcher, regenta un lujoso hotel, al más puro estilo kitsch. La actriz se retiró por completo del cine en el año 1968 y desde entonces rechaza tanto su aparición en actos relacionados con Hollywood como su presencia estelar en películas.

Tampoco ha aparecido en la gran pantalla desde hace años la inolvidable Kim Novak (1933). La última vez fue en la discreta Pasiones prohibidas (1991), de Mike Figgis. Novak no necesita trabajar demasiado, ya que amasó una gran fortuna en sus años de gloria. Posee varias casas y vive con su marido, el veterinario Robert Malloy, en un rancho en Oregón, donde se dedica a la cría de caballos y llamas. En el año 2000 el matrimonio se salvó por los pelos de morir en un incendio fortuito que destrozó, entre otras cosas, el ordenador donde guardaba las memorias que ahora reescribe.


Quien las acaba de publicar es Maureen O'Hara (1920). La pelirroja protagonista de El hombre tranquilo se mantiene en muy buen estado de salud y sigue interviniendo en series y largometrajes para la televisión. Su última incursión cinematográfica hasta la fecha ha sido la comedia Yo, tú y mamá (1991), de Chris Columbus. La actriz enviudó en 1978 de su tercer marido, el aviador Charles Blair, y desde entonces es la presidenta de unas líneas aéreas, Antille Airboats. Tiene su residencia en las paradisíacas islas Vírgenes.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Doris Day triunfa a los 87


Hace unos días que Doris Day sacó su último disco y  se ha convertido en la artista de mayor edad en tener una canción entre las diez favoritas del público británico, según informó la compañía que maneja el ranking de los temas más populares (Official Charts Company).


La pieza "My Heart" (Mi corazón), que interpreta la actriz, ocupa la posición número nueve.
La producción, totalmente nueva, se hizo pública 62 años después de que se lanzara el álbum con el que debutó la artista, de 87 años, en Estados Unidos.
"My Heart" es una selección de canciones producidas por su hijo, Terry Melcher, antes de la muerte de éste en 2004.


Para ver y escuchar los otros discos de Doris Day pulse aqui...

domingo, 21 de agosto de 2011

Nuevo disco de Doris Day


Doris Day, con 87 años, sacará un nuevo álbum titulado My heart el próximo 5 de septiembre, según informa la revista británica New Musical Express.
La artista, toda una leyenda de Hollywood, editará así su primer trabajo en 17 años.
My heart será una selección de grabaciones remasterizadas en las que Day también pone voz a nuevo material y versiona temas de bandas como los Beach Boys o los Lovin' Spoonful.

El disco incluye la canción "Life Is Just A Bowl Of Cherries", producida por su hijo Terry Melcher, que falleció en 2004.


Nacida en Cincinnati (Ohio) en 1924, Doris Day sacó su primer disco, Sentimental Journey, en 1945. A través del sello Columbia Records, ha grabado a lo largo de su extensa carrera más de 600 canciones y 28 álbumes en solitario.

Entre su filmografíase encuentran alrededor de 40 películas, entre ellas Pijama para dos(19667) o el clásico de Alfred Hitchcock El hombre que sabía demasiado (1956), en la que Day interpretaba la famosa canción "Qué Será, Será".
Doris Day formó parte de la Época de Oro del cine en Hollywood junto a grandes actrices como Marylin Monroe, Elizabeth Taylor o Lauren Bacall. Fue nominada a un Óscar, posee una estrella en el Paseo de la Fama y en 2008 recibió un premio Grammy en reconocimiento a su carrera artística.
La artista, que ha pasado las últimas tres decadas apartada del ojo público luchando por la defensa de los animales, reconoce que ya no escucha a cantantes contemporáneos, aunque hace una excepción con Michael Bublé porque, en su opinión, canta al estilo con el que Day está "familiarizada".

fuente:rtve

viernes, 1 de abril de 2011

Las rubias de Hitchcock

Libro de Donald Spoto
Un elemento esencial de las pelí­culas de Hitchcock, es la actriz que tiene el papel protagonista,  muchos crí­ticos han dedicado artí­culos a las caracterí­sticas fí­sicas e interpretativas de las llamadas “rubias de Hitchcock”.

Indiscutiblemente el tipo de actriz esbelta, rubia y refinada forma parte del universo cinematográfico del “mago del suspense”, él mismo escribió: “Cómo escojo a mis heroí­nas”, en el que explica las cualidades que han de tener, las protagonistas de sus filmes.

Alfred y Grace Kelly
La heroí­na de sus pelí­culas tiene que gustar a las mujeres antes que a los hombres, porque las mujeres forman las tres cuartas partes del público medio del cine, y, si bien las mujeres pueden tolerar la vulgaridad en la pantalla, nunca lo hacen cuando está encarnada en su propio sexo.

Alfred con Joan Fontaine, leyendo Rebecca
La heroí­na de la pantalla no debe ser sólo decididamente agradable, sino que tiene que tener vida, tanto en los ojos como en la voz. El reinado de las actrices eminentemente pictóricas ha terminado.

Dado que la pantalla no dispone en absoluto de suficiente distancia para hechizar la vista ésta tiene que poseer una belleza y una juventud reales.

Una heroí­na de la pantalla no debe superar la talla mediana, ya que una mujer muy alta es sumamente difí­cil de fotografiar a excepción de Ingrid Bergman (1.80 m) que participó en tres de sus películas.



Dadas estas premisas, a nadie puede extrañar que Hitchcock haya manifestado que:

Alfred e Ingrid Bergman

“no me gustan las mujeres a las que se les lee en la cara que son como el sí­mbolo del sexo, y que parece que lo llevan como letrero. Siempre he sostenido que una mujer delgada puede ser mucho más sexy que otra con dos sandí­as delante. Creo que la sensualidad de una mujer hay que descubrirla solo mirándola. Sí­, me gusta el tipo de rubia frí­a. Frialdad aparente, porque en el momento en que se ponen en acción todas las barreras se rompen. Es el tipo de mujer inglesa. Todas parecen profesoras, pero dentro de un taxi, te pueden destrozar. Un tipo de rubia como el de Marilyn Monroe no me interesa. Llevan el sexo colgado de su cuello, como si fuera una joya”.

Julie Andrews


Doris Day
 Doris Day.  Junto a James Stewart en El hombre que sabía demasiado (1956).

Anne Baxter
Anne Baxter: la actriz que estuvo a punto de protagonizar Rebeca obtuvo el rol de antiguo amor de un sacerdote que debe callar el nombre de un asesino -un Monty Clift más atormentado que nunca- en Yo confieso.
Hitchcock la tiñó de rubio platino y le dio así un lugar de honor entre sus musas de cabello claro.
Anny Ondra
Tippi Hedren
Tippi Hedren. La última de las actrices rubias que acompañaron sus trabajos, y quizás para evitar fugas pasadas ejerció sobre ella un control mayor que a las anteriores. Tenía constancia de cuales eran sus amistades, gustos e incluso establecía rigurosamente sus horarios.
Insistente en sus proposiciones sexuales, sufrió el frontal rechazo de Hedren. A partir de entonces la dirección de las escenas fue llevada a cabo por intermediarios y rompió toda relación con la actriz.
Contratada para siete películas, tan sólo grabó dos: Los Pájaros (1963) y Marnie la ladrona (1964). No completó el resto, porque como argumentó con el tiempo: "Hitchcock estaba obsesionado conmigo, y yo empecé a sentirme muy incómoda. No pude más"
Grace Kelly
Grace Kelly.Significó una de sus mayores obsesiones al establecerle desde el principio un contrato profesional de exclusividad, y pasar a controlar incluso su vida privada. Tentado por el deseo y dolido por la promiscuidad de la actriz con otros actores, que según las malas lenguas se acostaba hasta con las "alfombrillas de Hollywood", Hitchock se siente impotente otra vez más ante la indiferencia manifiesta a sus insinuaciones.
Al casarse con Rainiero de Mónaco y abandonar el cine, el director considera que ha sido traicionado.

Trabajó en: Crimen Perfecto (1954), La ventana indiscreta (1954) con James Stewart y Atrapa un ladrón (1955) con Cary Grant de protagonista.






Marlene Dietrich
Marlene Dietrich: con modelos de Christian Dior, la alemana incendiaba la pantalla cada vez que aparecía en Pánico en la escena dando vida a la cantante de music-hall amante del protagonista, acusado de haber mandado al otro barrio al marido de aquélla.
Alida Valli


Eve Marie Saint
Eva Marie Saint. Junto a Cary Grant protagonizó el film: Con la muerte en los talones (1959).


Ingrid Bergman
Ingrid Bergman. Participó en: Recuerda (1945) de la mano de Gregory Peck, Encadenados (1946) junto a Cary Grant y Atormentada (1949) con Joseph Cotten. Representó la primera de sus tormentosas relaciones y amores imposibles. Abandonado según él, cuando esta decidió aparcar su relación y ponerse a las órdenes de Roberto Rossellini.

Carole Lmbard


Carole Lombard: la arrolladora personalidad de la señora de Clark Gable quedó inmortalizada en Un matrimonio original, una comedia -que no le gustaba mucho a Alfred- sobre una pareja.


Joan Fontaine
Joan Fontaine. Protagonizó: Rebeca (1940) junto Laurence Oliver y Sospecha (1941) junto a Cary Grant.

Kim Novak
Kim Novak. Protagonista de Vértigo (De entre los muertos) (1958) en compañía de James Stewart. Al término del rodaje, afirmó lo siguiente: "Nunca más volveré a trabajar con Hitchcock, es un hombre insufrible y un auténtico tirano". Debido al acoso sufrido por parte del director.

Janet Leigh
Janet Leigh. Actriz principal en Psicosis (1960), su única colaboración con el director, aunque la escena de la ducha sea la más recordada de toda su carrera.

Madeleine Carroll
Madelein Carroll. La primera de sus predilectas elecciones. Protagonizó: 39 escalones (1935), El agente secreto (1936.

Vera Miles
Vera Miles. Aparece en: Falso culpable (1956) con Henry Fonda y Psicosis (1960) junto a Anthony Perkins y Janet Leight.

Tallulah Bankhead
Tallulah Bankhead. La actriz en una escena de Naúfragos (1944), la única película de Hitchcock en la que trabajó.





http://www.claqueta.es/directores/alfred-hitchcock.html