Scarlett: As God is my witness, as God is my witness they're not going to lick me. I'm going to live through this and when it's all over, I'll never be hungry again. No, nor any of my folk. If I have to lie, steal, cheat or kill. As God is my witness, I'll never be hungry again.
Mostrando entradas con la etiqueta Vivien Leigh. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vivien Leigh. Mostrar todas las entradas
viernes, 30 de diciembre de 2016
domingo, 14 de febrero de 2016
Historias de San Valentín: parejas de película I
Desde que en 1896, May Irwin y John Rice protagonizaran el primer beso cinematográfico de la historia en una cinta llamada The Widow Jones, pero la historia y esta anécdota le han puesto el sobrenombre de The Kiss, por el cine han pasado multitud de parejas y besos.
Rick & Ilsa (Casablanca)
Rick & Ilsa (Casablanca)
Del gran clésico de Casablanca, varias escenas han quedado para la posteridad. Una, la del «Tócala otra vez, Sam», nunca existió. Al menos, no con esas palabras. Otra, tal vez la más famosa, es la última, en el aeropuerto. Rick e Ilsa se dicen adiós. Aunque ambos saben que siempre les «quedará París». Quizás la mejor pareja del cine de todos los tiempos. Rick Blaine & Ilsa Lund son una pareja que ha pasado a la historia por su romanticismo clásico, una de sus frases célebres es: "Bésame, bésame como si fuera la última vez", le dijo Ilsa. El mundo entero echó un suspiro.
Casablanca trata la historia de Rick, el cínico propietario de un bar en Casablanca, Marruecos, y Elsa una hermosa mujer europea que trata de cruzar el Atlántico con la ayuda del examor de su vida. La historia de amor entre estos 2 personajes está llena de símbolos: la tragedia, la guerra, el poder y el sacrificio. Pero también está plagado de momentos inolvidables (As Time Goes By, la primera mirada que se otorgan, los flashbacks y esa escena del aeropuerto). Sin duda, uno de los romances que marcaron un antes y después en la historia del cine, y que muchas veces demuestra que la mayor prueba de amor, es aceptar que no están destinado a no estar juntos.
Casablanca trata la historia de Rick, el cínico propietario de un bar en Casablanca, Marruecos, y Elsa una hermosa mujer europea que trata de cruzar el Atlántico con la ayuda del examor de su vida. La historia de amor entre estos 2 personajes está llena de símbolos: la tragedia, la guerra, el poder y el sacrificio. Pero también está plagado de momentos inolvidables (As Time Goes By, la primera mirada que se otorgan, los flashbacks y esa escena del aeropuerto). Sin duda, uno de los romances que marcaron un antes y después en la historia del cine, y que muchas veces demuestra que la mayor prueba de amor, es aceptar que no están destinado a no estar juntos.
Reth & Scarlett (Lo que el viento se llevó)
En el corazón de este dramón de cuatro horas, que pulverizó récords de taquilla durante décadas, se encuentra el imperecedero romance entre Scarlett O'Hara y Reth Butler. Clark Gable y Vivien Leigh formaron una pareja eterna.
Este beso entre Vivien Leigh y Clarck Gable en Lo que el viento se llevo (1939), es uno de los más famosos de la historia del cine. La actriz, que contaba con 27 años, se llevó un Oscar por esta película.
"No te preocupes por amarme. Eres una mujer que envía un soldado a la muerte con un hermoso recuerdo. Scarlett, bésame. Bésame, una vez".
Este beso entre Vivien Leigh y Clarck Gable en Lo que el viento se llevo (1939), es uno de los más famosos de la historia del cine. La actriz, que contaba con 27 años, se llevó un Oscar por esta película.
"No te preocupes por amarme. Eres una mujer que envía un soldado a la muerte con un hermoso recuerdo. Scarlett, bésame. Bésame, una vez".
Yuri & Lara (Doctor Zhivago)
Imposible olvidar la historia de amor entre Omar Sharif y Julie Christie en Docto Zhivago, una de las películas más sobresalientes en la filmografía de David Lean. En la gélida Rusia de la Revolución Bolchevique, prende la llama del amor entre ambos a lo largo de más de tres horas de metraje.
Alicia & Devlin (Encadenados)
Ingrid Bergman y Cary Grant, dos de las estrellas más importantes de la historia del cine, se besaban así de apasionadamente en la película de Encadenados (1946), dirigida por Alfred Hitchcock, que la convirtió en toda una obra maestra del género de espionaje. En la secuencia se dan pequeños besos para evitar la censura, ya que un beso no podría durar más de 3 segundos.
Milton & Karen (De aquí a la eternidad)
Esta tórrida escena de Burt Lancaster y Deborah Kerr causó ampolla en 1953 y fue la explosión de la pasión adúltera que teje la trama de la película De aquí a la eternidad.
Lucy & Mitch (Escrito sobre el viento)
Lauren Bacall y Rock Hudson en Escrito sobre el viento, dirigida por Douglas Sirk en 1956. En ella se narra la relación del hijo de un rico magnate del petróleo con su mejor amigo (Hudson), que se torna tempestuosa cuando ambos se enamoran de la misma mujer (Bacall). Historia de amores, celos y pasiones desatadas, con escenas tan bonitas y famosas como este beso.
Holly & Paul (Desayuno con diamantes)
Este beso no podía quedar atrás. Y es que en el cine clásico hemos asistido a infinidad de besos apasionados, aunque todo hay que decirlo, poco naturales. Este incluso con el gato por medio, fue uno de los más románticos besos del cine. Bajo la lluvia y en plena calle, Holly Golightly y Paul Varjak sellan su amor, mientras suena de fondo la melodía de Moon River de Henry Mancini.
- Si tuvieras dinero, me casaría contigo al instante. ¿Harías lo mismo?
- Al instante.
- Por suerte ninguno de los dos es rico.
- Sí.
Ingrid Bergman y Cary Grant, dos de las estrellas más importantes de la historia del cine, se besaban así de apasionadamente en la película de Encadenados (1946), dirigida por Alfred Hitchcock, que la convirtió en toda una obra maestra del género de espionaje. En la secuencia se dan pequeños besos para evitar la censura, ya que un beso no podría durar más de 3 segundos.
Milton & Karen (De aquí a la eternidad)
Esta tórrida escena de Burt Lancaster y Deborah Kerr causó ampolla en 1953 y fue la explosión de la pasión adúltera que teje la trama de la película De aquí a la eternidad.
Lucy & Mitch (Escrito sobre el viento)
Lauren Bacall y Rock Hudson en Escrito sobre el viento, dirigida por Douglas Sirk en 1956. En ella se narra la relación del hijo de un rico magnate del petróleo con su mejor amigo (Hudson), que se torna tempestuosa cuando ambos se enamoran de la misma mujer (Bacall). Historia de amores, celos y pasiones desatadas, con escenas tan bonitas y famosas como este beso.
Holly & Paul (Desayuno con diamantes)
Este beso no podía quedar atrás. Y es que en el cine clásico hemos asistido a infinidad de besos apasionados, aunque todo hay que decirlo, poco naturales. Este incluso con el gato por medio, fue uno de los más románticos besos del cine. Bajo la lluvia y en plena calle, Holly Golightly y Paul Varjak sellan su amor, mientras suena de fondo la melodía de Moon River de Henry Mancini.
- Si tuvieras dinero, me casaría contigo al instante. ¿Harías lo mismo?
- Al instante.
- Por suerte ninguno de los dos es rico.
- Sí.
Fuente: ABC.es, Hoycinema, Cinepremier
Etiquetas:
Audrey Hepburn,
Burt Lancaster,
Cary Grant,
Casablanca,
Clark Gable,
Deborah Kerr,
Doctor Zhivago,
Encadenados,
George Peppard,
Humphrey Bogart,
Ingrid Bergman,
Lauren Bacall,
Omar Sharif,
Rock Hudson,
Vivien Leigh
viernes, 13 de febrero de 2015
San Valentín: parejas de cine

1. El Apartamento (Billy Wilder, 1960)
Shirley McLaine: "Si te enamoras de un casado, no te pongas rímel".
Esta y otras inolvidables (y punzantes) citas se podían escuchar en la comedia satírica de Billy Wilder donde mostraba la cara más amarga del American way of life entre jefes, subordinados serviles y chicas ascensoristas destinadas a ser corazones solitarios.

2. Dos en la carretera (Stanley Donen, 1967)
Audrey Hepburn: "No parecen muy felices". Albert Finney: "¿Por qué iban a estarlo? Acaban de casarse".
Pocas comedias han retratado con una mirada más afilada y al mismo tiempo sensible las conjugaciones del amor y el desamor como partes indivisibles. Audrey Hepburn y Albert Finney recorrían las diversas estancias del amor y otras soledades. Y la música de Henry Mancini hacia el resto.

3. El expreso de Shangai (Josef Von Sternberg, 1932)
Clive Brooke: "Me gustaría que pudieras decirme que no ha habido otros hombres". Marlene Dietrich: "Me gustaría poder hacerlo. Pero cinco años en China son mucho tiempo".
El dúo Josef Von Sternberg y Marlene Dietrich dejaron algunas de las sentencias más divertidas y delirantes del Hollywood de los años treinta. Contemplar a Marlene Dietrich envuelta en una fantasía de plumas diseñada por Travis Banton y a bordo de un expreso por la China sigue siendo uno de los más momentos más fantásticos que nos ha proporcionado la historia del cine.

4. Lo que el viento se llevo (Victor Fleming, 1939)
Vivien Leigh: "Rhett, si tú te vas, ¿qué será de mí?". Clark Gable: "Sinceramente, querida, me importa un bledo".
Aunque Vivien Leigh en su papel de Scarlett O’Hara acabó llevándose el gato al agua y merendándose al resto de los protagonistas de la película, Clark Gable tuvo el placer de dejarle algunas de las frases más humillantes a la orgullosa dama sureña como venganza cinematográfica.

5. No es pecado ( Leo McCarey, 1934)
John Miljan: "Necesito tus cabellos dorados, tus ojos fascinantes, tu sonrisa encantadora, tus amorosos brazos, tus formas divinas…". Mae West: "¡Espera un minuto! ¿Esto es una proposición o estás haciendo inventario?".
A pesar de la censura y el Codigo Hays, Mae West tuvo tiempo de dejar en la pantalla sus frases más ingeniosas y chispeantes. Desgraciadamente la actriz acabaría cansándose de batallar con los censores y dejó para otros escenarios sus habilidades como comediante. Ella y Groucho Marx nunca deben faltar en cualquier listado de citas impertinentes, descaradas y sobretodo, inteligentes.

6. Cómo matar a la propia esposa (Richard Quine, 1965)
- "¿Cómo se dice cuando odias a la mujer que amas?". - "Una esposa".
La histórica y siempre celebrada por Hollywood guerra de sexos con un misógino dibujante de historietas, aquí un estupendo Jack Lemmon, que de la noche a la mañana ve esfumarse su soltería e independencia por culpa de una rubia italiana, aquí una bellísima Virna Lisi, y que acabará abriendo la Caja de Pandora de las relaciones matrimoniales.

7. Desayuno con diamantes (Blake Edwards, 1961)
-Audrey Hepburn: "Si tuvieras dinero, me casaría contigo al instante. ¿Harías lo mismo?". George Peppard: "Al instante". -Audrey Hepburn: "Por suerte ninguno de los dos es rico". Georges Peppard: "Sí".
Aunque Blake Edwards y el guionista George Axelrod traicionaron el texto de Truman Capote, la película ha quedado como una de las grandes cumbres de la comedia romántica y sofisticada. La elección de Audrey Hepburn para el papel de Holly Golightly abriría un nuevo modelo femenino en la pantalla. Antes de Desayuno con diamantes las heroínas se repartían entre mojigatas y putas. Con la señorita Golightly aparecía la heroína moderna.

8. El cartero siempre llama dos veces (Tay Garnett, 1946)
- "Robarle la esposa a un hombre, eso no es nada, pero robarle su coche eso es hurto".
Gracias al cine negro y los escritores que hicieron sus armas literarias en el género conservamos algunos de los mejores diálogos y frases cinematográficas. John Garfield y Lana Turner componían la pareja de amantes y destino fatal en un luminoso blanco y negro.

9. La gata sobre el tejado de zinc (Richard Brooks, 1958)
Elizabeth Taylor: "Tú no sabes lo que significa el amor. Para ti, es solo otra palabra de cuatro letras".
A Elizabeth Taylor, la “gata” Maggie en combinación, le tocó en suerte decir en voz en alta y en la pantalla las palabras de Tennessee Williams y compuso uno de sus papeles más celebrados luchando por su derecho al amor y a la felicidad. Frente a ella, un Paul Newman, Brick, arrastrando su impotencia en pijama, muletas y dudas sexuales.

10. Atrapa un ladrón (Alfred Hitchcock, 1955)
Grace Kelly: "Qué prefiere, ¿muslo o pechuga?”.
El director Alfred Hitchcock fue todo un maestro a la hora de visualizar los juegos del amor y sus malentendidos. Grace Kelly, toda una señorita de la buena sociedad de Filadelfia, era la única que podía decir frases tan equívocas -sin perder su compostura- a su oponente masculino, aquí el actor Cary Grant.

11. Bola de fuego (Howard Hawks, 1941)
Barbara Stanwyck: "Le quiero porque es la clase de tipo que se emborracha con un vaso de leche".
Esto mismo decía Barbara Stanwyck a propósito de su prometido Gary Cooper. Y detrás de la frase y otras de las películas, ni más ni menos que una pareja de guionistas como Billy Wilder y Charles Brackett, que con el tiempo se encargarían de echar mas leña al fuego eterno del amor.
Fuente: El País
Etiquetas:
Barbara Stanwyck,
Billy Wilder,
Blake Edwards,
George Peppard,
Jack Lemmon,
John Garfield,
Lana Turner,
Mae West,
Marlene Dietrich,
Paul Newman,
Shirley MacLaine,
Stanley Donen,
Virna Lisi,
Vivien Leigh
jueves, 1 de enero de 2015
75 aniversario de Lo que el viento se llevó (II)
Lo que el viento se llevó, todo el mundo ha visto esta célebre película (cada uno de sus 238 minutos) o como mínimo ha oído hablar de ella. El film protagonizado por Vivien Leigh y Clark Gable cumple 75 pero aún no se conocen todos sus secretos o curiosidades, todo el mundo debería saber, por ejemplo, que la última superviviente del film es la longeva Olivia de Havilland...
Vivien Leigh fue la actriz elegida para encarnar el papel de Escarlata, pero tuvo que someterse a varias pruebas hasta conseguir el papel. La búsqueda de la actriz principal llevó 2 años y un cásting a más de 1.000 actrices. Actrices como Katharine Hepburn o Carol Lombard también optaron a interpretarla.
En cuanto al actor principal, no se pensó en primer lugar en Clark Gable; Gary Cooper o Errol Flynn fueron los primeros elegidos. Clark Gable se continuó con el proyecto gracias a Olivia de Havilland, que le convenció de ello tras amenazar Gable al equipo con abandonar. También hay que decir que la llegada al film de Olivia de Havilland fue pura casualidad, ya que en principio el papel iba a ser para su hermana Joan Fontaine, que lo rechazó.
A cargo de la dirección estuvieron varios de los grandes como George Cukor, William Cameron Menzies, B. Reeves Eason, Sam Wood y, al final, Victor Fleming.
¿La relación entre Gable y Leigh era buena? Lo que más se ha oído a lo largo de los años es que los dos protagonistas no se soportaban pero se respetaban porque eran dos profesionales. Se ha dicho que Gable comía cebollas y que Leigh fumaba mucho. Mejor no imaginemos cómo eran los apasionados besos de la cinta. Vivien Leigh llegó a rodar 125 días, a 25.000 $; pero, sin duda, la estrella era Gable que filmó 75 y cobró 120.000 $
| Hattie McDaniel |
Los censores recibieron una buena cantidad de dinero para que respetasen la última frase del film como ya dijimos en el artículo anterior. En España, la censura prohibió la película hasta 1950. La clasificación era de "gravemente peligrosa", ya que trataba temas muy delicados: infidelidad, racismo, homicidio…
Ahora, ya podemos disfrutarla desde el sofá de nuestra casa, toda una película para estos días de Navidad. Claro que si te has quedado con ganas de verla en pantalla grande, todavía hay cines en Nueva York que la exhiben en sus salas. Y si estás por Jonesboro, en Georgia, pásate por el museo Road to Tara, podrás recorrer los lugares de la película.
viernes, 28 de marzo de 2014
¿Precuela de "Lo que el viento se llevó"?
![]() |
| Hattie McDaniel en su papel de Mummy |
Últimamente están muy de moda los remakes, precuelas y secuelas, así que era solo cuestión de tiempo que se volviera la mirada hacia la película con mayor éxito de todos los tiempos, Lo que el viento se llevó.
Así, y casi 80 años después de la publicación de la novela best-seller de Margaret Mitchell, ganadora del Pulitzer, se lanzará una precuela literaria que estará centrada en el personaje que todos conocemos como Mammy y que en el cine fue interpretada por Hattie McDaniel. Gracias a este papel se convirtió en la primera intérprete de raza negra en ganar un Oscar.
El libro será obra de Donald McCaig, se titulará El viaje de Ruth: La historia de Mammy de lo que El viento se llevó y relatará los orígenes de la criada al servicio de Scarlett O'Hara. El libro, publicado por Atria Books cuenta con el visto bueno de los herederos de Margaret Michell, autora de la historia original.
El relato arrancará en 1804, cuando la pequeña Ruth es tomada desde su Haití natal, colonia francesa de Saint Domingue, hasta Georgia para trabajar como esclava en una plantación de las familias Robillard y O'Hara. En la obra veremos como Mammy crece en la plantación de los O'Hara y cómo se ocupa de la joven Scarlett. De hecho, según informa la editorial la historia terminará justo en el momento en el que arranca la novela original de Michell.
"Todos los que amaron Lo que el viento se llevó se verán recompensados por una novela rebosante de la espléndida recreación que Donald McCaig hace del aquel momento histórico y de las costumbres de un personaje fascinante. Ruth's Journey será un relato rico y con muchos matices de una mujer que vivió esclavizada, y que a pesar de vivir momentos de terrible dolor nunca perdió su capacidad para el amor y la compasión", afirma el editor Peter Borland.
Lo que el viento se llevó ya cuenta con dos secuelas literarias: Scarlett, de Alexandra Ripley publicada en 1992 y centrada en la protagonista femenina de la historia, y Rhett Butler's People, escrita en 2007 por el propio Donald McCaig y que se centra en el protagonista masculino al que en el cine dio vida Clark Gable.
Fuente: ABC
martes, 26 de noviembre de 2013
Subasta: De lo que los sueños están hechos
La estatua del halcón que dio título al clásico del cine The Maltese Falcon alcanzó en Nueva York los 3,5 millones de dólares en la subasta más cinéfila de la casa Bonham, donde también se vendió por 380.000 dólares el coche que llevaba a Ingrid Bergman y Humphrey Bogart en Casablanca.
![]() |
| Bogart y el halcón maltés |
Con 30 centímetros de altura y 20,5 kilos de peso, el halcón tallado en plomo y de color negro, el único certificado por la Warner Bros. como original de la película, se convirtió en la estrella de una sesión titulada De lo que los sueños están hechos, que hizo las delicias de los coleccionistas de cine con más de trescientos objetos en su catálogo.
The Maltese Falcon, película basada en la novela de Dashiell Hemmett, supuso en 1941 el debut como director de John Houston, está considerada la pieza fundacional del cine negro estadounidense y fue uno de los títulos que auparon la carrera de Humphrey Bogart, en el papel del detective Sam Spade.
Precisamente, el tirón como icono del actor estadounidense se dejó notar no solo en el hecho de que el guión final de la misma película se subastara por 22.000 dólares, sino en que el segundo objeto mejor vendido de la noche fue el coche de otro de sus clásicos, Casablanca (1942).
El Buick Phaeton fabricado en 1940 que llevaba a Ingrid Bergman, Humphrey Bogart, Claude Rains y Paul Henreid al aeropuerto de Casablanca o, lo que es lo mismo, al mítico desenlace del filme en el que se pronunciaba la famosa frase "Siempre nos quedará París", alcanzó el precio de 380.000 dólares.
![]() |
| Buick Phaeton de Casablanca. |
Otro icono del cine como Audrey Hepburn consiguió que un gorro de piel diseñado por Givenchy para el filme Funny Face (1957) alcanzara la cifra de 70.000 dólares, 5.000 dólares más que el casco de buzo que se llevaba en el Nautilus de 20.000 Leagues Under the Sea, la adaptación de clásico de Julio Verne que realizó Richard Fleischer en 1954.
El icono sexual por excelencia del cine estadounidense, la malograda Marilyn Monroe, también se hizo valer esta noche y ocho páginas de cartas manuscritas y dirigidas a su tutora, Grace Goddard, alcanzaron un precio de 45.000 dólares.
La que acostumbra a copar la primera posición en la lista de películas mejor valoradas de todos los tiempos, Ciudadano Kane, de Orson Welles, estuvo presente en esta subasta a través del tercer borrador de su guión, que se adjudicó por 28.000 dólares.
Entre los objetos más curiosos se encontraba un cuadro que Geza Kende había realizado a la actriz de cine mudo Clara Bow, pero que además había pertenecido al Drácula más famoso del cine, Bela Lugosi. Su precio de martillo fue de 24.000 dólares.
Una negligée que llevó Vivien Leigh en Gone With the Wind vendida por 45.000 dólares, un reloj del protagonista masculino de aquel filme, Clark Gable, por 23.000 dólares y la camisa psicodélica de Peter Fonda en Easy Rider, por 11.000 dólares, fueron algunos de los objetos destacados de esta subasta cuyo catálogo contaba con alrededor de 300 objetos.
fuente: RTVE.es
fuente: RTVE.es
Etiquetas:
Audrey Hepburn,
Casablanca,
Cuidadano Kane,
El halcón maltés,
Humphrey Bogart,
Ingrid Bergman,
Marilyn Monroe,
Orson Welles,
subastas,
Vivien Leigh
viernes, 15 de noviembre de 2013
Las cartas de Vivien Leigh
Su correspondencia con su marido Laurence Olivier mientras se convertía en Escarlata, sus libros de recortes, fotografías hechas por ella misma durante sus viajes... El museo londinense Victoria & Albert anunció la adquisición del legado de la actriz británica Vivien Leigh, una auténtica joya que incluye correspondencia privada nunca antes vista, diarios personales, fotografías y guiones cinematográficos. La impresionante colección de documentos, vendidos por los nietos de la protagonista de Lo que el viento se llevó (1939), será adquirido en el año en que se cumple el centenario del nacimiento de la actriz, originaria de la India colonial.
La actriz, ganadora de dos Óscars por Lo que el viento se llevó y Un tranvía llamado deseo, llegó a tener contacto escrito con la Reina Madre, aunque las joyas de los documentos para sus nuevos dueños son las cartas que envió a su segundo marido, Laurence Olivier.
Olivier y Leigh formaron uno de los matrimonios más admirados en Hollywood, aunque sus compromisos profesionales les obligaron en alguna ocasión a separarse durante meses, como atestiguan las 40 cartas que se intercambiaron mientras la actriz se convertía en Escarlata O'Hara en Los Ángeles.
El legado de la intérprete descubre aspectos de su carrera profesional y su vida personal nunca antes vistos, como los diarios personales que escribió desde 1929, cuando tenía sólo 16 años, hasta el final de sus días, en 1967. Se unen a ellos un sinfín de telegramas, recortes de periódicos y fotografías realizadas por Leigh durante sus viajes por Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda y el Reino Unido, así como instantáneas de sus rodajes más conocidos.
Desde el museo subrayan que esta colección no sólo abre una ventana a la vida de la legendaria actriz, sino que permite conocer el mundo social y del espectáculo que la rodeaba a través de las anotaciones personales que Vivien Leigh realizó de sus conocidos.
Los archivos de la artista se mostrarán al público el próximo otoño, y el Victoria & Albert ha anunciado que estarán disponibles para los investigadores una vez se produzca su completa digitalización.
fuente: El Mundo
martes, 5 de noviembre de 2013
Recordando a Vivien Leigh
![]() |
| Vivien Leigh |
La noche del 7 de julio de 1967, Vivien Leigh fallecía sola en su apartamento londinense en el 54 de Eaton Square. Todos los teatros del país apagaron las luces en señal de duelo. Ahora su legado vuelve a iluminar la estela de una actriz a la que el siglo XX recordaría como la indómita y caprichosa Escarlata O’Hara.
Tan desafortunado como el destino de aquella heroína sureña fue el devenir de la actriz, varias veces sometida a tratamientos de electroshock por un trastorno de bipolaridad mal diagnosticado, y fallecida de tuberculosis con sólo 54 años, según cuenta José Madrid en la biografía Vivien Leigh, la tragedia de Scarlett O'Hara.
La obstinación y la rebeldía que también compartió con el personaje le ayudaron a conseguir ese papel, que descubrió a los 23 años cuando, guardando reposo tras un accidente de esquí, devoró el novelón de mil páginas de Margaret Mitchell que había revolucionado Estados Unidos aquel verano de 1936. Cuando supo que, al otro lado del Atlántico, David O. Selznick buscaba poner rostro a la rica y caprichosa Escarlata, se buscó un agente en Estados Unidos y no paró hasta conseguir una cita con el gran productor, que ya había empezado el rodaje de su épico delirio.
Tan claro tenía la actriz que ella sería Escarlata, papel que le valió su primer Óscar, que al inicio de su aventura americana rechazó ponerse a las órdenes de Cecil B. de Mille en Union Pacific y un contrato con Paramount para cuatro películas, sólo para estar disponible. El mismo empeño puso la joven y casada Leigh en perseguir a Laurence Olivier, convencida de que sería el gran amor de su vida.
También él estaba casado cuando la entonces prometedora actriz de teatro se presentó por sorpresa, simulando un encuentro casual, en el mismo hotel de Capri donde él pasaba unos días de vacaciones con su esposa.
Comenzó así una larga y no siempre fácil historia de amor, que se ensombrecería con el tiempo con infidelidades mutuas y que acabó por desmoronarse semanas después de que el sir de la escena británica le regalara un Rolls Royce azul por su 45 cumpleaños.
Se cumplen 100 años del nacimiento de Vivien Leigh
Carácter demostró también Leigh cuando en 1957 encabezó una protesta para salvar del derribo el Saint James Theater, por un proyecto para construir apartamentos, y hasta entró a gritos en la Cámara de los Lores, lo que llevó al mismísimo Winston Churchill a escribirle una carta admirando su coraje y desaprobando sus formas. Pero no fue sólo el personaje de Escarlata el que guardó semejanzas con su vida. La desgarradora Blanche Dubois, sus polémicas tendencias sexuales y su desequilibrio mental en Un tranvía llamado deseo de Elia Kazan fueron un oscuro presagio de sus días.
Aquel papel en Un tranvía llamado deseo, junto a Marlon Brando, le deparó su segundo Oscar, pero también agudizó sus crisis nerviosas hasta tal punto que en su siguiente rodaje, La senda de los elefantes, acabó siendo sustituida por Elizabeth Taylor, tras varios ataques de histeria y olvidos del guión.
La filmografía completa de Vivien Leigh suma apenas una veintena de títulos, como The Deep Blue Sea (1955) o una Ana Karenina (1948) que tuvo peores críticas que la de Greta Garbo. Y es que la intérprete de ojos verdes y vidriosos nunca abandonó el teatro, su pasión desde niña.
La recompensa le llegó, aunque tardía, en forma de un Tony a la mejor actriz por su actuación en el musical Tovarich (1963), pese a que su estado de salud era ya muy delicado y llegó a desvanecerse en el escenario.
Tras un sonado divorcio que fue asunto nacional, los últimos años de su vida los pasó junto al también actor John Merivale, sin perder nunca el contacto con quien fue su primer marido, Leigh Holman, y padre de su única hija, Suzanne.
Cien años después de su nacimiento en la India británica, el legado de Leigh permanece en forma de imborrables secuencias y frases que figuran entre las más míticas de la Historia del cine como "A Dios pongo por testigo de que no volveré a pasar hambre" o "Ya lo pensaré mañana. Después de todo, mañana será otro día".
Fuente: ABC.es, La Vanguardia
Centenario del nacimiento de Vivien Leigh
Un 5 de noviembre nació la actriz Vivien Leigh, considerada una de las grandes y bellas actrices de la época de oro del cine estadounidense. Ganadora de dos premios Óscar, Leigh es recordada como Scarlett O´Hara en la película Lo que el viento se llevó.
Nació como Vivian Mary Hartley en
la India (Darjeeling, 1913 - Londres, 1967) . Su padre, que nació en Yorkshire,
había emigrado a la India en busca de aventuras. Su madre, descendiente
de irlandeses, también había nacido en la India. Cuando cumplió los seis años,
su familia se trasladó a Inglaterra, y la futura actriz sólo regresaría a su
país natal en un viaje en la década de los sesenta.
Leigh fue educada en el Convento del Sagrado Corazón,
en Roehampton, durante ocho años, donde se aficionó a la interpretación gracias
a las obras de teatro que se organizaban en el colegio. Estudió ballet, cello y
piano, y se examinó en la Real Academia de Música cuando era adolescente. Le
fascinaba la historia de Egipto y los idiomas (hablaba francés con fluidez).
Estudió en colegios de la Riviera Italiana y de París, y en 1932 conoció a
Leigh Holman, trece años mayor que ella, con quien se casó ese mismo año en
Londres. Para entonces ya había comenzado a estudiar en la Real Academia de
Arte Dramático de Londres (RADA); estudios que continuó tras su luna de miel.
En 1933 dio a luz a su primera hija.
En 1934 intervino en sus tres primeras películas. En
diciembre de ese año vio a Lawrence Olivier en una obra de teatro y afirmó que
ese sería el hombre con quien iba a casarse, aunque en aquel momento ambos
estaban ya casados. El marido de Leigh pensaba que su interés por la actuación
sería pasajero, y que volvería a desempeñar el papel de esposa y madre. Nada
más lejos de la realidad.
En 1935, cuando Leigh representaba una obra de teatro
titulada The Mask of Virtue, Alexander Korda se fijó en ella y le
ofreció un contrato durante cinco años para hacer diez películas en Inglaterra,
algo que no llegó a cumplir porque en 1938 se marchó a Hollywood. Mientras
tanto, fue presentada a su ídolo, con quien inició un romance al poco tiempo.
Títulos de esta época serían La mujer enigma (1937), de Victor
Saville, o Un yanqui en Oxford (1938), de Jack Conway. En
1937, tras protagonizar Hamlet junto a Olivier en el teatro,
Vivian dejó a su marido y se mudó a Chelsea con el actor.
Desde el momento en que comenzó la búsqueda de la protagonista de Lo que el viento de llevó, Vivien Leigh estaba segura de que ella sería la protagonista. Inicialmente no fue barajada para el papel de Scarlett O'Hara pues no era una actriz popular en los Estados Unidos, pero hizo una audición en Hollywood y fue elegida de entre un grupo de grandes estrellas como Lucille Ball, Carole Lombard (la esposa de Clark Gable), Paulette Goddard (quien ya tenía el papel casi seguro), Jean Arthur, Joan Bennett, Bette Davis (quien rechazó el papel por haber hecho un año antes Jezabel) y Katharine Hepburn. Parece que Vivien obtuvo el papel gracias a George Cukor, quien iba a dirigir la película hasta que fue sustituido por Victor Fleming. Realizó una interpretación de Scarlett O'Hara que ha pasado a la historia del cine como uno de las más memorables y épicas, junto a la no menos espléndida de Clark Gable, pareja en escena que se convirtió en uno de los iconos más clásicos de Hollywood.Olivia de Havilland, la única actriz que aún vive de los actores principales, la recuerda como «una mujer muy dulce y profesional» refiriéndose a que Vivien que era inglesa tuvo que aprender el acento sureño.
No obstante, Leigh no estaba a gusto allí; tan pronto
como terminó el rodaje, se presentó a las pruebas de selección de Rebeca,
de Alfred Hitchcock, pero el papel sería para Joan Fontaine. Su siguiente
título de éxito sería, sin embargo, El puente de Waterloo (1948),
de Mervyn LeRoy, adaptación de la obra teatral de Robert E. Sherwood. Este
título formaba parte de su nuevo contrato con la Metro Goldwyn Mayer. En 1940
Leigh y Olivier se casaron por fin, con Katharine Hepburn como dama de honor y
Garson Kanin. Protagonizaron tres películas juntos: Fuego sobre
Inglaterra (1937), de William K. Howard; 21 días juntos (1938),
de Basil Dean; y Lady Hamilton (1941), de Alexander Korda.
Su siguiente título, Anna Karenina (1948), de Julien Duvivier, era un papel que siempre había querido interpretar. En esa época su dedicación al teatro era mayor que la cinematográfica . La década de los cincuenta se inició con Un tranvía llamado deseo (1951), de Elia Kazan, trabajo que le proporcionó el Oscar a la mejor actriz. Leigh sufría, además de tuberculosis, desdoblamiento de personalidad, lo que más tarde dificultaría que distinguiese su vida real de la de su personaje en la película: Blanche DuBois. La película significó, no obstante, su regreso Hollywood tras una década de ausencia.
Durante la guerra, participó en un tour con otros actores ingleses por el norte de África, interpretando poemas y fragmentos de sus películas. Cuando regresó, decidió no volver a Hollywood y quedarse en Inglaterra haciendo teatro. Sin embargo, el productor Selznick intentó presionarla para que cumpliese con un contrato que habían postpuesto durante cuatro años. La batalla acabó en los tribunales, y Leigh ganó. Al acabar César y Cleopatra (1945), junto a Claude Rains y Stewart Granger, Leigh tuvo que ser ingresada. Su tuberculosis recurrente había reaparecido por el agotamiento.
En Septiembre de 1951 su enfermedad psíquica sufrió
una recaída y tuvo que ser internada. Tras una sorprendente mejoría,
protagonizó The Deep Blue Sea(1955), de Anatole Litvak, que no tuvo
éxito en taquilla. El teatro, junto a Olivier, continuó siendo su mayor
aliciente. En 1957 comenzaron sin embargo los rumores de la separación, porque
Olivier había iniciado un romance con la actriz Joan Plowright.
.
En 1961 Leigh protagonizó, de nuevo en Hollywood,La
primavera romana de la señora Stone, de José Quintero, adaptación de la
obra de Tenesee Williams que se convitió en la primera película de la actriz
tras cinco años alejada de la pantalla. El barco de los locos (1965),
de Stanley Kramer, junto a Simone Signoret, José Ferrer y Lee Marvin, fue su
último trabajo, año en el que también protagonizó su última obra de teatro,
junto a John Gielgud: Ivanov. Leigh vivió junto al actor John
Merivale desde 1959 hasta 1967.
Después de una larga agonía prolongada a causa de una avanzada tuberculosis, Leigh fallecía la noche del 7 de julio de 1967. Tras de arreglar sus flores y atender a sus amigos, cansada se retiró a su cuarto. Tenía tan sólo 53 años. Fue hallada muerta en la habitación de su apartamento londinense en el 54 Eaton Square por su entonces pareja sentimental, quien rápidamente llamó a Laurence Olivier. Éste (según los artículos de la época) fue el más afectado por la muerte de Leigh.
Laurence Olivier se encontraba ingresado en el hospital, pero al ser avisado de la noticia pidió el alta voluntaria y acudió inmediatamente al lado de Vivien. Él mismo relata en sus memorias que permaneció junto a ella a solas «pidiéndose perdón por todo el daño que se habían hecho». Siempre la recordaría como el gran amor de su vida. Desde que se casó con sir Laurence Olivier hasta su muerte nunca se quitó el título de Lady Olivier.
La sobreviven su hija, nietos y bisnietos, que permanecen en el anonimato.
domingo, 25 de agosto de 2013
Centenario del nacimiento de Vivien Leigh
Desde 1939 nadie pudo desligar su imagen del personaje de Escarlata O’Hara, el papel más notable de la historia del cine, con una interpretación magistral, que difuminó para siempre los límites de la mujer real y la ficticia. En el año en que se cumple el centenario del nacimiento de la actriz británica Vivien Leigh, sus nietos han vendido al Victoria & Albert Museum de Londres una impresionante colección de documentos que se adentra en la apasionante vida de una de las intérpretes más admiradas de la historia, que brilló con un fulgor tan efímero como inusitado en el universo de Hollywood. El legado de la actriz, galardonada con dos Oscar y un Tony, constituye una auténtica joya de coleccionista, que redescubre su lado más íntimo mediante cartas, recortes de libros, fotografías tomadas por ella misma, guiones de películas, entradas de teatro y sus diarios personales.
La sombra de Laurence Olivier inevitablemente planea sobre buena parte del material recopilado del archivo. Un amor a primera vista en el Old Vic, el teatro londinense en el que ambos actuaban en 1936, dinamitó sus matrimonios. Él, un actor shakesperiano de prestigio, estaba casado con la actriz Jill Esmond. Ella, con el abogado Herbert Leigh, cuyo apellido se quedó para siempre en su nombre artístico.
Durante sus 20 años de matrimonio se convirtieron en la pareja más admirada de Hollywood y, aunque sus compromisos laborales les obligaron a separarse durante meses, canalizaron su pasión a través de una continua y apasionada correspondencia. En abril de 1939, mientras él se hallaba trabajando en Nueva York y Vivien Leigh rueda Lo que el viento se llevó en Los Ángeles, intercambian hasta 40 misivas. «Querido mío, mi amor está contigo cada segundo y sé que esta noche será un gran triunfo para ti. Tu orgullosa y adorada Vivien». Su tormentosa relación junto a Larry Boy (como se refería cariñosamente a su esposo) alimentó el escándalo que ya rodeaba la de por sí enrevesada vida de una actriz aquejada de un grave trastorno bipolar, que, unido a los excesos del alcohol y tabaco, acabaron por minar su salud mental y arruinar su matrimonio.
«Queremos rescatar a Vivien Leigh de la sombra de Laurence Olivier. Ella era, sin duda, una de las mujeres más bellas del siglo XX, y de alguna manera ésa era su mayor hándicap. Creo que este archivo va a reescribir las biografías. Da sorprendentes detalles sobre su carácter, su inteligencia, la amplitud de intereses y lo duro que trabajaba para preparar sus papeles en el cine», comenta Keith Lodwick, conservador del Victoria & Albert Museum. Además de las cartas a su amado, entre la correspondencia hay más de 7.500 misivas, meticulosamente catalogadas por la actriz, de amigos y colegas, dirigidas a ella y a Olivier.
Winston Churchill escribió varias epístolas a la pareja, que protagonizó su película favorita, «Lady Hamilton» (1941), con Olivier como Horatio Nelson y Leigh como Emma Hamilton. La película se había rodado durante la Segunda Guerra Mundial para despertar el sentimiento probritánico entre el público estadounidense. Después de una fiesta con ellos, en 1951, Churchill escribió: «Gracias por el jarrón de cristal que acompañó a las hermosas flores. Disfruté mucho viéndola a usted y a su marido la semana pasada y fue para mí una noche muy agradable». Su candor y cortesía también se retratan en una carta de la Reina Madre, en la que ésta ofrece su agradecimiento a la pareja por las flores recibidas de su parte.
Otra misiva proviene del dramaturgo Tennessee Williams, en septiembre de 1950, alabando a Leigh por su papel de Blanche DuBois, en su obra Un tranvía llamado deseo, que la hizo merecedora de su segundo Oscar. «No es necesario repetir aquí la inmensa felicidad que siento por la película y por tu contribución a ella. Eres la Blanche que siempre había soñado y estoy agradecido por llevarlo tan bien a la vida en la pantalla», escribió.

Los entresijos de su intrincada vida personal también se desvelan en las líneas de sus diarios íntimos, que comenzó a escribir a la temprana edad de 16 años, en 1929, una práctica con la que desahogó sus inquietudes hasta el final de sus días, en 1967.
Se unen a ellos un sinfín de telegramas, recortes de periódicos y fotografías realizadas por Leigh durante sus viajes por Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda y el Reino Unido, así como instantáneas de sus rodajes más conocidos, que se expondrán al público a partir del mes de noviembre en el Victoria & Albert Museum de Londres, además de digitalizarse los contenidos para hacerlos accesibles a través de su página web.
«Esta colección no sólo representa la vida de la legendaria actriz, sino que permite conocer el mundo social y del espectáculo que la rodeaba a través de las anotaciones personales de Vivien Leigh», reflexiona el director del museo, Martin Roth.
La noche del 7 de julio de 1967, Vivian Leigh fallecía sola en su apartamento londinense en el 54 de Eaton Square. Todos los teatros del país apagaron las luces en señal de duelo. Ahora su legado vuelve a iluminar la estela de una actriz a la que el siglo XX recordaría como la indómita y caprichosa Escarlata O’Hara.
fuente: ABC.es
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)





.jpg)











