Los inicios de Katharine Hepburn

viernes, 28 de junio de 2013

Los inicios de Katharine Hepburn

Con motivo del décimo aniversario de la muerte de la actriz, vamos a recordar sus inicios, que son fiel reflejo de como era la auténtica Kate y de su personalidad, atípica en el Hollywood de la época.


Con el éxito de su interpretación en Broadway en la obra teatral El marido de la amazona, Katharine Hepburn, de 24 años, estaba en boca de todos en la ciudad de Nueva York a principios de los años 30. La crítica hacía de ella descripciones muy llamativas como la de, "una chica nueva, de voz metálica, que parece una calavera". 

El ruido llegó hasta Hollywood, donde la Paramount se adelantó al resto de los estudios y le hizo una prueba de cámara. Los resultados de la prueba fueron analizados por el mismísimo Adolph Zukor, mandamás del estudio y descubridor de estrellas como Mary Pickford o Gary Cooper. Zukor tomó la decisión más desafortunada de su carrera, rechazando a Katharine Hepburn por considerar que era una actriz hecha para el teatro, que jamás funcionaría para el cine. En palabras de Zukor, la imagen de Hepburn en pantalla era "de pesadilla". 

Tras la mala experiencia con la Paramount, el agente de la actriz, el astuto Leland Hayward, pidió a su socio Myron Selznick que le echara una mano. Myron, agente de estrellas, era hermano de David Selznick, por aquel entonces jefe de procucción de la RKO. Leland Hayward había oído que la RKO estaba preparando la adaptación cinematográfica de Doble sacrificio, que iba a ser dirigida por George Cukor, y que estaban abiertos a probar nuevas caras para el papel protagonista femenino. Y a través de Myron, Hayward concertó a su representada una prueba de cámara con la RKO, que se efectuaría en Nueva York. 

Los resultados de la prueba llegaron a Hollywood y el priemero en verlas fue David Selznick, quien tuvo una primera reacción bastante terrible. "¡Maldita sea! Es la más jodida espantapájaros que he visto nunca. Asignarle a 'La bruja de Endor'. Parece un cruce entre un caballo y un mono." Selznick pidió la opinión de su mano derecha Merian C. Cooper (que en esos días estaba preparando King Kong). Cooper fue aún más cruel: "Es indudablemente piernuda. También dentuda. De Nueva Inglaterra. Heredera, he oído. Una Patricia WASP. Una intelectual. En todo sentido una snob. Vocalización de Bryn Mawr. Obstinada. Dogmática, estoy casi seguro. Chillona. Extrañamente masculina. ¡Sin duda una lesbiana!" 

Al director George Cukor le pareció una "gárgola", una mujer "muy nasal" que "parecía gritar a través de su nariz". Pero Cukor quedó muy impresionado por una de las escenas de la prueba. Era una escena tomada desde atrás, con la actriz de espaldas levantando una copa de champán del suelo. A Cukor le encantó el movimiento entrecortado de la actriz, le pareció enigmática. Años más tarde la propia Hepburn admitiría que sabía bien lo que hacía cuando decidió por su cuenta dar la espalda a la cámara. 

Cukor le dijo a Selznick: "Con gente nueva y diferente como esta Hepburn te alejarás del brillo, pero después te apropiarás de la caldera de oro (del éxito)". "¡Sandeces!", le respondió Selznick. Selznick había pensado en Irene Dunne y Jill Esmond para el papel, pero las dos le habían dicho que no porque habían encontrado dos trabajos menos arriesgados. Su tercera candidata era Carol Lombard, pero había estado penosa en la prueba y Cukor no la quería. La otra actriz con la que Selznick insitía era una desconocida de nombre Virginia McMath (futura Ginger Rogers). Pero Cukor se había encaprichado de Hepburn y presionó a Selznick hasta que lo convenció de cansancio. 

Selznick, que tenía plenos poderes en la RKO para hacer contratos, llamó al agente de Hepburn y le ofreció el papel por sólo 500 dólares por cada semana de trabajo. A la actriz le pareció poco dinero y lo rechazó. Selznick subió la oferta a 750 dólares semanales. Hepburn volvió a rechazarlo. El productor se plantó, pero Leland Hayward le presionó a través de su hermano Myron, diciéndole la publicidad que supondría para la RKO hacerse con los servicios de la última sensación de Broadway. Finalmente se alcanzó un compromiso. Hepburn cobraría 6,000 dólares por cuatro semanas de rodaje. Pero Selznick le dejó una cosa muy clara a su agente: "Dile a tu actriz que no se desprenda de su casa de Nueva York. Creo que su estancia en Hollywood va a ser corta. Pronto estará de vuelta en Broadway recorriendo las aceras y pidiendo un empleo." 

Hepburn viajó hasta Hollywood en tren, atravesando todo el país, acompañada de su amiga Laura Harding. Bajó en la estación de Pasadena, California. Llevaba un horrible sombrero y los ojos irritados por unas virutas de acero que se le habían incrustado por la ventanilla. Allí la esperaban su agente Leland Hayward y Myron Selznick con un Rolls-Royce. Myron pensó al principio que la estrella era Laura, la amiga, que vestía un modelito de Chanel. Cuando comprendió que la actriz era la otra, le dijo a Leland, "Dios mío, ¿queremos colarle a David a esa cosa por 1,500 dólares semanales?" 

Se dirigieron todos en coche al Hotel Chateau Elysée de Los Angeles, y después a los estudios de la RKO. Hepburn se pasó todo el viaje criticando todo lo que veía a través del cristal del coche y comparándolo con su querida Costa Este. Actuaba como si les estuviera haciendo un gran favor a todos por ir a la Costa Oeste a trabajar en una película. Entró en los estudios de la RKO en Culver City con la misma altivez, despreciando todo lo que allí veía. Probablemente estuviera atacada de los nervios, y esa forma de actuar fuese para ocultar su inseguridad y protegerse de posibles decepciones. 

Antes de ser introducida a Selznick, Katharine, siempre en compañía de su amiga Laura, fue conducida hasta el despacho de George Cukor. Cukor no era todavía un director importante y ocupaba un diminuto y oscuro despacho en una esquina de la planta baja. La actriz ni siquiera dijo un hola al director; entró en su despacho con un ataque de berborrea y, sin ni siquiera presentarse, lo primero que le dijo fue que necesitaba urgéntemente un médico para que le viera sus ojos irritados. 

Cukor no hizo caso a su petición, y la llevó a ver algunos vestidos diseñados por Jossette De Lima, la diseñadora jefa de la RKO. Allí la actriz se mostró muy pedante, criticando los diseños, y creyendo que en la Costa Oeste no entendían de moda. "¿Ha oído alguna vez hablar de Schiaparelli? Contratarla a ella para diseñar mi vestuario. Mire a Laura. Va vestida de Chanel. ¿Ha oído alguna vez algo de Chanel?", le dijo a Cukor para provocarlo. Pero eligió a la víctima equivocada; Cukor era un experto en moda. "Tal vez podría ser su Svengali" le respondió. Una indirecta con la que vino a decirle que llevaba un peinado espantoso que necesitaba ser arreglado con urgencia. 

Cukor también le hizo toda una declaración de intenciones: "Me han dicho que eres algo puta en el trabajo. Pero quiero que sepas que no habrás conocido a una puta de verdad hasta que me conozcas a mí. Soy más puta que ninguna actriz en Hollywood." Años más tarde Hepburn confesó que su primera impresión de Cukor no fue demasiado buena, "feo, gordo, judío y homosexual, una combinación letal". Cukor a ella la vio como a "una boa constrictor que insultaba a todos a los que tuviera a la vista". 

Cukor la dejó en manos de Jo Ann Saint Auger, la peluquera jefe del estudio, que le lavó y cortó el pelo. Allí pasó a saludarla el actor John Barrymore, el que iba a ser su compañero de reparto en la película. El encuentro no fue demasiado esperanzador. Barrymore, al ver los ojos enrojecidos de Hepburn, pensó que era una alcohólica, igual que él, y le ofreció unas gotas que él utilizaba para disimular la resaca. "¡No es por resaca!", protestó ella. "Claro que no, querida. Será nuestro pequeño secreto. Recuerda, dos gotas en cada ojo." 

También pasó a verla el maquillador Mel Burns. En presencia de Hepburn, Cukor se quejó ante el maquillador de las pecas que tenía en la cara. Ella aguantó estóicamente los comentarios, hasta que respondió a Cukor, "Debo hacerle saber que Leonardo Da Vinci tenía pecas." Se levantó y exigió que quería ver ya a David Selznick. Pero este no estaba y tuvo que esperar una hora más para ser recibida. 

Finalmente se produjo el cara a cara con Selznick. Ella perdió el miedo al ver que no se trataba más que de un jovencito (Selznick tenía 29 años entonces) con gafas, aunque mantuvo su tono desagradable. Selznick no mostró ninguna reacción a primera vista, aunque nada más saludarla pididó a su secretaria que avisara a su hermano Myron y a Leland Hayward que quería verlos en privado más tarde. Ella empezó la conversación pidiendo un médico para su ojo. Selznick llamó por teléfono al médico del estudio, Sam Hirschfeld: "Tengo aquí a una actriz de Nueva York que parece estar a punto de morirse." Pero ella no tenía ganas de bromas, y se mostró cortante. 

El encuentro fue breve, y Selznick dedicó la mitad del mismo a hablar con Laura Harding, la amiga de Hepburn. Era más su tipo. "Podrías salir en películas", le dijo. Las despidió pronto, diciendo que tenía cosas urgentes que hacer, y que ya hablarían en otro momento. Cuando abandonaban el despacho, Selznick le dijo a Hepburn: "Tome algo del sol que tenemos aquí en California. Madura las narajas, y seguro que también la hace madurar a usted." 

Al cerrar la puerta, escuchó cómo Selznick se ponía a dar gritos a Cukor. "¡Maldito seas! No debí escucharte. Pudimos haber tenido a aquella bella ingenua a la que quería que probaras." Y Cukor le respondía, "la única cualificación de aquella putita -y esto me lo dijiste tú mismo- era que tenía la mejor cabellera de Hollywood". Estaban hablando de Ginger Rogers, que terminaría fichando por la RKO un año después. 

El doctor Sam Hirshfeld no pudo atender a Hepburn, pero le envió a otra doctora que le examinó los ojos y le encontró tres virutas de acero. Le recetó unos analgésicos contra el dolor y le colocó un parche en su ojo izquierdo. Y fue así como al día siguiente se tuvo que presentar en su primer día oficial de trabajo en la RKO. Por culpa del parche, no pudo colocarse ante la cámara en unos cuantos días, y el inicio del rodaje tuvo que ser retrasado hasta que su ojo se curase completamente. 

La actriz volvió a dejar muestras de su inconformismo durante los días de rodaje. No firmaba autógrafos y no vestía adecuadamente en los descansos. Cada día había reporteros en el estudio interesados en ver a la nueva actriz, y esta se paseaba por el lugar en bata y zapatillas de tenis. Esa no era la imagen que el departamento de publicidad de la RKO tenía en mente para ella, y la amenazaron con quitarle todas sus batas si insistía en seguir vistiéndose así. Hepburn se negó y el estudio cumplió su amenaza. Ella respondió al estudio con un desafío aún mayor: se paseó por el plató en ropa interior hasta que le devolvieran sus batas. 

La relación de trabajo con Cukor empezó siendo difícil por sus diferencias respecto al vestuario del personaje, y por la incómoda presencia de su amiga Laura en el plató (en el estudio todos pensaban que Katharine y Laura eran pareja) que arruinó alguna que otra escena, pero llegaron a compenetrarse bien. Fue Cukor (a día de hoy considerado el mejor director de actrices que ha dado Hollywood) quien señaló a Hepburn las diferencias entre teatro y cine, le enseñó que para la cámara el más pequeño gesto era suficiente, y que había que actuar con los ojos. 

Al finalizar el rodaje, Katharine Hepburn se subió al tren para volver a Nueva York. Pero, pocos días después, Cukor la llamó a Nueva York para decirle que había que repetir dos pequeñas escenas. Un grupo de gente seleccionada para pre-visionar la película se había reído en esas dos escenas que se suponían dramáticas, y el director quería volver a filmarlas. La actriz volvió a montarse en tren para cruzar todo el país hasta Los Angeles. 

Durante las cuatro semanas que había durado el rodaje, David Selznick no había mostrado el más mínimo interés por alargar el contrato de la actriz. Daba por hecho que destrozaría la película y la crítica cinematográfica se cebaría con ella. Pero su postura cambió tras llegar a sus oídos que la Metro-Goldwyn-Mayer andaba detrás de la actriz. Al parecer, el público selecto que había asistido al pre-visionado de la película, recibió una buena impresión de su actuación, y la Metro se había interesado por contratarla. Por miedo a que se la robaran, Selznick convocó en su casa de Santa Monica al representante de la actriz, y negociaron un contrato largo. Las negociaciones fueron duras y el agente de la actriz logró importantes concesiones para su representada: libertad para elegir o rechazar ciertos guiones, y libertad para volver a Broadway de forma ocasional. 

Selznick no tenía claro si había hecho lo correcto o había cometido un error firmándole un contrato largo. Sus dudas se despejaron el día del pre-estreno de la película. Según sus propias palabras: "Al comienzo de la película había una escena en la que Hepburn caminaba por la habitación, estiraba sus brazos, y luego se echaba en el suelo delante de la chimenea. Parecía muy simple, pero podías casi sentir y escuchar el entusiasmo de la audiencia. Fue una de las mejores experiencias que he tenido nunca. En esos pocos segundos de metraje ya había nacido una estrella."

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