Especial: 10 años sin Katharine Hepburn

sábado, 29 de junio de 2013

Especial: 10 años sin Katharine Hepburn


Katharine Hepburn
Hija de un médico preocupado por concienciar a la ciudadanía sobre las enfermedades de transmisión sexual, y de una conocida sufragista colaboradora de Emmeline Pankhurst, Katharine nació en 1907, en Hartford, (Connecticut), y creció entre una burguesía ilustrada que cultivaba la inteligencia poniendo el mismo empeño en practicar el golf, el tenis y la natación. A los ocho años participaba con su madre en las campañas repartiendo globos de colores con el lema "Voto para la mujer". Era ya una niña pertinaz e incombustible, capaz de perseguir implacable a un viandante hasta que aceptaba uno de aquellos globos. En su casa se recibía a la señora Pankhurst, a Rebecca West y a otras activistas e intelectuales y siempre estuvo orgullosa de tener un padre que se carteaba con Bernard Shaw.


Un duro golpe, sin embargo, tambaleó su infancia, a los 14 años encontró a su hermano Tom ahorcado con una sábana. Se había suicidado como su abuelo materno. Había atado la sábana a una viga en la casa de una amiga de la madre, donde Kate y Tom estaban pasando unos días de vacaciones. La propia Katharine tuvo que buscar un médico y notificar la muerte a la familia. Desde entonces asumió la fecha de cumpleaños de su hermano como propia.

Cuando en el año 38 su residencia de verano de Fenwick fue devastada por un huracán, toda la familia salió por la ventana con lo puesto para refugiarse en territorios más seguros. Unos minutos más tarde, los pilares de la casa habían quedado reducidos a escombros y el armazón de madera navegaba a la deriva por el río crecido. Cuando terminó el huracán los Hepburn regresaron a lo que quedaba de su propiedad, y tras desenterrar de entre las ruinas el juego de té de plata, consiguieron dar con papel y lápiz y empezaron a diseñar la que sería su segunda casa de Fenwick. No es de extrañar, pues, que Katharine se distinguiera por sobrellevar con estoicismo y coraje su difícil relación con Spencer Tracy. 

Su intención de estudiar física quedó pronto olvidada para debutar en un pequeño papel en La Zarina, con una compañía teatral de Baltimore. La idea de triunfar en los escenarios de Nueva York había rondado a Katharine desde sus funciones colegiales. Ni corta ni perezosa se trasladó a casa de su amigo el poeta Phelps Putnam y se puso manos a la obra: no sólo fue admitida para estudiar dicción con Frances Robinson-Dune, una leyenda del teatro, sino que consiguió colarse en La muerte en vacaciones, estrenada en el Teatro Nacional de Washington. Hubo alguna crítica favorable y una mención que la describía como "una chica nueva, de voz metálica, que parece una calavera". Aunque fue despedida inmediatamente, se hizo con algunas suplencias y papeles menores en Nueva York.

 En esa época, corría 1928, se casó con Ludlow Ogden Smith, un chico de buena familia del que no tardó en separarse y con quien mantuvo una gran amistad hasta el punto de que varios de sus amantes se lo encontraron incorporado a la familia en la casa de verano de Fenwick cuando iban a visitar a Katharine.

Lo cierto es que su día de suerte le llegó en 1932 de la mano del agente Leland Hayward. David Selznick y George Cukor buscaban una cara nueva para Doble sacrificio. A Cukor y a la RKO les gustaron las pruebas y la reclutaron para Hollywood. Katharine Hepburn llegó a California en tren con su amiga Laura Harding, un sombrero horroroso y los ojos irritados por unas virutas de acero que se le habían incrustado por la ventanilla. A la mañana siguiente la esperaban para las pruebas definitivas y, ante la sorpresa de los tiburones de la RKO, se presentó con un parche en el ojo.

Pese a este primer incidente, tuvo un éxito inmediato y en muy poco tiempo rodó Doble sacrificio, Hacia las alturas, Gloria de un día, Mujercitas y Mística y rebelde. Lo más asombroso fue que por su tercera película, Gloria de un día (1933), que dirigió Lowell Sherman, se alzó con su primera estatuilla de la Academia. Katharine tenía 26 años. Los siguientes tres Oscar le llegarían, ya rebasada la cincuentena, por El león en invierno, Adivina quién viene esta noche y El estanque dorado.

Películas como La fiera de mi niña e Historias de Filadelfia la convirtieron en el paradigma de la mujer contemporánea. Ella inventó la delgadez en el cine y su mirada vitriólica y desafiante acabó con las languideces femeninas de los años anteriores. No cabe duda de que su imagen, en la pantalla y en la vida real, representaba a un nuevo tipo de mujer, independiente, moderna e inconformista. "No se parecía a los años treinta, sino a sí misma. Luego las chicas empezaron a imitarla, y la década se pareció ella", dijo en una ocasión George Cukor.

Se enamoró de su agente, Leland Hayward, y se fue a vivir con el millonario Howard Hughes, con quien compartió la pasión por el golf y la velocidad. Pero sus dos grandes amores fueron hombres católicos, bebedores, de sangre irlandesa, casados y torturados por problemas familiares.

Kate & Spencer
Su relación con John Ford, que la dirigió en María Estuardo, fue tan secreta y devastadora que Katharine no la menciona siquiera en sus memorias. Se sabe, sin embargo, que incluso después de la muerte de Tracy, Ford siguió esperando un milagro. La firme oposición de la esposa de Ford, materializada en la amenaza de acabar con él y quitarle a su hija, y sus escrúpulos católicos, se convirtieron en los obstáculos insalvables para el divorcio.

Ford seguía sin dar un paso adelante cuando Howard Hughes aterrizó con su avioneta en un campo de golf para seducir a Katharine. La actriz no se lo pensó dos veces e inició un romance con el millonario que también pasaría a la historia cuando Spencer Tracy apareció en su vida.

Katharine Hepburn no conocía personalmente a Tracy cuando ofreció a la MGM el guión de La mujer del año a condición de que el papel masculino fuese para él. Cuando por fin se encontraron por casualidad, Joe Mankiewicz fue el encargado de hacer las presentaciones. "Me parece, señor Tracy, que es usted demasiado bajito para mí", dijo la actriz. A lo que Mankiewicz respondió: "No te preocupes, Kate, Spencer te humillará hasta rebajarte a su altura". La afirmación tenía bastante de profética habida cuenta de la cantidad de incidentes desagradables que Katharine Hepburn tuvo que aguantarle a Tracy. Barbara Leaming cuenta que Katharine dormía a veces en el suelo a la puerta de la habitación del hotel de Tracy cuando éste tenía uno de sus delírium trémens, para estar segura de que no le ocurría nada.

Pero a pesar de sus desvelos constantes, de sus intentos de apartarle del alcohol y de abrirle algunas puertas que se le fueron cerrando en Hollywood, Tracy nunca quiso divorciarse de su esposa. Sus convicciones religiosas y el hecho de tener un hijo sordomudo que vivía con la madre pesaban en su conciencia. Ello no impidió que muriera en la cama que compartía con Katharine y que tuvieran una larga historia de amor en la que la actriz asumió la parte fuerte. Era la amante, pero también la enfermera, la agente y el apoyo incondicional. Años más tarde George Cukor contaría que Spencer Tracy le había confesado una fantasía que tuvo con la Hepburn antes de conocerla. Se imaginaba trabajando con ella en Dr. Jekyll y Mr. Hyde (que protagonizó junto a Ingrid Bergman y Lana Turner).

Quería que tuviera el papel de la novia virginal de Jekyll, pero también que fuese la prostituta a la que Hyde degrada y envilece. El episodio puede hacer pensar que la amargura de Tracy, sus problemas con el alcohol y sus batacazos profesionales se veían compensados al tener a su disposición -durmiendo en el pasillo- a la elegante WASP de Nueva Inglaterra, con la que nunca accedió a casarse.

Kate
Es bien sabido que que la relación sentimental y profesional entre Spencer Tracy y Katharine Hepburn se materializó en nueve títulos memorables: La mujer del año, La llama sagrada, Sin amor, Mar de hierba, El estado de la Unión, Su otra esposa, La costilla de Adán, Pat y Mike y Adivina quién viene esta noche. Esta última fue la definitiva, ya que Tracy murió 17 días después. Sus magistrales duelos interpretativos han quedado en la historia del cine como ejemplos de perfecta compenetración artística.

Hay que decir que la entrega a Tracy no llevó incorporada la autoanulación de Hepburn, como ocurre en otros casos de masoquismo manifiesto. Salvo algunas temporadas de menor actividad, Hepburn siguió haciendo cine y teatro y todavía se recuerda su discurso ante 30.000 personas en protesta por los abusos del Comité de Actividades Antiamericanas durante la caza de brujas del senador McCarthy. Se mantuvo al lado de Lauren Bacall y Humphrey Bogart, con quien coprotagonizaría La reina de África, dirigida por John Huston, otro de sus grandes amigos.

Tras una larguísima carrera y minada por un cáncer de piel y un penoso parkinson, Katharine Hepburn murió a los 96 años en Conneticut.

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