Las mejores películas de Katharine Hepburn

sábado, 29 de junio de 2013

Las mejores películas de Katharine Hepburn

Hoy se cumple el 10º aniversario de la muerte de una de las grandes, Katharine Hepburn, la noticia de su muerte no era esperada, y no porque la estrella no fuese lo suficientemente mayor sino porque se había convertido en el inmarchitable símbolo del Hollywood clásico, o en la omnipresente abuela del mundo, como se autodefinió ella misma, que seguía apareciendo en documentales sobre su vida y telefilms.



Representó en pantalla el arquetipo de mujer independiente y adelantada a su tiempo, un papel para el que no tuvo que fingir puesto que se acercaba mucho a su personalidad real. Katharine Hepburn, la sofisticada actriz encarnación de la elegancia e independencia, sigue siendo objeto de fascinación y culto, fue una actriz única, feminista, vital, expansiva y enigmática, llena de singularidades y gran deportista. Nadaba en pleno invierno en las aguas heladas del estrecho de Long Island, vivía rodeada de flores frescas y su bebida favorita era un vaso con hielo, un chorro de whisky y soda hasta el borde.

 Niña rica de la costa este, lo más parecido a una aristócrata estadounidense, si algo común destacan sus allegados es la energía constante que desprendía. Superó el suicidio de su amado hermano en su infancia y su carrera estuvo a punto de quemarse a finales de los 30 cuando le colgaron el sambenito de “veneno para la taquilla”. Pero resistió y triunfó.


Nadie tiene más premios Oscar que ella y sus películas atraviesan toda la historia del sonoro. El número incesantes de biografías centradas en su figura recuerda que fue una personalidad de múltiples aristas exponenciadas por la fotogenia del arte cinematográfico.

 Katharine Hepburn a través de ríos de tinta de periódicos y libros como la fiera indomable que ni siquiera Hollywood supo meter en vereda. Escupió a Joseph Mankiewicz porque no estaba de acuerdo con una escena y el propio John Ford, desesperado durante el rodaje de María Estuardo le entregó la batuta, harto. 

Este es el repaso por algunas de sus grandes e inolvidables películas:

Gloria de un día (1933)

En 1933 ganó su primer Oscar con este filme del director LoweIl Sherman en el que interpretaba a una ingenua y joven actriz que llega a Nueva York en busca de fama y romance.

La fiera de mi niña (1938)

Katharine Hepburn se atrevió a cantarle una nana a un leopardo con Cary Grant deambulando por escena en esta película de Howard Hawks. Una muchacha más que libre se enamora de un hombre que carece de esta condición; y del entramado de sus frenéticos y enrevesados días juntos surge irresistible una comedia sagaz.


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La fiera de mi niña es la historia de un trío: Katharine Hepburn, Cary Grant, y Baby, el leopardo que acompañaba a los dos personajes a lo largo de buena parte de esta alocada comedia que dirigió Howard Hawks con ese ritmo alocado que constituía su sello de marca. Cary Grant se negó desde el principio a rodar con el animal y, de hecho, en las escenas que su personaje compartía con él, le sustituyó un doble. Katharine Hepburn, en cambio, no mostró ningún reparo a la hora de trabajar con Baby, o mejor dicho con Nissa, que ese era el nombre real del felino. En una escena, incluso, le palmeaba la cabeza con toda naturalidad. Sin embargo, Nissa no siempre se mostró tan dócil: “En una escena me puse un vestido largo hasta la rodilla con pesos en el bajo de la falda cubiertos con piezas de metal, para que se balanceara graciosamente”, recordaba la actriz en sus memorias. “Pero me di una vuelta rápida y el leopardo me saltó a la espalda. Olga, la domadora, tuvo que darle un latigazo en la cabeza”.

La fiera de mi niña fue un fracaso rotundo y una de los argumentos que los distribuidores norteamericanos esgrimieron para calificar a la Hepburn como “veneno para la taquilla”. La actriz no tardó mucho tiempo en remontar. Si no lo hubiera logrado, quién sabe, tal vez podría haberse planteado un giro drástico en su carrera. Olga, la domadora, declaró al terminar el rodaje de La fiera de mi niña que Katharine Hepburn tenía capacidad suficiente como para convertirse en amaestradora de leopardos profesional.

Historias de Filadelfia (1940)

Primero en Broadway y luego llegó al cine en la versión de 1940, con Cary Grant y James Stewart. Hepburn interpretaba a Tracy Lord, una aristócrata de Nueva Inglaterra, bella y perfecta, demasiado quizá para dejarse querer. Aquel año perdió el Oscar frente a Joan Fontaine por Sospecha, de Hitchcock, que también protagonizaba Cary Grant.

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A finales de los años treinta la actriz había encadenado varios fracasos, hasta el punto de que una asociación de exhibidores independientes la catalogó públicamente como “veneno para la taquilla”. Katharine no se acobardó. Compró con el dinero de su amante, el millonario Howard Hughes, los derechos de una obra de teatro que aún estaba en fase de escritura y abandonó Hollywood. Durante un año llenó cada noche el teatro de Broadway en el que representaba Historias de Filadelfia, una función hecha para su lucimiento. Katharine ocultó que ella fuera la productora y la dueña de los derechos y esperó a que los magnates de Hollywood hicieran cola ante su puerta. Al final quien se llevó el gato al agua fue el todopoderoso Louis B. Mayer en una negociación en la que Kat trató de exigir condiciones. Solicitó que su buen amigo George Cukor fuera el director, y quiso también que contrataran a Spencer Tracy y Clark Gable, pero ninguno de los dos aceptó. Mayer le ofreció entonces a James Stewart y 150.000 dólares extras para gastarlos en cualquier otro actor. El elegido fue Cary Grant, que trabajó sólo tres semanas y que donó su sueldo a una asociación benéfica. 

En sus memorias Katharine Hepburn recordaba el rodaje con una magnífica experiencia: “Se hizo todo en las condiciones más lujosas: estupendos interiores, música, etc. El guion de Don Stewart mantuvo el humor y la calidad delirantes de la obra. Como siempre en las películas de George nos divertimos mucho haciéndola”.

Pero lo mejor llegó tras el estreno. Historias de Filadelfia fue un gran éxito y ganó dos Oscar: mejor guion y mejor actor para James Stewart. Por su parte, Katharine Hepburn, que también estaba nominada, se quedó a las puertas del premio, pero logró, si cabe, un premio aún mayor: volver por la puerta grande y consumar una venganza contra un Hollywood que le había dado la espalda.

La mujer del año (1942)

Kate interpretaba a una mujer independiente y con una exitosa vida profesional en un momento en el que las mujeres americanas empezaban trabajar fuera del hogar, y Katharine Hepburn se convirtió así en un modelo y casi en un símbolo. Sólo por eso La mujer del año merecería su hueco en la historia del cine, pero es que fue, además, la primera película en la que ella  y Spencer Tracy trabajaron juntos. Se conocieron y se enamoraron en la vida real al mismo tiempo que sus personajes se iban enamorando en la ficción. Corrían principios de los cuarenta y el protofeminismo que transmitía el filme se veía aún atemperado por muchas escenas y giros de guion que hoy calificaríamos de sospechosas de machismo. Y por mucho que Katharine Hepburn destacara en Hollywood por su independencia y personalidad, también ella tuvo que asumir que –todavía más en la realidad– la igualdad seguía teniendo límites. Hepburn y Tracy rodaron juntos nueve películas. 

En los títulos de crédito el nombre del actor figuraba siempre antes que el de ella. Una vez el productor Joe Mankiewicz preguntó a Tracy: “¿Qué me dices de aquello de ‘las mujeres y los niños primero’? Y Spencer Tracy respondió: “¡Diablos! Es una película, no un barco que se hunde!”

La costilla de Adán (1949)


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Al otro lado del piano de Spencer Tracy, su gran amor, Katharine Hepburn representa a una mujer libre que, en un instante sin vuelta atrás de su vida, entiende y decide que ha de ahondar aún más en la conquista de libertad.

La reina de África (1951)

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Con 44 años, en 1951, la actriz hizo uno de sus mejores largometrajes, La reina de Africa, de John Huston, con un divertido Humphrey Bogart. Una mujer entrada en años y todavía virgen, beata despótica, puritana inflexible y replegada sobre el conformismo de sus represiones íntimas escondidas, desciende un río embarcada en un frenético baño de vida y sortea sus turbulencias dejándose poco a poco, recodo a recodo, arrastrar por el suceso de vivir hasta desatarse.

Adivina quién viene esta noche (1967)


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Hepburn y Tracy mantuvieron una tormentosa relación, hasta la muerte del actor en 1967, unas semanas después de terminar Adivina quien viene esta noche, la última de las ocho películas que rodaron juntos. Spencer Tracy, alcohólico, nunca quiso divorciarse de su mujer.

En el estanque dorado (1981)

En 1981 salió de su semiretiro para interpretar junto a Henry Fonda, que moriría poco después, En el estanque dorado. Marcó prácticamente el fin de su fílmografía, salvo una breve aparición en 1994 en Un asunto de amor, un drama romántico protagonizado por Warren Beatty y Annette Bening.

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