"Joe and Marilyn"

martes, 5 de agosto de 2014

"Joe and Marilyn"

Marilyn & Joe
Joe DiMaggio, con su monumental timidez a cuestas y su escaso bagaje cultural, logró seducir a la rubia más célebre de todos los tiempos, la mujer a la que quiso conocer después de verla en una foto con un bate de béisbol en las manos. DiMaggio llamó a un amigo y éste le consiguió una cita con la rubia, con Marilyn Monroe, intrigada por conocer a un hombre que hasta entonces no había oído mencionar siquiera pese a ser la gran figura de los Yankees de Nueva York.



Es de suponer que el carácter promiscuo de la actriz ayudó a que la cita fraguara y que se vieran en el restaurante Villa Capri de Los Angeles, un encuentro en el que la química fue evidente. Corría el año 1952 y Monroe terminó por ceder después de dar vueltas en su coche por la ciudad durante tres horas con su nueva conquista, llevando finalmente a DiMaggio a su hotel.

El resto es historia, 274 días de un matrimonio marcado por las ansias del jugador de béisbol de convertir a Monroe en quien no era, una dedicada ama de casa que le preparase la comida y cuidase de una futura familia, lo que nunca llegó a suceder. También hubo celos y violencia física, abusos del deportista, que pegaba a su mujer cuando perdía los nervios.

Son las revelaciones principales de un libro sobre la pareja a cargo de C. David Heymann, Joe and Marilyn, que acaba de ver la luz y que recorre en detalle uno de los matrimonios más célebres de la cultura americana.

Heymann se refiere a las inseguridades de ambos cuando se conocieron, al hecho de no ser personas cultas en absoluto, pero coincidentes en la grandeza de sus figuras, una actriz legendaria como icono del Hollywood dorado y el jugador más importante de la historia del béisbol junto a Babe Ruth.

Por eso se entendieron, apasionados al comienzo de su relación como pocos, hasta el punto de que DiMaggio se arriesgó a que lo excomulgaran con tal de hacer realidad su sueño de casarse con Norma Jean. Estuvo a punto de que eso sucediera después de que no lograra que la Iglesia reconociera su divorcio de su primera mujer, Dorothy Arnold, mientras planeaba los detalles de la boda con Monroe.

"Prefiero ir de cabeza al infierno que renunciar a mi propio jardín del Edén", dijo el jugador de los Yankees al respecto. "Que me excomulguen si quieren". Monroe, por su parte, no quiso ser menos antes de la boda. "Lo que Joe es para mí es un hombre cuya apariencia física y su forma de ser me vuelven loca. Le quiero con todo mi corazón. Sabíamos que sería un matrimonio fácil".


Nada más lejos de la realidad. "Nunca, ni por un minuto llegué a pensar que ella y Joe DiMaggio durarían", declaró Jane Rusell, la mujer de la estrella del Los Angeles Rams de fútbol americano, Bob Waterfield, ambos buenos amigos de la pareja. "Estaban enamorados, mucho de hecho, pero no se entendían el uno al otro. Ambos venían de diferentes universos y eso fue la tragedia, por eso no pudieron seguir juntos. Estaba escrito en las estrellas".

Las diferencias entre ambos hicieron acto de presencia desde el principio de su matrimonio. Monroe no tenía problema en sacarle partido a sus curvas con desnudos para la revista Playboy o para el calendario de Golden Dreams, algo que DiMaggio no podía soportar.

Acusó a los estudios de Hollywood de ganar millones de dólares explotando el lado erótico de la actriz sin que ella recibiera lo que merecía. "¿No te das cuentan de que te están usando?", le argumentó entonces. "No eres más que un pedazo de carne para ellos".

Pero Monroe no quiso nunca abandonar la estela del cine y la clase de contactos que le proporcionaba. Muchos de ellos amantes como el director Elia Kazan, el músico de jazz, Mel Torme, o el actor griego Nico Minardo, con los que se entendió incluso estando con DiMaggio.

De toda esa lista, el nombre más destructivo para la relación fue el de Arthur Miller, el dramaturgo con el que Monroe tuvo un sonado romance mientras todavía estaba casada con el mito del béisbol. Después se convertiría en el tercer marido de la actriz en 1956.

Tampoco ayudaron los abusos verbales ni las agresiones físicas de Di Maggio. En una ocasión, entró en cólera por un vestido que llevaba Monroe para el concurso de Miss America en 1952, demasiado provocativo en su opinión. "Pareces una maldita puta", le dijo DiMaggio, que aún así lloró como un niño cuando su ex mujer se suicidó en 1962 con una sobredosis de barbitúricos.

"Un sonido salió de su cuerpo, algo inhumano, casi como el rugido de un león. Después, se inclinó hacia delante y empezó a sollozar", recuerda un amigo que estaba con él cuando se enteró de la noticia. Al fin y al cabo no era una mujer cualquiera. Era Marilyn.

Teléfono contra el maltrato: 016
Fuente: El Mundo

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