Los Oscar y los años dorados II

lunes, 23 de febrero de 2015

Los Oscar y los años dorados II

Siguiendo con el post anterior: Los Oscar y los años dorados I

Marzo 1945. Cualidades como la autenticidad y naturalidad hicieron de Ingrid Bergman la actriz más amada por la profesión. Encarnando a Paula en el melodrama Luz que agoniza la actriz ganó su primer Oscar y esa noche el Teatro Chino Grauman aplaudió el talento de la intérprete. La también nominada Barbara Stanwyck dijo 'No sentirse derrotada porque había ganado su actriz favorita'. Su amiga Jennifer Jones (con la que había llegado de la mano a la Ceremonia) comentó emocionada: 'Tu arte ha ganado nuestro voto y tu amabilidad ha ganado nuestros corazones'.

Ingrid Bergman

Marzo 1947. Haciendo honor a su Mildred Pierce, la desgraciada protagonista de Alma en Suplicicio, Joan Crawford decidió, con dos meses de antelación, que no acudiría a la ceremonia alegando "enfermedad". Todos los cronistas hablan de pánico escénico ante la sola idea de la derrota. Cuando aquella noche la Academia premió a Crawford el presidente de su club de fans, que esprintó hasta su casa con la estatuilla, se dió de bruces con un séquito de peluqueros y maquilladores, que habían acudido al reclamo de la diva con el único propósito de remozarla contrarreloj. Aquí, por fin, posa radiante con el codiciado trofeo en su lugar de convalecencia.

Joan Crawford

Marzo 1947. La conmovedora Los mejores años de nuestra vida hizo posible el caso único de Harold Russell, un mutilado de guerra que sin ser intérprete profesional conseguiría dos Oscar por un mismo papel, el de un excombatiente que, junto a sus camaradas, se esfuerza por recuperar la normalidad en su vida. Mejor actor secundario y Oscar Especial -concedido: "por traer esperanza y coraje a sus compañeros veteranos de guerra"- Russell posa emocionado con sus estatuillas, junto a él William Wyler también premiado.

Russell , junto a él William Wyler .

Marzo 1949. Acaudaló El tesoro de Sierra Madre tres galardones para la familia Huston: el de mejor dirección y guión adaptado para John; para Walter, padre del director, el de mejor actor de reparto. El progenitor recordaba en su discurso: 'Hace muchos años, cuando crié a mi hijo, le dije: si alguna vez escribes una película, intenta encontrar un buen personaje para este viejo hombre'. En 1985, una de las sagas familiares más exitosa de la historia de los premios aumentó su botín cuando Angelica Huston, dirigida por su padre, obtuvo el Oscar a la mejor secundaria por su papel en El Honor de los Prizzi.



Marzo 1950. Después del lógico período de sobriedad formal que impuso la guerra y en un esfuerzo por recobrar el brillo perdido, la Academia trasladó la ceremonia al aparatoso teatro RKO Pantages, en el centro de Los Angeles. Este edificio Art Déco sería el ostentoso marco que albergaría todo el glamour de Hollywood durante diez ediciones.



Marzo, 1951. 'Soy grande. Son las películas las que se han hecho pequeñas', desahogaba con arrogancia Norma Desmond en El crepúsculo de los dioses. El inolvidable despliegue interpretativo de la veterana Gloria Swanson, que bordaba el rol de vieja gloria del celuloide que no acepta el paso del tiempo, no resultó ser suficiente para arrebatarle aquel año el Oscar a una joven Judy Holliday, premiada como mejor actriz por Nacida ayer. Aquella noche Swanson al saberse perdedora susurró a la galardonada: 'Querida, ¿no podrías haber esperado hasta el próximo año?'. 

 Gloria Swanson, José Ferrer y Judy Holliday.

Marzo 1951. Una Marilyn Monroe a punto del estrellato mundial fue invitada ese año para presentar el Oscar al Mejor registro de sonido. En el último momento el infortunio quiso que su vestido se rompiese, e inconsolable se negó a salir al escenario. Por suerte, el equipo de costura arregló el desaguisado y así la concurrencia tuvo ocasión de escucharla anunciando al ganador, aunque, dicho sea de paso, pocos fueron los que prestaron atención al galardonado obnubilados por la aureola que, ya por entonces, despedía el mito erótico.

Marilyn Monroe

Febrero 1960. Rotunda se mostraba Shelley Winters después de ganar el Oscar a la mejor actriz secundaria por El diario de Ana Frank: 'Simone Signoret y yo hemos dado una oportunidad a todas las mujeres del mundo ¡Se acabaron las tallas 8!'. 

Edmon O'Brien felicita a Shelley Winters.


Abril 1961. Elizabeth Taylor, que, recién enviudada, estrenaba relación con un casado Eddie Fischer, no pasaba por su mejor racha de popularidad. Pero una grave neumonía, que obligó a la realización de una traqueotomía para salvarle la vida, la reconcilió de nuevo con un Hollywood que, ávido de materializar su renovado afecto, la premió con un -cuestionable- Oscar a la mejor actriz. Shirley MacLaine, que también optaba a la estatuilla dorada por El Apartamento, lamentó: 'Me ha ganado una traqueotomía'.

Elizabeth Taylor

Abril 1962. El papel de un jornalero errante en una fábula sobre la tolerancia titulada Los lirios del valle, le valió a Sidney Poitier el premio de la Academia a la mejor interpretación masculina, siendo el primer actor afroamericano en conseguirlo. En un clima de cierta tensión racial, Poitier, que sabía de su predicamento entre la comunidad negra, quería desmarcarse del tono reivindicativo que algunos habían dado a su nominación: 'Quiero ganar pensando que soy un buen actor y no estar pendiente si ocho millones de negros destrozarán la televisión si no salgo elegido'.

Sidney Poitier  con el premio de la Academia

Abril 1963. ¿Qué fue de Baby Jane? era favorita ese año con cinco nominaciones. La de mejor actriz pasó de largo para Joan Crawford, no así para Bette Davis, máxima candidata junto, a la postre vencedora, Anne Bancroft. La protagonista de El milagro de Ana Sullivan, que se encontraba ausente, delegó su discurso de agradecimiento en Crawford, que transformó la derrota de Davis en su propia victoria, pues conocido era por todos el odio enfermizo que se profesaban. Esa noche Crawford no dejó de pasear el Oscar "prestado" con el único fin de echar sal sobre la herida de su archienemiga. 

Crawford con G. Peck y P. Duke.

Abril 1971. A cinco días de la gala George C. Scott, nominado a mejor actor, renunciaba a su participación expeditivo: 'Los Oscar son dos horas de desfile de carne, una ostentación pública con trama de suspense por razones económicas'. Patton arrasó con siete estatuillas y, como no podía ser de otro modo, Scott se alzó con el premio a la mejor interpretación masculina. Goldie Hawn, que presentaba la nominación, exclamó: '¡Oh, Dios mío! el ganador es...George C. Scott' por Patton pero el actor, fiel a su palabra, no estaba allí para recogerlo sino en su granja de New York viendo un partido de hockey por televisión.

Goldie Hawn, que presentaba la nominación.


Marzo 1973. Quedó como un acto de extravagancia el que Marlon Brando, Oscar al mejor actor por su papel en El Padrino, enviase a una india nativa para rechazarlo en su nombre. Dijo la emisaria: 'Me llamo Sacheen Littlefeather. Soy apache y presidenta del Comité de los Indios Nativos Americanos. La razón de Brando para no aceptar este premio es el tratamiento que los indios reciben en las películas americanas'. A continuación, Clint Eastwood no pudo morderse la lengua -'No sé si presentar el Oscar o disculparme por todos los vaqueros que han aparecido en las películas de John Ford'.


Abril 1974. David Niven, el último gran caballero del Hollywood clásico, dio muestras de su exquisita flema británica siendo maestro de ceremonias durante aquella gala. Estaba a punto de dar paso a Elizabeth Taylor cuando irrumpió en el escenario un hombre, que corría sin dirección aparente, completamente desnudo. Niven, sin perder la compostura y dirigiéndose a la audiencia comentó: 'Señoras y señores, esto sólo puede suceder aquí. Aunque creo que la única risa que este hombre ha provocado es, probablemente, por el escaso tamaño de lo que mostraba'.

David Niven

Fuente: el Mundo



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