Los Oscar y los años dorados I

domingo, 22 de febrero de 2015

Los Oscar y los años dorados I

Con el Star-system, la industria cinematografica de EE.UU sacó del anonimato a sus trabajadores dándoles el lustre suficiente como para recibir la incondicionalidad automática de una sociedad ávida de identificación con aquellos personajes que luchaban, sufrían, amaban, o hacían reír, en el cine más cercano. Así, una vez creada la mitología, solo era cuestión de tiempo extenderlo fuera de las salas de proyección. La gran noche de los Oscar es, no solo la gala en la que la industria se homenajea a sí misma, sino el acontecimiento en el que, año tras año, prolongamos el mito. Una noche dorada cargada de destellos.


Mayo 1929. Janet Gaynor fue premiada con el galardón a la mejor actriz por El séptimo cielo, Amanecer y El Ángel de la calle. En esta ceremonia inaugural la triple nominación evidencia que las reglas aún no estaban del todo constituidas. En cualquier caso, si bien al recibir el dorado trofeo la estrella silente apenas atinó a pronunciar ante la concurrencia, aquel lacónico 'gracias' resultó ser el anticipo de su lanzamiento, ese mismo año y con gran éxito, al cine sonoro.

Janet Gaynor 

Noviembre 1930. La tercera ceremonia de los premios Oscar se celebró en la Sala de Fiestas del Hotel Ambassador, en Los Ángeles. Los miembros de la Academia pagaron diez dólares por cada reserva. Curiosamente, los invitados cenaron y luego se procedió a un baile, todo esto antes de repartir los premios.


Noviembre 1930. Aunque se suponía que los resultados de las votaciones eran secretas, Norma Shearer posó en varias revistas con un Oscar, dos días antes de la Ceremonia. El asunto hizo estallar a la megaestrella Joan Crawford: ¿Qué se puede esperar? ¡Ella se acuesta con el jefe! -refiriéndose al marido de Norma Shearer, el magnate Irving G. Thalberg, productor de la MGM-. El colmo llegó en otra ocasión, con la publicación, en su edición matinal, de la lista de vencedores en un conocido magacín de la época, horas antes de la entrega de premios.

Norma Shearer

Marzo 1934. Momento embarazoso el que protagonizó el veterano actor Will Rogers cuando anunció el Oscar a la mejor dirección: ¡Vamos Frank, sube a recogerlo!. Al punto Frank Capra se levantaba de su asiento y se dirigía al escenario cuando, horrorizado, se topó con la terrible escena. Rogers felicitaba a otro Frank. Concretamente a un Frank Lloyd exultante que triunfaba aquel año con Cabalgata. Años más tarde Capra confesaba en su autobiografía haberse sentido como un gusano al regresar a su sitio: 'Todos mis amigos en la mesa estaban llorando (...). Aquellos miserables votantes de la Academia; al infierno con sus piojosos premios'. 

Will Rogers y Frank Lloyd.
Febrero 1935. La estrella encargada de recuperar el ánimo de América durante la Gran Depresión fue una niña de seis años llamada Shirley Temple, a la que La Academia concedió una versión miniatura del Oscar Especial por su benéfica contribución a la industria del entretenimiento. Además aquella noche "el pequeño milagro" -tal y como la bautizó Franklin D. Roosevelt- entregaba el premio de interpretación femenina a Claudet Colbert, rescatada in extremis de la estación de Los Angeles, a punto de coger un tren para Nueva York. 

Shirley Temple y Irvin S. Cobb.

Marzo 1936. Bette Davis no pudo evitar el rencor al recoger el Oscar a mejor actriz en Peligrosa. 'Es un premio de consolación. Me lo merecía el año pasado' dijo la intérprete. De regreso a la mesa un paternal D.W. Griffith reprendió a la actriz: 'No sabes la suerte que tienes, jovencita. Estar aquí a tu edad, con dinero, fama y todas estas cosas'.



Febrero 1939. Walt Disney fue merecedor del Oscar Especial por su película de animación Blancanieves y los siete enanitos. Como guiño a todos los fans la Academia hizo fabricar siete oscars en miniatura que fueron entregados por Shirley Temple. En su discurso Walt dijo: 'Me siento tan orgulloso que estoy a punto de explotar', a lo que la pequeña Shirley respondió: 'Oh, por favor, no haga eso, Señor Disney'.


Disney y Shirley Temple

Febrero 1940. Cuando Hattie McDaniel se presentó a la prueba de selección de Lo que el viento se llevó con un auténtico uniforme de empleada doméstica, el papel difícilmente podía ser de otra... 'Hallelujah, es el momento más feliz de mi vida' dijo McDaniel, la inolvidable Mammy, al recoger el Oscar a la mejor actriz de reparto. Convertirse en la primera afroestadounidense en recibir un premio de la Academia no le evitó el reproche de la comunidad negra, por alimentar los estereotipos blancos sobre el hombre negro. Al respecto la actriz salió del paso con carácter: 'Prefiero actuar de sirvienta y ganar 700 dólares por semana que ser una sirvienta y ganar 7'. 

Fay Bainter entrega la estatuilla a Hattie McDaniel.

Febrero 1941. Empezó a convertirse en tradición que la prensa, faltando a su palabra, revelase antes de tiempo la identidad de los premiados. Por este motivo la Academia estableció la norma del sobre lacrado. Este ritual para mantener el suspense hasta el último momento conserva, setenta y tres años después, todo su encanto y eficacia. 

Walter Brennan.

Febrero 1942. La indiferencia con la que el opulento Hollywood vivía los períodos bélicos tenía fecha de caducidad: la del ataque japonés a Pearl Harbour. La sensibilización con la causa comenzó por gestos simbólicos, pero bien publicitados, así, durante cuatro años -los de la guerra- se estableció cierta austeridad en la gala: el banquete quedaba reducido a una cena, el baile a una leve aportación musical, se conminaba a las mujeres a vestir de una manera más sencilla y no lucir joyas. La guerra afectaría incluso a la naturaleza de la estatuilla que, debido a la escasez de metal, se fabricaría en yeso.



Febrero 1942. La mismísima Armada de los Estados Unidos tuvo que garantizar la seguridad durante la décimo cuarta edición de los premios. Se rumoreaba que aviones enemigos volaban hacia el hotel Biltmore para bombardearlo. James Stewart, ataviado con su uniforme de oficial de la Fuerza Aérea, entregó a Gary Cooper el Oscar al mejor actor por su interpretación de un héroe de guerra en El sargento York. El premiado confesaba al auditorio: 'Es el sargento York quien ha ganado este premio. Llevo en el negocio dieciséis años y a veces soñaba con cosas como éstas. Es gracioso, pero cuando soñaba siempre hacía un buen discurso'.

Gary Cooper gana el Oscar

Febrero 1942. Aquel año las hermanas Joan Fontaine y Olivia de Havilland eran candidatas a la mejor interpretación femenina. Como ya hemos recordado en otros post, había morbo, pues era conocida la tensión personal que existía entre ellas, así que lo normal es que acaparasen toda la atención allí donde coincidiesen. Gracias a su papel en Sospecha, Joan Fontaine se convirtió en una de las triunfadoras de la noche. Tras pronunciar su discurso, de regreso a la mesa, Olivia de Havilland cogió su mano dedicándole, apenas, una tenue sonrisa.

Joan Fontaine y Olivia de Havilland

Marzo 1943. En plena Guerra Mundial Hollywood se volcó con sus Fuerzas Armadas estilándose el uso de uniforme militar entre las caras más conocidas. Tanto la industria fílmica como el estamento militar, consciente de la poderosa influencia que el séptimo arte ejercía en su sociedad, se empeñó en la factura de documentales con fines propagandísticos, realizados por directores de la talla de Frank Capra o John Ford y producidos por el Departamento de Guerra norteamericano. En la imagen podemos ver a unos comprometidos Frank Capra y John Ford luciendo sus uniformes durante la Segunda Guerra Mundial.

Frank Capra y John Ford

Marzo 1944. El Oscar a mejor actriz principal por La canción de Bernadette trajo una fama instantánea a su protagonista Jennifer Jones que sorprendida tras ganar el premio comentó a la prensa: 'Ingrid Bergman tenía que haber ganado' a lo que Ingrid contestó: 'No, Jennifer, tu Bernadette es mejor que mi María'.

Jennifer Jones

Fuente: El Mundo

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