Falso culpable

miércoles, 9 de octubre de 2013

Falso culpable

Un hombre acusado de los crímenes de otro. Ese era uno los temas preferidos por Alfred Hitchcock para sus películas, y el germen de su filme Falso culpable. El guion está basado en un reportaje que el director leyó en 1952 en Life Magazine. Su protagonista es un hombre al que la policía detiene por un robo a mano armada a pesar de ser inocente, confundido con el atracador de una compañía de seguros -el falso culpable es un tema clásico en su filmografía. Tanto quiso respetar Hitchcock la historia real que rodó en las mismas calles donde habían ocurrido los hechos y contó con la interpretación de algunos de los testigos del robo.

Argumento: Manny es un músico de jazz que vive apaciblemente en Nueva York con su esposa Rose y sus dos hijos pequeños. En una aseguradora, una empleada lo confunde con un ladrón que había robado allí unos días antes y lo denuncia a la policía. Comienza entonces para él una angustiosa pesadilla: es detenido y acusado de una serie de hurtos perpetrados en el barrio. Lo terrible es que todos los testigos y las pruebas caligráficas corroboran su culpabilidad. Tras salir bajo fianza, intentará demostrar su inocencia. Mientras tanto, su esposa sufre una aguda crisis nerviosa y es internada en un psiquiátrico.





El maestro construye un título de carácter realista y emocional, enfatizado por la expresionista fotografía de Robert Burks, de tono casi documental e influencia kafkiana que emprende un opresivo y angustioso recorrido correccional por un individuo atrapado en los propios mecanismos defensores de una sociedad que le impide casi protegerse, a pesar de su inocencia.

La narración desde el punto subjetivo del inculpado es asombrosa, descriptiva, cercana, detallista, escrutadora; consiguiendo mediante la misma transferir la desazón del protagonista a quien está contemplando su proceder policial y judicial.

La película pierde cierta intensidad a la hora del metraje cuando se disgrega el asunto entre el conflicto justicia-individuo-en el que se advierte el pánico confeso que Hitchcock tenía a las fuerzas del orden- y el trastorno emocional y psicológico desatado en la figura de la esposa a consecuencia de su penosa situación personal y familiar, principalmente deudas económicas y sentimiento de culpabilidad (regreso de nuevo al tema culpa-inocencia).


Obsesionado por lograr la mayor autenticidad posible, todo fue minuciosamente reconstruido con la colaboración de los héroes del suceso y procuró rodar con actores desconocidos todas las escenas posibles. Visitaron la cárcel en la que el verdadero protagonista estuvo detenido y estudiaron las actividades cotidianas de los presos: cómo recogen la ropa de cama, arreglan sus prendas de vestir, analizando hasta el mínimo gesto. Luego metieron a Henry Fonda, que interpreta al falso culpable, en una celda vacía para que repitiese lo mismo que los prisioneros hacían. Parte de la historia se desarrolla en un hospital psiquiátrico, donde los doctores que atendieron a la esposa del acusado en la historia real se interpretan a sí mismos en la película atendiendo a la esposa del prisionero.

El afán de Hitchcock por ser fiel a la realidad causó ciertas debilidades en la construcción de la historia, según admitió el director. “Sentí demasiados deseos de permanecer cerca de la verdad y demasiado miedo para permitirme la libertad dramática necesaria” en un filme que se interroga sobre el anhelado equilibrio entre la ficción y el documental.

Aún así, las estupendas interpretaciones de Henry Fonda y Vera Miles y el inigualable talento fílmico desarrollado por Alfred Hitchcock hacen de este título un magistral ejemplo ilustrativo de la manera de rodar "cine del bueno".

Fuente: El criticón, Cine en B/N, TCM.

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