Las verdaderas estrellas de cine clásico

domingo, 14 de febrero de 2016

Historias de San Valentín: parejas de película II

Retomando el post del año pasado por estas fechas, Historias de San Valentín: parejas de película I. Deciamos que desde que en 1896, May Irwin y John Rice protagonizaran el primer beso cinematográfico de la historia en una cinta llamada The Widow Jones, pero la historia y esta anécdota le han puesto el sobrenombre de The Kiss, por el cine han pasado multitud de parejas y besos.

Ahora toca repasar otra tanda de parejas y besos de cine. En Gilda (1946), Rita Hayworth y Glenn Ford compartieron este bonito momento.


Unas largas Vacaciones en Roma (1953) fueron las "culpables" de este beso entre Audrey Hepburn y Gregory Peck.


Robert Cummings y Grace Kelly en Crimen perfecto (1954).


También en Atrapa a un ladrón (1955) Grace Kelly protagonizaba otro de los besos más recordados del cine. En esta ocasión junto a Cary Grant.

"Qué prefiere, ¿muslo o pechuga?”. Que una señorita de la buena sociedad de Filadelfia dispare a bocajarro preguntas como esta descoloca hasta al mismísimo Cary Grant. En este film, a pareja Kelly-Grant nos aleccionaban sobre los misterios del amor. 


Tony Curtis y Marilyn Monroe en una de las escenas de Con faldas y a lo loco (1959).


Marcello Mastroianni y Anita Ekberg no podían haber elegido mejor escenario para protagonizar una de las escenas inolvidables de La dolce vita (1960) que la Fontana di Trevi.


Elizabeth Taylor, convertida en Cleopatra (1963), en una escena de la película del mismo nombre junto a Richard Burton.


Otra protagonizada por Elizabeth, esta vez junto a Paul Newman, La gata sobre el tejado de zinc. La 'gata' Maggie luchando por su derecho al amor y a la felicidad frente a Brick, arrastrando su impotencia en pijama y muletas. 

"Tú no sabes lo que significa el amor. Para ti, es solo otra palabra de cuatro letras”.




A pesar de la censura, Mae West dejó algunas de las sentencias amorosas más memorables añadiéndole las necesarias dosis de cinismo a las cosas del corazón. No soy un ángel, (Wesley Rugless, 1933) junto a Cary Grant.

"No son los hombres de tu vida lo que cuenta, sino la vida que hay en tus hombres".




Historias de San Valentín: parejas de película I

Desde que en 1896, May Irwin y John Rice protagonizaran el primer beso cinematográfico de la historia en una cinta llamada The Widow Jones, pero la historia y esta anécdota le han puesto el sobrenombre de The Kiss, por el cine han pasado multitud de parejas y besos.



Rick & Ilsa (Casablanca)

Del gran clésico de Casablanca, varias escenas han quedado para la posteridad. Una, la del «Tócala otra vez, Sam», nunca existió. Al menos, no con esas palabras. Otra, tal vez la más famosa, es la última, en el aeropuerto. Rick e Ilsa se dicen adiós. Aunque ambos saben que siempre les «quedará París». Quizás la mejor pareja del cine de todos los tiempos. Rick Blaine & Ilsa Lund son una pareja que ha pasado a la historia por su romanticismo clásico, una de sus frases célebres es: "Bésame, bésame como si fuera la última vez", le dijo Ilsa. El mundo entero echó un suspiro.

Casablanca trata la historia  de Rick, el cínico propietario de un bar en Casablanca, Marruecos, y Elsa una hermosa mujer europea que trata de cruzar el Atlántico con la ayuda del examor de su vida. La historia de amor entre estos 2 personajes está llena de símbolos: la tragedia, la guerra, el poder y el sacrificio. Pero también está plagado de momentos inolvidables (As Time Goes By, la primera mirada que se otorgan, los flashbacks y esa escena del aeropuerto). Sin duda, uno de los romances que marcaron un antes y después en la historia del cine, y que muchas veces demuestra que la mayor prueba de amor, es aceptar que no están destinado a no estar juntos.




Reth & Scarlett (Lo que el viento se llevó)

En el corazón de este dramón de cuatro horas, que pulverizó récords de taquilla durante décadas, se encuentra el imperecedero romance entre Scarlett O'Hara y Reth Butler. Clark Gable y Vivien Leigh formaron una pareja eterna.

Este beso entre Vivien Leigh y Clarck Gable en Lo que el viento se llevo (1939), es uno de los más famosos de la historia del cine. La actriz, que contaba con 27 años, se llevó un Oscar por esta película. 

"No te preocupes por amarme. Eres una mujer que envía un soldado a la muerte con un hermoso recuerdo. Scarlett, bésame. Bésame, una vez".


Yuri & Lara (Doctor Zhivago)

Imposible olvidar la historia de amor entre Omar Sharif y Julie Christie en Docto Zhivago, una de las películas más sobresalientes en la filmografía de David Lean. En la gélida Rusia de la Revolución Bolchevique, prende la llama del amor entre ambos a lo largo de más de tres horas de metraje.


Alicia & Devlin (Encadenados)

Ingrid Bergman y Cary Grant, dos de las estrellas más importantes de la historia del cine, se besaban así de apasionadamente en la película de Encadenados (1946), dirigida por Alfred Hitchcock, que la convirtió en toda una obra maestra del género de espionaje. En la secuencia se dan pequeños besos para evitar la censura,  ya que un beso no podría durar más de 3 segundos.



Milton & Karen (De aquí a la eternidad)

Esta tórrida escena de Burt Lancaster y Deborah Kerr causó ampolla en 1953 y fue la explosión de la pasión adúltera que teje la trama de la película De aquí a la eternidad.




Lucy & Mitch (Escrito sobre el viento)

Lauren Bacall y Rock Hudson en Escrito sobre el viento, dirigida por Douglas Sirk en 1956. En ella se narra la relación del hijo de un rico magnate del petróleo con su mejor amigo (Hudson), que se torna tempestuosa cuando ambos se enamoran de la misma mujer (Bacall). Historia de amores, celos y pasiones desatadas, con escenas tan bonitas y famosas como este beso.



Holly & Paul (Desayuno con diamantes)

Este beso no podía quedar atrás. Y es que en el cine clásico hemos asistido a infinidad de besos apasionados, aunque todo hay que decirlo, poco naturales. Este incluso con el gato por medio, fue uno de los más románticos besos del cine. Bajo la lluvia y en plena calle, Holly Golightly y Paul Varjak sellan su amor, mientras suena de fondo la melodía de Moon River de Henry Mancini.

- Si tuvieras dinero, me casaría contigo al instante. ¿Harías lo mismo?
- Al instante.
- Por suerte ninguno de los dos es rico.

- Sí.





Fuente: ABC.es, Hoycinema, Cinepremier

lunes, 4 de enero de 2016

El universo de Billy Wilder

Wilder
El universo de Billy Wilder (Notorious Ediciones, 2015) libro con espíritu de enciclopedia, en el que 22 prestigiosos críticos desmenuzan y analizan hasta el detalle no solo su magnífica filmografía, sino también la compleja e irrepetible personalidad del genial cineasta que, en palabras de José Luis Garci, autor del prólogo y el epílogo, «vapuleó como nadie el llamado sueño americano». Nada queda fuera de este largo recorrido por la vida del autor de obras maestras como Perdición, El crepúsculo de los dioses, El gran carnaval, Sabrina, Ariane o El apartamento. Desde su primera etapa como guionista en Berlín, donde fue reclutado con 25 años por el principal estudio de cine de la República de Weimar y el Tercer Reich (UFA), hasta su última película como director, Aquí mi amigo (1981). Tras esta, ninguna compañía de seguros quiso volver a correr el riesgo, dada su avanzada edad, de cubrir un nuevo trabajo suyo.

En 455 páginas conocemos al Wilder de El azul del cielo (1932) que se ganó la libertad para desarrollar los giros emocionales de los personajes, sin salirse demasiado del corsé que los estudios establecieron en la época en la que el nacionalsocialismo comenzaba a asomar la cabeza. O al de Adorable (1933), que hizo que Hollywood se fijara en él por primera vez. Película tras película, este volumen analiza al hombre que, en enero de 1934, desembarcó en Nueva York huyendo del nazismo, con 27 años y unas cuantas ideas en la cabeza, y comenzó a abrir caminos que nadie se hubiera imaginado en el vasto y conservador imperio de Hollywood.

Muchas de esas ideas, recurrentes a lo largo de sus veinticinco películas, son parte fundamental de este «universo» de Wilder. Filias, fobias y obsesiones tan variadas que se analizan independientemente, porque dieron forma a muchas de sus obras. El alcoholismo en Días sin huella, creando el documento más demoledor del cine clásico sobre el descenso a los infiernos a causa de la bebida. El adulterio de Perdición o La tentación vive arriba, que le convierten en uno de los primeros cineastas en cuestionar la moral sexual de la población estadounidense. También esa doble vara de medir con la que trató el mundo femenino, convirtiendo a Marilyn Monroe en una mujer objeto, pero reivindicándose al mismo tiempo como uno de los primeros directores de Hollywood en reflejar los cambios sociales y culturales relacionados con la emancipación de la mujer en, por ejemplo, El apartamento. Y sus críticas mordaces al comunismo, pero también al capitalismo, al que plasmó en ocasiones como un cuento de hadas del estilo de vida americano.

Con ese espíritu provocador, el camino no fue fácil. Su relación con la censura no fue precisamente amistosa. Ya en 1934, no le concedieron permiso para rodar un remake de Curvas peligrosas. Un primer encontronazo al que le siguieron otros muchos. En 1940, condenaron la escena de dos soldados conversando en un cuarto de baño en Arise, My Love por desprender cierta pulsión homosexual. Más tarde vinieron las sospechas de que El mayor y la menor incitaban a la pedofilia. Después, criticaron la poco escrupulosa conducta del Ejército en la ocupación de la capital alemana en Berlín Occidente. Y suprimieron una relación sentimental entre dos hombres en ¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre?, por citar solo algunas.

Peajes todos ellos que tuvo que pagar el genial director de «ojillos de ratón», ganador de seis Oscar, por mostrar a personajes que osaban desafiar los códigos morales de su época o se empeñaban en desoir a su propia conciencia... si es que la tenían. O para crear, como escribe el mismo Garci, «algunas de las imágenes más poderosas de la historia del cine. Y todo ello, más mérito aún, habitando dentro del sistema».

Fuente: ABC.es