Las verdaderas estrellas de cine clásico

martes, 14 de agosto de 2018

Encuentran el desnudo de Marilyn Monroe en su última película

marilyn monroeSe daba por perdida. Se pensaba que había sido destruida en un cuarto de montaje con el resto del celuloide descartado. Y al final estaba en una lata dentro de un despacho cerrado. No era una leyenda: Marilyn Monroe rodó en 1961 una secuencia con desnudo para Vidas rebeldes (The Misfits), la película de John Huston que supuso la última aparición de la actriz en la gran pantalla, antes de morir, a los 36 años, el 5 de agosto de 1962.

De aquella secuencia existía testimonio gráfico, material de fotofija, en el que se veía a Monroe cubierta solo con una sábana ante Clark Gable en una cama. Los testigos aseguraban que la acción proseguía con ella dejando caer la tela. Ahora el escritor Charles Castillo, que ha estado investigando en la vida de la estrella para su libro Marilyn Monroe: The Private Life of a Public Icon (St. Martin’s Press), asegura haber encontrado esa secuencia, que Huston descartó porque pensó que era innecesaria para la historia. Castillo entrevistó a Curtice Taylor, hijo de Frank Taylor, el productor de Vidas rebeldes, fallecido en 1999, y él le dio acceso al despacho de su padre, que había permanecido clausurado desde su muerte. Según su vástago, Frank Taylor pensó que aquel material era lo suficientemente importante como para conservarlo. Castillo, en las entrevistas de promoción del libro que se pone a la venta mañana martes, ha comentado que Curtice Taylor no ha decidido qué hacer con el metraje encontrado. Si la secuencia se hubiera mantenido en el montaje definitivo, habría sido el primer desnudo de una estrella estadounidense en una película sonora de una major, los estudios de Hollywood.

Vidas rebeldes es, además, un western muy especial, empezando porque fue la última película que rodaron dos de sus protagonistas: Monroe y Clark Gable, que falleció 10 días después de acabar el rodaje de un infarto de miocardio. El drama, que describe la pugna de tres vaqueros por llamar la atención de una bella mujer, fue filmado en el desierto de Nevada y el rodaje se convirtió en una olla de sufrimiento burbujeante. Gable estaba gravemente enfermo; Monroe atravesaba una de sus legendarias etapas de autodestrucción, sumida en alcohol y medicamentos, mientras se hundía su matrimonio con el dramaturgo Arthur Miller, que había escrito el guion, y el otro actor principal, Montgomery Clift, malvivía enganchado a las drogas con las que intentaba apaciguar el dolor que nacía de su rostro, destrozado años antes en un accidente de tráfico. Tras Vidas rebeldes, Clift solo aparecería en tres películas más. Y sin embargo John Huston supo coger todo ese pesar y convertirlo en un canto a la melancolía, gracias a la mirada nueva de esa chica que viaja a Reno para divorciarse y acaba conociendo a un grupo de vaqueros, cazadores furtivos de caballos salvajes. De todo aquello levantó testimonio la agencia Magnum, que envió hasta nueve fotógrafos -entre ellos, Henri Cartier Bresson, Elliot Erwitt, Dennis Stock o Inge Morath, que acabaría casándose con Miller- para obtener unas 200 imágenes tan bellas como descorazonadoras.

Gable llegó a ver un primer montaje antes de morir: el actor, de 59 años, sabía que le quedaba poco tiempo, tras haber fumado cuatro paquetes diarios de cigarrillos los últimos treinta años de su vida. Según Miller, Gable salió de la proyección feliz de su trabajo, considerándolo el mejor de su vida. Y después de su muerte, Huston, Miller y Taylor intentaron adelantar la fecha de estreno, prevista para el 1 de febrero de 1961, en el que hubiera sido el 60º cumpleaños de Gable, para llegar a entrar en los Oscar. No lo lograron por problemas de doblaje de sonido y porque al compositor Alex North no le dio tiempo a finalizar la música: le enseñaron un montaje muy tarde.

El guion de Miller se basaba en un relato corto que el dramaturgo había escrito en Reno esperando los papeles de su primer divorcio para casarse con Monroe. Y aquel guion supuso el final de su segundo matrimonio. La última obra del escritor, Finishing the Picture (2004), describía aquel rodaje. Aquella película que tanto odió Monroe también traía funestos recuerdos a Montgomery Clift. Una noche de julio de 1966 la programaron en una cadena de televisión. Su secretario y amante, Lorenzo James, le preguntó si quería verla. Según James, el actor respondió: "De ningún modo". Y esas probablemente fueron sus últimas palabras. Al día siguiente apareció muerto.

Como le decía el personaje de Gable al de Monroe: "Cariño, todos nos iremos en algún momento, con razón o sin ella. Morir es tan natural como vivir. El hombre que tiene miedo a morir tiene miedo a vivir". De todos ellos queda el eco que ilumina la pantalla en Vidas rebeldes.


Fuente: El País

viernes, 29 de junio de 2018

15 años sin Katharine Hepburn

Foto: La actriz en los años 40. (Cordon)Cuando Katharine Hepburn se fue, un 29 de junio de 2003, pocos lo esperaban. Algunos pensaban que el icono feminista del Hollywood clásico ya había muerto a sus 96 años. Otros pensaban que la autoproclamada 'abuela del mundo' tenía que ser inmortal. La primera mujer que llevó pantalones en el cine mantuvo una relación de 25 años con Spencer Tracy o desafió las normas imperantes en un conservador Hollywood, nos dijo adiós hace ahora quince años. Y aunque la memoria colectiva se diluye con el tiempo, es de esperar que su carácter indómito y la aureola idealizada del cine clásico la hagan perdurar mucho tiempo más.

Con su aspecto de niña bien de la Costa Este norteamericana, pocos podrían imaginarla en la España de Franco que soñó con sus películas. Pero, en el verano de 1970, Hepburn se paseó por las calles de Atienza, un pequeño pueblo de Guadalajara. Allí se rodaban Las Troyanas, una adaptación de la obra clásica de Eurípides en la que la actriz ya exhibía su veteranía. Tenía 63 años y su posición de mito ya estaba garantizada.



Contaba la revista Vanity Fair que, en principio, la buena de Kate iba a alojarse en el hotel Eurobuilding de Madrid. Cansada de hacer el trayecto en coche día sí y día también, acabó alquilando la casa de un militar llamado Francisco Medina. El hombre, que residía en la capital de nuestro país, estaba encantado de poder prestar su casa a una leyenda viva del Hollywood dorado. También de contárselo a sus amigos.

Tal y como recordaban los vecinos para esa publicación, Kate no hizo demasiados amigos en un rodaje en el que compartía protagonismo con Irene Papas o Vanessa Redgrave. Vestida de manera informal y con sandalias, acompañada de un señor que la acompañaba con una sombrilla para evitarle los rigores del verano, Hepburn trataba de pasar desapercibida. Su tristeza y hermetismo podían tener su razón de ser. Dicen que por las calles manchegas todavía arrastraba la pena por la muerte de Spencer Tracy. El que fue su gran amor, su eterno compañero de profesión y de vida, casado con una mujer de la que nunca pudo divorciarse, había muerto tres años antes, poco después de rodar Adivina quién viene esta noche.

Kate ni siquiera pudo ver la película completa porque se ponía a llorar. Tal era su amor por el actor que durante gran parte de la década de los 60 se retiró para ayudarle a combatir su alcoholismo. Que una feminista por antonomasia como ella hiciera algo así era meritorio. También era normal que, durante aquellos días de rodaje en Guadalajara, Hepburn no hiciese la misma vida social que el resto de sus compañeros de reparto. Mientras otras actrices se relajaban en un bar del pueblo y descubrían los alrededores de la tierra castellana, ella se parapetaba bajo las cuatro paredes del chalé que había alquilado.

Los años pasaron y aquella visita se convirtió en leyenda para personas tan importantes de nuestra industria como el humorista, representante y cineasta Enrique Herreros, que no olvidó incluirla en su libro de memorias. No se sabe si el recuerdo de nuestra querida España fue importante o no en la memoria de una mujer que siempre hizo lo que quiso. Lo que está claro es que Las Troyanas no fue ningún éxito de taquilla. La película tampoco había visto la luz para serlo, ya que se trata de una exquisita adaptación de un clásico griego no apta para todo el mundo. Sí para perpetuar el mito de esta mujer que aseguró que el secreto del éxito es no dar siempre a los demás lo que quieren de ti.

Katharine Hepburn como Hécuba en 'Las Troyanas'. (Getty)
Como Hécuba en 'Las Troyanas'. (Getty)

En una entrevista con la periodista Barbara Walters, esta le habló de su 'manía' de llevar siempre pantalones y le preguntó si tenía alguna falda. Ella, sin pensarlo, le espetó: “Sí, señorita Walters. Tengo una. La llevaré a su funeral”. Una ácida respuesta que seguro que conocen algunos de los habitantes de Atienza y también muchos seguidores de Katharine Hepburn y su inteligencia. Con ella, el siglo XX murió un poco más. También toda una forma de entender el cine y la vida que jamás volverá.

Extraído de Vanitatis

lunes, 21 de mayo de 2018

Fallece Clint Walker

Clint Walker, era una de las últimas estrellas de Hollywood vivas, pero ha fallecido hoy a los 90 años sen el Norte de California, según ha informado The New York Times. El mítico intérprete destacó por sus papeles en varios western de éxito de los 50, 60 y 70, tanto en cine como en televisión.

Hace un cuarto de siglo que Clint Walker se asomó por última vez a la pequeña pantalla, en una entrega de Vacaciones en el mar. Pero los amantes del western de bajo presupuesto prefieren recordarle como Yellowstone' Kelly de Emboscada (Gordon Douglas, 1959). Era aquel un trampero del sur de Misuri, al que los sioux respetaban y dejaban operar en su territorio. 

No faltarán quienes prefieran recordar a Walker como el Samson Posey de Doce del patíbulo (Robert Aldrich, 1967), el gigante de aquellos condenados que con su misión suicida brindaron a la afición una de las más queridas hazañas bélicas. En efecto, Walker fue un actor entrañable. Muy querido por los niños de los años 60, que tuvieron en él a uno de esos tipos tan corpulentos como bonachones que constituyeron un pequeño arquetipo del cine de acción. 

Sin embargo, a Walker su gran personaje le fue dado por la televisión: el Cheyenne Body de Cheyenne. Este cowboy solitario, toda una trasposición del caballero andante al western, recién acabada la guerra de secesión estadounidense recorría el oeste haciendo valer la justicia entre los colonos y los forajidos, los indios y los pioneros.

El futuro actor nació en Illinois en 1927 y sus comienzos en la vida bien hubieran podido ser los de cualquiera de sus personajes. Tras abandonar la escuela con 16 años, pasó un tiempo enrolado en la marina mercante. Concluida la guerra se empleó en una petrolera de Texas y en una agencia de detectives californiana, entre otras ocupaciones, a cuál más dispar, antes de ganar un concurso convocado por la Warner.

Ya popular en la antena de su país merced a Cheyenne Body, llegó al cine para recrear al mismo personaje en The Travelllers (Richard L. Bare, 1957). Con Gordon Douglas trabajó por primera vez en Quince balas (1958). En aquella ocasión la chica fue, ni más ni menos, que Virginia Mayo. Celia Gray era el nombre de su personaje. Requien to Massacre (1960) fue otro western B debido al gran George Waggner. Al punto, de nuevo a las órdenes de Douglas, llegó El oro de los siete santos (1961).

De ahí que después de tanto western se hiciera raro encontrar al actor recreando al Bert de No me mandes flores (1964), una cinta de Norman Jewison al servicio de Doris Day y Rock Hudson, una de las parejas favoritas del público en la comedia romántica del momento.

Doce del patíbulo devolvió a Walker a donde solía. Eugenio Martín lo trajo a España para protagonizar -junto a Telly Savalas, Anne Francis y otras glorias del Hollywood pretérito ya en decadencia-, El desafío de Pancho Villa (1972). El resto, prácticamente, fueron esas apariciones televisivas por las que discurre el otoño de tantas viejas glorias de la gran pantalla. En el caso de Walker hay que dar noticia de sus apariciones estelares en series como Centennial (1978-1979).

Fuente: El Mundo, antena 3.