Las verdaderas estrellas de cine clásico
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miércoles, 1 de abril de 2020

100 aniversario del nacimiento de Toshiro Mifune

Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de Toshiro Mifune, actor japonés que mayor reconocimiento ha alcanzado en el mundo. Entre sus reconocimientos destacan dos premios al mejor actor en el Festival de Cine de Venecia por Yojimbo, en 1961, y por Barbarroja, en 1965. 



El actor japonés más célebre de la historia no nació en Japón sino en China. De hecho, no estuvo en Japón hasta que fue reclutado por el Ejército. Toshiro Mifune nació el 1 de abril de 1920 en Tsingtao (hoy Qingdao, en Shandong), ciudad de la Manchuria china por entonces bajo control nipon. Creció en una colonia japonesa metodista en la que su padre trabajaba como fotógrafo retratista.

Por influjo de su padre, desde adolescente Mifune mostró interés por la fotografía, actividad que le sirvió durante la Segunda Guerra, ya que fue destinado a labores de reconocimiento aéreo. Al terminar el conflicto entró en contacto con el cine como asistente de cámara.  Sin que él lo supiera, un amigo mandó una fotografía suya a un casting de actores y resultó seleccionado. Debutó en 1947 con un pequeño papel en una comedia y al año siguiente conoció al director Akira Kurosawa, con quien realizaría 16 películas magistrales.  

Mifune empezó a ganar notoriedad en 1948 por su papel de gánster en El ángel ebrio, de Kurosawa. Con personajes de carácter duro y despiadado, aunque no carentes de humor, conquistó al público en cintas como Rashomon (1950) y Los siete samuráis (1954). Ambas dirigidas por Kurosawa se volverían clásicas del cine mundial. 

Kurosawa, primer director japonés en adquirir notoriedad en Occidente, encontró en el actor una materia prima de primera calidad para crear obras maestras. A pesar de sus éxitos, la relación entre ambos no era idílica. Así, el crítico James Quandt refiere que “su colaboración se fundaba en una negociación volátil entre el director autocrático —aristocrático en su porte, imperioso y autoritario— y su actor principal mercurial, que mostraba humildad, necesidad ingeniosa y, tal vez, lo contrario, una cierta vehemencia”.  De acuerdo con John Farr, estaban hechos el uno para el otro: “Raramente, si no es que nunca, una colaboración entre un artista y su inspiración dieron como resultado un tesoro cinematográfico tan rico”. 

Este rico tesoro incluye también adaptaciones de Kurosawa a obras literarias occidentales, como El idiota de Dostoievski, que se convertiría en Hakuchi (1951); Macbeth de Shakespeare, transformada en Trono de sangre (1957), y la obra de teatro de Máximo Gorki Los bajos fondos, rebautizada como Donzoko (1957). Su última colaboración sería en Barbarroja (1965).  


Toshiro Mifune
Gracias a su éxito con las cintas de Kurosawa adquirió estatus internacional, lo que lo llevó a filmar cintas como Infierno en el Pacífico (1969), ¡Tora! ¡Tora! ¡Tora! (1969), El sol rojo (1971) y La batalla de Midway (1976).  Además, participó en películas mexicanas, llegando a estar nominado al Oscar y al Globo de Oro por Ánimas Trujano, de Ismael Rodríguez, donde hace el papel de un oaxaqueño irresponsable que busca convertirse en mayordomo de su pueblo. 

El crítico de cine Rafael Aviña escribe que “en uno de esos extraños casos de la historia fílmica”, en Ánimas Trujano Mifune fue uno los mejores actores del cine nacional. Interpretó magistralmente a un terco, borracho y pendenciero indígena zapoteco”. 


Fuente: milenio.com,

miércoles, 17 de octubre de 2018

Centenario del nacimiento de Rita Hayworth

Nació el 18 de octubre de 1918, en el seno de una familia de emigrantes

Bien saben los agentes de los artistas que detrás de un buen nombre radica buena parte del éxito. Así lo vio Edward Judson, un vividor con contactos en la industria cinematográfica con el que Rita se casó cuando solo tenía 19 años con la intención de escapar de los abusos a los que la sometía su padre desde la niñez (se la llevaba de gira y la presentaba como su mujer). Hasta entonces Rita había sido Margarita Carmen Cansino. Una niña que había nacido el 18 de octubre de 1918 en Nueva York en el seno de una familia de bailarines. Su padre (Eduardo Cansino) había nacido en la localidad sevillana de Paradas y su madre (Volga Margaret Hayworth) tenía orígenes irlandeses e ingleses.

No era pelirroja y se sometió a depilación eléctrica para apartar el pelo de su frente

Rita no era pelirroja natural. Su primer marido, Edward Judson, no solo le cambió el nombre; también su apariencia, convirtiéndola en la mujer más deseada de Hollywood. Su melena negra tornó a pelirrojo fuerte, su cuerpo se sometió a estrictas dietas de adelgazamiento y soportó dolorosas sesiones de depilación eléctrica definitiva para retirar de su frente el pelo, exagerando lo que se conoce como 'pico de viuda'; permitiendo así intensificar aún más su mirada y restar sus rasgos latinos.

Nació el 18 de octubre de 1918, en el seno de una familia de emigrantes

Nunca pudo cantar en sus películas

Aunque era una gran bailarina, y se preparó durante años para mejorar como cantante, nunca le permitieron desarrollar ese don en sus películas; algo que siempre le causó un gran dolor. En Gilda, la película con la que se convirtió en el incuestionable mito sexual de la época, las canciones fueron interpretadas por la canadiense Anita Ellis. Eso sí, nunca antes una mujer se había quitado un guante de forma más sexy. ¿Quién le iba a reprochar el playback?


Cinco maridos y muy poco amor

«Todos los hombres que conozco se acuestan con Gilda, pero se levantan conmigo» dijo durante su matrimonio con Orson Welles, tal vez el amor de su vida pese a los engaños por parte del actor y director estadounidense, que llegó a confesar que la Hayworth le aburría. Tal vez por ello le cortó el pelo, la tiñó de rubio platino y la convirtió en la mala malísima de La dama de Shanghái. Antes de finalizar el rodaje la pareja ya se había roto. Ni siquiera la transformación que sufrió Rita sirvió para ganarse al público, que dejó pasar el film sin mucho entusiasmo. La actriz se casó otras cuatro veces, pero no consiguió ser feliz con ninguno: con Edward Judson a los 18 años, con el príncipe irání Alí Khan, con el cantante y actor Dick Haymes y con el director James Hill. Tuvo dos hijas Rebeca, con Orson Welles, y Yasmine con Khan.

Se casó con un príncipe antes que Grace Kelly

En un viaje al Líbano conoció al príncipe Ali Khan, que se convirtió en su tercer marido el 27 de mayo de 1949. La boda se celebró en Cannes y contó con 500 invitados, que degustaron 50 libras de caviar y 600 botellas de champagne junto a una piscina llena con agua de colonia. Antes que Grace Kelly, Rita Hayworth se había convertido en la primera actriz de Hollywood en entrar a formar parte de una familia real. De aquel matrimonio, y siete meses después de la boda, nacería Yasmine, la única hija del príncipe. El matrimonio terminó dos años después a consecuencia (una vez más) de las infidelidades de Khan.

Nunca fue una mujer fatal.

Su imagen de mujer fatal, de sex-symbol, nunca fue acorde con la realidad. Fuera del plató era una mujer reservada y tímida. Al inicio de su carrera, lloraba cada vez que tenía que hablar delante de la cámara. Su falta de cultura (a su padre, la educación de su hija le parecía una pérdida de tiempo) le causó siempre una gran inseguridad. Sufrió malos tratos y abusos sexuales por parte de su padre, y varios de sus maridos repitieron en múltiples ocasiones la sonora bofetada que recibió en Gilda por parte de Glenn Ford.

Los Oscar no la nominaron ni una vez

Los Oscar no la nominaron ni una vez

A pesar de actuar en 21 películas y de ocupar el puesto 19 en la lista del American Film Institute de las grandes estrellas del Séptimo Arte, nunca fue nominada al Oscar. Además de Gilda, que la convirtió en la mujer más deseada de la época (la película fue considerada en España «gravemente peligrosa» por la escena del guante), cosechó grandes éxitos con otros films como Solo los ángeles tienen alas (1939, Howard Haws), Sangre y arena (1941, con Tyrone Power y Linda Darnell), las comedias musicales Desde aquel beso (1941) y Bailando nace el amor (1942), ambas con Fred Astaire; y Las modelos (1944), con Gene Kelly y Philp Silvers.

Falleció a los a los 68 años a causa de la enfermedad de Alzheimer

Rita Hayworth comenzó a sufrir un alzhéimer prematuro a los 50 años. Los pequeños despistes y olvidos de guion se confundieron, por un error en el diagnóstico médico, con el alcoholismo. Veinte años más tarde falleció de este mal, medio arruinada y bajo los cuidados de su hija Yasmine, que no se separó de ella hasta su muerte. Está enterrada en el cementerio de Holy Cross, en California, y portaron su féretro los actores Ricardo Montalbán, Glenn Ford, Don Ameche y el coreógrafo Hermes Pan. Con ella falleció uno de los principales iconos de la época dorada de Hollywood, una mujer sin igual que nunca deseó ser un mito erótico, que nunca quiso ser Gilda.

Falleció a los a los 68 años a causa de la enfermedad de Alzheimer

viernes, 9 de diciembre de 2016

Centenario de Kirk Douglas

Dice Kirk Douglas que si le hubieran ofrecido el guión de su propia vida, "lo habría rechazado". Y, sin embargo, a punto de cumplir un siglo, su biografía tiene todos los mimbres para convertirse en una superproducción de Hollywood. Hijo de emigrantes rusos, crecido en la miseria de un gueto judío en Nueva York, Issur Danielovitch Demsky, su auténtico nombre, ha llegado a convertirse en la encarnación del sueño americano, la imagen de la dignidad gracias a filmes como Espartaco y el decano de las estrellas de cine gracias a una resistencia que incluiría, al menos, media docena de momentos épicos. 



Y es que Douglas y su icónico hoyuelo han sobrevivido a más de lo que la mayoría de los mortales podría aguantar: la Gran Depresión, la II Guerra Mundial, accidentes espectaculares, un infarto cerebral, operaciones quirúrgicas e incluso la muerte de un hijo... Quizás por eso cuando cumplió 90 años, él mismo comentó que llegar a esa edad "no era algo sólo especial, sino milagroso".

Efectivamente, haciendo un repaso por su existencia, algo de milagro tiene que el próximo viernes 9 sople un centenar de velas. Comencemos por el infierno de la II Guerra Mundial. Con apenas 23 años, cuando ya empezaba a despuntar en Broadway, decidió alistarse en el ejército para luchar contra los nazis. Primero sirvió como guardamarina en un puesto de comunicaciones de la Marina y más tarde como oficial de artillería. Antes de acabar la contienda, una disentería crónica y fuertes dolores abdominales hicieron que los médicos le enviaran a casa.

Décadas más tarde, en 1958, Douglas volvería a estar cerca de la muerte cuando el productor Michael Todd, marido de Liz Taylor, le ofreció irse con él en su avión privado para ver al presidente Truman, su ídolo. "Mi mujer me dijo que tenía un mal presentimiento y acabamos discutiendo. Íbamos en el coche sin hablarnos porque yo había perdido el vuelo, cuando escuchamos en la radio que el avión se había estrellado. Todos murieron", contaría a People.

Como en la trama de Destino Final, en 1991 otro accidente aéreo le aguardaba. El helicóptero en el que viajaba junto a tres personas más chocó en el aire con un aeroplano de acrobacias. Murieron dos personas mientras él, pasados los 70 años, salió casi ileso.

Un lustro después sufrió un infarto cerebral que le paralizó media cara. Los médicos avisaron a su familia de que quizás no podría volver a hablar y, sin embargo, tras unos meses en los que reconoció haber caído en la depresión, pudo dar un corto discurso para aceptar su Oscar honorífico (es el único que tiene, ya que las tres veces que fue nominado perdió la estatuilla). 

Volvería a demostrar a los médicos su fuerza en 2005, cuando se sometió a una doble operación de rodilla para poder andar por sí mismo. Le advirtieron de que con su edad quizás no saliese de la mesa de operaciones... y ahí sigue recorriendo alfombras rojas con su bastón. Eso sí, para no jugar demasiado con su suerte confiesa que dejó de fumar dos cajetillas de cigarros diarias para evitar el cáncer de pulmón que acabó con la vida de su padre, a los 72 años.

Pese a todos estos golpes, ningún derechazo le hizo tambalearse tanto como la muerte de su hijo Eric, también actor y destacado cómico, por una sobredosis en 2005. En su funeral en el cementerio Westwood de Los Angeles, el mismo donde descansan Marilyn Monroe o Natalie Wood, uno de los hombres más duros del cine derramó un llanto sincero y desconsolado. "Nunca te recuperas de algo así".

Sin embargo, ahí sigue, resistiendo y agarrándose a la vida. Tras las últimas muertes de Mickey Rooney, Eli Wallach, Maureen O'Hara y de su buena amiga Lauren Bacall, a quien le debe media carrera ya que fue ella quien le recomendó al productor Hal Wallis para su primera película, El extraño amor de Martha Ivers, se ha convertido junto a Olivia de Havilland, otra centenaria, y Angela Lansbury en una de las pocas personas que pueden hablar de primera mano sobre el Hollywood dorado.

La lista de directores con los que ha trabajado desprende el aroma de la leyenda: Wilder, Wyler, Mankiewicz, Hawks, Curtiz, Minelli, Kazan, Kubrick... y, si hacemos caso a los rumores, también la de sus amantes: Lana Turner, Pier Agnelli, Linda Darnell -según él la estrella más guapa y desaprovechada-, Patricia Neal, Gene Tierney... Con Bacall tuvo un par de citas cuando ambos eran estudiantes de arte dramático en Nueva York y a ella aún la llamaban Betty. Su posible suegra veía con buenos ojos la unión porque Douglas era un buen chico judío, pero la rubia estaba destinada a Boogie.

Aún así Douglas tuvo a su chica de portada. En 1943, se casó con Diana Dill, una modelo aspirante a actriz a la que había visto en la cubierta de Life. Aunque su padre era coronel en Las Bermudas, la joven no logró poner firme al protagonista de clasicazos como Cautivos del mal, del que se separaría 8 años más tarde harta de sus infidelidades. Ella es la madre de sus hijos mayores, Joel y el perpetuador de su leyenda, el actor y productor Michael Douglas. 

Sólo cuatro años después, en el rodaje en París del drama romántico Acto de amor, de Anatole Litvak, Douglas le echó el ojo a la mujer que, seis décadas después, sigue a su lado: Anne Buydens. De origen alemán, ella ha sido su mejor bastón en sus últimos años. Ambos se casaron en un Casino de Las Vegas, es decir, con urgencia, y han tenido dos hijos: Peter y el fallecido Eric. Hace un par de años, Douglas resumía así su historia de amor con su esposa para Closer: "Nunca he pensado que nuestro matrimonio fuera único. Simplemente, me enamoré de una chica y 60 años después, sigo queriéndola".

Dicho lo cual, eso no significa que el hombre que interpretó a Van Gogh en El loco del pelo rojo se cortara la coleta, que no la oreja, con aquel enlace. En sus memorias Let's face it: 90 years of living, loving, and learning, escritas cuando cumplió 90 años, Douglas narró con franqueza algunos de sus affairs sexuales extramatrimoniales. Además de revelar que perdió la virginidad con una profesora a los 15 años ("para los estándares de hoy, ella hubiera ido a la cárcel, pero no creo que hiciera nada malo, ¿no?"), el actor contó su tórrida historia con una azafata de altos vuelos "alta y rubia" a la que le gustaba la disciplina en la cama. Cuando ella gritaba "soy nazi", era la señal para que le diese un azote.

Estar casado no fue un obstáculo para estos deslices, ya que, según dijo a Closer, "las mujeres europeas tienen una tolerancia diferente para estas cosas". Parece que Michael Douglas, quien se confesó adicto al sexo mientras estuvo casado con Diandra, su primera mujer, tuvo la mejor escuela en casa... y no sólo interpretativa.

La relación de Kirk con el más famoso de sus vástagos ha sido compleja. Después de su divorcio, el compañero habitual de Burt Lancaster (rodaron siete películas juntos) tan sólo veía a Michael y Joel en sus vacaciones, cuando éstos acudían a los sets a visitarle. Pero Kirk sólo quería a sus hijos en los rodajes de visita. Pensaba que una industria tan cruel como la del cine no era buen lugar para sus descendientes... y, sin embargo, acabó accediendo a los deseos de Michael de seguir sus pasos e incluso brindó a su hijo su debut en el cine con La sombra de un gigante, una película coprotagonizada con John Wayne.

Decidió salirse del estereotipo de divo aterrado por dejar de ser una estrella y ser eclipsado como "el padre de" y lo apoyó, a veces, hasta el exceso. Por ejemplo, cuando Michael fue despedido de la obra de teatro Summer tree, de Ron Cowen, Kirk compró los derechos del libreto para que él protagonizase la película. Michael no pudo devolverle el favor con Alguien voló sobre el nido del cuco, su padre la había interpretado sobre las tablas, pero cuando produjo la película, éste ya era mayor para el papel.


Pese a estos detalles, descender de una estrella fue difícil para el marido de Catherine Zeta-Jones. "La gente cree que siendo la segunda generación es sencillo triunfar, se supone que es lo que se espera de ti. Pero mira cuánta frustración, fracaso y autodestrucción hay en la segunda generación de actores", diría el protagonista de La guerra de los Rose. Kirk lo resumió de otra manera: "Mis hijos nunca han tenido la ventaja que yo tuve. Nací pobre".

Una miseria que aún le pesa al hombre que tituló sus primeras memorias El hijo del trapero. Aunque haya llegado a cobrar 50.000 dólares únicamente por pronunciar la palabra "café" en un anuncio japonés, Kirk Douglas, un siglo después, sigue haciendo gala de fuertes convicciones éticas (él fue el primer actor en burlar el veto del Macarthismo) y de su compromiso con las causas benéficas. Quizás por eso no tendrá un regalo de cumpleaños a su altura... El día de su centenario pretendía celebrar la derrota de Trump. "Sus valores no son por los que yo luché en la II Guerra Mundial. Dicen que cuando cumples años tienes que pedir un deseo en silencio. Esta vez, lo voy a hacer en alto. Me gustaría soplar las velas pensando que los días felices han vuelto". Y, pese a todo, seguro que él seguirá resistiendo.


Fuente: El Mundo

lunes, 5 de diciembre de 2016

Eterno Espartaco

Kirk Douglas
"No quiero ser un don nadie toda la vida. Quiero que la gente me llame Señor". Kirk Douglas, en la piel del boxeador Midge, escupe la frase en El ídolo de barro (1949). No es tanto hipérbole, que también, como simple dolor. Años antes de que Scorsese canonizara la imagen del púgil hundido por el peso de su propia sangre, Mark Robson entregó al actor de Amsterdam (Nueva York) un papel con el aspecto de una cicatriz. Pocas veces una frase sonó en la pantalla de forma más cruda, más real, más enferma. Con la rabia que sólo da una biografía a la altura.

Les supongo informados, el próximo viernes el hombre nacido como Issur Danielovitch con un taladro en el mentón cumplirá 100 años, un siglo perfecto desde la pobreza más absoluta hasta la perfección del tótem. Hay tantos Kirk Douglas como espectadores han soñado con él, se han enamorado de él y, sobre todo, han sufrido con él. Porque básicamente su filmografía se alimenta de la desesperación. Como su propia vida. Se trata del último testigo de un tiempo extraño donde los ídolos no eran ya seres perfectos sino todo lo contrario; estrellas demediadas y marcadas por un pasado de ira y barro. Al lado de él, Montgomery Clift, Burt Lancaster, Richard Widmark, Glenn Ford y, apurando, hasta Marlon Brando. Todos, unos tipos tan rocosos por fuera como frágiles por dentro. Todos, hijos de un tiempo que se despertaba de la Segunda Guerra Mundial a una nueva era de incertidumbre. Todos ya muertos. Menos él, el Señor Douglas. El último hombre en pie.

Repasar su biografía, en parte, no es más que un ejercicio pautado de contabilidad. Por cada golpe, una herida. Por cada sueño, una pedrada. Su familia, de sobra conocido y repetido, era pobre, de los pobres solemnes. Su primera autobiografía (vendrán más y cada vez un poquito más tramposas, todo sea dicho) lo dejaba claro desde el título: El hijo de un trapero. Allí contaba cómo su familia judía en un barrio antisemita, como casi todos, vio en la inteligencia despierta del chaval la única posibilidad de huida. Porque, en efecto, Douglas nació con una sola idea: huir. La escuela rabínica parecía su destino natural. Pero... "Quería ser actor", dice, "...mi madre me hizo un delantal negro e interpreté a un zapatero en una obra del colegio. Mi padre, que jamás se interesó por mí, me vio desde bambalinas sin que yo lo supiera. Tras la obra me dio mi único Oscar: un helado".

Digamos que ése sería su primer golpe desde la lona, desde un lugar más profundo quizá que simplemente las tripas. Vendrían más que le harán más duro. "Mi motor siempre ha sido la furia", dijo en una ocasión. Y lo que vale para la vida vale para el cine. Repasar la parte más brillante de su filmografía, la que va desde mediados de los 40 a los 60, no es otra cosa que un paseo por los cristales rotos de unos personajes fundamentalmente violentos e íntimamente idénticos al propio Kirk. Siempre sangrando.

Cuando, tras su primer secundario al lado de Barbara Stanwyck en El extraño amor de Martha Ivers, el poderoso productor Hal Wallis (el hombre de Casablanca) le propusiera un contrato por siete películas, él lo rechazó. Pero no lo hizo con un simple "no". "Me amenazó con dejarme a un lado. ¡Que te den por culo! Me arranqué la lanza del costado", recuerda en Yo soy Espartaco. Digamos que éste podría contar como su segundo y siempre desesperado uppercut. Desde más abajo incluso de la lona.


Su convencimiento, o simple chulería, como se quiera, le hizo vagar los siguientes tres años en calidad de segundón, que no secundario, por producciones, eso sí, tan notables como Retorno al pasado o Carta a tres esposas. "Tony [Curtis] contó una vez a un periodista que yo era como una pantera con una lanza clavada en el costado, con los músculos tensos, acechando el plató. En aquellos tiempos era cierto", escribe. Y así hasta llegar a su siguiente, y van tres, gran golpe. Éste el más espectacular de todos ellos.

En 1949 llegó la que parecía su gran oportunidad para establecerse definitivamente como uno más entre el gran pelotón de actores que pululaban por Hollywood. Junto a Gregory Peck y Ava Gardner, la Metro le ofrecía, a cambio de mucho dinero y tranquilidad para siempre, trabajar en El gran pecador. Y, de nuevo, el Douglas rebelde se hizo notar. Rehusó la oferta a cambio de protagonizar una película de bajo presupuesto a las órdenes de Mark Robson. El ídolo de barro, de ella se trata, le valió su primera de las tres nominaciones al Oscar.

El músico, a imagen de Bix Beiderbecke, enamorado y, por ello condenado, de la mujer a la que da vida Lauren Bacall en El trompetista (Michael Curtiz, 1950); el reportero sensacionalista de El gran carnaval (Billy Wilder, 1951) -el más brutal retrato del periodismo y la sociedad americana del que nadie ha sido capaz-; el policía corrupto en Brigada 21 (William Wyler, 1951); el productor de cine desaprensivo y voraz en Cautivos del mal (Vincente Minnelli, 1952) -la más descarnada radiografía de la mentira de Hollywood- o la tumultuosa encarnación del sufrimiento en la piel de Van Gogh en El loco del pelo rojo (V. Minnelli, 1956) son sólo los más destacados ejemplos de una carrera en la que cada personaje bebe de la agonía del actor.

Y así hasta llegar el año (1955, para ser precisos) en el que Kirk Douglas toma definitivamente las riendas de su carrera y de su vida. Sin duda, el K.O. técnico a su destino que siempre buscó. Es entonces cuando funda su propia productora, Bryna Productions, que toma el nombre de su madre. No es el primer actor que se atrevía. Ya antes, su gran amigo Burt Lancaster hizo otro tanto. Era el momento. El poder omnímodo de las grandes productoras se resquebrajaba merced a la sentencia antitrust contra la Paramount en 1947. Además, a las estrellas les salía más rentable comprometerse con las producciones y pagar el 52% antes que el 75% o el 92% de sus ingresos si no lo hacían. Si a todo ello le sumamos la competencia de la televisión como nuevo patrón oro del entretenimiento o las cada vez más claudicantes leyes de censura o la competencia de las producciones europeas, el resultado es que el futuro parecía diseñado para gente tan herida e iracunda como Douglas.

Entre 1955 y 1986, Bryna produjo 18 películas. Entre ellas, algunos de los títulos que forjarían la leyenda del hombre que en unos días será ya superhombre. Para siempre. Pacto de honor (André de Toth, 1955) fue la primera película pensada, producida y protagonizada por Douglas. Luego, entre otras, vendrían Senderos de gloria (Stanley Kubrick, 1957), Los vikingos (Richard Fleischer, 1958), Los valientes andan solos (David Miller, 1962) o, por encima de todas ellas, Espartaco (Stanley Kubrick, 1960).

La película sobre la novela de Howard Fast adaptada por Dalton Trumbo significó, como se esfuerza en demostrar en su último libro de memorias, el fin de las listas negras de Hollywood. O quizá no tanto como pretende el autor. Pero tampoco quitemos brillo al mito. Y menos ahora. Sea como sea, ahí quedó, en los títulos de crédito, el nombre del por siempre maldito y genial Trumbo para la posteridad. Por fin, el hombre, el más célebre de los llamados 10 de Hollywood que se negaron a testificar en 1947 en los famosos juicios del maccarthysmo, recuperaba la visibilidad y, ya puestos, la honra. Detrás quedaba la cárcel, el exilio y la más flagrante injusticia que vio Hollywood. De nuevo, la imagen del luchador que Douglas había hecho suya como motivo de vida y de obra se imponía.

"Un espíritu revolucionario recorre el planeta", escribe en sus memorias como apología y resumen de lo que fue para él la cinta que, por cierto, tanto llegó a despreciar su director. "¿Es contagioso? Nos sorprende ver en ciudades estadounidenses a multitudes expresándose al unísono y poniendo en cuestión una estructura de poder que parece inexpugnable. Eso es lo que hizo Espartaco. Y decenas de millares unieron su voz a la suya. Juntos, todos eran Espartaco". Pues eso. Douglas, el último hombre.

Fuente: El Mundo

lunes, 11 de julio de 2016

Centenaria Olivia de Havilland

En el programa de radio de Onda Cero La Rosa de los Vientos homenajean a Olivia de Havilland. Silvia Casasola nos habla en Mujeres con historia de  la actriz que dio vida al personaje de Melania en la película, Lo que el viento se llevó y que el pasado 1 de julio cumplió 100 años.



Para oír el audio pincha aquí.

sábado, 7 de mayo de 2016

Ingrid Bergman: In herown words

La actriz Ingrid Bergman se inmortalizó en el séptimo arte por su belleza y capacidad histriónica. Participó en por lo menos 50 cintas, incluyendo la memorable Casablanca.  El año pasado con motivo del centenario del nacimiento se estrenó el documental, hasta entonces inédito, Ingrid Bergman: In herown words (En sus propias palabras), dirigido por el sueco Stig Björkman.



Asimismo, la actriz y modelo Isabella Rossellini, hija de Bergman, organizó un homenaje mundial a su madre con el espectáculo teatral Tribute to Ingrid Bergman, en el que mezcla un conjunto de recuerdos, entrevistas, cartas, videos familiares y otros elementos que permiten descubrir la intimidad de la mujer detrás de la leyenda.

Estocolmo, Suecia, es la ciudad donde nació Ingrid Bergman el 29 de agosto de 1915. Su vocación la adquirió por el ambiente en el que se desenvolvía, ya que fue hija del artista y fotógrafo sueco Justus Samuel Bergman, quien falleció cuando ella tenía 12 años de edad. Aunque es hasta que la joven rubia finalizó su bachillerato cuando ingresó al Royal Dramatic Theater de Estocolmo para estudiar actuación.

Después de participar en distintas obras de teatro se abocó a la interpretación de personajes para la pantalla grande e interpretó papeles en historias de cine mudo rodadas en 1935. Un año más tarde protagonizó Intermezzo (1936), un filme dirigido por Gustaf Molander.

domingo, 1 de mayo de 2016

Centenario de Glenn Ford

Hay rostros que nacieron para la pantalla de un cine. Glenn Ford (Quebec, Canadá, 1916 / Los Ángeles, California, 2006) poseía uno de ellos. De gran presencia escénica, el actor canadiense no podía haber tenido otra profesión: drama o comedia eran situaciones resueltas para él. Memorables fueron sus actuaciones al lado de Rita Hayworth, con quien compartió créditos en Gilda (1946) bajo la dirección de Charles Vidor, con quien también trabajó en Los desesperados (1943) y Los amores de Carmen (1948). Pese a su larga y fructífera carrera, Ford nunca obtuvo el Oscar de la Academia.



sábado, 19 de diciembre de 2015

Edith & Marlene

Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de Edith Piaf, gran amiga de Marlene Dietrich.


En el minuto 1:12 de este tráiler de la película podemos ver a las dos amigas, tras una actuación de Piaf. Marlene afirma que la voz de Edith le hace llorar, su voz es el alma de París.

   

 Aquí se puede ver a Marlene Dietrich en la boda de Edith, como madrina.

sábado, 29 de agosto de 2015

Centenario del nacimiento de Ingrid Bergman

Ingrid Bergman, actriz de cine, teatro y televisión sueca. Candidata siete veces al Oscar y ganadora de tres de ellos. Considerada como uno de los Mitos del Séptimo Arte y según la lista realizada por el American Film Institute, es la cuarta estrella más importante en la historia del cine y la mejor actriz sueca, por encima de Greta Garbo. Hoy se cumplen 100 años de su nacimiento en Estocolmo y 33 años de su muerte en Londres. 


100 sin Ingrid Bergman
«Creo que ella eligió morir el mismo día que había nacido; hay una especie de simetría en ello, es algo que le gustaba. Y es apropiado, fue como cerrar el círculo de su vida». Son palabras de Pia Lindstrom, la hija mayor de Ingrid Bergman, que hoy, 29 de agosto, hubiera cumplido cien años. La actriz sueca, uno de los grandes mitos de la época dorada de Hollywood, es recordada hoy en todo el mundo. Suecia y Estados Unidos le dedican un sello de correos; en Estocolmo se ha estrenado, con la presencia de sus cuatro hijos, un documental sobre su vida con material inédito, y el MoMA neoyorquino inaugura hoy un ciclo de proyecciones de sus películas -también lo hace, en Madrid, el Circulo de Bellas Artes-, entre las que figuran algunos de los títulos míticos de la historia del cine: EncadenadosSonata de otoñoLuz que agoniza, Juana de Arco y, sobre todo, Casablanca.

Isabella Rossellini, la más popular de sus hijas, ha dicho de ella por su parte que «gustaba a las mujeres porque veían en ella su misma naturalidad». Su hermano Roberto la ha definido así: «Fue una mujer libre, independiente, valiente y muy moderna. Rendirle homenaje a ella es rendírselo a todas las mujeres».


Esto es lo que opinaban algunos de sus compañeros sobre ella:

Fay Wray, actriz protagonista de King Kong, hablaba de la joven sueca recién llegada a América: “Entonces yo no conocía bien a Ingrid Bergman. Ella era muy seria. Ponía toda su alma en la película. Vi que se trataba de una chica que tenía que ser actriz o sin duda se le partiría el corazón. No trabajaba por dinero, por la fama, por el éxito, ni siquiera para pasarlo bien, sino porque tenía que ser actriz. Era etérea y sensual. Parecía más real que la realidad. Tenía magia.”
  
Christopher Isherwood, guionista de Relatos de Berlín y Cabaret: “Era sin lugar a dudas el ser más maravilloso que he conocido en mi vida, contando hombres y mujeres. Era irresistible. Era mucho más de lo que se veía por fuera. Transmitía que por dentro también era así. Creo que era muy consciente del efecto que causaba en los demás, si bien no alardeaba de ello. Era una autentica profesional. La admiraba muchísimo. Era un espíritu generoso, lo que es raro.”

Kevin McCarthy, compañero de reparto de Ingrid en Juana de Lorena: “Recuerdo cuando fui al primer ensayo de Juana, y allí estaba ella: La Gran Figura. Pero en realidad todos éramos actores por igual. Ingrid parecía una persona normal, no una estrella. Ejercía un gran dominio sobre la personalidad que era y sobre el personaje que interpretaba. Era una chica increíble, natural y sencilla.”
  
Anthony Quinn, actor y protagonista de La strada: ”Me enamoré de Ingrid desde el primer momento. Estaba radiante. Cuando la conocí, estaba en Italia, casada con Rossellini. Cómo envidiaba a ese hombre, casado con la mujer más hermosa del mundo… y la más simpática. Ingrid era una sueca muy afectuosa que se había casado con un italiano muy frío en busca de afecto. Era una actriz maravillosa, pero Rossellini la monopolizó para sus películas y no la dejó trabajar con Federico Fellini y otros directores.

Ingrid se mantenía alejada de América porque estaba dolida. Y lo estaba porque había amado mucho a América. Los americanos la aceptaron y con tanto afecto, que ella jamás imaginó que se pudiera pasar de eso a ser tan denigrada. En realidad, la querían tanto que, a su entender, ella no tenía derecho a decepcionarles y romper en pedazos su etérea imagen. Pasó de virgen a mujerzuela internacional. Ingrid no sabía si al volver a Estados Unidos sería detenida y acusada de alguna vileza moral o apedreada. Algunos fanáticos religiosos consideraban que Ingrid era una de las más importantes pecadoras de todos los tiempos. Era la persona más simpática y agradable que he conocido en mi vida. Nunca he conocido a una mujer más buena. Cambió mi vida.”
  
Ingrid Bergman
Sidney Lumet, director de Ingrid en Asesinato en el Orient Express: “Le ofrecí el papel de la princesa Dragomiroff. Pero le gustó Greta Ohlsson, la vieja misionera sueca. Ingrid me dijo que quedaría sorprendido. Que podía tener un acento sueco realmente convincente. Intenté hacerla cambiar de opinión para que cogiera un papel más importante. Pero no le interesó. Era encantadoramente obstinada. En la película tenía que hablar durante casi cinco minutos seguidos. Muchas actrices habrían tenido dudas acerca de eso. Pero ella le sacó el máximo partido y cubrió toda la gama de emociones. Aunque había sido una gran belleza de la pantalla, nunca hizo un esfuerzo por se más sofisticada. En su lugar muchas actrices habrían pedido una iluminación o maquillaje espaciales  o determinados ángulos de cámara para camuflar la edad; pero ella no.”
  
Michel York, actor de Asesinato en el Orient Express: “Por lo general, las actrices están en la sala de maquillaje para ponerse guapas, pero Ingrid iba allí para lo contrario. Las otras iban a embellecerse; ella parta desembellecerse. Ingrid estaba allí para que le quitaran la luminosidad.”
  
Liza Minnelli, compañera de Ingrid en Nina, recordaba: “Yo admiraba a Ingrid Bergman como actriz y esperaba aprender algo trabajando con ella. Para mi padre, ella era sensacional”

Ingrid y Liv en "Sonata de otoño"
  
Liv Ullmann, compañera de Ingrid en Sonata de Otoño: “Aprecié y quise de veras a Ingrid Bergman. De ella aprendí mucho sobre interpretación, pero más sobre ser mujer. Me sentaba en el estudio y la observaba, muy orgullosa de ser mujer. Al principio no sabíamos que tenía cáncer, que estaba muy enferma. Nunca hablaba de esto con nadie. Era la primera en llegar a maquillaje. Por la noche, era prácticamente la última en abandonar el estudio. Cada noche, después del rodaje, ella y algunas chicas nos sentábamos juntas un rato. Tomábamos una copa, reíamos y hablábamos de lo ocurrido durante el día. Ni una palabra acerca de su desgracia. Recuerdo incluso un día en el que Ingmar (director de Sonata de Otoño) le pidió que se tendiera en el suelo y hablara de su pasado. Y ella se tendió con los brazos detrás de la cabeza. Más adelante supe que después de una operación como la que le habían hecho a ella, en los brazos y los pechos, no puedes hacer esto. Pues Ingrid sí lo hizo.

Una noche nos contó a mí y a las chicas de maquillaje lo que le había pasado y cómo se sentía. Dijo que seguiría adelante, que llevaría una vida activa y digna, y tan larga como fuera posible.

Recuerdo cuando hablaba de la época en la que abandonó EE.UU y no pudo ver a su hija, y de cómo la atacaron en el Senado y no pudo regresar a América. Ella contaba la historia riendo. Todo lo que pasó, la historia completa tuvo que se tremendo para ella, perder a su hija Pía, no poder comunicarse con ella porque el padre no lo permitía e Ingrid no podía volver a EE.UU. Una situación horrorosa. Pero no dijo ni una vez “Pobre de mí”.

Era una  persona orgullosa de veras, cuando después de años apareció en escena en la ceremonia de la Academia, la gente se puso en pie y aplaudió y aplaudió, pero ella se quedó ahí sin más. No se inclinó, no hizo nada. Lo aceptó, pero no cedió ni dijo: “Gracias, gracias  por haber aceptado que volviera”.”

martes, 25 de agosto de 2015

Ingrid Bergman, en sus propias palabras

Pia, Roberto, Isabella e Isotta, los cuatro hijos de la actriz Ingrid Bergman, no tienen muchas ocasiones para reunirse; las dos primeras, hermanas gemelas, tuvieron incluso una agria polémica hace nueve años a cuenta de un documental sobre su padre, Roberto Rossellini, que rodó Isabella. Pero los cuatro se reunieron ayer en Estocolmo para asistir al pre-estreno del documental Ingrid Bergman, en sus propias palabras, realizado por el cineasta sueco Stig Björkman. El filme se presentó en el pasado festival de Cannes, cuya imagen fue, precisamente, la actriz sueca, de cuyo nacimiento se cumplen cien años este próximo sábado, 29 de agosto.

Los hijos de Ingrid en el estreno del documental

Pia Lindstrom, nacida en Estocolmo el 20 de septiembre de 1938, y que trabajó muchos años como periodista en la televisión sueca, es la hija mayor de Ingrid Bergman. Fruto de su primer matrimonio, con el neurocirujano Petter Lindström. Cuando la actriz se unió al director italiano Roberto Rossellini, Lindström la acusó de abandono del hogar y libró una batalla por la custodia de Pía, que no podría reunirse con su madre hasta el año 1957.

Roberto, Isabella e Isotta son los tres hijos que tuvieron Ingrid Bergman y Roberto Rossellini, con quien estuvo casada sieta años, entre 1950 y 1957. Roberto nació en Roma el 2 de febrero de 1950 en medio de un sonoro escándalo en Estados Unidos, ya que actriz y cineasta estaban todavía unidos a sus primeros matrimonios. Roberto fue un célebre playboy en los años setenta, y mantuvo una relación con la princesa Carolina de Mónaco.

Por su parte, Isabella e Isotta son hermanas gemelas, y nacieron en Roma el 18 de junio de 1952. La primera siguió los pasos de su madre y es una estrella cinematográfica y una cotizada modelo; hace dos meses vino a España con su espectáculo teatral Green porno, sobre la vida sexual de los animales. Isotta es profesora de Literatura, y ha trabajado en universidades como Harvard, Princeton o Columbia.

Alentado por la propia Isabella Rossellini -que hace un par de años ya rindió homenaje a su madre con una libro, Ingrid Bergman, una vida en imágenes-, el documental trata de ser, según su director, «un retrato rico y multicolor de este extraordinario ser humano». Björkman ha podido acceder a documentos inéditos de la actriz sueca -diarios, cartas, notas, fotografías, películas...-, que presenta en el filme, donde intervienen los cuatro hijos de Ingrid Bergman, para tratar de ofrecer un retrato lo más completo posible de la protagonista de Casablanca.

Entre los documentos, figura el diario que Ingrid Bergman comenzó en 1929, con catorce años, y que empezaba así: «Voy a conservar este diario y ocultarlo para siempre. Tengo catorce años, dos meses y tres días. Nací el 29 de agosto de 2015. Mis padres fueron Friedel Adler y Justus Bergman. Fui bautizada como Ingrid. Era espiritual, irritante, terca y salvaje»

Fuente: ABC

miércoles, 6 de mayo de 2015

Centenario de Orson Welles

Orson Welles
Se cumplen 100 años del nacimiento de Orson Welles, uno de los grandes genios del séptimo arte. La leyenda de Welles se alimenta tanto de sus películas acabadas como de las que nunca llegó a terminar. El 30 de octubre de 1938, Norteamérica entró en pánico con la adaptación radiofónica que Orson Welles hizo de la novela La Guerra de los mundos, radioteatro que pasaría a la historia como el más impactante de todos los tiempos. 

De niño prodigio a hombre de gran versatilidad, Orson Welles tuvo una enigmática carrera en Hollywood, así como una importancia crucial en el cine independiente y en el teatro. Películas como Ciudadano Kane o Campanadas a Medianoche continúan inspirando el cine actual. Con una vida personal y sentimental agitada, Orson Welles, antepuso siempre como prioridad su trabajo.

Como actor, Welles trabajó infatigablemente, interpretando muchas veces dos y tres películas por año. Algunas de sus actuaciones, Alma rebelde (1943), El tercer hombre (1949), Compulsión (1959) son memorables. Sus interpretaciones de Othello, Kane, Falstaff y otras muchas en las que se dirigía a sí mismo, hacen ver que su talento como actor era tan grande como el que manifestó en otras muchas actividades de su vida.


El día 9 de mayo, La Noche Temática ofrecerá imágenes de casi todos los trabajos realizados por el legendario director de El cuarto mandamiento. Incluidas algunas de sus películas inacabadas como Al otro lado del viento con John Huston. Cuenta con numerosas entrevistas a personalidades relevantes como Martin Scorsese, Steven Spielberg, Richard Linklater, y su amigo de toda la vida, el historiador de cine y director, Peter Bogdanovich.

Ninguna radionovela ha provocado tanto desconcierto como La guerra de los mundos, dirigida por Orson Welles en 1938. Más de un millón de personas creyó, aunque fuera por poco tiempo, que los Estados Unidos estaban siendo arrasados por invasores alienígenas. A través de testimonios reconstruidos con actores revivimos los dramáticos momentos que recogieron aquella tormentosa noche la emisora CBS, las redacciones de los periódicos y las comisarías.

En su novela publicada en 1898, el escritor británico H. G. Wells había urdido un aterrador relato de destrucción en el que los invasores de Marte causaban estragos en la campiña inglesa. Para la adaptación, Welles cambió el escenario a los Estados Unidos. La mayoría creyó que era un boletín oficial verdadero.

Fue un momento de inspiración para Orson Welles, el director de 23 años del Teatro Mercurio. Ante el atril en el Estudio Uno, en el piso 20 de la Columbia Broadcasting Service, en Nueva York, con diez actores y una orquesta de 27 instrumentos. Orson era probablemente el mejor director de radio y el más innovador. Se saltó todas las normas que ni siquiera existían. En los círculos teatrales, a Welles ya se le consideraba un gran artista.



Fuente: RTVE.es

lunes, 5 de mayo de 2014

Centenario del nacimiento de Tyrone Power

Se cumplen 100 años del nacimiento del actor estadounidense muerto en Madrid, de un infarto cuando rodaba Salomón y la reina de Saba. La película se rodaaba en  los paisajes de una Zaragoza que recordaba la aridez del desierto, y los interiores en los Estudios Sevilla Films de Madrid. Protagonizada por Gina Lollobrigida y  Tyrone Power.

Se ha escrito mucho sobre esta película, sobre Gina y sobre todo las causas de la muerte de Tyrone Power, que  falleció camino al Hospital Ruber de Madrid, a consecuencia de un ataque cardíaco.

La crónica de un periódico el  16 de noviembre de 1958 contaba:


A la una menos veinte de la tarde se rodaba en los estudios de Sevilla Films, de Madrid, un plano de Salomón y la reina de Saba, película que dirige King Vidor. El guión planteaba la escena con cinco personajes, los que interpretaban Gina y Tyrone, y los actores George Sanders, Marchat y el español José Nieto. Sanders y Power combatían a espada en duelo singular, mientras Gina estaba tendida en el suelo y Marchat y Nieto contemplaban la pelea.

Tyrone se había incorporado al trabajo hacia las nueve de la mañana. Ningún síntoma de anormalidad salvo ligero cansancio. Parece que estuvo dudando si suspender el rodaje unas horas, pero al fin decidió: “Bueno, vamos a trabajar”. Por la noche había estado cenando en un famoso restaurante junto con la marquesa de Quintanilla, considerada como una de las mujeres más elegantes del mundo, y el torero Luis Miguel Dominguín, y habían proyectado una tienta que se celebraría seguramente el domingo, día 16.

Se hicieron primeramente dos tomas de la escena en que se batía con George Sanders, que en la película interpreta el papel de hermano del Rey Salomón. En los descansos del rodaje, Tyrone conversa con varias personas. Primero con Jaime Arias, del Departamento de Relaciones Públicas de los Estudios, con quien comentó la película Testigo de cargo, estrenada dos días antes en Madrid con su asistencia, y elogió la perfección del doblaje. Después conversó con el operador Fraile, con quien quedó de acuerdo para tomar una copa por la noche. Por fin charló unos momentos con Henry Cris, periodista de Hollywood, con quien se hizo una fotografía. Dos empleados de los estudios le pidieron que posara entre ambos para otra fotografía, y accedió gustoso sentándose enmedio y echándoles los brazos sobre los hombros.

El desarrollo fue, pues, sin ningún contratiempo, bajo la dirección de King Vidor, hasta llegar a la tercera toma de la escena a que antes nos hemos referido. Al final ya comenzó a mostrarse ligeramente desasosegado. No obstante fue terminado el rodaje. El guión establecía que el rey Salomón -Tyrone Power- había de caer herido por su contrincante, George Sanders. La escena fue interpretada con gran realismo e, incluso, algunos rumores indeterminados especularon sobre la posibilidad de que Power recibiera un rasguño, del que fue curado en el botiquín de los estudios. Pero esto parece más bien ser una fantasía sin ninguna base real. Lo cierto es que, ya enfermo el actor, terminaron la toma. Al finalizar Tyrone se hallaba extremadamente pálido y acusaba escalofríos. “Me siento mal”, dijo, llevándose la mano a la frente, “hace frío”.

Se requirieron los servicios de la enfermera que permanece siempre en los estudios, quien le acompañó a su camerino, donde no tardó en presentarse el productor del filme, señor Richmond, quien pidió inmediatamente para el actor una copa de coñac, que bebió el enfermo. Sin embargo, y ante la general alarma, su estado se agravaba por minutos.

-Un coche. Llévenlo inmediatamente al hotel y avisen a un médico, ordenó el coproductor.

Power en el rodaje
El coche de Gina Lollobrigida estaba en la puerta, y a él fue trasladado el actor. Acudió para ayudar a llevarlo el señor Sartorius Cabeza de Vaca, que trabaja como actor secundario en la película y que, como se sabe, era primo del marqués de Portago. Cuando hacía el transporte, Sartorius oyó a Power susurrar en inglés: “Dios mío. Dios mío, ¿qué es esto?”.

El coche partió raudo al Hotel Castellana Hilton, donde vivía el actor, y a la vez se avisaba telefónicamente al médico de los estudios, doctor Torroba, para que acudiera allí urgentemente.

Pero, una vez en el hotel, y antes de que pudiera ser llevado a sus habitaciones, Tyrone sufrió un súbito desfallecimiento, del que ya no se repondría, cayendo al suelo desplomado. El doctor Torroba, que llegó en aquellos momentos, lo reconoció sumariamente y, dándose cuenta de la gravedad de las circunstancias, dispuso el traslado del enfermo al Sanatorio Ruber, lo que se verificó en el mismo coche en el que le acompañaban al citado doctor, la enfermera y el señor Richmond. A la una y cuarto de la tarde ingresaba el actor en el establecimiento sanitario, donde fue inmediatamente instalado en un quirófano. Pero, al examinarlo el médico de guardia, doctor don Juan Olaguíbel, comprobó que era cadáver. No obstante, durante cerca de una hora pusieron todos los recursos de la ciencia para recuperarlo, sin éxito.

Y con su ropa de rey Salomón, las botas, la estola y los brazaletes aún puestos, Tyrone Power fue bajado al depósito anatómico del establecimiento. El practicante don Fernando Domínguez, ayudado por varios sanitarios, lo tendió sobre una mesa y procedió a quitarle las botas. Después le limpió el maquillaje y le lavó el rostro con una toalla húmeda, cerrando seguidamente sus ojos. Tyrone Power yacía con expresión de gran placidez en el semblante, como si durmiera tranquilamente.

Y ese mismo día, Pérez Gállego, que había seguido todas las incidencias del rodaje de la película en Valdespartera, recordaba, con las tres fotos del actor que se reproducen arriba, cómo fue la estancia del matrimonio Power en Zaragoza:

‘Ty’ permaneció en Zaragoza desde el 15 de septiembre hasta el 3 de octubre, que marchó a Madrid, ciudad que ya no abandonaría y donde ayer encontraría la muerte de forma tan inesperada. Es curioso el hecho de que el padre de Tyrone, también actor cinematográfico y teatral, muriera en un estudio de Hollywood durante el rodaje de una película.

Con excepción de un fin de semana que Ty aprovechó para marchar a Hendaya, a presenciar el desarrollo de los campeonatos mundiales de pelota vasca, deporte al que el actor era muy aficionado, los Power no abandonaron Zaragoza. Su vida entre nosotros fue natural y sencilla. Por la mañana, a las ocho, Salomón Power ya estaba caracterizado en Valdespartera. Tras un breve descanso para almorzar, el rodaje se prolongaba hasta mediada la tarde.

Después, regreso al hotel. Ducha y descanso. ‘Ty’ y su esposa solían permanecer en sus habitaciones. Cuando salían del Gran Hotel era para asistir a proyecciones cinematográficas o hacer compras en algún establecimiento que luego exhibía orgulloso en su escaparate el aviso: “Tyrone Power realizó personalmente compras en este establecimiento”.

Fuente: heraldo.es

viernes, 7 de febrero de 2014

Charlot cumple 100 años

Hace 100 años que apareció por primera vez  el más famoso vagabundo profesional de la historia del cine, fue en el Londres del siglo XIX donde Charles Chaplin nos mostraría su azaroso ritual en El inmigrante (1917). Cómico judío fugitivo de los bajos fondos londinenses, del asilo, de las penalidades familiares, de la locura materna, recala en Hollywood en 1914 y, en sus tres primeros cortos, compone ya su iconografía de tramp, de vagabundo, con ecos del Dickens de Oliver Twist, de la picaresca de Henry Fielding y del teatro de pantomima. Su composición es una verdadera parodia: adopta el sombrero hongo y el bastón propios de la burguesía, el bigotito de los galanes seductores, pero sus zapatones destartalados y sus pantalones andrajosos evidencian su contradicción. Es el año en que Freud publica Introducción al narcisismo. Antihéroe grotesco, inventa un lenguaje corporal que hace innecesaria la palabra y se permite a veces la herejía dramática de mirar a la cámara, es decir, al público, para activar su empatía. Pronto inaugura su famoso viraje sobre un pie al doblar una esquina, generalmente huyendo de un policía o de un matón: para él son lo mismo. En Estados Unidos pronto será el familiar Charlie, Carlitos en América Latina y Charlot en Francia, de dónde se adoptará su apodo en España, después de un intento para bautizarle Carlitos.



Charlot, el antihéroe barriobajero y marginalizado que nos hace reír, porque ejecuta las irreverencias y destrozos que todos hemos querido alguna vez llevar a cabo. Pero también nos conmueve, ejerciendo de padre al que arrebatan su hijo adoptivo en El chico (1921). O buscando el amor en los ojos de Mabel Normand, su compañera habitual. El mundo intelectual se rinde ante él: Gómez de la Serna acuña “Charlotismo” y Francisco Ayala le define como “el hombre sobrante” de las calles y los muelles. Y, pese a muchas mutaciones, su bigotito permanecerá inalterable hasta que se confunda con el de Hitler en la tragicomedia de El gran dictador (1941).

Fuente: RTVE.es, El País