Las verdaderas estrellas de cine clásico
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sábado, 4 de mayo de 2019

90 aniversario del nacimiento de Audrey Hepburn

Audrey Hepburn
Este sábado 4 de mayo, la actriz habría cumplido 90 años si un cáncer de colon no se la hubiera llevado a un firmamento en el que hay más estrellas que en el legendario lema de la Metro Goldwyn Mayer. Tenía 63 años. Para celebrar su vida, Sean Hepburn Ferrer, el único hijo que tuvo con el actor Mel Ferrer, descendiente de un noble catalán, le ha obsequiado con el mejor de los regalos: poner Bruselas a sus pies. La ciudad que la vio nacer en la Rue Keyenveld 48.Tras muchos meses de una ardua labor, el 30 de abril se inauguró una exposición única, Intimate Audrey, en la que se pone de relieve a la mujer humanitaria, la esposa, la madre, la hija y la amiga. En definitiva, a la persona lejos de la artificialidad de aquel Hollywood dorado que más que hacer soñar, robaba los sueños. 

La selección del material tiene como resultado 800 imágenes inéditas, 12 film clips y 150 objetos icónicos entre premios, vestidos y dibujos. Esta muestra exclusiva está dividida en 10 partes: El árbol familiar, Nacida en Bruselas, De Londres a Nueva York, La noche de los Oscar, Una boda suiza, Audrey y Mel, Sean, Amigos, La Paisible (su casa de campo en Tolochenaz, Suiza, donde vivió los últimos 30 años de su vida) y El capítulo final (labor humanitaria con Unicef). Los beneficios obtenidos irán destinados a la Organización Europea de Enfermedades Raras y los hospitales The Brugmann and Bordet de la capital belga.



En declaraciones exclusivas a LOC, el único medio español en ser invitado, Sean afirma que "en esta ciudad nació el milagro. Lo que he pretendido es mostrar cómo era aquella niña que dejó su país hace 80 años hasta llegar a su faceta como embajadora de buena voluntad de Unicef". Aunque en la memoria colectiva Audrey es un icono de estilo y una estrella de cine, Sean la recuerda como "una madre maravillosa, una gran amiga y alguien que tuvo la suerte de ser una persona normal que tomó decisiones simples en la vida. Y ahí está la respuesta a la pregunta de por qué sigue siendo una leyenda, ya que sentimos de forma instintiva que fue una de nosotros y no una de ellos". Porque Audrey siempre huyó de la artificialidad de un Hollywood ávido por fagocitar a las estrellas que había fabricado. A pesar de haber rodado Vacaciones en Roma, My Fair Lady o Sabrina, siempre fue una mujer frágil marcada por una dura infancia a pesar de ser la única hija de la baronesa Ella van Heemstra -descendiente del rey Eduardo III de Inglaterra- y de Joseph Victor Ruston, que trabajaba en una compañía de seguros. "Su niñez fue preciosa hasta que el padre la abandonó y le partió el corazón. La infancia fue dura porque pasó hambre, frío, vivió los bombardeos de la II Guerra Mundial y estuvo privada de libertad". Por tal motivo emigró a Londres con su abuela y, desde allí, a Nueva York, donde tuvo la suerte de encontrarse por azar con la escritora Colette en la playa de Montecarlo, que tras escribir Gigí quiso que Audrey la protagonizara en Broadway en 1951. Aquella aventura la catapultó dos años más tarde a la meca del cine donde debutó con Vacaciones en Roma, por la que consiguió su primer Oscar. Sin que ella fuera consciente, se había engendrado a uno de los mayores iconos del siglo XX y que la convirtió en una de las mujeres más fotografiadas del siglo.

En la entrada de la exposición en el Espace Vanderborght, Sean pone de relieve la importancia de la imagen: "Hay que explicarles a los jóvenes que hoy haces una foto con el móvil y ya está. Pero en aquel momento tenías que elegir un set, iluminarlo, contratar maquillaje, peluquería y vestuario, ensayar las poses, hacer una polaroid para ver cómo había quedado la iluminación, se hacían varias galerías de fotos, los contactos se enviaban por correo, mi madre aprobaba las mejores fotos, se volvían a enviar por correo, se imprimían y se hacían los kits de prensa a máquina que se distribuían por todo el mundo. El coste medio de una foto desde el principio al final del proceso equivaldría al precio de un iPhone de hoy en día".

Paseando por los 800 metros cuadrados de esta exposición única donde el blanco y el azul marino de sus paredes hace resaltar la belleza de las imágenes, cualquiera puede ser consciente de la sencillez de la que hizo gala la actriz. Ni rastro de suntuosas mansiones, Rolls Royces o diamantes gigantescos como los de Elizabeth Taylor, que aparece en una de las fotografías bailando con Mel Ferrer mientras que Audrey lo hace con Eddie Fisher, cuarto marido de la actriz de los ojos violeta. De hecho, las únicas joyas que están en la muestra son las diminutas alianzas de oro de la boda de los padres de Sean, celebrada en 1954, ubicadas en una pequeña vitrina al lado del vestido de novia. Una pieza que llama la atención por su cinturita de avispa. Sean se siente satisfecho. 

Durante los próximos cuatro meses, la exposición será uno de los emblemas de la ciudad belga. En este momento tan especial está acompañado de su familia, su mujer, Karin, y sus tres hijos, Emma y Santiago. También está Athena y Adone, los hijos que Karin ha aportado de otro matrimonio y que llevan el apellido Hepburn. A tenor de cómo Sean describe a su madre, Emma parece que ha heredado algunos de los rasgos de la actriz. Es alta y espigada, aparentemente frágil, dulce y cariñosa y en su rostro se puede apreciar un gran parecido a la abuela que no pudo conocer. "Muchas gracias, es un bonito piropo", responde cuando se le comenta que tiene los mismos ojos que ella. Incluso calza unas zapatillas planas con unas cintas atadas a su tobillos. Una vez más, el look Audrey. "No lo hago a propósito, ya que este es mi estilo", confiesa a LOC. A quien sí llegó a conocer fue a su abuelo, Mel, que falleció cuando ella tenía 14 años: "Cuando iba a su casa de pequeña solíamos jugar a una especie de escondite. Mel escondía un tapón de corcho y yo tenía que encontrarlo, pero la cosa se complicaba cuando lo metía en una puertecita secreta (risas). Nunca me habló de mi abuela porque yo era demasiado joven para preguntarle. Mi padre me dice que, por un lado, fue un hombre complicado y testarudo que tenía mala reputación por ser demasiado controlador, pero conmigo siempre fue muy cariñoso. Yo no tenía ni idea de que fuera un icono". De hecho, no le falta razón. Es el propio Sean quien comenta en varias ocasiones que fue Mel, su padre, quien ayudó a Audrey a lidiar con los tiburones hollywoodenses. Fue su pigmalión creativo. Su primogénito también confiesa que sus hijos aún están descubriendo a su abuela. "En aquella época, los actores tenían al final de su contrato una cláusula que les permitían tener una copia en 16 milímetros de las películas que rodaban. Yo descubrí lo que hacía mi madre armando un viejo proyector y colgando una sábana del techo del desván de la casa. Poco a poco fui sabiendo quién era. Y de la misma manera, deseo que mis hijos hagan lo mismo. No quiero empujarles a una dirección o a otra. Lo están haciendo sin prisas". Sin duda, Audrey es inmortal.

Fuente: El Mundo

sábado, 20 de enero de 2018

25 años sin Audrey Hepburn


Aunque ya había rodado unas cuantas películas, la aparición de Audrey Hepburn subida a una vespa y abrazada a Gregory Peck por las calles de Roma supuso, además de la envidia internacional, un antes y un después en Hollywood.

No era para menos. La factoría de sueños estadounidense no dio crédito, cuando la vio, a la desbordante personalidad de aquella actriz. A su elegancia natural. A su tamaño como intérprete. A su saber estar. Y se rindió a sus pies, cómo no, premiando primero con un Oscar su papel en Vacaciones en Roma y nominándola años después por sus interpretaciones en Sabrina, Historia de una monja, Desayuno con diamantes y Sola en la oscuridad.

Este domingo se cumplen 20 años de su desaparición. Sin embargo, la estrella sigue viva, además de en sus películas, en las labores humanitarias que llevó a cabo en los últimos años de su vida en África, en sus vestidos –que aún se subastan–, en su mirada –perpetuada en carteles, mochilas y camisetas–, en su infinita timidez. ¿Cómo se puede morir después de haber dejado atónito al mundo entero sin apenas pretenderlo?

Probablemente ese estilo que tenía lo heredó de su madre, aristócrata holandesa. Aunque el hecho de vivir durante sus primeros años entre Bélgica, Reino Unido y Holanda también tuvo que ver con su glamour.

Pero Hepburn tuvo –a diferencia de muchas otras actrices de Hollywood–, gusto para lucir sin descaros todo lo que elegía. Desde el mítico vestido de Chanel o las gafas XXL de Desayuno con diamantes hasta aquellos zapatos llamados “masculinos” por no tener tacón. Su esbelta figura le hacía un enorme favor.

Vistiera lo que vistiera, fue, poco a poco, rompiendo moldes y cambiando los cánones de belleza, lo que hizo de ella una actriz que consiguió mucho más que interpretar.

Pero no sólo hay que recordarla hoy por su elegancia y belleza. Hepburn era buena actriz. Y aunque ser premiado por Hollywood no signifique necesariamente ser buen intérprete, entre la treintena de largometrajes en los que participó logró 2 Oscar y 3 Globos de Oro, a pesar de tener, entre uno y otro premio, 17 nominaciones.

Entre sus papeles más destacados figura, además del de Vacaciones en Roma y Desayuno con Diamantes, el de Sabrina. Dirigida por Billy Wilder, Hepburn se puso en la piel de la hija del chófer junto a Humphrey Bogart. O el de una religiosa belga en Historia de una monja, interpretación por la que estuvo nominada a un Oscar en 1959. Su última película fue Always, de la mano de Steven Spielberg. Eran los años 80, y la actriz estaba ya más pendiente de sus colaboraciones solidarias que del cine.

Alejada ya de la encorsetada fábrica de sueños que poco tenía que ver con su verdadero carácter, Hepburn decidió colaborar con Unicef. Apenas le quedaban unos años de vida –le diagnosticaron un cáncer–, pero quiso trabajar con la ONU sobre el terreno, y se fue a Etiopía, a Ecuador, a Venezuela, a Bangladesh, a Tailandia, a Somalia y a Sudán, entre otros países. Allí ayudó a niños a luchar contra la sequía y contra la hambruna, aunque participó en muchos otros programas. Y por esto Hepburn también ha de ser recordada hoy.

“Sé perfectamente lo que esto puede significar para los niños, porque yo estuve entre los que recibieron alimentos y ayuda médica de emergencia al final de la Segunda Guerra Mundial”, llegó a decir.

Meses más tarde de que diagnosticaran su enfermedad, la eterna Holly Golightly moría en su casa de Suiza el 20 de enero de 1993. Pero ese día tampoco dejó de ayudar a los niños. Sus hijos crearon la fundación Audrey Hepburn Children’s Fund con la que recaudan, aun a día de hoy, dinero para buenas causas.

“Si existiesen los ángeles, deberían tener los ojos, las manos, el rostro y la voz de Audrey Hepburn”, escribieron sus amigos sobre su epitafio. Veinte años más tarde, deberíamos parar a pensar si es verdad eso de que no existen

domingo, 14 de febrero de 2016

Historias de San Valentín: parejas de película II

Retomando el post del año pasado por estas fechas, Historias de San Valentín: parejas de película I. Deciamos que desde que en 1896, May Irwin y John Rice protagonizaran el primer beso cinematográfico de la historia en una cinta llamada The Widow Jones, pero la historia y esta anécdota le han puesto el sobrenombre de The Kiss, por el cine han pasado multitud de parejas y besos.

Ahora toca repasar otra tanda de parejas y besos de cine. En Gilda (1946), Rita Hayworth y Glenn Ford compartieron este bonito momento.


Unas largas Vacaciones en Roma (1953) fueron las "culpables" de este beso entre Audrey Hepburn y Gregory Peck.


Robert Cummings y Grace Kelly en Crimen perfecto (1954).


También en Atrapa a un ladrón (1955) Grace Kelly protagonizaba otro de los besos más recordados del cine. En esta ocasión junto a Cary Grant.

"Qué prefiere, ¿muslo o pechuga?”. Que una señorita de la buena sociedad de Filadelfia dispare a bocajarro preguntas como esta descoloca hasta al mismísimo Cary Grant. En este film, a pareja Kelly-Grant nos aleccionaban sobre los misterios del amor. 


Tony Curtis y Marilyn Monroe en una de las escenas de Con faldas y a lo loco (1959).


Marcello Mastroianni y Anita Ekberg no podían haber elegido mejor escenario para protagonizar una de las escenas inolvidables de La dolce vita (1960) que la Fontana di Trevi.


Elizabeth Taylor, convertida en Cleopatra (1963), en una escena de la película del mismo nombre junto a Richard Burton.


Otra protagonizada por Elizabeth, esta vez junto a Paul Newman, La gata sobre el tejado de zinc. La 'gata' Maggie luchando por su derecho al amor y a la felicidad frente a Brick, arrastrando su impotencia en pijama y muletas. 

"Tú no sabes lo que significa el amor. Para ti, es solo otra palabra de cuatro letras”.




A pesar de la censura, Mae West dejó algunas de las sentencias amorosas más memorables añadiéndole las necesarias dosis de cinismo a las cosas del corazón. No soy un ángel, (Wesley Rugless, 1933) junto a Cary Grant.

"No son los hombres de tu vida lo que cuenta, sino la vida que hay en tus hombres".




Historias de San Valentín: parejas de película I

Desde que en 1896, May Irwin y John Rice protagonizaran el primer beso cinematográfico de la historia en una cinta llamada The Widow Jones, pero la historia y esta anécdota le han puesto el sobrenombre de The Kiss, por el cine han pasado multitud de parejas y besos.



Rick & Ilsa (Casablanca)

Del gran clésico de Casablanca, varias escenas han quedado para la posteridad. Una, la del «Tócala otra vez, Sam», nunca existió. Al menos, no con esas palabras. Otra, tal vez la más famosa, es la última, en el aeropuerto. Rick e Ilsa se dicen adiós. Aunque ambos saben que siempre les «quedará París». Quizás la mejor pareja del cine de todos los tiempos. Rick Blaine & Ilsa Lund son una pareja que ha pasado a la historia por su romanticismo clásico, una de sus frases célebres es: "Bésame, bésame como si fuera la última vez", le dijo Ilsa. El mundo entero echó un suspiro.

Casablanca trata la historia  de Rick, el cínico propietario de un bar en Casablanca, Marruecos, y Elsa una hermosa mujer europea que trata de cruzar el Atlántico con la ayuda del examor de su vida. La historia de amor entre estos 2 personajes está llena de símbolos: la tragedia, la guerra, el poder y el sacrificio. Pero también está plagado de momentos inolvidables (As Time Goes By, la primera mirada que se otorgan, los flashbacks y esa escena del aeropuerto). Sin duda, uno de los romances que marcaron un antes y después en la historia del cine, y que muchas veces demuestra que la mayor prueba de amor, es aceptar que no están destinado a no estar juntos.




Reth & Scarlett (Lo que el viento se llevó)

En el corazón de este dramón de cuatro horas, que pulverizó récords de taquilla durante décadas, se encuentra el imperecedero romance entre Scarlett O'Hara y Reth Butler. Clark Gable y Vivien Leigh formaron una pareja eterna.

Este beso entre Vivien Leigh y Clarck Gable en Lo que el viento se llevo (1939), es uno de los más famosos de la historia del cine. La actriz, que contaba con 27 años, se llevó un Oscar por esta película. 

"No te preocupes por amarme. Eres una mujer que envía un soldado a la muerte con un hermoso recuerdo. Scarlett, bésame. Bésame, una vez".


Yuri & Lara (Doctor Zhivago)

Imposible olvidar la historia de amor entre Omar Sharif y Julie Christie en Docto Zhivago, una de las películas más sobresalientes en la filmografía de David Lean. En la gélida Rusia de la Revolución Bolchevique, prende la llama del amor entre ambos a lo largo de más de tres horas de metraje.


Alicia & Devlin (Encadenados)

Ingrid Bergman y Cary Grant, dos de las estrellas más importantes de la historia del cine, se besaban así de apasionadamente en la película de Encadenados (1946), dirigida por Alfred Hitchcock, que la convirtió en toda una obra maestra del género de espionaje. En la secuencia se dan pequeños besos para evitar la censura,  ya que un beso no podría durar más de 3 segundos.



Milton & Karen (De aquí a la eternidad)

Esta tórrida escena de Burt Lancaster y Deborah Kerr causó ampolla en 1953 y fue la explosión de la pasión adúltera que teje la trama de la película De aquí a la eternidad.




Lucy & Mitch (Escrito sobre el viento)

Lauren Bacall y Rock Hudson en Escrito sobre el viento, dirigida por Douglas Sirk en 1956. En ella se narra la relación del hijo de un rico magnate del petróleo con su mejor amigo (Hudson), que se torna tempestuosa cuando ambos se enamoran de la misma mujer (Bacall). Historia de amores, celos y pasiones desatadas, con escenas tan bonitas y famosas como este beso.



Holly & Paul (Desayuno con diamantes)

Este beso no podía quedar atrás. Y es que en el cine clásico hemos asistido a infinidad de besos apasionados, aunque todo hay que decirlo, poco naturales. Este incluso con el gato por medio, fue uno de los más románticos besos del cine. Bajo la lluvia y en plena calle, Holly Golightly y Paul Varjak sellan su amor, mientras suena de fondo la melodía de Moon River de Henry Mancini.

- Si tuvieras dinero, me casaría contigo al instante. ¿Harías lo mismo?
- Al instante.
- Por suerte ninguno de los dos es rico.

- Sí.





Fuente: ABC.es, Hoycinema, Cinepremier

sábado, 3 de octubre de 2015

Audrey en casa

Audrey Hepburn
Viéndola nadie podría imaginar que Audrey Hepburn “era capaz de comerse tres platos de pasta y de atiborrarse de helados”, como desvela su hijo Luca Dotti, quien cuenta que la estrella más glamurosa y delgada de cuantas han brillado en Hollywood no se privaba de nada y disfrutaba cocinando para su familia, “como un ama de casa romana normal”. “Mi madre siempre decía que cada uno tiene que escuchar a su cuerpo”, precisa Dotti, quien acaba de publicar Audrey en casa. Recuerdos de la cocina de mi madre, una obra a mitad de camino entre un recetario y una biografía de la actriz.

El hijo menor de la actriz está empeñado en mostrarle al mundo que su famosa madre nunca actuó, ni delante de la cámara ni en su vida privada: “Ella era siempre la misma. Se comportaba exactamente igual con sus amigos de Hollywood que con el tendero de la esquina o con las personas que trabajaban en nuestra casa”, asegura Dotti (Lausana, Suiza, 1970), fruto del segundo matrimonio de Hepburn y del neuropsiquiatra italiano Andrea Dotti. Y para conseguirlo ha escrito Audrey en casa, en colaboración con el periodista Luigi Spinola, un libro que mezcla las recetas favoritas de la actriz con fotografías de su álbum familiar y anécdotas de su vida privada. La obra, que acaba de salir en castellano editada por Libros Cúpula (Planeta), es como una ventana por la que el lector puede asomarse y sentirse uno más de la familia Dotti-Hepburn, un curioso tándem que se forjó durante un crucero por la costa de Turquía en 1968, en el que se conocieron y enamoraron, y duró 13 años en los cuales la actriz solo aspiró a ser una buena ama de casa y cocinar para los suyos, una vocación que la apartó del cine durante ocho años.

“Engracia, que ahora vive en Talavera de la Reina y nació el mismo año que mi madre [1929], introdujo en nuestro menú el gazpacho y la tortilla de patatas. Ella fue como una madre suplente para mí”, cuenta Dotti, quien justifica que la receta de gazpacho incluya salsa de Tabasco porque “era una opción de mi papá”. “Él le añadía picante a casi todo”, aclara.

Aunque el recetario incluye platos nórdicos —Audrey nació en Bruselas de madre holandesa y padre inglés—, españoles, estadounidenses o suizos —donde la actriz tuvo toda la vida su refugio, la casa jardín de La Paisible—, la mayoría son italianos. “No soy ningún chef, pero me encanta cocinar. Mi madre me enseñó a apreciar los productos. Tomaba mucha verdura y, como casi todos los que vivieron la II Guerra Mundial, patatas, siempre patatas con todo”, comenta el autor del libro.



“Uno de mis platos favoritos son los espaguetis a la puttanesca, que mamá preparaba cuando estaba de vacaciones Giovanna, la celosa cocinera que no dejaba entrar a nadie en su territorio. Se cocina muy rápido, con el fuego muy vivo. La historia dice que es un plato que se hace en solo 15 minutos, porque era el tiempo que las prostitutas tenían entre cliente y cliente. También me gusta mucho el hígado a la veneciana, quizás porque es lo que más comió mi madre cuando estaba embarazada de mí siguiendo los consejos del médico”, cuenta Dotti.

“Nuestra primera intención era hacer un recetario. Yo me dediqué, a lo largo de dos años, a visitar a familiares, amigos y personas que habían trabajado para mi madre y recopilé unos 200 platos. Pero lo que en principio iba a ser un libro de cocina, se transformó en una especie de perfil humano, porque nos dimos cuenta de que era una pena no incluir todas esas anécdotas e historias que había acumulado”, explica Luca Dotti en un casi perfecto castellano con acento argentino por teléfono desde su casa de Roma, la misma en la que creció.

“Aprendí español porque la mamá de mi primer hijo es de Buenos Aires. Me resultó fácil ya que me crié hablando francés e italiano y algo de inglés, pero muy poco”, asegura Dotti, diseñador gráfico quien desde 2013 relevó a su hermano Sean Hepburn Ferrer [hijo del actor y director estadounidense Mel Ferrer, con quien la intérprete estuvo casada de 1954 al 1968] al frente del Fondo Audrey Hepburn por la Infancia, una organización que gestiona el legado de la intérprete desde 1995 con el objetivo de financiar proyectos concretos y continuar así la labor que ella desarrolló como embajadora de Unicef. Los beneficios que se obtengan de este peculiar libro de cocina, que primero se editó en inglés, en octubre saldrá en italiano y el año próximo se publicará en Alemania y en varios países asiáticos, se destinarán a este fondo.

“Mi madre no fue un icono internacional hasta después de su muerte [falleció en 1993 a los 63 años]. Vivió como una persona común, rodeada por sus amigos y manteniendo su privacidad pero no se escondía de nadie y hablaba con todos. Lo que ha venido después es sorprendente, la gente se inventa cosas porque les viene bien”, desvela Luca Dotti, quien recuerda que en una de las exposiciones fotográficas que organizaron en Corea se enteró de que habían escrito que sus padres se conocieron en un crucero en el que él (que era psiquiatra) trabajaba como médico y ella era una pasajera que estaba deprimida. “Les dije que eso era un error que no tenía nada que ver con la realidad, pero me contestaron que era una historia bonita y a ellos les gustaba así”. Con las estrellas de cine cualquiera se cree guionista.


Fuente: El País

jueves, 28 de mayo de 2015

La herencia de Audrey Hepburn

Audrey Hepburn
Audrey Hepburn  es recordada por su estilo dentro y fuera de la pantalla. Sus gafas de sol redondeadas de concha, los guantes largos blancos, la pamela amplia en su cabeza o sus vestidos de Dior y Givenchy, entre otros, siguen siendo recordados 22 años después de la muerte de una intérprete que falleció demasiado joven, a los 63 años, de cáncer de colon.

Pero mientras el recuerdo los mantiene vivos en nuestra mente, muchos de estos objetos así como el resto de sus enseres más personales siguen perdidos en una batalla legal entre sus hijos, Sean Ferrer y Luca Dotti. Hepburn pensó que lo dejaba todo bien atado, repartiendo mitad y mitad entre sus dos únicos descendientes, fruto de sus matrimonios con el actor Mel Ferrer y con el psiquiatra italiano Andrea Dotti, respectivamente. Pero los hijos nunca han llegado a un acuerdo sobre cómo dividirse esta vasta colección de joyas, sombreros, fotografías y vestuario. La herencia de Hepburn también incluye un gran número de pósters y guiones de sus icónicas películas así como elementos de attrezo utilizadas en ellas, piezas de coleccionista de inmenso valor tanto histórico como personal, además de económico. Una herencia que permanece guardada en una compañía profesional de almacenaje dedicada a las bellas artes y otras colecciones privadas en Los Ángeles mientras un juez decide su futuro.

Fuente: EL PAIS.

lunes, 25 de mayo de 2015

Audrey Hepburn: Portraits of an Icon

Lucca Dotti cuenta que su madre nunca se consideró guapa. Se veía la nariz y los pies grandes, poco pecho, demasiado delgada... Lo volvía a contar a comienzos de este mes, cuando hubiera cumplido 86 años. "Siempre le sorprendió bastante el hecho de que fuese considerada un icono de belleza y una gran actriz, era muy tímida sobre esa parte de la apreciación mundial que recibía", declaraba Dotti a un diario británico.

La declaración de una madre modesta no sorprendería si no fuera porque Dotti es el hijo menor de Audrey Hepburn, admirada todavía hoy como icono de moda y belleza atemporal. Lucca es fruto del segundo matrimonio de Audrey -mucho menos mediático que su relación con Mel Ferrer, con quien tuvo un hijo, Sean- con un psiquiatra y playboy italiano, Andrea Dotti, a quien conoció poco después de su traumático divorcio en 1968 (tras la ruptura con Ferrer, Audrey sólo volvió a hablar con el actor en dos ocasiones).

Audrey Hepburn, durante el rodaje en África de 'Historia de una...
Audrey Hepburn, durante el rodaje en África de Historia de una monja, 1958 ©Leo Fuchs

Y aunque su madre no acababa de estar cómoda con el mito, sus hijos contribuirán a perpetuarlo: Sean Hepburn Ferrer y Lucca Dotti acaban de ceder una treintena de fotografías procedentes de su colección personal para la exposición, formada por más de 60 instantáneas, que se inaugurará el próximo 2 de julio en la National Portrait Gallery de Londres: 'Audrey Hepburn: Portraits of an Icon'.

Añadir leyenda

El archivo familiar incluye raros tesoros como una fotografía de la actriz a los nueve años, otra de adolescente tras la liberación de Holanda, en el rodaje de Historia de una monja en África, pruebas de vestuario para Sabrina o una Audrey de 13 años actuando en un recital de danza. Por entonces, todavía soñaba con ser bailarina y no actriz.

Seis años después de tomarse esa foto adolescente, Hepburn llegó a Londres desde Amsterdam con una beca para estudiar ballet. Precisamente, en el edificio que acoge los archivos de la National Portrait Gallery estaba hace 65 años el nightclub Ciro's, en el que debutó Hepburn como corista.

Ya en las fotos de entonces, podía apreciarse el personalísimo estilo de la actriz, según explicaba Terence Pepper, uno de los comisarios, cuando se anunció la muestra. "El estilo de Hepburn surgió al principio de su carrera, y nuestra muestra documenta especialmente bien este estilo inicial, cuando apareció por primera vez en la escena británica". Para Pepper, el secreto del perenne magnetismo de la actriz es "la simplicidad de su imagen".

Tras sus trabajitos como modelo y en revistas, rodó una película menor -Monte Carlo Baby- en Montecarlo, donde conocería a la escritora Colette. Ella la recomendó para el papel de Gigi, la obra de la mítica novelista y libretista que iba a estrenarse en Broadway. Su salto a la fama.

La muestra recoge también las fotografías que le hizo Larry Fried en Broadway entre bambalinas mientras interpretaba aquel papel. Después, llegarían los retratos icónicos de la actriz durante los 50 y 60, ante el objetivo de los grandes. Philippe Halsman, Richard Avedon, Mark Shaw, Cecil Beaton... Todos ellos aparecen también en la muestra.

Prueba de vestuario para Sabrina, Paramount Pictures, 1953

"Estamos emocionados de dar apoyo a esta amplia exposición dedicada a nuestra madre, pues nos permite a Sean y a mi captar fragmentos de un pasado de otro modo inalcanzable", aseguraba Luca en la nota difundida por la galería.

Lucca aseguraba que su madre se sentiría "honrada" con una exposición así. O, tal vez, como con su belleza, no entendería por qué era merecedora de tanta atención. Así lo dijo en una ocasión: "No pienso en mí como un icono. Lo que está en la mente de otros no está en la mía. Yo sólo hago mi trabajo"


Fuente: El Mundo.es

sábado, 13 de diciembre de 2014

Ganadores del EGOT

El EGOT es un conjunto de cuatro premios: un Emmy, un Grammy, un Oscar y un Tony. Conseguirlo supone que se ha alcanzado la excelencia en el mundo de la televisión, la música, el cine y el teatro, algo al alcance de muy pocos y que conforma un selecto grupo de doce nombres, cuatro hombres y doce mujeres.

EGOT, el premio al talento en todas las artes

Solo cinco miembros de este club permanecen vivos. La reciente muerte de Mike Nichols, el director de El graduado, nos hace repasar todos los nombres de estos auténticos artistas del renacimiento en la actualidad. Haremos un repaso entre las estrellas clásicas:

Audrey Hepburn

La actriz británica es una de las más laureadas de la lista de poseedores del EGOT. Comenzó a labrar su larga lista de galardones en 1954 al recibir el Oscar por su papel protagonista en la película Vacaciones en Roma y, ese mismo año, el Tony por su obra teatral Ondina.



Su cosecha de premios de la Academia de Cine, sin embargo, se cortó ahí y sus papeles en películas que han pasado a la historia como Sabrina o Desayuno con diamantes. Tuvo que esperar hasta los años noventa para completar los otros dos títulos que le faltaban para el EGOT: en 1993 se llevó el Emmy gracias al programa Gardens of the World with Audrey Hepburn, una serie de ocho documentales emitidos en la PBS, y en 1994 completó el ciclo gracias al Grammy por el disco infantil Audrey Hepburn's Enchanted Tales.

Mike Nichols

Mike Nichols
Mike Nichols

El recientemente fallecido Mike Nichols es otro de los integrantes de esta selecta lista, de la que entró a formar parte en 2001 después de ganar dos Emmy por su comedia Wit (premios que repetiría poco después gracias a Angels in America). El camino lo había iniciado en 1961 con el Grammy al álbum An Evening with Mike Nichols and Elaine May, con la que colaboraba en sus inicios. Luego llegaría el Oscar de El graduado (1968) y una larga lista de premios Tony (hasta nueve) por su labor como director teatral de títulos como Spamalot.

John Gielgud 
John Gielgud
John Gielgud 


Sir Arthur John Gielgud fue un actor inglés de obras clásicas que ganó su primer Tony (de los tres que ganaría) en 1948 con su interpretación en La importancia de llamarse Ernesto. Luego recibió un Grammy por su dicción en Ages of Man y el Oscar en 1981 como mejor actor secundario en Arthur, el soltero de oro. En 1991 completó su EGOT con el Emmy por Summer's Lease.

Rita Moreno

Rita Moreno
Rita Moreno

La Anita de West Side Story supuso el primer gran papel para Rita Moreno, una puertorriqueña que se llevó el Oscar como mejor secundaria en 1961. El Grammy le llegó en 1972 con The Electric Company, el Tony en 1975 gracias a The Ritz y después ganó dos Emmy, por El show de los Muppets y por The Rockford Files.

Helen Hayes

Helen Hayes
Helen Hayes

La polizón de la película «Aeropuerto» (1970) recogió su segundo Oscar por esta interpretación, 38 años después de recibir el primero como protagonista de The Sin of Madelon Claudet. Fueron dos de los galardones de una larga carrera plagada de éxitos que incluyen el Emmy por Schlitz Playhouse of Stars (1953), el Grammy por Great American Documents (1977) y los dos premios Tony de Happy Birthday y Time Remembered.

Fuente: ABC

lunes, 10 de noviembre de 2014

Audrey Hepburn. Photographs 1953-1966

"Para ser sincero, la primera vez que vi a Audrey no sabía muy bien qué hacer con ella. Huelga decir que no era la típica estrella en ciernes, que era lo que me habían enviado a fotografiar. La observé al otro lado de la sala mientras la fotografiaba Bud Fraker, y supe que tenía algo..., pero no atiné a determinar qué era hasta que por fin me la presentaron. Entonces aquella sonrisa radiante suya se me clavó directamente en el entrecejo y me calentó por dentro como un chupito de whisky". Esa fue la impresión que le causó al fotógrafo de las estrellas de Hollywood Bob Willoughby una por entonces prácticamente desconocida Audrey Hepburn en 1953.

Sean, el hijo de Audrey y Mel Ferrer, juega con su madre y James Garner.
Copyright: 2010 Bob Willoughby

Hepburn acababa de terminar el rodaje de Vacaciones en Roma y estaba convocada a una sesión fotográfica en los estudios de Paramount para promocionar la película. Ese papel de aristócrata de incógnito, que le venía como anillo al dedo a la actriz británica nacida en Bruselas e hija de baronesa, le valió su primer y único Oscar en 1954 y la convertiría en una figura imprescindible de la historia del cine. Esa primera sesión también sirvió para que fotógrafo y actriz iniciaran una gran amistad que abrió las puertas de la intimidad del hogar de Audrey al objetivo de la cámara de Bob, imágenes que recoge el libro Bob Willoughby. Audrey Hepburn. Photographs 1953-1966 (Taschen, 29,99€).

Coincidiendo con la exposición en el Museo Thyssen dedicada al diseñador Hubert de Givenchy, que convirtió a la actriz en su principal musa, la editorial ha publicado hace unas semanas una nueva edición a tamaño más reducido de este espléndido book fotográfico de Hepburn. A lo largo de sus 280 páginas, reúne muchas de las imágenes más reconocibles de Audrey vistiendo los glamurosos diseños del modisto francés -como el vestido rosa con guantes blancos hasta el codo de Encuentro en París (1964)-, en los platós y otras de la vida privada de la actriz, jugando con su perrito Famous en el jardín o en el sofá de su casa en Beverly Hills o dando de comer pastel por primera vez a su hijo Sean en su primer cumpleaños.

"Era una mujer muy seductora, una delicia de persona, inspiradora y de gran belleza. Y las hadas nunca acaban de desaparecer del todo", decía de ella Givenchy, quien la vistió para el cine también en Charada (1963), Desayuno con diamantes (1961), Ariane (1957) o Sabrina (1954). Aún hoy, 21 años después de su muerte, el diseñador sigue emocionándose al recordarla: "Ella era única. Tanto por su físico como por su personalidad y su vida modélica, sobre todo al final de su vida colaborando con Unicef. Era admirable", decía el diseñador.

Copyright: 2010 Bob Willoughby
Además de los bellos diseños de Givenchy para Encuentro en París, Willoughby, por cuyo objetivo pasaron también Marylin Monroe, Elizabeth Taylor y Jane Fonda, retrató a la actriz en distintos momentos del rodaje y en la intimidad de la mansión que alquiló con su marido Mel Ferrer durante el tiempo que pasaron en París.
Bajo las órdenes de su esposo rodó Mansiones verdes (1959), donde interpretaba a una chica salvaje que vivía en la jungla venezolana. Antes del rodaje, Mel Ferrer quiso que su mujer conviviese con un cervatillo que salía en la película, Ip: las imágenes captadas por Willoughby de Audrey jugando con el cervatillo y su yorkshire Famous nos muestran su cara más dulce.

Pero quizás la más cercana sea la Audrey madre que disfruta de la experiencia de dar de comer por primera vez pastel a su primogénito, Sean, en el día de su primer cumpleaños, celebrado junto a los Willoughby, cuyo hijo Christopher también cumplía años. Los dos bebés gateando bajo la atenta mirada de Audrey o dando sus primeros pasos ayudados por sus madres son momentos de la intimidad de la actriz de los que la cámara del fotógrafo de cine fue testigo. Y es que Bob Willoughby supo captar todo lo que para él fue su amiga, a la que también definió recurriendo al símil mitológico-fantástico: "(...) esta duendecilla llena de magia, una criatura del bosque capaz de transformarse en una princesa ante tus propios ojos, un ser humano extraordinario a quien respeté y amé".

Y es que la actriz británica jamás perdía su glamour, ni caracterizada como la florista callejera Eliza Doolittle de My fair lady (1964), cuyo rodaje bajo las órdenes de George Cukor fotografió profusamente Willoughby: "Me tenía prohibido visitarla en el plató cuando la ensuciaban para caracterizarla como el personaje de la florista. Inlcuso cuando iba más zarrapastrosa se rociaba con unas gotas de Joy, un perfume de 100 dólares por 30 ml. 'Puede que tenga un aspecto sucio -decía-, pero oleré a limpio'", contaba Mel Ferrer sobre el rodaje de la película ganadora de ocho Oscar.

La última parte del libro de Taschen se centra en el rodaje de Dos en la carretera (1967), en la que vemos a una Audrey Hepburn muy relajada junto a Albert Finney. A juicio de Audrey Wilder, actriz y mujer de Billy Wilder, en esa película su tocaya logró "bajar la guardia" y, aunque lo habitual es que las actrices se protejan, "se muestra tal y como es".

Audrey Hepburn (EFE)
"De niña me enseñaron que era de mala educación llamar la atención y que jamás de los jamases debía dar un espectáculo... Y resulta que me he ganado la vida haciendo exactamente esas dos cosas", decía esta actriz

Tras esa cinta, rodaría Sola en la oscuridad, también en 1967, y después decidió dedicar más tiempo a su familia y solo actuar ocasionalmente. Rodaría cuatro películas más -además un telefilme- entre 1976 (Robin y Marian) y 1989, bajo las órdenes de Spielberg en Para siempre, en la que dio vida a un ángel, para después dedicarse en cuerpo y alma a serlo en la realidad como embajadora Unicef para ayudar a los niños más necesitados de los países más pobres.
Tres meses después de su último viaje a Somalia, el 20 de enero de 1993 moriría una de las actrices más mágicas e irrepetibles de la historia del cine, quien afortunadamente decidió desobedecer a su madre aristócrata: "De niña me enseñaron que era de mala educación llamar la atención y que jamás de los jamases debía dar un espectáculo... Y resulta que me he ganado la vida haciendo exactamente esas dos cosas".

Fuente: RTVE.es

lunes, 20 de octubre de 2014

Exposición: Audrey Hepburn en el Thyssen

"Para mí la moda es el pasado". Así de contundente se muestra Hubert de Givenchy que con mucha amabilidad nos concede unos minutos tras la rueda de prensa que ofrece en el Thyssen. Un breve encuentro porque está muy cansado tras varios meses de preparativos y entrevistas.

Se muestra feliz con la exposición que presenta el museo. Ha tenido carta blanca y la oportunidad de poder expresarse. Habla de ella, de la muestra, con humildad y respeto. Humilde es la forma de presentarla ya que el modisto no ha querido hacer una retrospectiva de su obra, ni repasar sus éxitos.

"La mayoría de los modelos son piezas el archivo de Givenchy y de clientas de Nueva York, Texas o París que han tenido la amabilidad de prestarlos", nos cuenta el maestro.

Pero la emoción salta a sus palabras cuando habla de Audrey Hepburn. "Ella era única. Tanto por su físico como por su personalidad y su vida modélica, sobre todo al final de su vida colaborando con Unicef. Era admirable", dice monsieur Givenchy.

El recorrido comienza por las primeras creaciones del maestro, como la camisa Bettina. Después se exponen los vestidos que llevaron esas mujeres importantes de la vida social y la política. Y es que Givenchy vistió los años 60, 70 y 80, pero además contribuyó a generarlos.

Audrey Hepburn es la mujer que simboliza su estilo. El modisto la adoraba, la quería, la tenía como musa y solo la muerte de la actriz les separó. Para ella hizo todo tipo de ropa, tanto para momentos muy especiales de su vida personal como para sus películas.

El vestuario de Desayuno con diamantes (1961) es uno de los más reinterpretados de la historia de la moda y un referente de elegancia clásica e intemporal. Pero hubo otras damas que desfilaron por todo el planeta vestidas por el maestro, como la duquesa de Windsor, Grace de Mónaco y Jackie Kennedy. Cuatro estilos con un mismo acento.



La exposición permanecerá en el museo Thyssen hasta el 18 de enero de 2015. 


Fuente: RTVE.es

lunes, 18 de agosto de 2014

Audrey Hepburn y su nieta

Emma Ferrer (20), nieta de Audrey Hepburn, ha querido rendir un sentido homenaje a su abuela fallecida convirtiéndose en portada de la revista Harper's Bazaar. La hija de Sean Ferrer, vestida con un vestido blanco y negro de Lanvin y otro gris con plumas de Ralph Lauren, ha ejercido en la sesión de fotos para dicha publicación en una doble inesperada de la icónica actriz, ya que guardan un gran parecido físico. Es la primera vez que posa delante de una cámara.

La nieta de Audrey posando en la revista y su abuela, la actriz...

La joven ha sido inmortalizada por Michael Avedon (23), nieto a su vez del genial Richard Avedon, quien fotografió a Hepburn en numerosas ocasiones y que actualmente va camino de convertirse en un cotizado fotógrafo también. Ferrer, estudiante de la Academia de Arte de Florencia, ha hablado en su condición de nieta de la estrella de Hollywood, a la que nunca conoció.


Emma nació justo un año después de que su abuela falleciera. "Conocía su imagen por supuesto, pero para mí no era Audrey Hepburn a secas sino parte de mi familia, mi abuela", ha dicho en las páginas de la revista que ha titulado su participación como New Funny Face, en clara referencia a Funny Face, la película que Hepburn protagonizó con Fred Astaire. Con las imágenes queda claro que, a veces, la elegancia también se hereda.

sábado, 21 de junio de 2014

20 años sin Henry Mancini

El 14 de junio se cumplieron 20 años de la muerte del gran Mancini, autor de bandas sonoras que han pasado a la historia: Desayuno con diamantesCharadaLa pantera rosa, entre otras.



Henry Mancini fue compositor muy popular, con una larga trayectoria en la que destacan numerosos premios. A pesar de ser más conocido por sus trabajos para comedias, y en especial por componer para Blake Edwards durante muchos años, fue capaz de experimentar con el terror, el suspense o el musical, alcanzó una gran popularidad en la década de los sesenta y setenta. Y al margen de las grandes bandas sonoras también compuso grandes canciones para películas inolvidables. Influenciado por ritmos latinos y, sobre todo, por el jazz. Sin olvidar temas para televisión, Mancini ganó 20 premios Grammy y logró 17 nominaciones al Oscar (alzándose en cuatro ocasiones con el premio).

Y es que Mancini consiguió convertirse en un compositor muy popular gracias su gran habilidad para adaptar sonidos, ritmos e influencias de cada época en la que trabajó. Precoz en su dedicación por entero a ser compositor para el cine, pasó algunos años ligado a Universal Pictures donde trabajó a destajo, en más de 100 películas, aunque la mayoría de bajo presupuesto. Pero le sirvió para desarrollar su habilidad como compositor y arreglista, además de que supo alcanzar esa proximidad con el espectador de la época con composiciones y melodías pegadizas.

A continuación, un repaso por las mejores bandas sonoras de Henry Mancini:

Sed de mal (1958)

Hasta llegar a componer la banda sonora de esta obra maestra de Orson Welles, Mancini trabajó a destajo en Universal y empezó a labrarse un nombre. Tanto como para que le confiaran la partitura de este film de cine negro que le puso a prueba y del que salió muy bien parado. Welles estuvo más preocupado de otros asuntos y se desentendió de la música, así Mancini se sintió libre y consiguió un gran trabajo fusionando instrumentos de percusión y subrayando la intensidad de los grandes momentos de Sed de mal.

Desayuno con diamantes (1961)


Film mítico de Blake Edwards, hay que reconocer lo mucho que tuvo que ver también la excelente música de Mancini, con la que logró una fama mundial y consiguió además, que su tema Moon River se convirtiera en uno de las canciones más famosas, pegadizas e inolvidables de la historia del cine. 

Hatari! (1962)

Cambiando de registro, Mancini tras el fulgurante éxito anterior se lanza a esta producción donde tiene consigue mezclar con atrevimiento tonos de jazz y música africana, con aire exótico, tambores africanos, pero sin perder un ápice de calidad en sus melodías. Una mezcla que resulta muy apropiada para Hatari!, demostró de lo que era capaz y sorprendió a muchos.

Charada (1963)

Regresando de nuevo a la comedia, esta vez para Stanley Donen, Mancini consigue una música que consigue mezclar muchos ritmos diferentes, desde latinos a música clásica y también bolero, bossa nova,… todo para otorgar ese aire dinámico, de suspense del film. Era difícil pero consigue darle una coherencia al conjunto de forma muy brillante. De nuevo demuestra que en esta época alcanza su cota más alta de inspiración.

Días de vino y rosas (1963)

Otro magistral trabajo para Blake Edwards en otra cinta inolvidable de la época. También acompañada de una canción inolvidable, popular y versionada hasta la saciedad (junto con el gran Johnny Mercer).

La pantera rosa (1964)

Qué podemos decir de esta música. Un tema universal que convirtió a Henry Mancini en un ídolo y en un compositor de gran fama y popularidad. Brillante música donde demuestra su gran dominio de las melodías con tonos de jazz.

Dear Heart (1964)

Sin salirse de la comedia, esta vez para Delbert Mann, de nuevo Mancini demuestra que es donde mejor se mueve, donde mejor sabe resolver su música, ya por aquel entonces inconfundible. Y de nuevo viene acompañada su banda sonora de una canción del mismo título que ayuda a su gran popularidad. Aquí con acompañamiento coral.

El nuevo caso del inspector Clouseau (1964)

De nuevo repitiendo éxito anterior y ampliando la saga con su inestimable aportación musical. Para muchos consiguió superar incluso a La pantera rosa y convertirse en uno de sus mejores y más completos trabajos. Aunque queda ensombrecida por la gran repercusión de su tema principal.

Dos en la carretera (1967)

De nuevo para Stanley Donen (y también con Audrey Hepburn), Mancini repite esquema, una banda sonora melódica, con mezcla de ritmos, muy variado y al que completa con una canción del mismo título que contribuye, una vez más, al éxito y reconocimiento.

El guateque (1968)

Otra de sus obras cumbres y con la que demuestra ser uno de los más grandes de la década de los sesenta. Esta genial y absolutamente divertida comedia de Blake Edwards cuenta con una banda sonora propia del estilo de Mancini. Aquí se reunió de grandes intérpretes como el saxofonista Plas Johnson, el pianista Jimmy Rowles y el batería Shelly Manne.

También fue el creador de los temas de varias series de televisión: Remington Steele, El pájaro espino o Peter Gunn. Ésta última en 1958, creada por Blake Edwards. Era la historia de un peculiar detective privado con mucho estilo. Solo tres temporadas pero la música de Mancini fue esencial para su gran popularidad. Por cierto, el tema principal es una absoluta genialidad.



Fuente: RTVE.es, blogdecine.com