Las verdaderas estrellas de cine clásico

jueves, 2 de octubre de 2025

40 años sin Rock Hudson

Hace casi 40 años, Rock Hudson se desplomó en su suite del hotel Ritz, en París, era julio de 1985. Muy pocos sabían que esta estrella del cine tenía sida, una enfermedad que se le había diagnosticado un año antes. Al igual que hizo durante toda su carrera a cerca de su homosexualidad, Hudson guardó en secreto que era portador del VIH (virus de inmunodeficiencia adquirida), causante de una afección poco entendida por aquel entonces y que se había convertido en plaga. El primer caso diagnosticado fue en 1981: cuatro años más tarde, y dada su propagación, la sociedad occidental estaba aterrorizada y la comunidad homosexual, estigmatizada.




«La gente habla del sida como un antes y un después de Rock Hudson», explica hoy Michael Gottlieb, el doctor que trató al actor, a People. La revista ha recogido los testimonios de quienes estuvieron más cerca de esta estrella de Hollywood en sus últimos y tormentosos días. «Cuando le conocí, no imaginé que sería una persona crucial en la lucha contra la epidemia del sida. Fue el paciente más influyente de su historia», continúa Gottlieb.

Antes de que falleciera Hudson, ya habían muerto 6.000 personas a causa del VIH. Pero ninguna con una fama a la altura del actor. Símbolo sexual de físico imponente (medía 1,93) y sonrisa encantadora, Hudson arrasó en la taquilla en los años 50 y 60, con éxitos como Gigante –con Elizabeth Taylor y James Dean– o las populares comedias junto a Doris Day –Confidencias a medianoche o Pijama para dos.

Rock en Confidencias a medianoche
Gottlieb había recomendado a Rock Hudson un tratamiento experimental con retrovirales que en París estaba llevando a cabo un médico francés, Dominique Dormond. En la suite del Ritz se le administraron las primeras dosis del fármaco, pero no obtuvo el efecto esperado. Una aparición pública el 15 de julio de 1985 para promocionar un programa de su amiga Doris Day levantó las alarmas: Hudson estaba excesivamente delgado y con muy mal aspecto. La actriz ha confesado que, en aquella ocasión, su buen amigo no podía ni comer. «Nunca me dijo que estaba enfermo. Cuando nos despedimos, me dio un abrazo enorme y me sujetó un tiempo. Me eché a llorar. Fue la última vez que le vi».

Pocos días después, de vuelta a París, cuando sufrió su desmayo en el Ritz, el actor decidió comunicar a los periodistas que se agolpaban a las puertas de su hotel que tenía sida. Encargó un comunicado a una publicista francesa de su confianza, Yanou Collart. «Le leí el comunicado que había preparado –recuerda hoy Collart–. Él se encontraba demasiado débil como para tomar una decisión. Yo estaba llorando. Todo lo que me dijo fue: “Eso es lo que quieren. Ve y échaselo a los perros”».

El estado de salud de Hudson era grave y decidieron traerle de vuelta a casa. El actor pagó 250.000 dólares para fletar un avión de Air France que le llevara directamente a Los Ángeles, donde le recibió un helicóptero que le trasladó al hospital UCLA. Gottlieb fue quien le recibió en el centro médico y quien le comunicó que era conveniente aclarar su estado real con la prensa estadounidense, que tenía noticias de su supuesto sida, pero que dudaban sobre si el comunicado de Collart había sido autorizado. «¿Debemos decirles que tienes sida?», le preguntó el doctor a Hudson. «Sí, si tú crees que ayudará en algo», respondió el actor.

Hudson murió en su casa algunos meses después, el 2 de octubre de 1985. Durante ese tiempo, recibió visitas de los más cercanos y la publicidad de su enfermedad contribuyó a concienciar a la sociedad sobre el sida. Entre quienes fueron a verlo se encontraba Elizabeth Taylor, que hizo un visita secreta al hospital. La actriz se vistió como en las grandes ocasiones y besó y abrazó a su amigo. Años después, Taylor creó la una fundación para la lucha contra la epidemia, que, hasta la fecha, ha recaudado 17 millones de dólares.

«Él era consciente de la publicidad de su caso antes de morir –asegura a People el doctor Gottlieb-. Estaba contento de haberlo hecho público y del efecto que produjo. El sida estaba tan estigmatizado. que la gente que lo sufría se sentía abandonada. Buscaban un rayo de esperanza, y eso llegó cuando Rock hizo pública su enfermedad».


Fuente: ABC

lunes, 29 de agosto de 2022

40 años sin Ingrid Bergman



Bergman con su tercer Oscar
Ingrid Bergman ha sido, después de Greta Garbo, la más insigne actriz sueca cuyo rostro ha sido universalizado por la industria de Hollywood, persistente raptora y usufructuaria de intérpretes nórdicas, como demuestran los nombres de Viveca Lindfords, Signe Hasso, Mai Zetterling, Marta Toren, Anita Ekberg y May Britt, estrellas nómadas a quienes resultó demasiado pequeña la catapulta del hoy modesto cine escandinavo. Como todas ellas, Ingrid Bergman fue también una estrella errante, arrebatada por SeIznik a los Estudios Estocolmo para repetir con ella en California el éxito de Intermezzo, junto a Leslie Howard, una de las cimas del cine romántico y lacrimoso de entreguerras. De este modo, después de que la cultura nórdica había regalado al mundo universal del espectáculo mitos femeninos tan perdurables como la Nora Ibsen y la señorita Julia de Strindberg, Ingrid Bergman regaló una sonrisa melancólica y un inédito rictus de patetismo a las pantallas de todo el mundo. Intermezzo fijó para siempre la imagen romántica de la actriz en el universo, más quietista que desmelenado, del melodrama cinematográfico, que tuvo su culminación en los años de la segunda guerra mundial.


En estos años difíciles en que la demanda colectiva de ternura y de afectividad ascendió a cotas proporcionales a la miseria del momento, la Bergman triunfó sucesivamente en Casablanca, Por quién doblan las campanas -en donde fue una improbable guerrillera republicana en una guerra civil española vista con óptica de western- y Los que agonizan, que, de la mano de George Cukor, le valió su primer oscar de interpretación. En esta pieza de terror psicológico posvictoriano, la Bergman contruyó el arquetipo de personaje tierno, vulnerable, frágil, perplejo y atormentado que con tanta frecuencia aparecería en su filmografía y que acaso sea su imagen más persistente en la memoria colectiva del público cinematográfico. La Paula de Los que agonizan tuvo su perfecta continuidad en los personajes atormentados o en las víctimas acosadas que encarné bajo la batuta de Hitchcock en Recuerda, Encadenados y Atormentada, filmes que formaron un memorable tríptico acerca del dolor y del sufrimiento femenino.

Personaje romántico

Pero si la Bergman había conseguido construir en la pantalla un eficacísimo personaje romántico, hecho de austera sensibilidad y de contenida elegancia, la vida real le daría la oportunidad de interpretar a una de las más bellas heroínas románticas de la posguerra. Fascinada hasta el escalofrío por la visión de Roma,ciudad abierta y Paisá, envió a Rossellini un telegrama efusivo y antológico que decía así: "He visto sus filmes Roma, ciudad abierta y Paisá, y me gustaron mucho. Si necesita una actriz sueca que habla inglés muy bien, que no ha olvidado el alemán, que no es muy buena en francés y que de italiano sólo sabe decir ti amo, estoy lista para viajar y hacer un filme contigo. Saludos cordiales.Ingrid Bergman".

El volcánico Rossellini contestó a la oferta profesional y sentimental con un apasionamiento latino que no desmerecía de la insinuación sueca, y de su encuentro chisporroteante nacieron cinco filmes y medio, un escándalo, un embarazo y una boda.

Durante el rodaje de Stromboli fue tan notorio el idilio entre la actriz y el director, que el Vaticano llamó al orden a la pareja, por estar ella casada y ser Rossellini católico. El caso es que el estreno de Stromboli coincidió con el nacimiento de Robertino y con el punto más alto del furor eclesiástico ante el adulterio público de dos grandes figuras públicas, bajo el pontificado vigilante y severo de Pío XII.

Curiosamente, las colaboraciones entre Rossellini y su actriz estuvieron impregnadas de un patetismo que no ocultaba sus raíces cristianas, que no debían confundirse con un confesionalismo institucional o político, como tuvo buen cuidado en puntualizar Rossellini en Europa 51, la que acaso fue su colaboración más redonda y su mejor reflejo de la crisis ideológica de la posguerra, fermentada por la focálización subjetivista del existencialismo francés.

Retorno al redil

Después del tormentoso paréntesis junto a Rossellini, Ingrid Bergman retornó al redil del establishment norteamericano, lo que le valió la recompensa paternal de un segundo oscar por su creación en Anastasia, filme coyunturalista acerca de la discutida herencia de los Romanof y de su presunta descendiente, sazonada con unas gotas de propaganda antisoviética. Algunos biógrafos han utilizado la palabra renacimiento para referirse a esta nueva etapa en la zigzagueante carrera de la actriz.

En realidad se trató de la etapa ecléctica de una estrella universalmente consagrada y reconocida, que le sentía demasiado europ ea para enfeudarse en la producción de Hollywood, pero que era a la vez demasiado importante para limitar su carrera a la declinante industria europea. Así, Ingrid Bergman tuvo la satisfacción de poder trabajar con directores del peso de Jean Renoir, de Stanley Donen y de Anthony Asquith, pero también tuvo que vender su talento a la máquina trivializadora del cine comercial de consumo, que como compensación a su servidumbre y a sus humillaciones artísticas le otorgó en 1974 el tercer y último oscar de su vida, por su papel secundario en Asesinato en el Orient Express, intriga erigida a la mayor gloria de Agatha Christie.

Bergman en Intermezzo
Después vino la patética lucha contra el cáncer, el guión más trágico de todos los dramas dolientes que tuvo que vivir o fingir ante las cámaras. Aguantó con entereza el último acto de la representación de su vida, a sabiendas de que era el acto final, sin derecho a aplausos y con ramos de flores únicamente funerarios, mero adornante se puede hacer: suspender la actividad como alcalde durante el mes de la campaña y la propaganda electoral, pero no creo que haya mayor incompatibilidad y, en el caso improbable de que la hubiera, yo me inclinaría por la alcaldía".

domingo, 29 de mayo de 2022

40 años sin Romy Schneider

Romy Schneider nació en 1938 en Austria, en pleno apogeo del nazismo. Kurt Ulrich le ofrece su primer papael y es entonces cuando se cambia su apellido por el materno,  Schneider.

Romy protagonizó Sueños de circo y Los jóvenes años de una reina. Después de rodar Sissi emperatriz, viaja a Hollywood. En 1958 conoce a Alain Delon.

En el aniversario de su fallecimiento, hay que recordar a Rose-Marie Albach, verdadero nombre de Romy Schneider, a través de algunas de sus frases:

"No hay nada más frío que un amor que se ha ido."



"La suerte no se puede almacenar."

"El talento es una cuestión de amor."

"Creo que lo mejor de la vida son los recuerdos"

"Soy una mujer rota y tan solo tengo 43 años".

"Siempre me lo juego todo, llevo las cosas hasta las últimas consecuencias. Me entrego y amo con todo mi corazón".

"No soy nada en la vida, pero lo soy todo en la pantalla".

lunes, 27 de julio de 2020

Homenaje a Olivia de Havilland en La 2

El martes, 28 de julio, La 2 de TVE rinde homenaje a la recientemente fallecida actriz Olivia de Havilland con la emisión a las 22:00 horas de un vídeo homenaje.

Olivia de Havilland


Recordamos que ese mismo día se emite "Historias de Filadelfia", así o bien el homenaje se trata de un pequeño vídeo recordatorio o sustituyen la película de Katharine Hepburn, Cary Grant y James Stewart por otra de Olivia de Havilland.

Hepburn y Cukor


Sea como sea, el martes a las 22:00 los cinéfilos tienen una cita en La 2.


NOTA: finalmente se emitirá La Heredera.



 

domingo, 26 de julio de 2020

Muere Olivia de Havilland

Olivia de Havilland, la última estrella del Hollywood dorado, ha fallecido a los 104 años en su residencia de París, según informa Entertainment Weekly. La intérprete murió en la noche del pasado sábado «en paz mientras dormía», según fuentes de la citada publicación.

Con su muerte, se puede decir adiós a la época clásica más gloriosa en la que el sistema de estudios convirtió a los actores en productos manufacturados. Esa mercantilización provocó que las estrellas firmaran contratos draconianos durante siete años, por lo que fueron tratadas como esclavas, tenían que aceptar cualquier guión y siempre estaban vigiladas para que su conducta fuera moralmente aprobada.

Hija de una familia británica que residía en Japón por motivos laborales, Olivia de Havilland nació en Tokio en 1916. La familia regresó poco después a Inglaterra pero tras la separación del matrimonio, De Havilland se trasladó a Estados Unidos con madre y con su hermana, la también actriz Joan Fontaine, con quien mantuvo una tortuosa relación personal. 

Tras dar sus primeros pasos en el teatro, el director Max Reinhardt la descubrió en una representación de El sueño de una noche de verano y le ofreció un papel para la versión cinematrográfica de la obra de Shakespeare que dirigió en 1935. 

El estudio Warner Brothers, impresionado con su talento, le ofreció un contrato de siete años, como era costumbre en la época. Junto al actor Errol Flynn protagonizó una serie de películas de aventuras, como El capitán Blood (1935), La carga de la brigada ligera (1936) o Robin de los bosques (1938), que le dieron gran popularidad.

La actriz sobrevivió a dos guerras mundiales, a varias crisis nucleares, pero, sobre todo, resistió a Joan Fontaine, esa hermana pequeña con quien mantuvo una rivalidad antológica que empezaba por diferenciarse hasta en el apellido. «Me casé la primera, gané un Oscar la primera, tuve un hijo la primera. Si me muero, ella estará furiosa porque otra vez la habré ganado», se jactó Joan Fontaine en una entrevista.

Como si fuera pitonisa en lugar de actriz, la protagonista de Rebeca cumplió, y aunque era un año menor que Olivia de Havilland, se fue también antes que su hermana. Cuando en 2013 Joan Fontaine murió a los 96 años, el día en el que se celebraba el 74 aniversario de Lo que el viento se llevó, Olivia de Havilland emitió un comunicado en el que aseguraba estar "conmocionada y entristecida".

En 2016, con motivo de su centenario, la actriz ofreció una entrevista a Associated Press en la que rompió su silencio sobre esta tensa relación fraterna y llamó a su hermana 'Lady Dragón'. "No puedo pensar en un solo caso en el que iniciase un comportamiento hostil, pero puedo pensar en muchas ocasiones en las que mi reacción fue de defensa ante un comportamiento desconsiderado de ella", aseguró.

Cuando su enemiga acérrima desapareció, lo hicieron también las fuerzas de Olivia de Havilland, incapaz quizás de seguir en una industria donde, por fin, presentó batalla. Por mucho que se burlara Fontaine, que le «robó» a su hermana la estatuilla en 1941, Olivia de Havilland acumuló más nominaciones y premios Oscar que su hermana. Se recluyó en Francia, cerca de París, y aparecía en público sólo en ocasiones contadas, como cuando entregó un Oscar en 2003.



De Havilland, en Paris (2019)


Celos profesionales o trauma infantil, lo cierto es que ni siquiera la muerte de su madre pudo reconciliarlas. Fontaine le reprochaba a su hermana que le leyera la «Crucifixión» de pequeña; Olivia de Havilland, que pudiera ser mejor que ella. Dicen que Robert Aldrich se inspiró en su enemistad para rodar ¿Qué fue de Baby Jane?, protagonizada por Bette Davis y Joan Crawford en 1962.

Olivia se casó en dos ocasiones, la primera con Marcus Goodrich (1946-1953), con quien tuvo un hijo, Benjamin -falleció en 1991- y después con el editor de la prestigiosa revista París Match, Pierre Galante (1995-1979), fruto de cuya unión nació su hija, la periodista Gisèle Galante. No tenía nietos.

Fue  la primera mujer en presidir el Festival de Cannes. Su carácter combativo se mantuvo hasta el final, como prueba la demanda que presentó contra los productores de la miniserie Feud, centrada en la relación entre Bette Davis y Joan Crawford. A Olivia de Havilland no le gustó la imagen que de ella se ofrecía, sobre todo por una escena en la que llamaba "puta" a su hermana, algo que negó en la posterior demanda contra FX.

Medalla Nacional de las Artes de EE.UU. en 2008, dos años después, fue nombrada Caballero de la Legión de Honor de la República Francesa y en 2017, Dama del Imperio Británico. Y aunque no asistió a la ceremonia, hizo público un breve comunicado en el que mostraba su orgullo por recibir ese reconocimiento por parte de la reina Isabel II de Inglaterra. 

La última dama del Hollywood dorado, «la heredera» de todos los nombres del cine clásico, se ha marchado en silencio, con elegancia y discreción.

miércoles, 15 de abril de 2020

30 aniversario del fallecimiento de Greta Garbo

Hubo un tiempo en el que las estrellas del cine eran tratadas como deidades. El star system hollywoodiense se encargó, a finales de los años 20 del siglo pasado, de fabricar diosas de la pantalla para satisfacer los deseos intangibles de los espectadores. Greta Garbo  fue un de ellas. Treinta años después de su fallecimiento se la sigue recordando como un referente cinematográfico y de estilo.

Greta Lovisa Gustafsson fue una de las actrices más misteriosas de Hollywood que, pese a sus intentos por desvincular su vida privada de su carrera en el cine, no consiguió nunca despegarse de la eterna sombra de los medios y paparazzis, ansiosos por conocer ya no a la actriz, sino a la magnética y enigmática persona que habitaba bajo su piel.

Nunca llegó a entender a quién podía interesarle lo que pasaba en su vida de puertas hacia dentro, pero lo cierto es que toda información parecía poca. La joven que un día abandonó la lejana Suecia para alcanzar el sueño americano reconoció no ser feliz y, de hecho, su melancólica actitud y prácticamente inexistente sonrisa se convirtió en uno de sus fuertes. Carácter no le faltaba y plantó cara a quien hizo falta, pese a su juventud, demostrando que llegaría a lo más alto.

Tras grabar El demonio y la carne, su romance con John Gilbert, que hizo suspirar a miles de fans, consiguió traspasar la pantalla y poco después la sueca se mudaría a casa de actor. A pesar de mostrarse reticente al matrimonio, la pareja de moda se comprometió y acordaron celebrar una boda conjunta con sus compañeros de profesión Eleanor Boardman y King Vidor, pero Garbo nunca llegó a presentarse frente al altar. Después de aquello la ex-pareja mantuvo la amistad, pero sus caminos, tanto personales como profesionales, tomaron direcciones completamente opuestas.



Después de este romance, la actriz, también un enigma indescifrable en el amor, hizo suya la mítica frase «Quiero estar sola», que pronunció en la película Gran Hotel. Se convirtió en un mantra hasta el final de sus días, pero Garbo no estuvo sola, sino más bien acompañada de las personas por las que ella quiso rodearse.

Tras su fracasado compromiso con Gilbert, también se relacionó a la sueca con el director Leopoldo Stokowski y el dietético Gaylord Hauser. Aunque si un nombre suena con más fuerza que el resto es el de Mercedes de Acosta, con quien se veía y mantenía contacto en secreto huyendo siempre de la persecución mediática. Los sentimientos de Garbo hacia la estadounidense han sido puestos en duda durante años, cuestionando si los de la poetisa eran correspondidos, pero lo cierto es que no fue la única mujer con la que se le relacionó.

Tras su temprana retirada a los 36 años fue aún más complicado seguir la pista de sus peripecias sentimentales. «Mi vida ha sido una travesía de escondites, puertas traseras, ascensores secretos, y todas las posibles maneras de pasar desapercibida para no ser molestada por nadie», llegó a decir en una ocasión. Y lo cierto es que, sea como fuere, cuando a los 84 años perdió la vida por complicaciones de su diabetes y una neumonía, su petición a los médicos que le atendieron no fue otra que no hablar públicamente sobre la causa de su muerte, que se conocería más adelante.

Fuente ABC.es

miércoles, 1 de abril de 2020

100 aniversario del nacimiento de Toshiro Mifune

Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de Toshiro Mifune, actor japonés que mayor reconocimiento ha alcanzado en el mundo. Entre sus reconocimientos destacan dos premios al mejor actor en el Festival de Cine de Venecia por Yojimbo, en 1961, y por Barbarroja, en 1965. 



El actor japonés más célebre de la historia no nació en Japón sino en China. De hecho, no estuvo en Japón hasta que fue reclutado por el Ejército. Toshiro Mifune nació el 1 de abril de 1920 en Tsingtao (hoy Qingdao, en Shandong), ciudad de la Manchuria china por entonces bajo control nipon. Creció en una colonia japonesa metodista en la que su padre trabajaba como fotógrafo retratista.

Por influjo de su padre, desde adolescente Mifune mostró interés por la fotografía, actividad que le sirvió durante la Segunda Guerra, ya que fue destinado a labores de reconocimiento aéreo. Al terminar el conflicto entró en contacto con el cine como asistente de cámara.  Sin que él lo supiera, un amigo mandó una fotografía suya a un casting de actores y resultó seleccionado. Debutó en 1947 con un pequeño papel en una comedia y al año siguiente conoció al director Akira Kurosawa, con quien realizaría 16 películas magistrales.  

Mifune empezó a ganar notoriedad en 1948 por su papel de gánster en El ángel ebrio, de Kurosawa. Con personajes de carácter duro y despiadado, aunque no carentes de humor, conquistó al público en cintas como Rashomon (1950) y Los siete samuráis (1954). Ambas dirigidas por Kurosawa se volverían clásicas del cine mundial. 

Kurosawa, primer director japonés en adquirir notoriedad en Occidente, encontró en el actor una materia prima de primera calidad para crear obras maestras. A pesar de sus éxitos, la relación entre ambos no era idílica. Así, el crítico James Quandt refiere que “su colaboración se fundaba en una negociación volátil entre el director autocrático —aristocrático en su porte, imperioso y autoritario— y su actor principal mercurial, que mostraba humildad, necesidad ingeniosa y, tal vez, lo contrario, una cierta vehemencia”.  De acuerdo con John Farr, estaban hechos el uno para el otro: “Raramente, si no es que nunca, una colaboración entre un artista y su inspiración dieron como resultado un tesoro cinematográfico tan rico”. 

Este rico tesoro incluye también adaptaciones de Kurosawa a obras literarias occidentales, como El idiota de Dostoievski, que se convertiría en Hakuchi (1951); Macbeth de Shakespeare, transformada en Trono de sangre (1957), y la obra de teatro de Máximo Gorki Los bajos fondos, rebautizada como Donzoko (1957). Su última colaboración sería en Barbarroja (1965).  


Toshiro Mifune
Gracias a su éxito con las cintas de Kurosawa adquirió estatus internacional, lo que lo llevó a filmar cintas como Infierno en el Pacífico (1969), ¡Tora! ¡Tora! ¡Tora! (1969), El sol rojo (1971) y La batalla de Midway (1976).  Además, participó en películas mexicanas, llegando a estar nominado al Oscar y al Globo de Oro por Ánimas Trujano, de Ismael Rodríguez, donde hace el papel de un oaxaqueño irresponsable que busca convertirse en mayordomo de su pueblo. 

El crítico de cine Rafael Aviña escribe que “en uno de esos extraños casos de la historia fílmica”, en Ánimas Trujano Mifune fue uno los mejores actores del cine nacional. Interpretó magistralmente a un terco, borracho y pendenciero indígena zapoteco”. 


Fuente: milenio.com,

lunes, 9 de marzo de 2020

Fallece Max von Sydow

 Max von Sydow ha fallecido en su casa en Francia -donde vivía desde hace décadas- de un infarto de corazón el domingo a los 90 años, tal y como ha confirmado su mujer a través de un comunicado a la revista francesa Paris Match: "Es con el corazón roto, con tristeza infinita y extremo dolor que anunciamos la muerte de Max von Sydow el 8 de marzo de 2020", revelaba Catherine, documentarista y productora francesa con la que llevaba casado desde 1997.

Rodó 11 películas con Ingmar Bergman, trabajó con los más grandes directores de la historia, logró dos candidaturas al Oscar. Con el fallecimiento del actor sueco  se muera una leyenda del cine. 



El intérprete nació en 1929 en Suecia como Carl Adolf pero cuando comenzaba su carrera sobre las tablas se lo cambió mientras estaba haciendo el servicio militar obligatorio.  Estudió en el Royal Dramatic Theatre y los primeros años de su carrera los dedicó al teatro antes de que las películas del también sueco Ingmar Bergman le lanzaran a la fama. Fueron filmes como Fresas Salvajes o El séptimo sello, estrenadas ambas en 1957, las que dieron comienzo a su recorrido audiovisual que ha llegado hasta nuestros días.

 Algunos de sus papeles más conocidos y que todavía se recuerdan a día de hoy son en Dune (para el que Denis Villeneuve está preparando ahora un remake), El Exorcista, Shutter Island, y Star Wars: El despertar de la fuerza. También en televisión, donde tiene interpretaciones memorables como la del Obispo de Augsburgo en Los Tudor y el Cuervo de tres ojos en Juego de tronos.

Según cuenta el medio británico Independent, le hubiera gustado participar en series como Harry Potter o El señor de los anillos pero se trataba de papeles restringidos a actores británicos. Además de su amor por la ciencia ficción y la fantasía, Max revelaba en una entrevista que había tenido una "educación rara". "Mi padre era un académico, profesor en la ciudad en la que nací, y su asignatura era sobre folclore. Así que era un experto en contar historias, leyendas y aventuras. Como era un niño muy tímido y oía más que nadie de estos cuentos, esto animó mi imaginación y fue lo que me llevó a la actuación", explicó.

Max se casó en 1951 con la también actriz sueca Christina Olin y tuvo dos hijos con ella, Clas y Henrik. Se divorciaron en 1996 y un año más tarde volvió a casarse con la productora y cineasta francesa, Catherine. Con ella tuvo dos hijos más, Cedric e Yvan, y se nacionalizó francés en 2002, por lo que en 2011 el país galo escogió otorgarle la orden de la Legión de Honor.

El fallecido estuvo nominado en dos ocasiones al premio Oscar, en 1989 y 2012 por los filmes Pelle el conquistador y Extremely Loud and Incredibly Close, pero finalmente no se hizo con la estatuilla. Sí que consiguió los honores de los festivales de Cannes y Venecia, que le homenajearon en 2004 y 1982 respectivamente. Trabajó con directores de la talla de Steven Spielberg, Woody Allen, el español José Antonio de la Loma, Martin Scorsese, David Lynch o Lars von Trier. También probó suerte tras las cámaras, dirigiendo Katinka en 1988.


Fuente: Hola.com, El País

sábado, 8 de febrero de 2020

Anécdotas de los Oscar

Son muchas las anécdotas que surgen en cada gala de los Oscar. Sin embargo, recientemente se produjo una anécdota que jamás olvidaremos protagonizada por Warren Beatty y Faye Dunaway en los Oscar 2017. Los veteranos actores anunciaron que el Oscar a la Mejor película era para La La Land cuando en realidad era para Moonlight.

En el sobre que les pasaron desde el backstage hubo un error, por lo que les dieron el correspondiente a Mejor Actriz: Emma Stone por La La Land. Al abrirlo, Beatty solo leyó la segunda parte, por lo que anunció al musical como mejor película. En ese momento, el equipo de la película de Damien Chazelle subió al escenario a recoger su galardón, aunque desde el primer minuto se intuía que algo iba mal.



Otro de los momentos más recordados data de 1974, el año de El Padrino II y Asesinato en el Orient Express. David Niven era el encargado de dirigir la gala ese año. La sala estaba completa, el público tenía ganas de divertirse y había una larga lista de actores esperando su estatuilla. Todo parecía ir sobre ruedas hasta que un espontáneo se coló en el plató completamente desnudo mientras hacía el símbolo de la paz con su mano izquierda. Se trataba de un acto de protesta para reivindicar los derechos de los homosexuales. Se trataba de Robert Opel, un fotógrafo de profesión que había llegado hasta el backstage con una acreditación de prensa aunque hay quien sigue pensando que tenía cómplices en la organización.




Justo un año antes, en 1973, vimos cómo Marlon Brando conseguía un Oscar por su interpretación en la película El Padrino y también como el actor lo rechazaba. En su lugar, acudió a recogerlo una joven de ascendencia apache llamada Sacheen Littlefeather, quien cargaba con un contundente y largo discurso (que ocupaba 15 páginas). En él, el actor explicaba por qué había decidido rechazar el premio como protesta por el trato vejatorio que la industria del cine y la sociedad estadounidense había dado al pueblo nativo americano. La intención de la joven fue leer el documento, pero, ante la amenaza de ser detenida, resumió en un minutos los motivos por los que el actor renunciaba.




También ha habido discursos que nos han emocionado. Como el del italiano Roberto Benigni, que se paseó sobre los sillones y cabezas de los asistentes a los Oscar de 1999 antes de recoger su Oscar a la Mejor película extranjera por La vida es bella. El director y protagonista de la cinta recibió el galardón entre los aplausos de los asistentes, un reflejo del impacto que causó esta cinta europea. Benigni volvió a impregnar la situación con su alegría y su peculiar forma de ver la vida.



El Oscar que ganó Anna Paquin pilló por sorpresa a muchos de los presentes y es que solo tenía 11 años cuando interpretó El piano. La actriz no supo cómo reaccionar y estuvo casi un minuto en el atril con el Oscar en la mano mientras el público se reía porque la pequeña tenía hipo. Pero no fue la actriz más joven en hacerse con el premio. Shirley Temple recogió la estatuilla con solo seis años, pero se trataba de un premio de honor. Tatum O'Neal sí es la más joven ganadora de un Oscar oficial, con 10 años, por Luna de papel.


Aunque si hablamos de entregas de premios tenemos que recordar el «¡Pedrooo!» que gritó Penélope Cruz para anunciar el Oscar a mejor película en lengua no inglesa era para su amigo Almodóvar por Todo sobre mi madre.





No todos los «momentazos» han sucedido durante la gala. Hay algunos que ocurren antes de ella. En el año 2000 robaron el camión que transportaba las estatuillas desde Chicago a Los Ángeles. Aparecieron, pero desde entonces, la Academia siempre tiene galardones de reserva en sus almacenes. Aunque si hablamos de robos, el más sonado fue el que sufrió Frances McDormand. La actriz, que había ganado el galardón por Tres anuncios en las afueras y ya había grabado su nombre en la estatuilla, vio que su premio desapareció de una fiesta posterior a la gala en esa ciudad estadounidense.

Fuente: ABC.es

viernes, 7 de febrero de 2020

El Hollywood dorado sigue vivo

Kirk Douglas, fallecido este jueves a los 103 años, era de las últimas leyendas vivas del esplendor del cine clásico de Hollywood. Tras su muerte, no solo le sobrevive Olivia de Havilland como ejemplo de una época dorada que hace muchos años que desapareció todavía quedan más actores y directores que representan esa época, si bien no tan conocidos:

Olivia De Havilland, que cumplirá 104 años el próximo 1 de julio, sobrevivió también a su hermana, Joan Fontaine, fallecida en diciembre de 2013 a los 96 años. Además, ganó dos Óscar a la mejor actriz -en 1946 por To Each His Own y en 1949 por The Heiress- frente a ninguno para Douglas -tan sólo una estatuilla honorífica en 1996 después de tres nominaciones frustradas-, nadie pone en duda que el estrellato del protagonista de Espartaco fue mucho más brillante y duradero.

Su papel más recordado es sin duda el de la dulce Melania de Lo que el viento se llevó (1939). Establecida desde hace tiempo en París, Olivia apareció en público por última vez en junio del 2006 para viajar a Hollywood, donde fue objeto de un homenaje.

En activo sigue Kim Nnovak, la que más glamour conserva y a la que Cannes dedicó un homenaje en 2014 que demostró que sigue siendo la rubia perfecta y elegante que conquistó a Hitchcock. Y aunque se retiró del ojo público en 1965, sigue en el recuerdo de los amantes del cine como la protagonista de títulos como Vértigo (1958), Picnic (1955) o The man with the Golden Arm (1956).

Y pese a que en su momento no pertenecieron al círculo más restringido de las grandes estrellas o tinenen un tinte menos clásico, hay otros actores a los que ahora, pasados los 80 años, se les respeta y admira, como es el caso de Sidney Poitier, Julie Andrews, Dick van Dyke, Angela Lansbury, Tippi Hedren, Joanne Woodward, Liza Minnelli, Max von Sydow, Eva Marie Saint, Liv Ullman, Shirley MacLaine, Marsha Hunt, Hal Holbrook, Stuart Whitman, Arlene Dahl, Genevieve Page, Micheline Presle, Constance Towers, Terry Moore, Gina Llollobrigida, Sophia Loren, Robert Redford, Jane Fonda o Dustin Hoffman o Ann Blyth.

Para más información, se pude consultar la Lista de Estrellas vivas.






jueves, 6 de febrero de 2020

Fallece Kirk Douglas a los 103 años

Issur Danielovitch Demsky más conocido como Kirk Douglas, falleció este miércoles en su casa de California a los 103 años. Era hijo de un trapero nacido en Ámsterdam, en el Estado de Nueva York, el 9 de diciembre de 1916. 

La noticia fue confirmada por la familia por boca de su hijo Michael: “Para el mundo es una leyenda, un actor de la época dorada del cine, un filántropo comprometido con la justicia y con las causas en las que creía, pero para mí, para Joel y para Peter era sencillamente papá”. El ídolo de barro, el Chuck Tatum de El gran carnaval, el Jonathan de Cautivos del mal, el Jack de Los valientes andan solos... Quedarán los gritos de “Yo soy Espartaco”, el lanzamiento de hachas para la toma de la fortaleza de Los vikingos, el ruido y la furia de su militar de Senderos de gloria, su Van Gogh de El loco del pelo rojo… Quedarán las siete películas con su amigo Burt Lancaster... 

Será siempre considerado como uno de los grandes mitos del celuloide, aunque la Academia de Cine nunca lo reconoció como debería. Le negó en tres ocasiones el Oscar al mejor actor, por razones más políticas que cinematográficas, aunque se desquitó en 1996, cuando el por entonces Kodak Theatre se ponía en pie para ver cómo le concedían el Oscar honorífico. De manos de Steven Spielberg, el veterano actor recibía el cariño que tanto le habían negado sus compañeros de profesión en décadas anteriores. Casi rondaba los 90 años por aquellas fechas y muchos apostaban por que sería una de sus últimas apariciones públicas, pero había Douglas para rato.

Fuente: El País

sábado, 25 de enero de 2020

30 años sin Ava Gardner

Homenaje a la actriz con motivo del 30 aniversario de su fallecimiento. Con los comentarios del escritor y crítico de cine Marcos Ordóñez.





En su casa del barrio londinense de Kensington, y debido a una pulmonía, murió hace 30 años Ava Gardner. Fue admirada universalmente como una de las  mujeres más bellas de la historia del cine, y los productores de Hollywood quisieron hacer de ella en la primera etapa de su carrera un escaparate viviente de los rígidos códigos del star-system, que ella calificó en una ocasión, como Marilyn Monroe, de "sistema esclavista". Mujer de origen campesino sureño, con carácter libre e indómito, no se sometió finalmente a ellos. Actuó en muchos filmes, la mayoría para su lucimiento físico, pero dio la medida de su talento sólo en un pequeño puñado de ellos, que eligió libremente. Una pulmomía acabó con su vida en su domicilio de Londres a los 67 años.




Ava Gardner

lunes, 9 de diciembre de 2019

Kirk Douglas cumple 103 años

Issur Danielovitch Demsky, más conocido como Kirk Douglas (Nueva York, 1916), cumple hoy 103 años con la intención de celebrar la señalada fecha rodeado de sus seres queridos en una reunión íntima alejada de los festejos que han ocupado sus aniversarios anteriores, según  explicó su hijo Michael Douglas. «Me está suplicando que tengamos una cena con la familia, que lleve a los niños», reconoció sobre su padre el también actor en una entrevista reciente con Jimmy Kimmel. Según Michael, de 75 años y esposo de Catherine Zeta-Jones, cuando Kirk superó el siglo de vida, la familia pensó que cada año nuevo merecería ser celebrado por todo lo alto, sin embargo Kirk espera que este año pasar un tiempo tranquilo junto a sus hijos, nietos y su mujer, Anne Buydens, quien cumplió 100 años esta primavera.

El actor es una leyenda viva de la época dorada del cine de Hollywood, la única que queda junto a la actriz de Lo que el viento se llevó, Olivia de Havilland, también nacida en 1916.

El célebre superviviente del Hollywood clásico y padre del actor Michael Douglas ha muerto numerosas veces, pero solo en sus películas (Espartaco, El loco del pelo rojo, Brigada 21...). Pese a su avanzada edad y los problemas que ha acarreado de dicción tras sufrir un infarto en 1996, el consagrado actor goza de buena salud. La efeméride de su cumpleaños no ha pasado desapercibida en las redes sociales, donde decenas de fans han felicitado al actor y han recordado algunos de sus mejores papeles en el cine.

El nombre de Kirk Douglas se glorificó en el cine con Espartaco de Stanley Kubrick, en 1960. Sin embargo, su extensa filmografía comenzó en los años 40, con títulos como Retorno al pasado o Carta a tres esposas, y en los años 50 ya se postuló como una leyenda del cine clásico.

A lo largo de su carrera fue nominado a tres premios Oscars y no fue hasta 1996 cuando el intérprete recibió la estatuilla honorífica para premiar una trayectoria profesional de más de 60 años.

Douglas nació en Ámsterdam, ciudad de Nueva York, el 9 de diciembre de 1916. Caracterizado por su barbilla hendida, se apoda a sí mismo ‘el hijo del trapero‘, según el título de la autobiografía que publicó en 1988.

De origen ruso, sus padres fueron campesinos judíos en la actual Bielorrusia. A pesar de crecer en un barrio humilde, pronto destacó en los estudios y deportes, lo que le permitió conseguir una beca de actuación en la reconocida St. Lawrence University. Antes de destacar en el mundo del séptimo arte, Kirk tuvo que trabajar desde niño como vendedor de refrescos en la calle o repartidor de periódicos, hasta que llamó la atención en la escuela por su oratoria y sus recitales de poesía, un talento que impulsó su deseo de convertirse en actor profesional.

Tras graduarse, consiguió una beca en la Academia Norteamericana de Arte Dramático de Nueva York, lugar en el que permaneció hasta los 23 años de edad, un entorno en el que conoció a la actriz Lauren Bacall, quien recomendó su nombre a productores de Hollywood y ayudó a potenciar su carrera.

Douglas debutó en Broadway por primera vez en 1941 en una obra llamada Spring Again. Después de su debut, su carrera profesional como actor despegó y consiguió un gran reconocimiento con éxitos como El loco del pelo rojo (1956), Siete días de mayo (1964), y la gran obra maestra Espartaco (1960).

Fuente: La Vanguardia

domingo, 1 de diciembre de 2019

Gary Cooper que estas en los cielos

A la venta un nuevo libro biográfico que tiene como protagonista  a Gary Coper, con prologo de María Cooper, hija del actor: El universo de Gary Cooper  de Notorious Ediciones.

Gary Cooper se miraba a los pies, sonreía al bies, con pudor, y encandilaba con sus ojos azules. Nadie mejor que él encarnó el rostro noble del sueño americano, bien como legionario en Marruecos, sargento de Tennessee o héroe, solo ante el peligro. Galán lacónico que montaba a caballo, se sabía mejor las curvas de sus compañeras de reparto que un diálogo que, en ocasiones, se esforzaba por olvidar en una ingeniosa técnica que le servía para evitar, sin enemistarse con nadie, las líneas más superfluas de un guión que no le gustaba. Su economía expresiva y su sosiego al hablar alarmaban a los directores, que asistían, sobrecogidos, al lucimiento del actor de Montana al positivar las escenas al día siguiente del rodaje. Solo la cámara sabía captar de verdad la esencia de un hombre apuesto con el don de acaparar miradas, capaz de resultar genuino aún con la mueca más impostada. Ya lo dijo su colega John Barrymore, en el mejor halago del que un intérprete puede presumir: «Este tipo es el mejor actor del mundo. Puede, sin ningún esfuerzo, conseguir lo que los demás intentamos durante años: ser natural».


El actor, más veces infiel que títulos en esa extensa filmografía que ahora recupera el libro colectivo «El universo de Gary Cooper» (Notorious Ediciones), nació casi con un nuevo siglo, en 1901, en una ciudad con nombre de mujer: Helena (Montana) . No podía ser de otra manera, siendo como fue el otro sexo el talón de Aquiles de un hombre sin mácula… excepto por los romances extramatrimoniales, la perdición que trajo de cabeza a su esposa, Verónica «Rocky» Balfe. A pesar del mote, la madre de su única hija aguantó estoica, sin asestar un merecido gancho. Y su hija, Maria Cooper, tampoco le guardó rencor, como prueba el prólogo que escribe en el que es el libro más completo sobre el actor editado en castellano, una carta de amor en la que alaba la humildad de un hombre «amigable con todo el mundo menos con los falsos» y donde recuerda las lecciones que le enseñó ese galán que se sentía tan cómodo en vaqueros como luciendo un frac de lazo blanco. «Una de las expresiones favoritas de mi padre, que yo adoro, es por supuesto del wéstern: “No hay caballo que no pueda ser montado. No hay jinete que no pueda ser descabalgado”. ¡Una lección de vida que nunca he olvidado!», afirma Maria Cooper.

Gary Cooper
Quiso la casualidad, esa que le llevó a dejar su vocación de caricaturista por el mundo del cine, que Gary Cooper viniera al mundo en una noche de tormenta eléctrica, como el hijo remendado del doctor Frankenstein. También que con él compartiera los peculiares andares, lobotomizados en el monstruo de Mary Shelley, maltrechos y desgarbados en el intérprete, que arrastró toda la vida debido a una lesión de cadera mal curada.

De esa torpeza entrañable y también de sus aires de seductor nato hizo gala en muchos de los títulos que adornan sus extensa filmografía, repleta de tantas obras notables como líos de faldas con sus compañeras de rodaje. Patricia Neal, de la que se enamoró dos años antes de «El manantial», tan solo fue su idilio más escandaloso, el que desgastó un poco esa imagen de galán al que siempre se le perdonaban sus escarceos tras las cámaras. Como el que surgió tras su beso con Sara Montiel al final del wéstern crepuscular «Vera Cruz», el debut en Hollywood de la folclórica española, que no sabía hablar inglés pero se entendió de maravilla con el veterano adonis. Para el hombre que fue un sheriff «Solo ante el peligro», «El sargento York» o «Juan Nadie», interpretar al coronel Clint Maroon en «La exótica» fue simplemente una excusa para continuar su romance con Ingrid Bergman, con quien ya había coincidido en «Por quién doblan las campanas», de nuevo de Sam Wood, en un papel que logró gracias a su amistad con Ernest Hemingway.

Tal era la complicidad de Bergman y Cooper que, como un par de adolescentes que se doblaban los años -él rondaba la cuarentena y ella tenía quince menos-, Cooper la llamaba «francesita» y ella a él, «Texas», bromeando con sus personajes. Los rumores sobre la enésima infidelidad del actor, un deshonesto honrado, circulaban por los mentideros de Hollywood tan rápido como el Porsche con el que se estrelló James Dean mientras rodaba «Gigante», también una adaptación de Edna Ferber. Pero la prensa nunca se atrevió a dedicar a la pareja ni una línea, por respeto a una Bergman a la que tenían en un altar. Su conchabanza llegó también a oídos de Verónica Balfe, la mujer de Cooper, inmune ya a los líos de faldas de su marido.

Cooper y Bergman
Además del idilio y una eterna amistad con la intérprete sueca, el oscarizado actor conservó también el sombrero Stetson blanco de «La exótica», que le regaló, junto a un revólver Colt del 45, a un amigo que quizás le despertaba su vieja vocación de pintor, Pablo Picasso. Fue otra vez Hemingway, a quien conoció durante la adaptación de «Adiós a las armas», el que los presentó, y a juzgar por el preciado obsequio parece que hicieron buenas migas. No tantas como con el escritor, con quien compartía el gusto por la caza y, a pesar del título de la película que les unió, también por las armas. Dos vividores que forjaron una hawksiana amistad, legitimada por tardes como la que compartieron con Clark Gable, en la que liquidaron a cincuenta conejos en un abrir y cerrar de ojos, como contaba una espantada Ingrid Bergman.

A la muerte del escritor, que se suicidó apenas dos meses después de que un cáncer batiera al eterno héroe clásico del cine, la actriz sueca le escribió a una amiga: «No hablemos de la marcha de Gary y Hemingway, me duele mucho. Es extraño ver cómo se fueron juntos. Creo que lo habían planeado. Escuché a un amigo en común decir que solían telefonearse todo el tiempo durante su enfermedad y reír: "Te reto hasta la tumba"».

Y así se fue un hombre que nunca se consideró actor, a pesar de tener tres premios Oscar y haber trabajado con Lubitsch, Fred Zinnemann o Howard Hawks, o de ser una de las grandes estrellas de todos los tiempos según el American Film Institute, donde ocupa el undécimo puesto. Siempre fiel a su estilo, carente de ego. «En su último mes de vida, mientras luchaba contra el cáncer que nos lo arrebató con tan solo 60 años, nunca le escuché quejarse, y lo único que dijo en tono lastimero fue: “¡Maldición, justo cuando comenzaba a cogerle el tranquillo a esto de ser actor!”», recuerda su hija en el libro.

Fuente: ABC.es

viernes, 1 de noviembre de 2019

En el día de los muertos, recuerdo a actores vivos

En un día como hoy en el que todo el mundo recuerda y homenajea a sus muertos, vamos a hacer un repaso por aquellos actores que están vivos:

Kirk Douglas
A sus 102 años, Kirk Douglas, el protagonista de películas como El loco del pelo rojo (1956), Senderos de gloria (1957) o Espartaco (1960), sigue dando que hablar. A pesar de que su último filme data de 2008, el pasado mes de agosto volvió a los medios de comunicación. El patriarca de los Douglas reunió a su gran familia para una comida en su casa de Los Ángeles a la que asistieron desde su hijo, Michael Douglas y su mujer Catherine Zeta Jones, hasta su bisnieta Lua Izzy Douglas, de un año.

Angela Lansbury 
Es otra gran desaparecida que con 94 años parece inmune. La protagonista de Se ha escrito un crimen seguía en activo hasta hace relativamente pocos años y haciendo nada más y nada menos que actuaciones diarias junto a James Earl Jones para la función “Paseando a Miss Daisy”. Hace sólo un mes pudimos ver lo estupenda que está cuando asistió al homenaje a Robert Osborne en la Academia de Hollywood.


Dick Van Dyke
A pesar de sus 93 años, Dick Van Dyke ya se ganó la inmortalidad con Mary Poppins (1964) y Chitty Chitty Bang Bang (1968). Hace solo tres años participó en la película Life is boring de Chip Godwin, título que no hace justicia a la vida que el actor ha llevado.



Olivia de Havilland 
A sus 103 años, es la única actriz viva del viejo Hollywood y superviviente del reparto estelar de la aclamada película Lo que el viento se llevó. Además, su interpretación en La heredera está considerada entre las mejores actuaciones femeninas de la historia del cine y por si esto fuera poco, el 21 de junio de 2017, fue nombrada Dama por la reina de Inglaterra, siendo la persona más longeva en recibir esa distinción.

Gene Hackman
A sus 89 años, anunciaba en 2004 que abandonaba definitivamente y por completo la industria cinematrogáfica con Bienvenido a Mooseport, su última película. Con cien filmes a sus espaldas, fue una buena noticia, porque no lo hizo por problemas de salud o por falta de papeles, sino para volcarse completamente en su carrera literaria. El actor ha publicado varios libros y además pinta, pilota aviones y participa en carreras de coches.

Robert Wagne
Sigue activo a sus 89 años y los seguidores de NCIS lo saben. Pero esto viene de muy atrás, pues entre los años 70 y 80 era casi imposible encender la televisión o ir al cine y no verle. El coloso en llamas o Aeropuerto 79 son alguna de las películas que protagonizó. Aún colea la polémica por la misteriosa muerte de Natalie Wood.


Betty White
La protagonista de Las chicas de oro, sigue teniendo muchas ganas de conquistar al público y muy pocas de hacer lo que normalmente hacen las señoras de su edad, 94 años. En 2011 obtuvo una nominación a un Emmy por su papel en Hot in Cleveland, dónde interpretó a una octogenaria sarcástica hasta 2015 y desde 2012 tiene su propia estatua en tamaño real en el prestigioso museo Madame Tussauds de Washington. Este mismo año ha puesto voz a uno de los personajes de Toy Story 4.



Fuente: La Razón